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domingo, 26 de diciembre de 2010

ANDROSACE CYLINDRICA


Androsace cylindrica en plena floración.

Las Androsace son mis plantas de montaña favoritas, especialmente las especies de mayor altitud con su aspecto de pequeños cojines recubiertos de flores. Varias de estas especies se cultivan habitualmente por viveros especializados, aunque una vez más tendremos que tener cuidado con las hibridaciones y con la nomenclatura.


El ejemplar de la foto es una de mis dos Androsace cylindrica adquiridas en un vivero escocés en noviembre de 2009. Se trata de una especie endémica de los Pirineos centrales, tanto en Francia como en España. Las plantas venían etiquetadas como Androsace cylindrica x hirtella, aunque en realidad hoy día se reconoce como única especie a Androsace cylindrica, que tiene tres subespecies muy próximas (hirtella, cylindrica y willkommii). Como quiera que en la naturaleza las subespecies hirtella y cylindrica presentan numerosas formas intermedias y dado que la mayoría de los pelos de las hojas no son ramificados, me parece más acertado tratarla como Androsace cylindrica a secas.


El mismo ejemplar a punto de iniciar la floración.

Esta es una de las especies en forma de cojín más fáciles de mantener ya que aguanta perfectamente la lluvia invernal (yo las tengo sin protección), que es uno de los mayores peligros para las plantas alpinas en las zonas bajas. Coloqué una de las plantas sombreada por una piedra y la otra en una situación que en verano le obliga a soportar el sol de las horas centrales del día. Las dos han crecido con normalidad y en junio florecieron en abundancia. Mi “amigo” el Mirlo arrancó dos rosetas de una de ellas, las puse en tierra y parece que han emitido raíces sin mayores problemas.

viernes, 24 de diciembre de 2010

LA FUENTE PAJARES. VALCORCHERO, PLASENCIA (CÁCERES).




Siguiendo el antiguo camino empedrado Plasencia-Villar de Plasencia, muy cerca ya de la linde de las fincas Valcorchero y El Almendral,   nos dejaremos caer ladera abajo siguiendo una falla que crea una vaguada muy evidente para llegar hasta esta fuente. En este punto el alcornocal se ha enriquecido con quejigos y se ven ya los primeros robles rebollos del entorno de la Fuente del Cañito. El descenso es breve pero intenso, de modo que en pocos metros pasamos del ecotono de alcornocal-rebollar con abundantes quejigos al de alcornocal-encinar con numerosas cornicabras. Cuando la pendiente se suaviza y las encinas aparecen como dominantes llagamos a la fuente, para mi gusto la más bonita de las más de 20 que tiene el monte de Valcorchero y si la visitamos al final del otoño mejor. La fuente está formada por 12 pilones tallados en granito y dispuestos en ligero arco para contrarrestar la fuerte pendiente. El manadero se ha protegido con una piedra de granito. Unos fresnos la franquean y ayudan a refrescar la zona en verano.





Aunque la integración paisajística de esta fuente es magistral, como se aprecia en las imágenes, no es la fuente que más vida alberga debido al pequeño tamaño de sus pilones. Lástima que le han colocado un feísimo cartel de tipo militar encima (en realidad están sembrando el monte de ellos, con lo que ahora parece una pista americana).



En la zona se pueden observar ejemplares sueltos de cuarzo lechoso cristalizado procedentes de un filón cercano que las frecuentes escarbaduras de los jabalíes dejan al descubierto.


Ejemplar de 8 cm de la Fuente Pajares

martes, 21 de diciembre de 2010

MATUSALEM NACIÓ EN UNA MONTAÑA

Arenaria tetraqueta subsp. amabilis.  Endemismo de Sierra Nevada. Lavaderos de la Reina (Granada) 2900 m.

Es conocido que las plantas que viven en la montaña alcanzan edades sorprendentes, sin embargo, casi siempre se asocia este hecho a árboles venerables. Lo cierto es que en la alta montaña el concepto de tiempo adquiere otra dimensión y todo se ralentiza hasta el extremo, aquí cualquier pequeña plantita puede ser un duro contrincante para los árboles más veteranos de nuestros campos. En un mundo donde las plantas de ciclo anual son casi una excepción, las estrategias vitales se miden fácilmente en siglos y en el caso de las especies con reproducción clonal en milenios, como se ha comprobado con las especies andinas del género Azorella, con edades estimadas superiores a los 4000 años.

Minuartia recurva. La Ceja (Ávila), 2400 m.


La naturaleza no suele regalar el tiempo, concede a cada especie el tiempo justo para desarrollarse y asegurar su descendencia (el aumento de la esperanza de vida en nuestra especie va unida a un retraso en la emancipación, lo digo por si alguien pensaba que somos la excepción). En la alta montaña los períodos favorables para el desarrollo de las plantas puede ser de tan sólo un par de meses, por lo que las plantas lógicamente deben vivir más años para compensar esto, así una planta bianual que el primer año forma la roseta y el segundo florece puede necesitar hasta 10 años para completar su ciclo en alta montaña (hay que pensar en crecimientos de unos pocos milímetros por temporada). Pero este hecho por si sólo no puede explicar una longevidad tan prolongada, debe haber además otras razones. Las plantas de montaña pueden resumir su filosofía de vida en la frase “con lo que te ha costado llegar, quédate y disfruta un rato”. Aquí está el secreto de Matusalem, la extrema dificultad para el arraigo con éxito en la alta montaña obliga a estas plantas a mantenerse durante muchos años para producir un número suficiente de descendientes reproductivos que garanticen la continuidad de la población, es una forma poco sofisticada de jugar pero funciona.

El problema que tiene esta estrategia es que se olvidó de incluir el "factor humano" en la ecuación. Hoy día, curiosamente la mayor debilidad que tienen las plantas de montaña, lo que las hace muy vulnerables, es su largo ciclo, que les impide reaccionar a perturbaciones más o menos repetidas. Su esfuerzo de muchos años para dotarse de unas costosísimas estructuras que les permitan hacer frente a los duros factores ambientales se puede ir al traste por el pisotón de un montañero, por el golpe de un ski o por el pisoteo excesivo del ganado o las reses cinegéticas, por no hablar de esas estaciones de esquí que se abandonarán por falta de nieve en unos años, tras llevarse por delante algunos de los mejores lugares para nuestra flora de montaña que tardarán siglos en recuperarse.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

UN LENTISCO DE LOS DE ANTES: LA CHARNECA DEL CUQUIL. Casas de Don Pedro, Badajoz (Spain).


Charneca del Cuquil. Arroyo del Cuquil, Casas de Don Pedro (Badajoz)

El Lentisco o charneca (Pistacia lentiscus) es una de las especies con mayor representación en la cultura mediterránea desde tiempos remotos debido a sus múltiples propiedades. Todavía hoy día es muy apreciado el jugo resinoso que se extrae de su tronco, conocido como almáciga, que se utiliza como resina aromática en perfumería, como barniz, como cemento dentario para empastes e incluso como goma de mascar para mantener limpios los dientes. El aceite de sus semillas se usaba para lámparas, su madera era apreciada en ebanistería y también era apreciado en la antigüedad el vino de lentisco. Pero sólo los ejemplares de porte arbóreo soportan el “sangrado” para obtener esta resina, por lo que su uso ha quedado reducido hoy día a Asia Menor. Es una desgracia, pero sólo los bosques del litoral turco conservan suficientes ejemplares arbóreos de lentisco como para que se pueda plantear la explotación de la almáciga.

Cuando pienso en esos bosques turcos, me imagino cómo serían nuestros charnecales extremeños hace 3000 años. El aspecto actual de mata nos hace olvidar que hubo un tiempo en que esos matorrales altos fueron árboles. Yo imagino un bosque denso y oscuro donde las charnecas competían con encinas, labiérnagos y madroños por dominar el dosel arbóreo. Y para imaginarlo cuento con la ayuda de los escasísimos ejemplares de lentisco arbóreos de la región. Sólo un puñado y algunos ya desaparecidos como el de la carretera de Almaraz a Valdecañas de Tajo. Por suerte el mejor aún se conserva.


Gracias a Santiago González, hoy jubilado, pude dar con ella

Los llanos situados al norte de Casas de Don Pedro (Badajoz) se encuentran en la actualidad ocupados por olivares y pequeñas hojas de siembra. La cercana sierra de la Chimenea mantiene charnecales junto a repoblaciones de eucaliptos. En este gran llano con multitud de pistas y un paisaje agrícola muy uniforme es fácil desorientarse, como puedo afirmar con conocimiento de causa. Un pequeño arroyo, El arroyo del Cuquil, es nuestro objetivo, junto a él se encuentra la charneca monumental del Cuquil.

Es fácil que lo pasemos de largo al confundirlo con una encina, pero una mirada más sosegada delatará el verde característico del lentisco. Su situación actual en medio de una hoja de siembra puede inducirnos a error sobre su origen, pero en realidad esto es algo muy reciente, dado que hasta hace no muchos años la charneca se situaba en el lindero de dos propiedades y era utilizado como hito en un principio y como lugar de descanso con el transcurrir del tiempo. Hoy día las ovejas no hacen asco a las hojas de sus ramas bajeras, totalmente despreocupadas por la importancia del ejemplar y cuando aprieta el calor o el frío buscan refugio bajo su copa, que se muestra así generosamente abonada.

El árbol tiene unos 7 metros de altura y un diámetro de copa de 10 m. Su tronco se abre a los 2,5 metros en dos gruesos cimales, que se ramifican casi inmediatamente, formando una copa globosa, muy densa e intrincada, característica de esta especie. El perímetro del tronco a 1,30 metros del suelo es de 1,80 m. Tiene las oquedades y cicatrices propias de todo árbol que ha mantenido un contacto estrecho con aperos y herramientas

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA AJEDREZADA DE BANDAS AMARILLAS: Pyrgus sidae (YELLOW-BANDED SKIPPER)



A veces las cosas minúsculas nos cuentan grandes historias, sólo hay que tener ganas de escucharlas. En unos pequeños prados, cuya superficie total apenas alcanza las 20 hectáreas, en la Sierra de Béjar (Salamanca y Cáceres), nos encontramos con una pequeña mariposilla que no será posible encontrar en otro punto de la Península Ibérica (en realidad existe otra cita aislada en la cercana Sierra de Gredos). Su población no debe superar los 2000 individuos si nos atenemos a los datos obtenidos por los investigadores que estudiaron la parte más densa de esta colonia (Hernández-Roldán, J., Munguira, M. y Martín, J., 2009), estimando para esa zona 569 individuos con un margen de error de 83. Sólo 2000 pequeñas mariposillas, encerradas literalmente en cuatro pequeños prados, es como no decir nada. Y, sin embargo, es mucho lo que nos cuenta esta colonia.

Pyrgus sidae fue descrita para la ciencia con ejemplares de la Rusia asiática y posteriormente se descubrió su presencia de manera muy aislada en la Península balcánica, la Península itálica y la Provenza, al margen de otras poblaciones en Asia central conectadas con las rusas. Esta distribución ofrecía un ejemplo de libro: una pequeña mariposa de hábitos muy sedentarios, que depende de una planta asociada a prados húmedos y bordes de turberas, cuyo origen es Asia central y que en Europa aparece de manera muy aislada asociada a los clásicos refugios de las pasadas glaciaciones, como son las penínsulas del sur de Europa (la población de la Provenza parece originarse por una posterior recolonización desde Italia). La historia parecía clara, ya había sido contada antes con otras especies. Pyrgus sidae se originó en Asia central y durante las últimas glaciaciones pudo ir desplazándose detrás de las Potentillas (su planta nutricia) hasta llegar a Europa, con continuas extinciones y recolonizaciones, expandiéndose en los períodos interglaciales y replegándose en los momentos más intensos de las glaciaciones. En Europa debió ocupar una amplia zona a juzgar por los restos de su población, pero lo más duro de las glaciaciones en primer lugar, seguido del establecimiento del actual clima mediterráneo, con un verano árido, debió acabar con la mayor parte de las poblaciones europeas, manteniéndose de manera aislada sólo aquellas situadas en zonas refugio en las ya citadas penínsulas. Llegamos así a la situación actual, con una población extensa en Asia central y varias poblaciones relictas aisladas en Europa. Por desgracia para ellas después de las glaciaciones no tuvieron que hacer frente sólo al clima mediterráneo, el Homo sapiens empezó a demostrar que tenía la misma capacidad destructiva que el casquete glaciar Finoescandinavo y a un ritmo mayor.

Pero faltaba la guinda para coronar un ejemplo tan bueno y a comienzo de los años 80 se descubre en el norte de Cáceres una pequeña colonia de esta especie, con lo que se completaba toda la ruta migratoria de la especie. Como en el caso de francesas e italianas, las mariposas españolas fueron descritas como una subespecie nueva (subsp. gargantoi). Era de esperar, pues se trata de las poblaciones que han permanecido más tiempo aisladas.

Fotografiar a las Pyrgus sidae no es fácil, son muy activas y están continuamente volando con ese vuelo rápido y a brincos que les da nombre en inglés (Skipper). Cuando por fin se posan, lo hacen en medio de una maraña de hierbas bajas y siempre habrá algunas hojas molestando. En este caso tuve la suerte de encontrar un ejemplar bebiendo en una zona con la vegetación despejada por una arroyada reciente. Me tumbé en el suelo junto a ella y esperé a que se girara para verle la cara, me gusta tomar la foto cuando entreabren las alas, para así poder ver los diseños de anverso y reverso.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

FACILITACIÓN: LA COOPERACIÓN EN LAS MONTAÑAS

Violetas de Sierra Nevada a 3400 m en el Mulhacén junto a Hormatophylla spinosa,
 su planta guardería.

Al pasear por las cuerdas, cimas o collados de la alta montaña es fácil percatarse, a poco que nos fijemos, de un fenómeno curioso que se observa aquí como en ningún otro sitio. En estos lugares, donde las condiciones ambientales son durísimas, las plantas no crecen aisladas o dispersas, más bien parece que se buscan unas a otras y crecen agrupadas en forma de pequeños parches de vegetación en un mar de suelo descarnado. La tradición de la ecología ha impuesto de tal modo el modelo de comunidades donde las especies compiten sin piedad, que las relaciones positivas son casi siempre subestimadas. Las plantas vecinas pueden competir, es cierto, pero también pueden proporcionarse beneficios. En las grandes altitudes la asociación positiva entre especies es cuatro veces mayor que la negativa, invirtiéndose este patrón en las zonas bajas. Parece que el aumento de las condiciones duras del medio, causantes de estrés en las plantas, aumenta la facilitación o cooperación entre ellas, la agregación parece que disminuye el impacto del medio. Lo más curioso es que dos especies pueden ser fuertes competidores en zonas bajas y ayudarse en zonas de altura.


 ¿Qué es lo que buscan las plantas al agruparse? En la alta montaña la fase de emergencia y establecimiento de una nueva planta es de una extrema dificultad, ya que estas pequeñas plantas deben enfrentarse desde el principio a una fuerte desecación del suelo, a fuertes congelaciones, a una fuerte insolación, a terrenos muy pobres en nutrientes, a daños físicos por viento y nieve, a predación por herbívoros, etc. Con todo este conjunto de dificultades es lógico que las plantas busquen ayuda para garantizar la supervivencia de sus descendientes. Tres son los objetivos que consiguen las plantas con esta cooperación. En primer lugar la protección, ya que la cobertura de otras plantas protege y sombrea a semillas y plántulas, reduce las pérdidas de agua, protege de temperaturas extremas, disminuye el efecto de los herbívoros y aumenta la resistencia frente a vientos, escorrentías y acumulación de nieve. Surgen así las famosas “plantas guardería” tan típicas de la vegetación de montaña. En segundo lugar, al agruparse las plantas consiguen reforzar sus reclamos frente a los escasos polinizadores de estas zonas. Por último, la agrupación favorece el incremento de los nutrientes en el suelo, bien sea por la fijación del nitrógeno, bien por la retención de partículas o por el aporte de sus propios restos orgánicos, llegándose a hablar también de “plantas despensa” en el caso de especies de crecimiento clonal, que al generar muchos restos crean condiciones más tolerables para el establecimiento de otras especies.

domingo, 5 de diciembre de 2010

EL ROBLE GRANDE DE LA SOLANA. Barrado, Cáceres (Spain).



Si la monumentalidad de un árbol se midiera solamente con la cinta métrica, está claro que el Roble Grande en Extremadura jugaría en la segunda división. Su edad no es tan avanzada como la de nuestros rebollos más notables y su biometría se aleja bastante de la de esos colosos, que deben ser con seguridad de los más destacados dentro de su especie (Quercus pyrenaica).




Sin embargo, la monumentalidad también se logra con imponderables. Este es un buen ejemplo. El Collado de la Paula en el monte de La Solana en Barrado (Cáceres) es un lugar de una gran belleza, encaramado como está sobre el valle de la Garganta del Obispo, a caballo entre el Valle del Jerte y La Vera. La ubicación también cuenta y hace que algunos ejemplares sean más conocidos y respetados. Como también lo hace la propia estructura del árbol, más allá de su belleza (y hay mucha en la tracería de su copa). El Roble Grande tiene para mí varias cosas que le hacen digno de ser reconocido como uno de los Árboles Singulares de Extremadura. En primer lugar un par de ramas de crecimiento  horizontal de hasta 17 m, que representan los límites físicos de la resistencia de la madera, un portento que tan sólo la encina es capaz de mostrarnos en estas latitudes. Su copa, además, está totalmente descompensada al tratarse de un árbol que crece al borde del bosque y no aislado, se ve claramente aquí la lucha que este ejemplar mantiene por la luz con sus vecinos. Esta copa tan descompensada y una inestable ubicación en ladera han obligado al árbol a desarrollar una fuerte inclinación en el tronco y una enorme base con anchos contrafuertes para permitir que las tensiones se transmitan lo más equilibradamente posible al suelo. Todo esto hace de este ejemplar un auténtico luchador, que nos enseña cómo los árboles también son capaces de ir respondiendo con su propia lógica a los cambios de su entorno y nos aleja la idea de fábricas de madera que muchas veces tenemos de ellos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hesperia comma


Para mí uno de los Hespéridos más bonitos. En Extremadura tan sólo vuela en el Sistema Central. Fotografiada  sobre Menta de burro (Mentha suaveolens) en la Sierra del Losar, La Vera (Cáceres) a unos 1000 m.

martes, 30 de noviembre de 2010

LA CUEVA DE BOQUIQUE: VETTONES, CARLISTAS Y BANDOLEROS.

Entrada principal de la Cueva de Boquique. Valcorchero, Plasencia (Cáceres).

La España del primer tercio del siglo XIX no tenía nada que envidiar al Far West americano, es cierto que no teníamos a Toro Sentado y sus sioux, pero tuvimos al general Soult y sus tropas imperiales. En esa época sangrienta surgen una serie de personajes de lo más novelesco. Es el caso de la cuadrilla de guerrilleros conocida como “Los muchachos de Santibáñez” formada casi exclusivamente por mozos de Santibáñez el Bajo (Cáceres) y capitaneada por los “Tres Migueles”. Durante la guerra contra los franceses, y pese al nombre de la banda, hicieron los que se esperaba de ellos: mucha audacia, mucho arrojo y mucho salvajismo. De tal modo, que los franceses temían como al demonio a los terrenos montañosos del norte cacereño. Eran unos héroes y como a tal se le prometió tierras para cada uno de los que formaban la partida una vez expulsados los invasores. Como en toda buena película que se precie las buenas promesas no se cumplieron y los muchachos se volvieron a echar al monte, esta vez para acabar con todo lo que oliera al régimen absolutista, que ellos indirectamente habían contribuido a establecer. Se une a la partida otro vecino de Santibáñez, don José Montero, el cura. La partida ahora cuenta con un ideólogo, el “Cura Moro”, y se dedica a dar golpes de efecto de gran resonancia tomando Ciudad Rodrigo y acabando con los más destacados hombres del régimen absolutista en Béjar y Hoyos. Tachados de bandoleros por unos y de anarquistas por otros, tras incluir también a los liberales entre sus objetivos, no tardaron en pasar de héroes a villanos. En 1821 los Muchachos se toparon con la horma de su zapato.

Vista superior del gran bolo que formó la cueva


Al fondo se abre una chimenea que comunica con el exterior. Allí pasé dos horas atrapado cuando era niño.

Don Mariano Ceferino del Pozo, vecino de Plasencia, era otro de esos personajes típicos de aquella época convulsa. Durante la guerra contra los franceses también encabezó una partida de guerrilleros de gran audacia y comenzó a ser conocido como “Boquique”. Finalizada la guerra mató el gusanillo acabando con varias partidas de bandoleros. Con la llegada del trienio liberal un monárquico acérrimo como él no pudo por menos que echarse al monte con su partida como voluntario realista. No debió ser muy molesto al poder pues asentó su campamento muy cerca de Plasencia en la cueva que lleva su nombre y allí permaneció tres años, hasta que cayeron los liberales. Sin embargo, el norte de Cáceres era un corral demasiado pequeño para tanto gallo y en 1821 el bueno de don Mariano acaba con la banda de “Los Muchachos de Santibáñez”. Tras la caída de la banda sigue una brutal represión que acaba con 111 vecinos de Santibáñez condenados, varios de ellos al garrote vil.




Don Mariano cuelga su escopeta durante unos años, pero en 1834 al estallar la primera guerra carlista se le vuelve a inflamar la vena, gracias esta vez a la ayuda de varios curas placentinos,  y bajo el lema Dios, Patria y Rey se trasladará con su partida otra vez a la cueva para apoyar la causa de Carlos V. Dado que don Mariano el carlista sí era molesto para el poder, su caída fue rápida. La noche del 5 de marzo de 1834 toda su partida es atrapada en la cueva y sometida a un inacabable proceso judicial. Nace entonces la leyenda del bandolero Boquique.


Según la leyenda el bandolero Boquique se ahorcó aquí antes de ser apresado.


La chimenea.

La Cueva de Boquique, situada en la dehesa de Valcorchero (Plasencia) es en realidad un gran abrigo formado tras el colapso de un gigantesco bloque de granito. Pese a las peripecias de don Mariano esta cueva es más conocida por la leyenda del bandolero y sobretodo por sus restos de cerámica, que dieron nombre a la llamada “Cerámica de Boquique”. Este tipo de cerámica, grosera y con incisiones punto y raya, caracterizó la cultura de los castros de la Meseta del período final de la Edad de Bronce.


Los restos de Cerámica de Boquique son fáciles de localizar.

lunes, 29 de noviembre de 2010

UNA DE TOROS: Pinguicula nevadensis


Pinguicula nevadensis. Los Lavaderos de la Reina, Sierra Nevada (Granada). 2600 m

Nadie me dijo que en Sierra Nevada necesitaría un capote de torero. La fotografía de flora habitualmente se considera una de las actividades de menor riesgo a la que puede someterse un fotógrafo, a la altura de la fotografía para catálogos de colchones. Esto, queridos amigos, no tiene porque ser cierto. No es necesario intentar fotografiar una Saussurea a más de 6000 m en el Himalaya o buscar una rara orquídea en tierra de caníbales para poner a prueba al fotógrafo de flora. Los idílicos borreguiles de Sierra Nevada pueden representar una potencial amenaza para nuestra salud.

Yo no sabía nada de eso cuando decidimos ir a fotografiar flora de borreguiles al espectacular paraje de Los Lavaderos de la Reina a más de 2.600 m de altitud. En la distancia el paisaje era impresionante, con un arroyo despeñándose entre prados salpicados de vaquitas. Conforme avanzábamos el paisaje se tornaba más hermoso si cabe y las vaquitas iban adquiriendo un preocupante aspecto toruno. Ya en el borreguil mis peores sospechas se hicieron realidad, aquellos prados eran los agostaderos de la ganadería brava que pasta a mayor altitud en España (unos auténticos toros de lidia con todos los beneficios que la altitud proporciona al deportista de élite). Ya antes había andado entre toros bravos, pero siempre había tenido una encina o una valla que me pudiera ayudar en caso de apuros. Completamente rodeados por esos bichos, que no paraban de mirarnos, decidimos ignorar los primeros endemismos nevadenses, tirarse al suelo entre tanto toro (alguno a menos de 20 m) me parecía una forma ridícula de suicidio y cada planta que iba dejando atrás era como una patada en las pantorrillas. Pasados los primeros momentos nos fuimos relajando y entramos en una zona con algunos bloques que podrían servir de refugio, había llegado el momento de fotografiar alguna de esas joyas exclusivas de esta sierra, realmente había centenares de Gentiana sierrae, Gentiana alpina, Pinguicula nevadensis y Plantago nivalis. El regreso lo hicimos por la cuerda para no tentar más la suerte y poder localizar otras especies.

sábado, 27 de noviembre de 2010

LA LIBÉLULA TRANQUILA. Paragomphus genei



No debe hacer mucho tiempo de la llegada de esta especie a Extremadura procedente del norte de África. A comienzos de los años 80 del pasado siglo su presencia no se detectó en ninguno de los trabajos sobre distribución de odonatos realizados en la provincia de Cáceres. Es cierto que es una especie que puede pasar desapercibida por su modo de vida, pero hoy día no es complicado localizarla en Extremadura.


Paragomphus genei para mí es una de nuestras libélulas más bellas, la combinación de tonos verdosos, arenosos y melados le separa de lo habitual en nuestra fauna. Por otra parte, sus ojos separados (rasgo típico de su familia) le dan una expresión menos inhumana, si se puede decir esto de una libélula. Sus alas cortas no le permiten ser una buena voladora (comparado con sus parientes) pero le facilitan sus revoloteos entre el matorral. Precisamente entre el matorral es donde deberemos buscarla, ya que podemos pasar un día entero junto a la charca donde se reproducen sin ver ninguna, mientras que a unos 50 m de la charca entre las jaras, bulle una abundante población de la especie. Aunque es una especie tranquila que permite nuestra aproximación no es fácil de fotografiar porque siempre hay una maraña de matorral a su alrededor. Tendremos que armarnos de paciencia y esperar a que se pose en una ramita aislada para poder fotografiarla. Incluso así habrá que tener cuidado con no sobreexponer el posadero, como me ocurrió a mí.

Este ejemplar pertenece a una colonia de la comarca de La Vera (Cáceres).

jueves, 25 de noviembre de 2010

EL CASTAÑO DE LA ESCARPIA. MORIR DE PURO VIEJO. Casas del Monte, Cáceres (Spain).



En muy pocas ocasiones nos está permitido contemplar uno de los procesos más conmovedores que hay en la Naturaleza, como es la muerte de un árbol de puro viejo. Hoy día son pocos los árboles que llegan a viejo, lo más normal es que antes sean apeados por el hombre, que tradicionalmente los ha considerado un estorbo. Este proceso, que se puede prolongar durante varias décadas, es un ejemplo maravilloso de eficiencia y lógica.

Los árboles tienen varias fases de desarrollo, en las primeras su único objetivo es crecer, la fase expansiva se va ralentizado con los años y culmina con el momento de máximo esplendor del árbol, la madurez. A partir de aquí, el árbol ya no crecerá más y se irá recogiendo poco a poco sobre sí mismo. En las etapas que podemos considerar de senescencia, como la del castaño de la foto, el árbol comienza a eliminar sus estructuras más externas y a emitir brotes en el interior de la copa, cada vez más cerca del tronco. A este fenómeno se le conoce como bajada de copa y es un síntoma claro de la vejez de un árbol. Mientras que estos reiterados que surgen de la base del tronco y del interior de la copa se comportan como ramas juveniles con grandes crecimientos, los extremos de la copa comienzan a producir complejos mínimos, que son ramillas minúsculas que se ramifican mucho sin llegar a producir un verdadero crecimiento (se aprecia muy bien en las ramas más bajas de la izquierda de la foto). Ahora el árbol sólo conserva parte del tronco y algunas ramas principales, su tronco hueco ha comenzado a desmoronarse y el colapso y el fin parecen cerca. Si observamos en el interior podremos ver cómo algunas raíces son emitidas por el tronco dentro del árbol y aprovechan sus propios restos descompuestos, literalmente el árbol se autodigiere. Con este acto en realidad lo que está haciendo es favorecer el desarrollo de los rebrotes basales, que competirán entre ellos a expensas de los restos del cada vez más deteriorado árbol. Con suerte, uno de ellos llegará a formar un nuevo árbol y el ciclo se volverá a repetir.


Aunque virtualmente muchos árboles son inmortales, en realidad son tantos los factores negativos que tienen que sortear que muy pocos llegan a adulto y muchísimos menos alcanzan edades centenarias, pensemos en la cantidad de tormentas, incendios, sequías, leñadores, etc. que habrán tenido que soportar esos contadísimos individuos varias veces centenarios que aún quedan en nuestros campos. En realidad es un milagro que hayan podido llegar a esas edades.

El árbol de la foto es el Castaño de la Escarpia de Casas del Monte (Cáceres), uno de los árboles que más aprecio y  visito. Estoy deseando poder llevar a mi hija junto a él.

martes, 23 de noviembre de 2010

lunes, 22 de noviembre de 2010

Pinguicula vallisnerifolia


Pinguicula vallisnerifolia. Travertino en Guadahornillo (Cazorla), 1500 m

Los ecólogos andaluces deben ser muy buenos, y por eso los dioses les regalaron la Pinguicula vallisnerifolia. Una planta carnívora, como es el caso de este bellísimo endemismo bético, tiene para estos estudiosos muchas ventajas, ya que a las relaciones habituales de herbivoría, polinización, dispersión, parasitación, competencia, etc. añaden las de predación. Pues bien, la susodicha Pinguicula vallisnerifolia además de todo esto es capaz, en virtud del hábitat en el que le toque desarrollarse, de duplicar todas esas relaciones. Tenemos así polinizadores, parásitos, competidores, presas, etc. propios de zonas soleadas y otros tantos distintos de zonas umbrosas (y ya para rizar el rizo, uno de sus parásitos es la endémica Lagartija de Valverde, que le roba sus presas). Pero no acaban aquí las cosas, los dioses saben ser generosos, pues esta planta es capaz de reproducirse sexualmente con ayuda de polinizadores (aunque sus flores son autocompatibles no suele haber autopolinización) y es capaz también de dos formas distintas de reproducción vegetativa (estolones en verano y yemas axilares en otoño) y finalizando este arsenal, al contrario que el resto de las Pinguicula, produce dos tipos de hojas glandulares durante el crecimiento, unas de primavera ovaladas, similares a las de otras especies del género, y otras en verano de hasta 30 cm de longitud que son auténticas “cintas atrapamoscas”. Este regalo ha sido bien aprovechado y esta planta debe ser de las más estudiadas en España con numerosas publicaciones en las revistas de mayor prestigio a nivel internacional.


Por desgracia, tal y como va la cuestión climática, esta es una de esas especies que irremisiblemente lo van a pasar muy, muy mal. Encontrar zonas rezumantes durante todo el año en nuestros ambientes mediterráneos, incluso en las montañas, es cada día más complicado. Nuestra protagonista se encuentra así ante dos callejones sin salida: vivir en zonas menos húmedas donde sus poblaciones se reproducen de manera vegetativa debilitándose progresivamente o refugiarse en los cada vez más escasos y congestionados puntos húmedos, donde es desplazada por todas las plantas que allí acuden.

domingo, 21 de noviembre de 2010

LA ROCALLA: FLORA AUSTRAL

Calceolaria uniflora subsp. darwinii

Aunque las especies de Europa y Asia Central dominan la rocalla, también hay una pequeña representación de la flora de las montañas australes:

Calceolaria uniflora subsp. darwinii es exclusiva de las zonas montañosas del sur de Patagonia y Tierra del Fuego. Parece ser que la subespecie (una verdadera especie para algunos autores) se describió con los ejemplares que Darwin recolectó durante su viaje en el Beagle. A pesar de su apariencia las Calceolarias no tienen nada que ver con las orquídeas Zapatitos de dama (Cypripedium). La planta ocupa una zona sombreada de la rocalla donde hay abundante tierra vegetal. Procede de Escocia (diciembre de 2009) y floreció a comienzos del verano.

Raoulia australis

Raoulia australis, endémica de los Alpes de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Es una planta tapizante de buen crecimiento que en un año que lleva en la rocalla ya me ha obligado a despejarle el terreno. Vino en el mismo paquete que la Calceolaria uniflora. Está situada en una zona que en verano es pleno sol. Pudimos ver sus pequeñas florecillas en el mes de julio (son como unas minúsculas manzanillas de un par de milímetros de diámetro). La planta ha sufrido repetidos ataques por parte de un Mirlo y tiene un par de agujeros producidos por la terrible granizada de hace unos meses. Esta planta parece que se adapta sin problemas al clima de Cáceres, cálido y un poco seco y con inviernos suaves (bajando muy rara vez de -5 ºC).


Azorella speciosa

Azorella speciosa, endémica de las Punas andinas entre los 3000 y los 4500 m. Las Azorella son famosas por su larga vida (según algunos autores hay individuos de casi 5000 años). El ejemplar de la rocalla se encuentra en fase de aclimatación. Proviene de un vivero inglés y llegó a casa tras permanecer demasiados días dentro del paquete, por lo que se ha ahilado (etiolado). Está colocada en una zona de pleno sol en verano.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

LUCES Y SOMBRAS: Crocus carpetanus


Hace unos días ví una foto de Víctor Pizarro en su blog Ciudad Dormida (http://ciudad-dormida.blogspot.com/) en la que se veía un Colchicum fotografiado este otoño en la comarca cacereña de Las Villuercas. En ella Víctor se recreaba en los claroscuros del bosque y creó una bella composición. Inmediatamente me recordó una foto tomada hace unos años en un robledal del Valle del Jerte. Se trataba de un Crocus carpetanus, especie que a finales del invierno inundan los parajes montanos de Cáceres, busqué la foto y aquí os la muestro.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Plagionotus marcorum



Plagionotus marcorum es una de las joyas de la fauna ibérica. Descrita hace apenas diez años por López Colón, se unen en esta especie todos los atributos posibles para hacerla irresistible para cualquier amante de los insectos. En primer lugar presenta una distribución muy reducida apareciendo en forma de pequeñas poblaciones aisladas en las provincias de Alicante, Almería, Badajoz, Ciudad Real, Guadalajara, Madrid, Málaga, Murcia y Toledo. Segundo, su ciclo biológico aparece muy estrechamente vinculado a su planta nutricia (Lavatera triloba). Tercero, su indudable belleza con una ornamentación que imita a los himenópteros. Cuarto, su interés biogeográfico, ya que dentro de su género pertenece a un grupo de especies muy próximas asociadas a las malváceas y con distribución mediterráneo-turánica (cuencas del mar Mediterráneo y mares interiores de Asia Central), que nos hace remontarnos a los momentos de la desecación parcial del Mediterráneo y su posterior llenado hace varios millones de años, suceso que dejó numerosas especies de fauna y flora con una distribución muy similar que ha permitido recomponer las rutas migratorias y el posterior nacimiento de muchos de los endemismos de fauna y flora de la Cuenca Mediterránea.


La foto de un adulto sobre su planta nutricia está tomada en la Tierra de Barros (Badajoz). En esta comarca se mantiene a duras penas la especie por la constante destrucción de su planta nutricia refugiada en cunetas de carreteras y bordes de cultivos. Las poblaciones extremeñas, tal y como se ha comprobado en los estudios de filogenia molecular realizados en este género (De la Rosa, 2003), son las más diferenciadas debido a su mayor aislamiento, lo que las hace más valiosas si cabe (la especie está protegida en la región).

sábado, 13 de noviembre de 2010

EDELWEISS (Leontopodium alpinum)


Leontopodium alpinum en la rocalla con las hojas nuevas aún verdosas

El Edelweiss o Flor de nieve es sin dudas una de las plantas alpinas más famosas. Desde antiguo símbolo del coraje y la pureza, era un regalo de los jóvenes a sus novias que con el tiempo derivo en souvenir y con ello a su recolección masiva, lo que obligó a su protección estricta. Ser imagen de pureza no le libró de ser también el símbolo de una división alpina de las Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial y hoy día del ejército suizo.


Es una planta que no podía faltar en la rocalla, los Leontopodium son una exitosa familia de plantas de las montañas de Asia Central, cuyo representante europeo llegó a nuestras montañas con las glaciaciones cuaternarias, sobreviviendo hoy día únicamente en Pirineos, Alpes y Dolomitas. Es una planta relativamente fácil de conseguir ya que se cultiva abundantemente para su venta como ornamental (incluso un conocido supermercado alemán las ha tenido en sus estantes).

Mi primer intento con la especie fueron unos sobres de semillas italianos adquiridos en un centro de jardinería. Se trataba de la subespecie nominal y su germinación fue bastante buena, sin embargo, todas las plántulas morían al poco de germinar por problemas en el cuello, pese a probar distintas alternativas. Ante ese fracaso adquirí un ejemplar procedente de los Alpes cultivado en un vivero de Escocia. Cuando lo recibí en diciembre de 2009 toda su parte aérea estaba ya muerta y la verdad es que me dio un poco de angustia ver toda la planta seca al sacarla de la caja. La mantuve todo el invierno a resguardo de las lluvias y a principios de primavera la coloqué en una zona soleada de la rocalla, donde al poco comenzó a brotar. Las hojas en principio verdes se tornaron grisáceas durante el verano. En junio floreció, manteniendo las flores, aunque secas, hasta finales de agosto.

En estos momentos la planta está comenzando a perder su parte aérea, preparándose para su letargo invernal. Acabo de recibir procedente de Escocia otro ejemplar de la variedad/subespecie nivale, que es una forma de mayor altitud que se caracteriza por ser más pequeña y peluda, siendo exclusiva de los Alpes italianos y los Dolomitas. También lo he recibido con la parte aérea seca por lo que tocará esperar a la primavera. Estas hojas secas, pese a ser muy antiestéticas, es conveniente dejárselas a la planta como protección, pudiendo retirarlas en primavera.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

LA MANZANILLA DE GREDOS: Santolina oblongifolia


Manzanilla de Gredos a 2200 m en la cacereña sierra de Majarreina, al fondo una magnífica turbera colgada

Guardo en el recuerdo una travesía de varios días por la cara norte de la sierra de Gredos con 17 años, cargado como un burro, aunque sin protector solar ni gorro. De aquella experiencia saqué dos cosas claras, la primera que había algo en la sierra que me atraía y la segunda que el sol quema (los cuatro amigos tuvimos que ir al médico para que nos trataran las tremendas quemaduras que nos produjo el sol en la cara). Para no perder el contacto con la sierra comencé a salir al campo con amigos montañeros, pero nuestros caminos se separaron rápidamente, yo era demasiado lento y ellos eran demasiado rápidos. Desde entonces visito la sierra sólo o con la compañía mínima, a mi aire, tomándome mi tiempo. Fue cuando empecé a trabar contacto con los verdaderos conocedores de la sierra, viejos cabreros, viejos guardas-furtivos de caza, agentes y vigilantes de Medio Ambiente e incluso algún botánico. Recuerdo que las primeras conversaciones, cargadas de recelo, las solventábamos sin excepción hablando de las plantas con usos tradicionales de la sierra: belesa, té de roca, junciana, ajedrea, manzanilla fina, vedegambre... Creo que esas largas conversaciones nocturnas, animadas por los insufribles vinos de pitarra serranos, fueron las que forjaron mi profunda afición por la flora de montaña, facilitando un intercambio de información sobre la flora de Gredos que ha durado varios años y permitieron que los guardas de caza comprendieran que lo que me interesaba de la sierra eran las flores y no las monteses. Esos tiempos ya han pasado y hoy ya no quedan cabreros viejos en la sierra (el abuelo Paulino habrá dejado ya su majada de verano), los guardas viejos también se han jubilado y en su lugar ha aparecido un nuevo tipo de ganadero de todoterreno y prismáticos asociado a las vacas, que poco puede aportarme.


La Manzanilla de Gredos (Santolina oblongifolia) es una de esas plantas imprescindibles en la cultura de las majadas serranas, donde no faltaban nunca los ramos a secar de esta especie. Sus propiedades medicinales son similares a las de la manzanilla común, siendo utilizada como tónico digestivo, incluso se podía comprar en la farmacia de El Barco de Ávila hasta hace unos pocos años. He probado sus infusiones cuando he dormido en la sierra y saben como una buena manzanilla, aunque me provoca alergia en la garganta. Estudios recientes han descubierto en esta especie principios antiinflamatorios e inhibidores de la replicación de ciertos virus, lo que la convierte en una especie de un altísimo valor para la investigación farmacéutica. La especie es exclusiva de Gredos (alcanzando puntualmente la sierra de Madrid) donde llega a ser muy abundante en algunos puntos. En Extremadura es una especie protegida, mientras que en Castilla y León, donde es mucho más abundante, su recolección está regulada. Hasta los 1700 m forma una comunidad ruderal en suelos alterados junto a la Manzanilla perruna (Santolina rosmarinifolia) y los híbridos de ambas, a partir de esa altitud sólo se mantiene la Manzanilla de Gredos, caracterizando la vegetación de pedreras soleadas. En las zonas con alta densidad de monteses se hace más rara e incluso se vuelve una especie rupícola. Siempre se consideró como la de mejor calidad aquella que crecía en las zonas más altas, posiblemente por que las plantas de las cotas más bajas suelen estar cruzadas con la manzanilla perruna mucho más amarga.

lunes, 8 de noviembre de 2010

EL OTOÑO EN EL JARDÍN

Arilo de Tejo

Las tareas reproductivas (las que vienen después del parto) absorben todo mi tiempo y apenas si salgo al campo. Uno que es previsor tuvo tiempo de montar un diminuto jardín con algunas plantas favoritas para aprovechar los escasos tiempos muertos. El otoño parecía que no quería llegar pero ya se ha instalado y los árboles están cambiando de tonalidad, mientras que alguno nos regala sus flores y frutos.
Flor de Madroño

Ya el año pasado el jardín fue una estación de servicio para los mosquiteros, pero deben ser otros pájaros los que acaban con los frutos del majuelo, el madroño, el tejo y el durillo. Sospecho que el Mirlo que se crió en el jardín desde pollo y tiene querencia a sus lombrices tiene bastante que ver con ello, pero alguien le está ayudando y no son los gorriones, que abandonaron el jardín cuando les clausuré el comedero, al que habían invitado sin mi permiso a todos los congéneres del barrio. Hay una pareja de Roquero solitario que anida en la cubierta de casa, pero nunca los he visto bajar al jardín, otra pareja de Tarabilla común frecuenta la fuente, pero no sé si serán capaces de comerse un madroño. La lista de sospechosos la cierra una pareja de jilgueros que crían en un árbol de la calle a escasos metros del jardín, aunque parecen buena gente. Otras aves han aparecido tan esporádicamente que no las tengo en la lista de sospechosas.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Calopteryx xanthostoma

Cópula de Calopteryx xanthostoma

Es habitual que cuando un término es utilizado con frecuencia pierda parte de su sentido, dejando de ser un concepto neutro que debe ser interpretado, para pasar a tener valores positivos o negativos intrínsecos. La diversidad biológica (biodiversidad) y los indicadores biológicos (bioindicadores) son dos de esos términos. El tramo del río Jerte que discurre dentro del Valle de Jerte (Cáceres) entre Los Horcos de Tornavacas y Los Cachones de Plasencia tradicionalmente se ha considerado como uno de los puntos de mayor valor para los odonatos dentro de la Península Ibérica. Aquí conviven nuestras tres especies de Calopteryx, un clásico indicador de buena calidad del agua. Calopteryx virgo ocupa aguas frescas, limpias y bien oxigenadas; Calopteryx xanthostoma ocupa aguas algo más cálidas y es menos exigente con la pureza y el oxigeno disuelto, por lo que aparece en zonas con menor corriente, a menor altitud y llega a tramos casi remansados del río. Por último, Calopteryx haemorrhoidalis tiene unas exigencias intermedias por lo que coincide con las otras dos especies, aunque siempre se decanta por zonas con densa cobertura vegetal, por lo general sombreadas. En este mismo tramo podemos encontrar actualmente 26 especies de odonatos (al menos esas son las que yo he observado), una diversidad bastante elevada para un río extremeño.
Cuando comparo la situación con la de finales de los años 80, cuando empecé a fijarme en los odonatos de esta zona, se puede concluir que la diversidad de odonatos ha pasado de 23 a 26 especies, es decir, hay mayor diversidad biológica o biodiversidad como normalmente se dice. Por otro lado, el bioindicador de aguas limpias es actualmente más abundante que su pariente menos exigente. Estos datos, que son ciertos, expuestos así nos dan la impresión de que el río Jerte se mantiene en forma, incluso se ha enriquecido. Esto es todo lo que necesita saber un político. Por desgracia, la realidad siempre es más complicada de lo que a los políticos les gustaría. Sí, es cierto que ha aumentado el número de especies de odonatos en la zona, pero también lo es que las especies nuevas son de origen africano y no son exigentes para nada con la calidad del agua, siendo comunes en aguas estancadas y sucias. Suele ser habitual no decir nada sobre la abundancia relativa de las distintas especies, pero si comparamos esto, vemos como especies exigentes como Macromia splendens casi pueden darse por extinguidas en la zona, mientras que Crocothemis erythraea cada día es más común. Volviendo a los Calopteryx, la situación actual también tiene matices: cierto que las poblaciones de Calopteryx virgo siguen siendo abundantes y se mantienen en sus zonas, como ocurre con Calopteryx haemorrhoidalis, pero la situación de Calopteryx xanthostoma no es tan buena, la especie ha desaparecido de varias zonas y en las inmediaciones de Plasencia se ha vuelto mucho más rara. La explicación es sencilla, la contaminación va en dirección de la corriente y por tanto, cuanto más tramo de cuenca avancemos más contaminada estará. Por ese motivo la especie situada en la zona más baja de la cuenca es la que más sufre los efectos de la pérdida de calidad de las aguas. Donde vive C. virgo apenas hay actividad humana, donde lo hace C. xanthostoma hay cada día más (y no siempre cumple la ley). Conocido esto, sin que por ello sea mentira lo que a nuestro hipotético político le gustaría oír (pasa un poco como con las estadísticas), podemos también afirmar que en el río Jerte van haciéndose cada vez más raras las especies de odonatos exigentes en la calidad de las aguas, mientras que aparecen nuevas especies propias de medios más contaminados.

lunes, 1 de noviembre de 2010

VIOLETAS DE MONTAÑA


Viola crassiuscula, endemismo de Sierra Nevada. Subida al Mulhacén, 3400 m

Siempre me ha parecido un misterio la capacidad que tienen las pequeñas violetas para prosperar en nuestras más altas cimas El género parece que se originó en los Andes desde donde se extendieron por las montañas de las zonas tropicales y zonas templadas del hemisferio norte, contando en la actualidad con unas 600 especies. Dentro del género encontramos especies que viven a más de 4600 m en los Andes peruanos o capaces de soportar durante el crecimiento temperaturas de -20 ºC en sus hojas (Viola chrysantha), marcas que superan a las que presentan algunas plantas ártico-alpinas que resistieron a las glaciaciones en los famosos nunatak (refugios rocosos sin hielo) y que me llevan a imaginarme un avance de estas especies durante los períodos fríos, refugiándose más tarde en las montañas con la mejoría del clima. En Europa el récord lo ostenta Viola calcarata que sube a más de 3000 m en los Alpes (equivalente a más de 4000 m en los Andes tropicales).

Viola cazorlensis. Guadalhornillo, 1500 m

Quizás el secreto de las violetas sea su sistema reproductivo, donde no queda margen para la especulación (algo que debería aprender una especie como la nuestra). Las violetas, como otras plantas, tienen flores hermafroditas a principio de la temporada, sus flores deben ser polinizadas por insectos como abejas y lepidópteros, esto es bueno al facilitar el intercambio genético entre poblaciones, pero es malo porque en la montaña muchos días no hay condiciones óptimas para el vuelo de insectos. Esto no asusta a las violetas ya que al final de la temporada producen flores capaces de autofecundarse, lo que les permite una reproducción clonal. Si el año ha sido bueno climatológicamente habrá una buena cantidad de semillas, muchas de las cuales contendrán genes de individuos de otras colonias. Si el año ha sido malo habrá semillas, aunque sean de casa, lo que garantizará el futuro de esa colonia. El talón de Aquiles de este sistema puede estar en la dispersión de esas semillas, aquí las violetas dejan la mayor parte del trabajo a los subcontratistas (insectos) para lo que recurre al viejo truco de la recompensa. Las semillas llevan una pequeña reserva de aceites en el exterior (eleosoma) que son muy apreciadas por los insectos, hormigas sobre todo, que las arrastran hasta sus refugios donde buena parte de ellas germinarán. Este sistema garantiza que las semillas se alejen de la planta madre en unos medios como gleras rocosas o fisuras donde esto es complicado, pero sólo recorrerán distancias muy cortas lo que dificulta su dispersión y explica en parte la gran cantidad de especies endémicas con áreas de distribución muy escasa dentro del género.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA TEJEDA DEL SUEVE


Biesca de Ordiales

Durante muchos años se consideró que los mejores bosques de Tejo de Europa se conservaban en las Islas Británicas. El bosque irlandés de Muckross Wood en el Parque Nacional de Killarney era considerado el mayor bosque de tejos con entre 30 y 40 ha, seguido por el bosque inglés de la Reserva Natural de Kingley Vale, que mantenía además los tejos más antiguos.


Parte del bosque en la Sierra de Guadalampa

Hoy sabemos que eso no es del todo cierto. En las faldas del Pico Corcovo, en la asturiana sierra del Sueve, a tan sólo 5 kilómetros del mar cantábrico y a unos 1000 m de altitud se conserva el mayor bosque de tejos de Europa con una superficie que oscilará entre las 80 y las 150 ha según se incluyan bosque mixtos con tejos o sólo bosque con el tejo como especie dominante o casi única. El número de tejos centenarios ronda los 8000 ejemplares, entre los que se pueden contemplar viejos árboles de más de 20 m de altura y perímetros de tronco superiores a 4 metros.


Orla espinosa de la biesca de Ordiales


Emilio Blanco hace de referencia en este monumental tejo de Guadalampa

Durante muchos años este bosque permaneció casi desconocido y no ha sido hasta hace unos pocos años cuando su popularidad se ha hecho grande, en gran parte debido a la campaña emprendida para su salvación. Resulta curioso que una de las mayores joyas de la naturaleza española/europea se encuentre sin protección y que la única gestión que se realice en estos montes sea la cinegética y la de las quemas de matorral para controlar la cotoya (Ulex cantabricus). Lógicamente los mayores problemas de este bosque le vienen precisamente de esta “gestión”. Los gamos, introducidos en 1960, mantienen una gran población que ha eliminado todo rastro de regeneración en este bosque, bien ayudados por jabalíes, cabras domésticas e incluso asturcones. El fuego también ha llegado a afectar a parte de este bosque, al no poder controlarse las “quemas controladas” de matorral.

El acceso a estos bosques no es complicado, aunque exige un poco de esfuerzo. Sin embargo, una niebla densa y persistente (la borrina) que se mantiene en estas sierras casi todo el año hace que subir a la Tejeda requiera de la suerte, ya que con niebla en estos parajes es muy sencillo perderse. Lo que convertiría una agradable jornada de paseo en una infernal caminata en busca de una salida de la sierra.


Impresionante Tejo edrau en Ordiales

Probablemente las zonas mejor conservadas de este bosque sean las biescas de Ordiales y de la sierra de Guadalampa, que ocupan la gran cubeta kárstica que se ubica bajo el Corcovo. En estas zonas el bosque es dominado por el tejo, más por el gran tamaño de sus ejemplares que por su número, y las hayas, abedules, fresnos, serbales, acebos y avellanos prosperan a la sombra de estos. Existen además pequeños rodales en los que el tejo es la especie única, creando un bosque sombrío donde abundan helechos, hepáticas, mercuriales y heléboros. La blanca caliza y la oscura copa de los tejos forma un contraste espectacular y allí donde se abre un claro se forma una orla de espinos con majuelos, saucos, endrinos, boneteros y cornejos. Son numerosos los ejemplares de tejos que sostienen impresionantes hiedras (edrau los llaman en la zona) con las que conviven en perfecta armonía.

domingo, 24 de octubre de 2010

SAN JUAN DE LA PEÑA


Claustro del monasterio viejo

Cuando un lugar lo tiene todo es una tontería no ir a conocerlo. Uno de esos lugares, sin dudas, es el Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca.

El impresionante espectáculo geológico de la gran pared roja en la que se inserta (literalmente) el monasterio viejo merece ya la visita por sí mismo. Precisamente en este monasterio se guarda una de las joyas del arte románico español, que no es otra que su claustro del siglo XI, que atesora una veintena de magistrales capiteles del famoso Maestro de San Juan de la Peña, uno de los grandes escultores de su época (la época cumbre de la escultura románica). La escultura románica sólo es tosca y poco elaborada en apariencia y encierra un complejo simbolismo y unos cánones muy definidos, que es lo que buscaba el artista ante todo. Os recomiendo un par de libros al respecto, el clásico libro “La Escultura Románica. Investigaciones sobre la historia de las formas” de Henri Focillon (AKAL, 2005) y “El lenguaje de las imágenes románicas” de María Angeles Curros (Encuentro Ediciones, 1991).

Capitel en piedra roja del Maestro de San Juan de la Peña con sus característicos ojos


Pero las piedras del monasterio y su entorno guardan otras tres joyas, en este caso tres reliquias de nuestra flora que podremos observar a placer. La primera de ellas crece en las mismas paredes del monasterio viejo, se trata de Petrocoptis hispanica, endemismo del prepirineo occidental descrito para la ciencia con ejemplares recolectados precisamente aquí en 1850 por el ilustre Willkomm. La segunda especie, la más llamativa y abundante, es la bellísima Corona de rey (Saxifraga longifolia), especie relicta del Terciario que ha sobrevivido en los Pirineos (y puntualmente otras montañas adyacentes) y en el Atlas marroquí. La tercera especie es la Oreja de oso (Ramonda myconi), miembro de una familia tropical casi desaparecida de Europa con las últimas glaciaciones y de la que sólo nos restan esta especie exclusiva del Pirineo y entorno y otras 5 ó 6 parientes en las montañas balcánicas. Su parecido con las famosas violetas de Kenya no es casual.


Petrocoptis hispanica

Saxifraga longifolia

Ramonda myconi

Si este extenso menú no es suficiente para alguien, bastará que observe un rato al cielo para descubrir al Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que escudriñe los cortados rocosos en invierno, donde encontrará al buscadísimo Treparriscos (Tichodroma muraria) o que se de un paseo por el pinar situado junto al aparcamiento, donde con suerte se encontrará con el impresionante Pito negro (Dryocopus martius). Si ni con esto reacciona, lo más conveniente será pasar a la autopsia.

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