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miércoles, 8 de diciembre de 2010

FACILITACIÓN: LA COOPERACIÓN EN LAS MONTAÑAS

Violetas de Sierra Nevada a 3400 m en el Mulhacén junto a Hormatophylla spinosa,
 su planta guardería.

Al pasear por las cuerdas, cimas o collados de la alta montaña es fácil percatarse, a poco que nos fijemos, de un fenómeno curioso que se observa aquí como en ningún otro sitio. En estos lugares, donde las condiciones ambientales son durísimas, las plantas no crecen aisladas o dispersas, más bien parece que se buscan unas a otras y crecen agrupadas en forma de pequeños parches de vegetación en un mar de suelo descarnado. La tradición de la ecología ha impuesto de tal modo el modelo de comunidades donde las especies compiten sin piedad, que las relaciones positivas son casi siempre subestimadas. Las plantas vecinas pueden competir, es cierto, pero también pueden proporcionarse beneficios. En las grandes altitudes la asociación positiva entre especies es cuatro veces mayor que la negativa, invirtiéndose este patrón en las zonas bajas. Parece que el aumento de las condiciones duras del medio, causantes de estrés en las plantas, aumenta la facilitación o cooperación entre ellas, la agregación parece que disminuye el impacto del medio. Lo más curioso es que dos especies pueden ser fuertes competidores en zonas bajas y ayudarse en zonas de altura.


 ¿Qué es lo que buscan las plantas al agruparse? En la alta montaña la fase de emergencia y establecimiento de una nueva planta es de una extrema dificultad, ya que estas pequeñas plantas deben enfrentarse desde el principio a una fuerte desecación del suelo, a fuertes congelaciones, a una fuerte insolación, a terrenos muy pobres en nutrientes, a daños físicos por viento y nieve, a predación por herbívoros, etc. Con todo este conjunto de dificultades es lógico que las plantas busquen ayuda para garantizar la supervivencia de sus descendientes. Tres son los objetivos que consiguen las plantas con esta cooperación. En primer lugar la protección, ya que la cobertura de otras plantas protege y sombrea a semillas y plántulas, reduce las pérdidas de agua, protege de temperaturas extremas, disminuye el efecto de los herbívoros y aumenta la resistencia frente a vientos, escorrentías y acumulación de nieve. Surgen así las famosas “plantas guardería” tan típicas de la vegetación de montaña. En segundo lugar, al agruparse las plantas consiguen reforzar sus reclamos frente a los escasos polinizadores de estas zonas. Por último, la agrupación favorece el incremento de los nutrientes en el suelo, bien sea por la fijación del nitrógeno, bien por la retención de partículas o por el aporte de sus propios restos orgánicos, llegándose a hablar también de “plantas despensa” en el caso de especies de crecimiento clonal, que al generar muchos restos crean condiciones más tolerables para el establecimiento de otras especies.

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