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lunes, 22 de febrero de 2016

Talamanca, el pico de las tres provincias.

Los tres mojones de piedras marcan el límite de las provincias.

La cumbre del Talamanca (2.394m) está situada en una cuerda que discurre a más de 2.300 m, por lo que apenas destaca sobre el resto y, en su aridez, no da sensación de tener ninguna relevancia. Sin embargo, allí se juntan las provincias de Ávila, Cáceres y Salamanca, y es uno de mis lugares favoritos de Extremadura.

Con los años me va surgiendo la duda de si soy un friki o un gourmet con mis gustos en asuntos de Naturaleza. Tantos años saliendo solo al campo que no sé si me habré perdido algo y, por eso, me incomoda ver la absoluta indiferencia o extrañeza, cuando no condescendencia, en otras personas ante lo que para mí es una auténtica joya de la Naturaleza.

Bola casi perfecta de Silene ciliata entre claveles de Gredos.

Al diablo. Estos prados de cumbres del Talamanca son impresionantes, posiblemente sean los que soportan las peores condiciones climatológicas de Extremadura y, por ello, las plantas aquí son de una extraordinaria belleza, al llevar al extremo sus adaptaciones. Yo también sé que no son un prado milflores alpino, ni sus habitantes deslumbrantes orquídeas tropicales, pero eso no debe desmerecerlo en absoluto. Es el minimalismo hecho Naturaleza. Una comunidad vegetal concisa, aunque exclusiva de las cimas de Gredos, con sólo unas pocas especies de plantas, diminutas y en apariencia iguales en sus sencillas formas semiesféricas, que apenas son capaces de cubrir un 10-20% del terreno sobre el que se asientan, dejando al descubierto entre ellas un suelo mineral blanco de grava estéril y rocas dispersas, casi como un jardín japonés seco (kare-sansui). Un lugar, cuanto menos, peculiar. Dianthus gredensis, Silene ciliata, Jasione crispa subsp. centralis, Agrostris rupestris, Minuartia recurva, Sedum brevifolium, Sedum candollei, Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis, Jurinea humilis, Thymus praecox y para de contar. En algunos puntos cercanos a roquedos aparecerán, de manera testimonial, otras especies ajenas a esta comunidad, que aunque se podrán contar con los dedos de las manos, serán en buena medida endemismos exclusivos.

Banquete de Mylabris sobrina sobre Silene ciliata y Jasione crispa.


Últimamente, sin embargo, ya no son tan placenteros mis paseos por esta zona, parece que los veranos comienzan a hacerse muy largos y los inviernos demasiado suaves para estas plantas. Demasiadas plantas adultas muertas, tengo la impresión de que en las zonas más expuestas no pueden soportar las fuertes heladas invernales, sin cobertura de nieve y sin un correcto endurecimiento por unas temperaturas relativamente suaves en los últimos otoños. En otros casos, parece que la falta de agua, debido a la falta de nieve, está acabando con las plantas más exigentes que ocupan las pequeñas vaguadas originadas por la escorrentía del deshielo. A esto hay que unir la predación de flores por parte de escarabajos florícolas, básicamente Mylabris sobrina, que en algunos puntos es alarmante (este verano he contado plantitas de medio palmo con más de 50 escarabajos comiendo sus flores, todas sus flores). Parece que estos escarabajos antes sólo abundaban en los piornales, pero la sensación es que cada año son más abundantes en las cumbres. Por si todo esto no fuera suficiente, los jabalíes también comienzan a ser habituales por aquí y levantan grandes superficies de estos prados psicroxerófilos, matando a todas sus plantas. Lo más grave es que estas plantitas necesitan vivir muchos años para poder garantizar que sus retoños las sustituirán, porque la mortalidad juvenil en una zona tan hostil es extremadamente elevada. Sin flores y con los adultos muriendo rápidamente el futuro no parece muy prometedor.

martes, 2 de febrero de 2016

Para los que irán a la FIO. La fresneda del Malvecino. Parque Nacional de Monfragüe.

Viejos fresnos trasmochos y tamujos ramoneados.

Siempre he pensado que ser una referencia mundial para la observación de rapaces predispone al visitante, que corre el riesgo de no valorar este espacio en toda su justa medida. Un ejemplo: Monfragüe da cobijo a una de las mejores colecciones de bosques de ribera mediterráneos de Extremadura. No es un pensamiento original mío, pues ya Unamuno, tan poco dado a los excesos de flores, consideró los sotos del río Tajo a su paso por Monfragüe como uno de los lugares más idílicos de España. Los embalses acabaron con eso y los ciervos causan muchos daños a lo que sobrevivió, pero, con todo, los bosques ribereños de los arroyos Riofrío, del Cubo o Calzones siguen siendo de lo mejor de Extremadura.



Las fresnedas mesomediterráneas luso-extremadurenses son uno de los bosques más castigados por la mano del hombre. Sin duda, el hecho de distribuirse en buena medida a lo largo de los cauces que cruzan las mejores tierras agrícolas tiene la culpa de ello. De hecho, hoy día en demasiadas ocasiones consideramos la presencia de este tipo de bosque cuando encontramos algún fresno testimonial a lo largo de un cauce desnudo, en una labor casi forense.

Pasarelas de madera en la zona más angosta del recorrido.

Por suerte, en Monfragüe no todos estos bosques están dentro de zonas de reserva no visitables, de hecho, la magnífica fresneda del Arroyo Malvecino se puede visitar desde Villarreal de San Carlos en un corto paseo. Para esto también están los Parques Nacionales.

El Arroyo Malvecino es un cauce modesto, que sufre un fuerte estiaje que impide que los alisos desplacen a los fresnos. Además, en un corto tramo podemos ver distintas morfologías de cauce: de tranquilo arroyo de aguas lentas, pasando por remansos con pocetas, a pequeña garganta encajada, que permite la formación de bellas comunidades colgantes de helechos y hepáticas sobre las rocas rezumantes situadas sobre el cauce. En todos estos tramos los fresnos son la especie dominante con ejemplares de todas las edades, entre los que sobresale un puñado de árboles notables con su porte natural, junto a otros viejos que muestran la huella de antiguos desmoches y avenidas. En algunos tramos la densidad de fresnos crea un ambiente umbroso y fresco, con troncos cubiertos de musgos y suelos tapizados de Flor de jarro. Junto a ellos se encuentran algunos almeces, viejas lianas de Parra silvestre y un cordón espinoso de tamujos, acompañante típico de estas fresnedas del suroeste ibérico y que, por exceso de ramoneo, apenas si muestran los típicos tonos rojizos de las yemas de esta especie durante el invierno. No faltan tampoco los juncales de Junco churrero, ni los verdes vallicares con Menta de burro en las orillas, que atraen a los ciervos como un imán.

Esta Cornicabra es una de las joyas de Monfragüe.

Durante este recorrido también nos cruzaremos con un monumental ejemplar de Cornicabra al atravesar el encinar de ladera. Está al borde del camino, no hay pérdida. Se trata de un ejemplar muy viejo que abandona su madurez para adentrarse en las primeras fases de la senescencia.

lunes, 25 de enero de 2016

De la tradicional, y siempre infructuosa, excursión Treparriscos en La Villuerca.

La del medio de Los Chichos.

Se ha convertido ya en una tradición desde que hace unos 15 años me hablaron de avistamientos de Treparriscos en la cima del pico La Villuerca (1.595 m). No hay invierno desde entonces que no reserve un día para probar suerte.

Debo reconocer que no lo hago del todo convencido, con un abierto espíritu deportivo diría, las varias jornadas con tortícolis por Picos de Europa y los Pirineos hasta que di con el pájaro en cuestión no se olvidan fácilmente y aquí, en Extremadura, es un invernante muy escaso que puede aparecer casi en cualquier sitio, pero es como la ilusión de la Lotería de Navidad. Sin embargo, este año no lo tenía nada claro, las temperaturas tan suaves del invierno no me animaban mucho, la tradición peligraba…y entonces, veo en Facebook una cita de Treparriscos de esta semana en la zona.

La jornada comenzó fuerte ya antes de salir de Cáceres, fuimos a desayunar churros y mi mujer, que desconoce la palabra miedo, pidió como si no hubiera mañana. Tuvimos que sacar la bandera blanca y es que estoy convencido que los churros deben ser un alimento mortal para cualquier ser humano que no tenga miles de años de ancestros en la Península Ibérica, suficientes para que le hayan conferido resistencia a su sistema digestivo.

En La Villuerca, tras el saludo de rigor a los acentores alpinos, lógicamente no vimos ni rastro del Treparriscos, pero eso apenas si me importó pues ya andaba yo bastante preocupado echándole el ojo a las lagartijas que correteaban sobre las rocas (otros años han sido las plantas de las fisuras, o los cambrones, o lo que sea). Aunque estaban muy activas y corrían como demonios me parecieron Podarcis guadarramae subsp. guadarramae, que deben mantener allí arriba una isla rodeada de un mar de Podarcis virescens. Resulta chocante, pero debería haber nieve en esa zona y no lagartijas correteando.

Podarcis guadarramae subsp guadarramae. La Villuerca. 1.595 m.



El fracaso es una buena excusa para un paseo por La Puebla de Guadalupe, que nos hizo olvidar rápidamente al dichoso pajarito.

miércoles, 20 de enero de 2016

Otra vez la Blanca Cacereña.

Vaca Blanca Cacereña. El Caraquino (Cáceres)

No puedo evitar dedicarle unas cuantas líneas a la Blanca cacereña cada vez que me cruzo con ella en el campo (ver otras entrada del blog aquí y aquí), esta vez entre los Llanos de Cáceres y la Sierra de San Pedro, su tierra clásica.


Tampoco puedo evitar pensar sobre el futuro de esta raza amenazada. Pienso que es una pena que esta raza, que genéticamente está más próxima a razas asiáticas que a españolas o europeas, continúe siendo la hermana pobre de nuestras razas autóctonas. Sobre todo porque en ese reservorio genético encontramos características de rusticidad adaptada a la aridez y al alimento pobre que, tal y como van las cosas, haríamos muy bien en no perder. Pero, es que además, todos los que han catado su carne ensalzan sus características diferenciadas y de extremada calidad, que en un mercado cada vez más lleno de productos gourmet podría tener su sitio, pese a su bajo rendimiento. Ahora todo el mundo quiere criar terneras Wagyu que nunca soportarán la comparación con la genuina ternera de Kobe, al igual que un cerdo negro chino nunca será como un ibérico de dehesa. Aunque sólo sea porque en ese tipo de mercados lo original si cuenta.

lunes, 11 de enero de 2016

MOSQUITEROS EN EL JARDÍN, HÉROES O VILLANOS.



Aunque es una práctica mucho más extendida en áreas tropicales, la polinización por parte de los pajarillos en Europa es bien conocida en mosquiteros y currucas. Lo cual no quita para que a uno le haga mucha ilusión poderlo observar directamente desde la ventana de casa.


Llevaba unos días observando un pequeño grupo de 4 mosquiteros comunes que se reunían en torno al ejemplar de Fatsia japonica de casa, que como todos los otoños e inviernos estaba cuajada de flores en sus umbelas. Como pasaban los días y seguían con su costumbre, me puse a observar qué es lo que andaban tramando. Picoteaban las florecillas, imagino que buscando néctar, pero el caso es que no parece que fueran muy beneficiosos para la Fatsia pues, pasado unos días, el suelo estaba cubierto de flores de la planta y no había ni un solo fruto cuajado. Ignoro si los mosquiteros dejaban inútiles las flores, con lo que más que polinizadores serían ladrones, o bien la Fatsia es autoincompatible (no recuerdo haber visto nunca sus bayas negras por casa). 

martes, 29 de diciembre de 2015

¡Feliz Año 2016!



Recorte de una vieja diapositiva de mi padre. Han pasado un montón de años y se han quedado muchos pelos en la gatera (otros muchos simplemente se han caído). Con todo, todavía soy capaz de mantenerle la mirada a ese inquisitivo chaval de 6 ó 7 años. Creo que de momento puede estar tranquilo. Seguir así, al menos otro año más, es lo que le pediré al 2016.


Os invito a que hagáis este ejercicio, con calma.


¡Feliz Año 2016!

jueves, 3 de diciembre de 2015

La Ruta de la Alta Extremadura.

Circo de La Serrá desde el Alto del Castifrío.

Durante décadas esta ha sido la ruta extremeña más famosa entre los montañeros y su prestigio no ha disminuido con los años, pues continua siendo una de las rutas que más aficionados atrae. No es una ruta fácil, más bien podría considerarse como dura, tanto por la longitud (unos 20 km) como por los desniveles acumulados (1.200 m de subida y 1.500 m de descenso). Esto hace que completarla pueda llevar fácilmente más de 9 horas, con alguna pequeña complicación al recorrer Cuerda Mala. Sin embargo, es posible utilizar esta ruta como base para realizar excursiones más cortas como la ascensión a La Covacha, la segunda mayor altitud de Extremadura (2.399 m) o al Alto de Castifrío (2.308 m).

Pero si sus exigencias físicas son elevadas, sus recompensas no lo son en menor grado. No es exagerado decir que nos encontramos ante la ruta de naturaleza más completa de Extremadura y una auténtica obligación para todos aquellos que quieran conocer la parte menos conocida de esta Comunidad: su alta montaña. Esta es una ruta que permite la observación de todas las especialidades de su avifauna de montaña, recorrer todos los hábitats de montaña extremeños, en los que observaremos 10 endemismos gredenses de flora y una buena lista de flora relicta ártico-alpina, sin olvidar las mejores manifestaciones de glaciarismo de la vertiente sur de Gredos.

La Ruta se inicia en el Puerto de Tornavacas (1.275 m), límite entre el Valle del Jerte cacereño y la comarca abulense del Barco de Ávila. En este punto ya es posible disfrutar de una auténtica rareza para estas latitudes, como es el Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio), que tiene aquí uno de sus pocos lugares de reproducción en Extremadura. Cruzaremos también el Cordel del Valle del Jerte, que mantiene sus 47 varas de anchura (37,61 m) y es el segundo paso más utilizado por el ganado trashumante en el Sistema Central. En los primeros años del siglo XXI todavía se llegaban a contar hasta 7.000 cabezas de vacas de raza Avileña por este puerto al año.

Dejando el puerto nos internaremos por el antiguo Camino de Castilla, que unía Guijo de Santa Bárbara con el Puerto de Tornavacas, primero por un pequeño robledal que rápidamente dará paso al piornal y, con él, a la parte más monótona de esta ruta: Collado de la Rebollosa, Sillares (1.518 m), Collado Herido (1.486 m) y, por fin, Collado Cardiel. Aunque actualmente hay una senda que permite atravesar el piornal con comodidad, estas primeras dos horas y media se pueden llegar a hacer aburridas, además superaremos en ellas la mayor parte del desnivel positivo de esta ruta, por eso conviene no olvidar en estos momentos hacia donde nos dirigimos. La presencia de la endémica Alfilerillos (Festuca gredensis) o del Escribano hortelano (Emberiza hortulana) en este tramo no son suficiente consuelo. A partir del Collado Cardiel (1.962 m) las vistas empiezan a ser de gran belleza y también empezaremos a ver pajarillos de alta montaña como el Pechiazul (Luscinia svecica), la Collalba Gris (Oenanthe oenanthe) o el Bisbita alpino (Anthus spinoletta).

Del Collado Cardiel, tras un repecho, llegamos al Mojón Alto (2.155 m). Superados ya los 2.000 m las vistas son espectaculares ahora, con toda la vertiente norte de La Covacha, la Laguna del Barco o el Castifrío. Aparecen también los espinosos cambronales de Echinospartum ibericum y se dejan ver los primeros ejemplares del abundante Gualdoncillo de Gredos (Reseda gredensis), una humilde plantita exclusiva de esta sierra.

Pechiazul.

Del gran hito de piedras de Mojón Alto hasta el Tapadero (2.128 m) discurre el tramo más descansado de la ruta, que permite espectaculares vistas y el disfrute de los pájaros de montaña. También comienzan a ser abundantes las endémicas lagartijas serranas (Iberolacerta cyreni), aunque conviene prestar atención porque por la zona también está presente la Lagartija ibérica noroccidental (Podarcis guadarramae subsp. guadarramae). Con tantas lagartijas no es raro que esta sea una buena zona para encontrar a la exclusiva Víbora hocicuda de Gredos (Vipera latastei subsp. abulensis). Un cartel señala el lugar del Tapadero, aquí, durante generaciones, los mozos de Tornavacas y de los pueblos limítrofes de Ávila se disputaron las aguas del nevero que se forma en la subida al Castifrío y que drena sus aguas por un arroyuelo que discurre por la cuerda. En el Tapadero el arroyo se bifurca, por un lado va a la cacereña Garganta de San Martín y por otro a la abulense Garganta de Galín Gómez. Los mozos tapaban con piedras la bifurcación de los vecinos para hacerse con toda el agua. Según cuentan, aquí se han vivido auténticas batallas campales y aún siendo una mera anécdota, nos debe hacer reflexionar sobre un futuro de escasez de agua.

La Fuente del Tapadero es la única fuente del recorrido que mana durante todo el año y este es un lugar inmejorable para descansar y comer. Podemos aprovechar para investigar por el entorno de estos cervunales y descubrir verdaderas joyas botánicas: las delicadas comunidades vegetales de nacederos y fuentes de Verónica (Veronica serpyllifolia) con la presencia de Violeta palustre (Viola palustris) y la bellísima Estrellita (Saxifraga stellaris subsp. alpigena), una joya de origen ártico que llegó aquí durante las últimas glaciaciones; los prados hidroturbosos con Genciana de turbera (Gentiana pneumonanthe) y Carex furva; los canchales con Centaurea de Gredos (Centaurea avilae), Manzanilla de Gredos (Santolina oblongifolia), Belesa (Senecio pyrenaicus) y Dedalera (Digitalis purpurea subsp. carpetana), entre otras. También es un buen lugar para la observación del Roquero rojo (Monticola saxatilis). Por otro lado, la Cabra montés (Capra pyrenaica subsp. victoriae) ya estará siempre presente durante las próximas horas de recorrido.

Nuestro siguiente objetivo es el alto de Castifrío (2.308 m), para ello subiremos por la cuenca del Tapadero atravesando unas finas gleras donde abunda la bellísima Linaria de los Alpes (Linaria alpina). Precisamente en esta zona de roca suelta debemos extremar nuestro cuidado para seguir el camino trazado, evitando pisotear fuera del camino. Este paso es muy frecuentado y comienzan a verse signos de erosión y daños a las plantas de montaña por no seguir el camino trazado. También podremos observar diques de cuarzo con pequeñas cavidades en las que se formaron cristales de cuarzo. Debido a que la zona se asienta sobre numerosas fallas, de hecho cada valle discurre por una, estos cristales son de cuarzo lechoso con signos de rotura y soldadura por estrés tectónico, con disposiciones aleatorias y crecimientos secundarios, algunos de ellos de diminutos cristales de roca de hasta 1 cm. Una vez en el alto merece la pena desviarse unos metros para coronar el Castifrío y disfrutar sus inmejorables vistas y apreciar uno de los escasos prados de cumbre o psicroxerófilos de Extremadura, donde viven unas pequeñas plantitas almohadilladas, capaces de soportar las condiciones ambientales más extremas de la alta montaña. Aquí entraremos Botón azul rizado (Jasione crispa subsp. centralis), Silene (Silene ciliata), el endémico Clavel de Gredos (Dianthus gredensis), Orejas de monte (Sedum candolleanum), Escobilla (Jurinea humilis) y Minuartia (Minuartia recurva). En la cara sur del Castifrío aparece un valioso enebral de Enebro rastrero (Juniperus communis subsp. alpina) entre grandes bloques de piedra.

Junta de los arroyos en El Tapadero. Arriba El Castifrío.

Posiblemente el entorno del Castifrío sea el mejor lugar para apreciar el impresionante paisaje glaciar de esta zona. Tenemos bajo nosotros el valle de la Serrá, la mejor manifestación de glaciarismo en la vertiente sur de Gredos. Son bien visibles su valle en forma de U, su morrena lateral, los arcos morrénicos del fondo y el circo. Este complejo glaciar llegó a alcanzar los 6,5 km de longitud, con espesores de hielo de hasta 200 m. A nuestra espalda está el complejo glaciar de Castifrío, con una cuenca de acumulación muy asimétrica debido a la orientación, que llegó a tener una longitud de 3,24 km, con espesores de hasta 150 m. En las épocas más frías estos glaciares llegaron a estar unidos por el Collado de la Llana, e incluso se unieron al impresionante glaciar de la Laguna del Barco, también visible. Son muy patentes, además, las huellas de los procesos periglaciares como las agujas pétreas o perfiles de gelifracción -siendo La Azagalla y el Canchal del Pollo del Losar los dos mejores ejemplos en esta ruta-, las pedreras o derrubios de ladera o las morrenas de nevero.

Tras el Castifrío queda recorrer la Cuerda de las Azagallas hasta el Alto de Azagallas (2.343 m). Es un tramo sobre bloques sin mucha dificultad, aunque hay que tener cuidado para no tropezar. Este es un buen punto para la observación de aves. Aquí podemos ver Acentor alpino (Prunella collaris), que en años con abundantes neveros en la cara norte es posible que anide en Extremadura, Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), en grupos de hasta 40 individuos y Águila real (Aquila chrysaetos). Es este un lugar cada vez más frecuentada por juveniles en dispersión de Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que pueden pasar varios meses aquí. También es una buena zona para la flora endémica amenazada, aunque la presión de la Cabra montés es muy fuerte y las plantas aparecen recomidas y enriscadas. Con todo, aquí podemos ver tres famosos endemismos: Consuelda del Almanzor (Saxifraga pentadactylis subsp. almanzori), Doronico de Gredos (Doronicum kuepferi) y Armeria de roca (Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis). Esta última con algunos ejemplares híbridos con el también endémico Erizo serrano (Armeria caespitosa), muy abundante en la cercana Sierra del Barco. Los bloques sobre los que caminamos son muy buenos para observar al Neverón de Gredos (Chionomys nivalis subsp. abulensis), otra de las joyas de esta sierra. Esta pequeña ratilla nival es otro de esos ejemplos de especies llegados a Extremadura en tiempos más fríos y ahora aislados en las altas cumbres. Si decidimos llegar hasta la Covacha ese es el mejor sitio para su observación, porque allí está más acostumbrado a la gente y es menos tímido. Allí también hemos podido ver a la Comadreja (Mustela nivalis), seguramente en busca de estos gordos topillos.

Linaria alpina.

 En el Alto de Azagallas, podemos optar por continuar hacia la Covacha (2.399 m), la segunda cota más alta de Extremadura o seguir nuestra ruta. Para llegar a la Covacha (menos de 1 hora) tan sólo hay que rodear la espectacular Azagalla (2.369 m) por la cara sur y seguir por la Cuerda de la Covacha. Desde allí podemos observar los magníficos Riscos Morenos del Losar, la Laguna de los Caballeros, la Laguna Negra y la Laguna del Barco. En esta zona también podemos encontrar alguno de los escasos ejemplares extremeños de Gregoria (Androsace vitaliana), una planta que cuenta en la sierra de la Nava con su única población gredense. También llamará nuestra atención la Borrosilla de montaña (Omalotheca supina), una plantita peluda emparentada con las manzanillas, que algunos confunden con el Edelweiss.

Si hemos decidido continuar hasta el Guijo de Santa Bárbara, toda la ruta será ya prácticamente de descenso. Lo primero será bajar a la Portilla del Losar (2.201 m), junto al Canchal del Pollo de Losar, por la denominada Cuerda Mala. Hasta esta portilla la cuerda no hace honor a su nombre y se desciende bien (ahora que hay una vereda entre los piornos). Nos podemos asomar a la vertiente del Losar y así observar, creciendo en las paredes rocosas, algunos ejemplares del más famoso endemismo vegetal de Gredos: la Boca de Dragón de Gredos (Antirrhinum grosii). La Portilla del Losar mantiene otro magnífico prado de cumbres, al final del cual comienza la parte más complicada de la ruta, que es llegar al Estecillo (2.262 m) caminando sobre bloques. Nuestro destino es la Portilla de Jaranda (2.037 m), la puerta de La Vera. Como alternativa, se puede continuar desde el Estecillo hasta el Refugio-Ermita de Nuestra Señora de las Nieves y de allí a Guijo de Santa Bárbara.

El descenso de la Portilla de Jaranda al Guijo de Santa Bárbara nos puede llevar otras 2 horas, pero aquí tendremos ocasión de disfrutar con un buen baño en las aguas de la garganta de Jaranda, con El Trabuquete como lugar más conocido. Pero antes debemos atravesar los restos del poblado de chozos de verano de Pimesaillo, utilizado por los ganaderos hasta comienzo de los años 80 del siglo XX. A lo largo de la bajada encontraremos algunos chozos restaurados. La ruta finaliza en Guijo de Santa Bárbara (878 m), una localidad que conserva el atractivo de la arquitectura serrana verata.

Portada del libro que contiene la ruta descrita.


El libro "Rutas para descubrir Extremadura" ya está disponible en pdf en la página web de la Fundación Xavier de Salas. 

En cualquiera de estos enlaces se puede ver:






En breve también será accesible desde la web de la Dirección General de Turismo.
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