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domingo, 19 de noviembre de 2017
Otro Mirlo capiblanco (Turdus torquatus)
Ya lo sé, si quería lucirme este no era el año. Nos invaden los mirlos capiblancos, pronto ASAJA solicitará daños.
El caso es que el día 1 de noviembre me crucé en el camino de uno de estos pájaros, en La Dehesa de Sierra de Fuentes (Cáceres), y tuve la suerte de poder retratarlo. Tan solo eso.
martes, 4 de julio de 2017
Cheirolophus uliginosus el Cardo de pantano
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| Cheirolophus uliginosus. San Vicente de Alcántara (Badajoz). |
Hace unos días regresaba a casa contento tras disfrutar de
la floración de una de las plantas más raras que tenemos por Extremadura, el Cheirolophus uliginosus o Cardo de
pantano. Lo cierto es que me duró bastante poco la alegría pues el incendio de
Doñana puede que haya afectado a alguna de las poblaciones onubenses de este
raro endemismo ibérico presente el litoral de Cádiz, Huelva y centro de
Portugal, por donde llega hasta Extremadura de manera absolutamente puntual y
maravillosa, aprovechando esa influencia atlántica que permite la existencia de
plantas como Erica tetralix o Drosophyllum lusitanicum en el rincón
extremeño que se adentra en Portugal.
Me tengo por un buen conocedor de
Extremadura, pero aún así no dejo de sorprenderme con los enclaves que todavía
quedan por aquí, cada vez más pequeños y amenazados, eso también. Bastó con
girar el volante y descender a un pequeño vallecín para pasar del más tórrido
termomediterráneo del verano pacense, a un arroyito casi cerrado por el
bellísimo Helecho real (Osmunda regalis)
con enclaves higroturbosos en sus márgenes, donde aparecía el Cheirolophus rodeado de zarzales y
sauces. Una auténtica estación de servicio que atendía a una enorme población
de mariposas dominadas claramente por Argynnis
pandora y Melanargia lachesis.
Como no quiero mentir, los eucaliptos ocupan ahora el sitio que debieron tener
los alisos pero, aún así, la zona continúa siendo una auténtica isla verde en
un mar pardo.
martes, 13 de junio de 2017
Canto del cisne en los rebollares villuerquinos (Rhaponticum exaltatum y Centaurea toletana).
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| Rhaponticum exaltatum. Guadalupe (Cáceres), 1000 msnm. |
En el mes de junio las flores han
desaparecido de los rebollares de Las Villuercas, el pardo comienza a ser el
color dominante y nuestros pasos ahora crujen al pisotear la hojarasca reseca. Parece
que estos bosques han entregado la cuchara hasta el otoño.
Pero es en junio cuando debemos
buscar a dos de las joyas botánicas de estas sierras, una relativamente abundante
y otra muy rara. Dos especies que nos recuerdan lo frescos y húmedos que
llegaron a ser estos bosques en otro tiempo, por mucho que ahora cada vez se
parezcan más a los alcornocales.
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| Centaurea toletana. Garciaz (Cáceres), 1100 msnm. |
En el suelo, de color amarillo,
la Centaurea toletana y a la altura
del pecho, la escasa Rhaponticum exaltatum,
que antes era conocida por el más bonito nombre de Leuzea rhaponticoides. Ambas endemismos ibéricos y ambas cardos, al
fin y al cabo.
domingo, 4 de junio de 2017
Los Tejos de Brañarronda.
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| Arroyo de Brañarronda (Rioscuro), al fondo los tejos a unos 1400 msnm. |
Por cómo han disfrutado por
Cáceres de esta árida y cálida primavera las retamas (Retama sphaerocarpa), con una floración espectacular como no
recordaba, me hago una idea de los cambios que se nos vienen encima. Por
suerte, hemos podido disfrutar de una mínima tregua en la montaña leonesa antes
del verano. Por mucho que los lacianeses se quejaran también de su primavera
cálida y seca, en este caso las comparaciones son odiosas.
Y como no solo de osos vive el
hombre, hubo momento para los tejos, que como es bien sabido por este blog son
una de mis debilidades. Cuando nos indicaron las dimensiones de los tejos que íbamos
a ver una sonrisilla de condescendencia se me escapó, el mismo cuento de
siempre pensé.
No sé si nuestro guía se percató
de mis dudas, pero quiso zanjar la cuestión cuanto antes y no hubo anestesia,
de pronto nos topamos con un conjunto de tejos entre los que había uno de los
más grandes que yo haya visto. Debido a lo superficial de sus raíces y a los
evidentes rastros de visitantes que no saben comportarse ante árboles
venerables, no quisimos pisotear bajo su copa, pero su perímetro de tronco
debía superar muy de largo los 6 metros y, además, conservaba su porte natural.
La presencia de numerosos tejos juveniles aumentaba, si eso era posible ya, mi
satisfacción.
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| El exceso de pisoteo ya es muy visible junto a este tejo. |
Los tejos lógicamente no estaban
solos, forman parte de un bosque magnífico dominado en unas partes por Quercus petrea, con algunos ejemplares
monumentales y por Fagus sylvatica en
otras. Junto a ellos, Betula pubescens
subsp celtiberica, Acer pseudoplatanus, Ulmus glabra, Fraxinus excelsior, Tilia
platyphyllos, Ilex aquifolium, Sorbus aucuparia, Corylus avellana, Prunus
avium, Salix cantabrica y Salix caprea. Con todo este despliegue de
arbolado el sotobosque es típicamente nemoral, destacando por su abundancia Omphalodes nitida, Saxifraga spathularis,
Paris quadrifolia, Lilium martagon, Helleborus viridis, Luzula sylvatica,
Sanicula europea, Galium odoratum, Euphorbia amigdaloides y Saxifraga hirsuta.
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| Estrella céltica tallada en la roca por un "celta" contemporáneo. Seguro que a él esto le pareció muy guay. |
Tras esta inmersión eurosiberiana
la vuelta al termomediterráneo sobrecalentado ha exigido algo de adaptación,
hay que reconocerlo. Mucha gente ha encontrado últimamente en Trump un
argumento perfecto, un chivo expiatorio. Yo no me engañaría, antes de Trump ya
teníamos el problema y no lo solucionamos. Desde Río de Janeiro han pasado 25
años y seguimos igual. Trump no es tan poderoso como él supone, como diría Bob
Dylan “incluso el presidente de los Estados Unidos, a veces tiene que estar
desnudo”.
martes, 23 de mayo de 2017
Ponga un seto en su vida y luche con él.
Un buen número de concejales y
jefes de parques y jardines lleva en su interior a un pequeño Rey Sol. Su afán
versallesco por los setos sólo se ve superado por su mal gusto y éste, por la más
absoluta ignorancia en las artes de la jardinería.
Los setos fuera de un diseño
formal son absolutamente abominables y combinados con las praderas de césped
son una de las cimas del mal gusto. Pero es que además resulta que incluso los
más feos requieren un altísimo coste de mantenimiento, totalmente inalcanzable
para las arcas de un ayuntamiento que pretenda deslumbrar con una jardinería de
postín en todas sus zonas verdes, incluso las más diminutas. Aquí es donde la
ignorancia hace su trabajo al dirigir al gestor en dirección opuesta a la
biología de la planta. En su afán por reducir costes de mantenimiento se dejan
naturalizar los setos y se los poda salvajemente 1 o 2 veces al año. En pocos años
el desastre será tal, que habrá que arrancar esos espantosos esqueletos vegetales.
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| Tahler ha pasado por aquí. Cáceres, mayo de 2017 |
Lógicamente los pájaros
desconocen los desvelos de los reyes sol y gustan de anidar en esos setos
asalvajados. Los pobres no saben que en plena primavera es fácil que un
cortasetos acabe con sus nidos, sus huevos y sus pollos. En mi barrio las
currucas, pardillos y verderones sufren esto cada año. Pero este año me ha
molestado más porque parecía que unos petirrojos andaban tonteando en un seto
frente a mi casa y ahora, tras la poda, sólo veo al macho de vez en cuando
cantando por el madroño de casa.
domingo, 14 de mayo de 2017
Hierba de la sangre (Lysimachia vulgaris).
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| Lysimachia vulgaris. La Garganta, Cáceres. 1300 m. |
Nos hemos acostumbrado tanto a
hablar de especies invasoras, que olvidamos que nosotros también hemos
dejado nuestros regalitos por el mundo. Cuando uno en su tierra ve a una planta
rara, que se agarra por los pelos para no desaparecer, en lo último que piensa
es que esa misma plantita esté provocando dolores de cabeza al otro lado del
charco.
Lysimachia vulgaris, pariente de las prímulas, es una planta muy rara en Extremadura, crece en bordes de
turberas, prados de siega muy húmedos y enclaves encharcados junto a arroyos y
gargantas. Un tipo de ambientes que cada día se hacen más raros en esta tierra.
Tanto es así, que tan sólo se ha citado en alguna localidad de La Vera y el
Ambroz, existiendo además una rara cita al norte de Monfragüe.
Si su magnífico aspecto de
yerbajo con carácter de poco le sirve ante los rigores extremeños, en Norte
América demuestra todo su potencial y ha trazado un mapa magnífico de la
extensión de las antiguas colonias británicas en la costa este. La afición de
los ingleses por la jardinería explicaría su distribución americana hasta
tiempos recientes, en los que ha pasado también a la costa oeste. Es una planta
resultona para un macizo junto al agua, pero que tiene la fea costumbre de
reproducirse por estolones, que brotan como locos de su rizoma a poco que la
cosa vaya bien. He leído que los jardineros estadounidenses y canadienses han
extraído rizomas de hasta 4 metros de longitud, lo que da un poco de miedo.
Aquí en Extremadura no parece que
se haya utilizado mucho con fines medicinales, aunque su gran poder astringente
ha servido para cortar hemorragias y de ahí le viene su nombre común. También
se ha utilizado para curar heridas y para teñir el pelo. Curar heridas y poner
el pelo rubio eran de seguro dos buenas cualidades para un colono.
sábado, 22 de abril de 2017
Un paseo por el tiempo en Los Barruecos, en el que no se habla para nada de “Juegos de Trono”.
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Hace ya años que me hablaron de
unas dedaleras blancas en Los Barruecos (Malpartida de Cáceres), pero por una u
otra causa nunca encontraba la ocasión de ir a buscarlas. Este año he dado dos
paseos por la zona y he revisado centenares de Digitalis thapsi, aunque todavía sin flor. En cualquier caso, viendo
las hojas de estas plantas, nada que se pudiera atribuir a alguna de las dos
subespecies de Digitalis mariana que
tenemos por Extremadura. Siempre he pensado para este caso en unos ejemplares
de flor blanca de Digitalis thapsi,
pero la presencia de Digitalis mariana
en el río Almonte despiertan la duda.
Y ya puestos a pasear por estos
impresionantes berrocales, he dejado libre la imaginación y no me ha costado
nada trasladarme a otras eras geológicas. El entorno del Barrueco de Arriba,
menos espectacular y famoso que su hermano mayor (el Barrueco de Abajo, como
era fácil imaginar), mantiene unas formaciones de bolos graníticos a modo de
corrales, que guardan en su interior unas curiosas agrupaciones arborescentes
de Codeso (Adenocarpus desertorum),
un endemismo extremeño, reliquia de la vegetación del Terciario. Al pasear por
alguno de esos pequeños corrales, bajo la copa de esos codesos de hasta 3 m y
troncos añosos, no me ha costado nada retroceder un par de millones de años en
el tiempo. Conocidos en la zona como Leña del diablo, estos viejos codesos
tienen unos portes de planta antigua, hoy día totalmente desacostumbrados por
estas latitudes, donde el fuego, el ganado y la grada sólo permiten la
observación de codesos achaparrados. Acompañando a estos viejos codesos, el
matorral de escoba blanca (Cytisus
multiflorus) perfecciona esta imagen de un hábitat relicto dominado por
matorrales de leguminosas.
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| Sedum rubens |
Los cordones verdeazulados de las
acederas (Rumex induratus) bajando
por las grietas de los bolos graníticos, los prados efímeros rojizos de Sedum rubens en las repisas y partes
altas de los bolos, los detalles color crema entre el granito de la Coincya monensis y el verde rabioso de
la comunidad de base de cantil con parietarias, mercuriales y la Scrophularia sublyrata (endémica del
suroeste ibérico) añaden color a este magnífico cuadro. Es una lástima que un
loco alemán llenara de basura una parte de este increíble paisaje, en un acto
supremo de soberbia.
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| Scrophularia sublyrata |
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