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martes, 4 de julio de 2017

Cheirolophus uliginosus el Cardo de pantano

Cheirolophus uliginosus. San Vicente de Alcántara (Badajoz).

Hace unos días regresaba a casa contento tras disfrutar de la floración de una de las plantas más raras que tenemos por Extremadura, el Cheirolophus uliginosus o Cardo de pantano. Lo cierto es que me duró bastante poco la alegría pues el incendio de Doñana puede que haya afectado a alguna de las poblaciones onubenses de este raro endemismo ibérico presente el litoral de Cádiz, Huelva y centro de Portugal, por donde llega hasta Extremadura de manera absolutamente puntual y maravillosa, aprovechando esa influencia atlántica que permite la existencia de plantas como Erica tetralix o Drosophyllum lusitanicum en el rincón extremeño que se adentra en Portugal.


Me tengo por un buen conocedor de Extremadura, pero aún así no dejo de sorprenderme con los enclaves que todavía quedan por aquí, cada vez más pequeños y amenazados, eso también. Bastó con girar el volante y descender a un pequeño vallecín para pasar del más tórrido termomediterráneo del verano pacense, a un arroyito casi cerrado por el bellísimo Helecho real (Osmunda regalis) con enclaves higroturbosos en sus márgenes, donde aparecía el Cheirolophus rodeado de zarzales y sauces. Una auténtica estación de servicio que atendía a una enorme población de mariposas dominadas claramente por Argynnis pandora y Melanargia lachesis. Como no quiero mentir, los eucaliptos ocupan ahora el sitio que debieron tener los alisos pero, aún así, la zona continúa siendo una auténtica isla verde en un mar pardo.

martes, 13 de junio de 2017

Canto del cisne en los rebollares villuerquinos (Rhaponticum exaltatum y Centaurea toletana).

Rhaponticum exaltatum. Guadalupe (Cáceres), 1000 msnm.

En el mes de junio las flores han desaparecido de los rebollares de Las Villuercas, el pardo comienza a ser el color dominante y nuestros pasos ahora crujen al pisotear la hojarasca reseca. Parece que estos bosques han entregado la cuchara hasta el otoño.

Pero es en junio cuando debemos buscar a dos de las joyas botánicas de estas sierras, una relativamente abundante y otra muy rara. Dos especies que nos recuerdan lo frescos y húmedos que llegaron a ser estos bosques en otro tiempo, por mucho que ahora cada vez se parezcan más a los alcornocales.

Centaurea toletana. Garciaz (Cáceres), 1100 msnm.

En el suelo, de color amarillo, la Centaurea toletana y a la altura del pecho, la escasa Rhaponticum exaltatum, que antes era conocida por el más bonito nombre de Leuzea rhaponticoides. Ambas endemismos ibéricos y ambas cardos, al fin y al cabo.

domingo, 4 de junio de 2017

Los Tejos de Brañarronda.

Arroyo de Brañarronda (Rioscuro), al fondo los tejos a unos 1400 msnm.

Por cómo han disfrutado por Cáceres de esta árida y cálida primavera las retamas (Retama sphaerocarpa), con una floración espectacular como no recordaba, me hago una idea de los cambios que se nos vienen encima. Por suerte, hemos podido disfrutar de una mínima tregua en la montaña leonesa antes del verano. Por mucho que los lacianeses se quejaran también de su primavera cálida y seca, en este caso las comparaciones son odiosas.

Y como no solo de osos vive el hombre, hubo momento para los tejos, que como es bien sabido por este blog son una de mis debilidades. Cuando nos indicaron las dimensiones de los tejos que íbamos a ver una sonrisilla de condescendencia se me escapó, el mismo cuento de siempre pensé.



No sé si nuestro guía se percató de mis dudas, pero quiso zanjar la cuestión cuanto antes y no hubo anestesia, de pronto nos topamos con un conjunto de tejos entre los que había uno de los más grandes que yo haya visto. Debido a lo superficial de sus raíces y a los evidentes rastros de visitantes que no saben comportarse ante árboles venerables, no quisimos pisotear bajo su copa, pero su perímetro de tronco debía superar muy de largo los 6 metros y, además, conservaba su porte natural. La presencia de numerosos tejos juveniles aumentaba, si eso era posible ya, mi satisfacción.

El exceso de pisoteo ya es muy visible junto a este tejo.

Los tejos lógicamente no estaban solos, forman parte de un bosque magnífico dominado en unas partes por Quercus petrea, con algunos ejemplares monumentales y por Fagus sylvatica en otras. Junto a ellos, Betula pubescens subsp celtiberica, Acer pseudoplatanus, Ulmus glabra, Fraxinus excelsior, Tilia platyphyllos, Ilex aquifolium, Sorbus aucuparia, Corylus avellana, Prunus avium, Salix cantabrica y Salix caprea. Con todo este despliegue de arbolado el sotobosque es típicamente nemoral, destacando por su abundancia Omphalodes nitida, Saxifraga spathularis, Paris quadrifolia, Lilium martagon, Helleborus viridis, Luzula sylvatica, Sanicula europea, Galium odoratum, Euphorbia amigdaloides y Saxifraga hirsuta.

Estrella céltica tallada en la roca por un "celta" contemporáneo. Seguro que a él esto le pareció muy guay.


Tras esta inmersión eurosiberiana la vuelta al termomediterráneo sobrecalentado ha exigido algo de adaptación, hay que reconocerlo. Mucha gente ha encontrado últimamente en Trump un argumento perfecto, un chivo expiatorio. Yo no me engañaría, antes de Trump ya teníamos el problema y no lo solucionamos. Desde Río de Janeiro han pasado 25 años y seguimos igual. Trump no es tan poderoso como él supone, como diría Bob Dylan “incluso el presidente de los Estados Unidos, a veces tiene que estar desnudo”.

martes, 23 de mayo de 2017

Ponga un seto en su vida y luche con él.



Un buen número de concejales y jefes de parques y jardines lleva en su interior a un pequeño Rey Sol. Su afán versallesco por los setos sólo se ve superado por su mal gusto y éste, por la más absoluta ignorancia en las artes de la jardinería.

Los setos fuera de un diseño formal son absolutamente abominables y combinados con las praderas de césped son una de las cimas del mal gusto. Pero es que además resulta que incluso los más feos requieren un altísimo coste de mantenimiento, totalmente inalcanzable para las arcas de un ayuntamiento que pretenda deslumbrar con una jardinería de postín en todas sus zonas verdes, incluso las más diminutas. Aquí es donde la ignorancia hace su trabajo al dirigir al gestor en dirección opuesta a la biología de la planta. En su afán por reducir costes de mantenimiento se dejan naturalizar los setos y se los poda salvajemente 1 o 2 veces al año. En pocos años el desastre será tal, que habrá que arrancar esos espantosos esqueletos vegetales.

Tahler ha pasado por aquí. Cáceres, mayo de 2017


Lógicamente los pájaros desconocen los desvelos de los reyes sol y gustan de anidar en esos setos asalvajados. Los pobres no saben que en plena primavera es fácil que un cortasetos acabe con sus nidos, sus huevos y sus pollos. En mi barrio las currucas, pardillos y verderones sufren esto cada año. Pero este año me ha molestado más porque parecía que unos petirrojos andaban tonteando en un seto frente a mi casa y ahora, tras la poda, sólo veo al macho de vez en cuando cantando por el madroño de casa.

domingo, 14 de mayo de 2017

Hierba de la sangre (Lysimachia vulgaris).

Lysimachia vulgaris. La Garganta, Cáceres. 1300 m.

Nos hemos acostumbrado tanto a hablar de especies invasoras, que olvidamos que nosotros también hemos dejado nuestros regalitos por el mundo. Cuando uno en su tierra ve a una planta rara, que se agarra por los pelos para no desaparecer, en lo último que piensa es que esa misma plantita esté provocando dolores de cabeza al otro lado del charco.

Lysimachia vulgaris, pariente de las prímulas, es una planta muy rara en Extremadura, crece en bordes de turberas, prados de siega muy húmedos y enclaves encharcados junto a arroyos y gargantas. Un tipo de ambientes que cada día se hacen más raros en esta tierra. Tanto es así, que tan sólo se ha citado en alguna localidad de La Vera y el Ambroz, existiendo además una rara cita al norte de Monfragüe.

Si su magnífico aspecto de yerbajo con carácter de poco le sirve ante los rigores extremeños, en Norte América demuestra todo su potencial y ha trazado un mapa magnífico de la extensión de las antiguas colonias británicas en la costa este. La afición de los ingleses por la jardinería explicaría su distribución americana hasta tiempos recientes, en los que ha pasado también a la costa oeste. Es una planta resultona para un macizo junto al agua, pero que tiene la fea costumbre de reproducirse por estolones, que brotan como locos de su rizoma a poco que la cosa vaya bien. He leído que los jardineros estadounidenses y canadienses han extraído rizomas de hasta 4 metros de longitud, lo que da un poco de miedo.


Aquí en Extremadura no parece que se haya utilizado mucho con fines medicinales, aunque su gran poder astringente ha servido para cortar hemorragias y de ahí le viene su nombre común. También se ha utilizado para curar heridas y para teñir el pelo. Curar heridas y poner el pelo rubio eran de seguro dos buenas cualidades para un colono.

sábado, 22 de abril de 2017

Un paseo por el tiempo en Los Barruecos, en el que no se habla para nada de “Juegos de Trono”.



Hace ya años que me hablaron de unas dedaleras blancas en Los Barruecos (Malpartida de Cáceres), pero por una u otra causa nunca encontraba la ocasión de ir a buscarlas. Este año he dado dos paseos por la zona y he revisado centenares de Digitalis thapsi, aunque todavía sin flor. En cualquier caso, viendo las hojas de estas plantas, nada que se pudiera atribuir a alguna de las dos subespecies de Digitalis mariana que tenemos por Extremadura. Siempre he pensado para este caso en unos ejemplares de flor blanca de Digitalis thapsi, pero la presencia de Digitalis mariana en el río Almonte despiertan la duda.



Y ya puestos a pasear por estos impresionantes berrocales, he dejado libre la imaginación y no me ha costado nada trasladarme a otras eras geológicas. El entorno del Barrueco de Arriba, menos espectacular y famoso que su hermano mayor (el Barrueco de Abajo, como era fácil imaginar), mantiene unas formaciones de bolos graníticos a modo de corrales, que guardan en su interior unas curiosas agrupaciones arborescentes de Codeso (Adenocarpus desertorum), un endemismo extremeño, reliquia de la vegetación del Terciario. Al pasear por alguno de esos pequeños corrales, bajo la copa de esos codesos de hasta 3 m y troncos añosos, no me ha costado nada retroceder un par de millones de años en el tiempo. Conocidos en la zona como Leña del diablo, estos viejos codesos tienen unos portes de planta antigua, hoy día totalmente desacostumbrados por estas latitudes, donde el fuego, el ganado y la grada sólo permiten la observación de codesos achaparrados. Acompañando a estos viejos codesos, el matorral de escoba blanca (Cytisus multiflorus) perfecciona esta imagen de un hábitat relicto dominado por matorrales de leguminosas.

Sedum rubens


Los cordones verdeazulados de las acederas (Rumex induratus) bajando por las grietas de los bolos graníticos, los prados efímeros rojizos de Sedum rubens en las repisas y partes altas de los bolos, los detalles color crema entre el granito de la Coincya monensis y el verde rabioso de la comunidad de base de cantil con parietarias, mercuriales y la Scrophularia sublyrata (endémica del suroeste ibérico) añaden color a este magnífico cuadro. Es una lástima que un loco alemán llenara de basura una parte de este increíble paisaje, en un acto supremo de soberbia.

Scrophularia sublyrata

domingo, 2 de abril de 2017

Hay vida detrás de las orquídeas.

Scrophularia oxyrhyncha. Sierras Centrales, Badajoz.


Las orquídeas y en menor medida los narcisos, se llevan la mayor parte del interés de los aficionados por la flora en Extremadura. Es una pena, porque se suele dejar de lado a una de mis familias favoritas dentro de las plantas: las Escrofulariáceas (Scrophulariceae). Dicho así no suena muy prometedor, pero si decimos dedaleras (Digitalis), verónicas (Veronica), escrofularias (Scrophularia), bocas de dragón (Antirrhinum), linarias (Linaria), eufrasias (Euphrasia), crestas de gallo (Rhinanthus), etc., la cosa cambia. Tenemos de pronto ante nosotros una colección digna del mejor de los jardines botánicos, llena de plantas de gran belleza, algunas de ellas capaces de competir con cualquiera de nuestras orquídeas, y llena también de raros endemismos.


Ahora mismo tenemos en Extremadura en flor a las escrofularias, unas plantas que a simple vista nos parecen el típico yerbajo amante de la materia orgánica, pero que en un segundo vistazo empiezan sorprendernos por sus llamativas flores en como pequeños odres rojizos con orejas agrupadas en varas. Atraen a los bichos con su abundante provisión de néctar y también a algún aficionado a las plantas, que sabe que por aquí tenemos joyas como la Scrophularia oxyrhyncha de las cuarcitas del centro de Badajoz y en menor medida Córdoba y Ciudad Real; la Scrophularia sublyrata, endémica del suroeste peninsular; la rarísima Scrophularia arguta, con sus enigmáticas poblaciones murciana, granadina y cacereña y las endémicas de Gredos Scrophularia reuteri y Scrophularia bourgaeana (esta en realidad un subendemismo casi exclusivo de Gredos).
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