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domingo, 19 de mayo de 2019

Meterse en charcos.

Triops emeritensis de la localidad clásica de La Albuera (Badajoz).


Solemos emplear la expresión “Meterse en un charco” para referirnos a una acción de la que no sacaremos nada positivo. Es fácil ver de dónde viene esto cuando uno tiene delante uno de esos pequeños encharcamientos de aguas turbias por la escorrentía, con una profundidad que no suele superar los 20-30 cm y cuya vida no se prolongará más allá del final de la primavera.

A casi nadie le sorprenderá que el agricultor apure sus labores cuando están secos y siembre sobre ellos, o que el ganadero profundice su vaso para que retengan el agua durante todo el año. ¿Qué puede ofrecer un charco de aguas turbias?

A estas alturas de la película decir que estos encharcamientos temporales constituyen un Hábitat prioritario recogido en la Directiva Hábitat, emanada de un desliz conservacionista del Consejo de Europa del que estoy seguro que se arrepienten ahora, provocará la risa floja a la mayor parte de los habitantes de Europa, seguro. Yo, que no soy muy aficionado a las Directivas conservacionistas europeas (puro humo), siempre he creído que precisamente en este caso daban de lleno en el blanco y que hay pocos hábitats europeos más peculiares y amenazados.

El impresionante Cyzicus grubei

El libro “La vida maravillosa” de Stephen Jay Gould permanece entre mis favoritos desde que lo leí por primera vez hace más de veinte años. La cuestión de la explosión de diversidad del Cámbrico y sus colecciones de bichos raros marinos ha despertado mi imaginación infinidad de veces, lo realmente maravilloso sería poder observar un fondo costero de aquella época, si quiera unos segundos. Nos queda la contemplación de documentales de cangrejos cacerolas con sus más de 400 millones de años, mientras esperamos a que algún técnico de la BBC o de la OSF, durante sus vacaciones en el Algarve o en el Levante, se dé de bruces con un minúsculo mar del Triásico escondido en un pequeño charco de barro.

Tendrá que convencer a sus jefes, explicarles que la sangría no ha tenido nada que ver y hablarles de Triops cancriformis, Triops emeritensis, Cyzicus grubei, Maghrebestheria maroccana y Branchipus cortesi, que nadan entre helechos tan extraños como Marsilea batardae, Marsilea strigosa y Pilularia minuta.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Recuerdos de un zorromigalero. Educación I


    Ejemplar pelirrojo de Rhinolophus mehelyi, especie muy característica de los refugios extremeños, en especial los situados en los Montes de Toledo.


Por un momento me he visto tentado a copiar el arranque del Quijote aquí, pero para no resultar muy ridículo sólo diré que esto me ocurrió en un pueblo del sur de Badajoz. Ese día me acerqué a una mina abandonada donde periódicamente realizábamos censos de murciélagos (zorromígalos), al ser un refugio de gran importancia.

Como había que atravesar por una finca privada dejé el coche en la puerta y me acerqué andando a la casa donde vivía la familia. Con todos los cachivaches a cuesta, que son muchos para estos menesteres, llegué a la puerta de la casa y salió a recibirme un hombre joven. Le comenté mi intención de entrar a la mina para hacer una inspección y al verme solo me comentó si ya la conocía, a lo que respondí que sí y, para tranquilizarle tanto a él como a mí mismo, dije que no visitaría las zonas más peligrosas. Nos separamos y me encaminé a la mina, justo antes de saltar el muro de piedra en seco para abandonar la finca me alcanzó un niño de 7 u 8 años:

-Hola
-Hola
-¿Vas a entrar en la mina?
-Sí
-Yo ya he entrado varias veces.
-Qué valiente, pero te acompañará tu padre, ¿no?
-Sí, porque además está to llena de murciélagos.
-Pues eso es lo que vengo a ver yo.
- ¡Acho!, ¿te gustan los murciélagos?
- Sí.
- Pues yo una vez entré con mi padre y llenamos un saco de murciélagos…
-!!!!!!!!
-Luego se los llevó por la noche y los soltó en la discoteca.
- Ay, madre mía…
- Adiós (se marchó con una sonrisa que podría definirse como diabólica)
- !!!!!

Cuando salí del shock entré en la mina y me imaginé las tristísimas imágenes que se debieron ver allí: un padre joven, imagino que riendo, llenando a puñados un saco con las piñas de murciélagos que pasaban el invierno allí. Su hijo pequeño a su lado con la linterna, admirado por lo que su mente infantil identifica como la audacia de su padre y no su ignorancia. Ante la rareza de las especies que allí se refugiaban el suceso dejaba de ser anecdótico.

Al salir de la mina pasé por la casa otra vez, pero no había nadie. Me acerqué al pueblo a tomar un café para despejarme. Mientras aparcaba el coche me sorprendí con la fachada de una discoteca con dos enormes ruedas de tractor, “Discoteca Las Roedas”. Ignoro si aquella fue la discoteca de la tragedia, pero nuevamente me imaginé aquellos pobres rinolofos, con sus extraordinariamente sensibles oídos, liberados de manera brusca en una habitación con un ruido insoportable y llena de gente. Después, los gritos, los golpes, las muertes, las risas.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Crecer entre pájaros.

Por muchos años que pasen y por muchas observaciones que tenga de la Curruca capirotada, nunca podré evitar esos primeros dos o tres segundos iniciales que me transportan a la infancia. Es la magia de la observación de aves corrientes.



La palabra paraíso está tan manoseada y se emplea tan a la ligera que huyo de ella como de un nublado. Digo esto porque no la voy a utilizar al referirme a mi pueblo como uno de los mejores lugares para crecer, si lo que te gustan son los pájaros. Con un coche, estás a media hora del Salto de Gitano o la Portilla de Tiétar, y todos sabemos lo que eso significa, en poco más de ese tiempo en Arrocampo o en los llanos de Cuatro Lugares y a una hora tienes a tu disposición todas las especialidades de la alta montaña extremeña y sus especies forestales. Usualmente, cuando uno tiene 8-9 años no suele disponer de un coche, de hecho no disponía ni de prismáticos, por suerte, en Plasencia no necesité ni lo uno, ni lo otro.

En aquella época un niño podía vagar solo por las calles sin que sus padres fueran encarcelados y yo podía disfrutar de un catálogo de aves muy selecto, a la altura del pequeño gourmet en el que me estaba convirtiendo.

Podía bajar a las pesqueras del río Jerte junto al Puente Nuevo, que como su nombre indica es uno de los más viejos de Plasencia, a disfrutar, por sorprendente que nos resulte hoy, de las operaciones de inmersión del mirlo acuático, a buscar a los martines pescadores y a las pollas de agua en el parque de La Isla, para terminar el paseo bajo el Puente de Trujillo, a la espera de los carruseles de los vencejos reales que criaban allí, uno de mis tesoros más preciados. Podía, tal vez, acercarme al entonces inmensamente más hermoso Parque de los Patos, donde conocía la ubicación de un nido de guarro (cuervo) en un chopo, donde llegó a criar una pareja de milanos reales en uno de esos viejos pinos revirados tan característicos de este parque, o donde observé mis primeros búhos chicos. Por entonces los milanos reales eran abundantes en la cercana finca municipal de Valcorchero y yo no perdía mucho tiempo con ellos. Prefería hacer esperas en los charcos que se formaban junto a la Fuente de la Rana, para descubrir a los escasos gorriones molineros que acudían a beber allí, mezclados con los gorriones comunes y los verderones. Las cercanas murallas de la Torre Lucía y los Arcos, que así llamamos los placentinos a nuestro magnífico acueducto, eran un buen lugar para esperar a los roqueros solitarios y a las lechuzas y eso eran ya palabras mayores para mí.

Las alineaciones de aligustres de la entonces Avenida del Ejército y los olmos monumentales del Parque de la Rana eran una buena zona para disfrutar de los centenares de currucas capirotadas que invadían la zona en otoño, en busca de esos frutos que tanto odian los propietarios de coches y los peatones, pero que amamos los aficionados a los pájaros. En verano, los fresnos del Parque la Coronación y los aligustres junto a los Arcos eran el lugar para perseguir autillos, siempre oídos y casi nunca vistos. Quedaba otro pequeño tesoro que suponía un esfuerzo algo mayor, pero que era compensado por la belleza del objetivo.

La collalba negra, que continua siendo uno de mis pájaros favoritos, era relativamente abundante en Plasencia en aquella época, conocía una decena de nidos a una hora andando desde mi casa, unos en Valcorchero y otros junto al Puente de Hierro en el cañón del río Jerte, pero era posible observarla dentro de Plasencia en las proximidades del Puente de San Lázaro. El tren que subía a Castilla todavía recorría las vías que había por allí y había que tener cuidado, pero eso hacía más arriesgada y valiosa aquellas observaciones. Por allí descubrí también mi primer nido de golondrina daúrica, un ave muchísimo más rara que hoy día.

Gran desconocedor en aquellos años de la palabra censo, ya llevaba la contabilidad de los nidos de cigüeñas blancas y cernícalos primilla de Plasencia, lo que me permitía disfrutar de un sonido hoy casi perdido, el increíble griterío de los bandos de grajilla en sus evoluciones entre la Catedral y el Cachón, que se amplificaba en la magnífica caja de resonancia de los muros de piedra de la Plaza de San Nicolás o la de la propia catedral, siempre bien secundados por las bodas de los vencejos comunes y pálidos. El invierno traía una extraña calma a la parte antigua de Plasencia, pero también traía a los aviones roqueros que volaban junto a las paredes más altas, atrapando a los bichos que buscan el calor de la piedra y cobijo frente al viento, aunque yo prefería observarlos en estas faenas en las fachadas de la Residencia Sanitaria, donde había más bichos y más aviones roqueros, lo que siempre permitía la presencia de auténticos kamikazes.

Ahora vivo en Cáceres y andan ya muy lejos aquellos años de la ilusión de las primeras observaciones, pero parece que para compensar esta ciudad me permite seguir viviendo entre aves, cierto que hace tiempo que no veo alzacolas o collalbas negras por aquí y que decrecen los números de todas las aves que crían en edificios, pero aun así es fácil sumar especies durante cualquier paseo. Llevo un listado de observaciones desde el patio de mi casa, que tiene avutardas a poco más de 1000 metros en línea recta, y he anotado ya 58 especies con águila imperial, águila real, buitre negro, alimoche, milano real, grulla y avutarda entre ellas. No sé si hay algún índice de desarrollo y bienestar de esos tan de moda ahora que pueda medir esto.


Este texto forma parte de mi contribución al libro "Extremadura, Naturaleza Urbana" presentado en el VIII Encuentro de Blogueros celebrado el pasado noviembre en Trujillo.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Otro Mirlo capiblanco (Turdus torquatus)



Ya lo sé, si quería lucirme este no era el año. Nos invaden los mirlos capiblancos, pronto ASAJA solicitará daños.
El caso es que el día 1 de noviembre me crucé en el camino de uno de estos pájaros, en La Dehesa de Sierra de Fuentes (Cáceres), y tuve la suerte de poder retratarlo. Tan solo eso.

martes, 21 de febrero de 2017

Chorlito dorado americano (Pluvialis dominica): la tragedia del errante.

Chorlito dorado americano localizado por Sergio Mayordomo en Galisteo (Cáceres). Fotografiado en diciembre de 2016.

Si intentaramos ponernos en el pellejo de algunos de estos pequeños divagantes transoceánicos, las peripecias de Di Caprio en “El Renacido” de González Inárritu no ocuparían un capítulo de Dora la Exploradora y haría falta echar mano de “La Odisea” de Homero. Basta con imaginar a una persona que, nacida en el Ártico canadiense, tuviera que hacer todos los años un viaje de ida y vuelta a la Patagonia, en un ultraligero movido con la fuerza de sus piernas (si eso fuera posible). Imaginemos, que durante ese duro viaje una terrible tormenta le arrastra al centro del océano Atlántico. Ahora ya no podrá descansar, si se agota, se ahoga. Una increíble fortaleza, o una increíble fortuna, consiguen que alcance la tierra, pero en un continente desconocido, donde no habita ninguno de los suyos. Con el tiempo, contacta con otra especie de humanos (neardentales, por ejemplo) y, aunque con desganas, consigue ser aceptados por ellos. Al menos ya no está solo. Así pasará el invierno, pero con la primavera sus compañeros se volverán a sus lugares de cría en el norte de Europa o en Siberia ¿Y ahora qué?

"Si esto no son bisontes tengo un problema"


Una alternativa es mirar hacia delante y seguir su instinto, volar al norte e intentar encontrar a los suyos para formar una pareja. No los encontrará y, a menos que emplee la violencia, se quedará solo. La otra alternativa es quedarse en el lugar al que ha llegado, sabe que no está donde debiera y que no puede dar marcha atrás, así que no merece la pena más esfuerzo. También se quedará solo. En realidad, empieza a sospechar que ya es un muerto en vida.

sábado, 15 de octubre de 2016

Araña moteada saltadora (Eresus kollari).

Eresus kollari. Macho. Sierra del Risco, Sierra de Fuentes (Cáceres).

Pese a su diminuto tamaño, un macho a duras penas alcanza 1 cm, Eresus kollari es una araña que no pasa desapercibida. Parece de dibujos animados. Su taxonomía es bastante complicada, parece vivir en un bucle especie-subespecie-especie, unido con diversos cambios de nomenclatura: Eresus niger, Eresus cinnaberinus.

Repasando su distribución en España me encuentro un trabajo de 2014 donde se cita a la especie en 19 provincias. Por el Este baja hasta Málaga y por el Centro-oeste parece quedar al norte del Sistema Central, ausente por tanto de Extremadura. Un patrón muy habitual que, de no ser porque la he observado en varios puntos de la provincia de Cáceres, me parecería un clásico de la biogeografía. ¿Será esto otra excepción, o acaso tenemos un agujero enorme en cuanto al conocimiento de nuestra diversidad biológica en Extremadura?

Eresus kollari. Hembra. Valcorchero, Plasencia (Cáceres).


Eresus kollari es una araña de suelo, que vive casi toda su vida en un pequeño túnel de unos 10 cm, con una pequeña telaraña en su boca. Caza escarabajos y milpiés y parece que le encantan las cincindelas, esos escarabajos depredadores que vistos de cerca parecen un alien. En otoño los machos salen del túnel en busca de la hembra, siendo más fáciles de ver. La hembra parece que cuida de los huevos y de las crías en sus primeras fases de desarrollo. En Extremadura la he visto en claros de alcornocal y piornal, en zonas soleadas y con rocas. Por lo que he podido leer, parece una especie exigente con su hábitat, ya que es de las especies que más tarda en recolonizar terrenos que han sufrido incendios.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Pink Power: Hemidactylus turcicus

Salamanquesa rosada. Sierra de Fuentes (Cáceres).


El Saltarrostros (Tarentola mauritanica) es más abundante, más grande y con más mala leche. Pero la Salamanquesa rosada es más bonita, tiene esa belleza del Trópico que tanto nos atrae escrita en la cara.

sábado, 11 de junio de 2016

Duelo al sol. Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus).

El jovenzuelo provocando.

Cuando uno pasa un rato observando tranquilamente a un animal en su ambiente, rápidamente aparecen actitudes y comportamientos que inevitablemente ve reflejados en los de nuestra propia especie, incluso en las lagartijas.

Bajaba de recogida, tras un paseo por la parte alta de la sierra, cuando no pude evitar parar en una zona especialmente buena para la Lagartija colirroja. Será una especie de zonas áridas y vendrá equipada de serie para las dunas, pero le gustan un montón las zonas soleadas de la media montaña cacereña.

El adulto y la hormiga.


Conseguí sentarme cerca de un adulto de gran tamaño que se soleaba y que tenía ese aspecto típico de las lagartijas cuando están pegando una cabezadita. Cuando apareció un jovenzuelo abrió los ojos, lo midió visualmente, tras lo que lo ignoró sin más. Pero el jovenzuelo empezó a desafiarle levantándose todo lo posible con sus patas delanteras para parecer más grande. Esto el viejo no lo toleró y le respondió con el mismo gesto, pero el jovenzuelo no se echaba atrás. Mantuvieron el duelo un par de minutos sin que ninguno se moviera de su posición, pero en ese momento unas hormigas gordas empezaron a pasear entre las patas estiradas del viejo. Viendo ese festín bajo su cuerpo empezó a mirarlas de reojo, aunque mantenía al joven controlado. Pero la tentación era mucha y empezó a relajar su postura, más preocupado ya por las hormigas. Esto lo debió interpretar el joven como una victoria y avanzó casi medio metro hacía el adulto. Error. El adulto por ahí no iba a pasar y se lanzó como un rayo sobre el joven, que escapó entre el matorral por los pelos.


Tras su victoria, el adulto volvió al lugar de las hormigas con grandes contoneos, hizo un par de gestos de amenaza, todo lo cual recordaba al típico abusón fanfarrón, y se merendó unas hormigas.

lunes, 25 de enero de 2016

De la tradicional, y siempre infructuosa, excursión Treparriscos en La Villuerca.

La del medio de Los Chichos.

Se ha convertido ya en una tradición desde que hace unos 15 años me hablaron de avistamientos de Treparriscos en la cima del pico La Villuerca (1.595 m). No hay invierno desde entonces que no reserve un día para probar suerte.

Debo reconocer que no lo hago del todo convencido, con un abierto espíritu deportivo diría, las varias jornadas con tortícolis por Picos de Europa y los Pirineos hasta que di con el pájaro en cuestión no se olvidan fácilmente y aquí, en Extremadura, es un invernante muy escaso que puede aparecer casi en cualquier sitio, pero es como la ilusión de la Lotería de Navidad. Sin embargo, este año no lo tenía nada claro, las temperaturas tan suaves del invierno no me animaban mucho, la tradición peligraba…y entonces, veo en Facebook una cita de Treparriscos de esta semana en la zona.

La jornada comenzó fuerte ya antes de salir de Cáceres, fuimos a desayunar churros y mi mujer, que desconoce la palabra miedo, pidió como si no hubiera mañana. Tuvimos que sacar la bandera blanca y es que estoy convencido que los churros deben ser un alimento mortal para cualquier ser humano que no tenga miles de años de ancestros en la Península Ibérica, suficientes para que le hayan conferido resistencia a su sistema digestivo.

En La Villuerca, tras el saludo de rigor a los acentores alpinos, lógicamente no vimos ni rastro del Treparriscos, pero eso apenas si me importó pues ya andaba yo bastante preocupado echándole el ojo a las lagartijas que correteaban sobre las rocas (otros años han sido las plantas de las fisuras, o los cambrones, o lo que sea). Aunque estaban muy activas y corrían como demonios me parecieron Podarcis guadarramae subsp. guadarramae, que deben mantener allí arriba una isla rodeada de un mar de Podarcis virescens. Resulta chocante, pero debería haber nieve en esa zona y no lagartijas correteando.

Podarcis guadarramae subsp guadarramae. La Villuerca. 1.595 m.



El fracaso es una buena excusa para un paseo por La Puebla de Guadalupe, que nos hizo olvidar rápidamente al dichoso pajarito.

miércoles, 28 de octubre de 2015

La Niña hocecilla (Plebejus argus subsp. hypochionus).

Plebejus argus en bebedero. Hervás, 1.100 m.


Superado su ridículo nombre común, esta mariposilla se mantiene con los años como una de mis observaciones favoritas, siempre que doy con ella. Algo que en Extremadura no es muy fácil, dicho sea de paso. Aquí esta especie se muestra como un habitante de la media montaña, asociada a leguminosas arbustivas del género Genista (escobones) o piornos (Cytisus oromediterraneus), siempre con un lugar donde beber cercano. Esto reduce la cosa a la sierras del norte de Cáceres y puntualmente a la sierra de Guadalupe.

A pesar de ser una mariposa relativamente abundante, bien distribuida por Europa y ocupando multitud de hábitats, es un bicho un poco rarito en sus hábitos. Tanto que en Gran Bretaña está al borde de la desaparición pese a vivir en hábitats alterados como brezales y pastizales pastoreados.


Es, como muchos licénidos, una especie que busca a las hormigas para que protejan a sus larvas a cambio de secreciones azucaradas. Sus socios suelen ser hormigas del género Lasius o, más raramente, Formica. Tal es su dependencia de las hormigas que seleccionan los parches de hábitat donde viven sus hormigas favoritas, aún cuando no sean los mejores para su planta nutricia. Aquí no vale cualquier especie, ni siquiera dentro de un mismo género. De hecho, puede seleccionar una planta menos adecuada, donde sus orugas se desarrollarán peor, si con ello se asegura la presencia de la hormiga adecuada. Esto llevado al extremo, es lo que algunos autores consideran como responsable de la existencia de patrones ecológicos tan diferentes entre las distintas poblaciones y, con ello, de la aparición de subespecies por todos lados.

lunes, 24 de agosto de 2015

LAGARTIJAS IBÉRICAS EN EXTREMADURA.

Podarcis virescens. Sierra del Gordo, Plasencia. 1.000 m.


Para los aficionados a las lagartijas, la Lagartija ibérica siempre ha sido una enorme muela de molino imposible de tragar y más falsa que los euros de trapo. Pese a haberse disgregado ya en varias especies, el conglomerado de variedades y ecologías que, escondidas tras un código alfanumérico, aún permanecía bajo el nombre de Podarcis hispanicus (hispanica) era imposible de defender, a menos que se estuviera dispuesto a eliminar un puñado de especies escindidas de este complejo, hoy perfectamente asumidas y valoradas como preciosos endemismos. Porque los estudios genéticos dejaban claro que algunas de estas nuevas especies estaban más emparentadas con alguno de los tipos de Lagartija ibérica, que los propios tipos entre sí.

Podarcis guadarramae subsp. guadarramae. Puerto de Honduras, Hervás. 1.600 m.

Podarcis guadarramae subsp guadarramae. Hembra grávida. Collado de Tripa Seca, Losar de la Vera. 1.500 m.


Desde 2014 (Geniez et al., 2014) las cosas parece que se aclaran un poco más en la zona centro peninsular. Aquí en Extremadura tenemos a la nueva Podarcis virescens, que sustituye a la antigua Podarcis hispanicus tipo 2. Esta Lagartija ibérica verde ocupa prácticamente toda la región. La cosa se complica en el Sistema Central, al norte de Cáceres. Allí aparece la Lagartija ibérica noroccidental (Podarcis guadarramae subsp guadarramae) en las sierra de Gredos, Béjar y Hurdes altas (donde sobrepasa por el oeste el Rongiero). La ibérica noroccidental sustituye a la antigua Podarcis hispanicus tipo 1B. Más al oeste, aparece otra Podarcis guadarramae en la Sierra de Gata (Cáceres y Salamanca), para la que queda pendiente la descripción como una nueva subespecie. Que no era cuestión de resolverlo todo de un golpe. Esta subespecie ocuparía una banda que, desde Robledillo de Gata y Gata, desciende hasta el sopie de la sierra en Pozuelo de Zarzón y Guijo de Coria. Por último, no se descarta la presencia de Podarcis guadarramae subsp lusitanicus en las zonas más occidentales de Sierra de Gata, pues la especie está presente en la portuguesa Serra da Malcata rodeando los límites fronterizos con Valverde del Fresno. Estas dos últimas se solaparían con la Lagartija de Carbonell (Podarcis carbonelli), otra “antigua ibérica”.


¿Iberolacerta martinezricai?. El Rongiero, Ladrillar. 1.500 m.

Podarcis guadarramae subsp guadarramae. El Rongiero, Ladrillar. 1.500 m.

Podarcis guadarramae subsp. guadarramae. Sierra de la Granjera, Ladrillar. 1.350 m.


Podarcis virescens. Valcorchero, Plasencia. 600 m


Sin dudas, lo más curioso es la presencia en el Castillo de Trujillo de una población aislada de Podarcis guadarramae subsp guadarramae, descubierta tras revisar fotos tomadas allí en 1995 por V. Joubert y confirmada por los posteriores estudios genéticos. Esto puede dejar abierta a la presencia de esta subespecie en zonas altas de montaña en la Sierra de Montánchez o las Villuercas (donde virescens está presente, al menos, hasta los 1.200 m) EDITADO: En el Pico Villuercas 1595 m está presente P. g. guadarramae. Tanto virescens como guadarramae parece que no se solapan, siendo la primera especie más de llanura y clima más mediterráneo, mientras que la segunda es más rupícola y serrana.

martes, 28 de julio de 2015

La Víbora hocicuda de Gredos (Vipera latastei subsp. abulensis)

Macho de Vipera latastei subsp abulensis. Reserva Natural Garganta de los Infiernos. Tornavacas, 2.150 m.


Descrita en 2005 por Juan Timms y Raúl Doblado, la Víbora hocicuda de Gredos (Vipera latastei subsp.abulensis) se halla distribuida exclusivamente por la sierras de Gredos y Béjar, entre Ávila, Cáceres y Salamanca.

Aparece típicamente en zonas de helechos y vegetación cercana a arroyos y fuentes, donde su camuflaje es más efectivo. Asciende, al menos, hasta los 2.300m. Se diferencia de la subespecie nominal por el número de placas ventrales y por otros detalles menores en la cabeza. Su coloración sigue el modelo de zigzag ondulado, aunque es muy común que en Gredos los bordes de las aristas estén redondeados.


Normalmente, cuando te cruzas con una víbora lo primero que llama la atención es su pequeño tamaño, 50-60 cm en este caso, lo que inmediatamente lleva a la gente a considerarla un juvenil. Después asombra su indolencia, la tranquilidad con la que huye. Hay que fastidiarla mucho para que intente morder. Por último, a mí siempre me ha sorprendido el terror que provoca entre los serranos, un terror que les lleva a matar a todo lo que pueda pasar por una víbora. Siempre hay una fuente en la que no beber porque hay víboras, siempre hay una zona donde no sentarse a almorzar por las víboras, etc. Parecería que las víboras están por todas partes. Algo que, al menos hoy día, está muy lejos de ser verdad.

miércoles, 11 de febrero de 2015

OJO CON LOS GATOS.

Carbonero común, uno como este me encontré hace unos meses en mi casa, decapitado por el gato del vecino.


Odio los gatos domésticos. Por muy bonitos que sean siempre tengo presente su lado oscuro. Reconozco que esto debe estar muy cerca del trauma de infancia, cuando pude leer la triste historia del Chochín de la Isla Stephen de Nueva Zelanda (Traversia lyalii).

En 1892, mientras se iniciaba la construcción de un faro en la isla Stephen, un operario aficionado a los pájaros vio dos chochines raros en unos matorrales. Era la primera vez que la especie era observada (al menos conscientemente). En febrero de 1894 uno de los fareros introduce en la isla una gata preñada. Ya en junio de ese año un gatito llamado Tibbles comenzó a llevar chochines cazados por él al faro. Con uno de aquellos restos se pudo describir la nueva especie. Al año siguiente ya fue imposible localizar al Chochín, aunque Tibbles todavía cazaría al menos otro más ese año. Existe otro ejemplar capturado posiblemente en 1896, que es la última cita para esta especie. Aunque la fama se la llevó Tibbles parece que sus hermanos le echaron una mano a la hora de extinguir al pobre Chochín, un ave no voladora que parece que estuvo distribuido por las dos islas principales de Nueva Zelanda hasta la llegada de los maoríes con sus gatos.

Nueva Zelanda ha sido posiblemente el primer país en tomarse en serio el tema de los gatos, no en vano han acabado con 6 especies endémicas de aves y otras 70 subespecies muy localizadas. Con 1,5 millones de gatos estimados en su territorio, se sabe por los estudios que un 20 % de ellos son cazadores frecuentes, aunque la mitad de ellos cazan, y que los gatos urbanos cazan principalmente aves. Posiblemente uno de los más peligrosos fue un gato de Mount Ruapehu, que en 2010, en una semana, acabó con 100 murciélagos de una especie muy amenazada.

Los ingleses también han estudiado a fondo sus gatos. Me gusta un viejo trabajo de 1987 en el que se estudiaron 80 gatos caseros bien alimentados de una villa inglesa. Como media esos gatos llevaron 14 presas a casa por año, aunque se estimó que sólo el 50% de las presas cazadas eran llevadas a casa. Es decir, que pese a vivir cómodamente en casa y estar bien alimentados estos gatos cazaban por “deporte” al menos 2,33 presas al mes, entre las que se encontraban pajarillos, ratones, musarañas y lagartos. Uno de los gatos llevó 400 presas en un año.

Como esto parece ser una tradición anglosajona, también los estadounidenses se han preocupado por ver que estaban haciendo sus gatitos en casa. Dada la magnitud del país las cifras asustan, tanto que científicos de la Smithsonian y del Servicio de Pesca y Vida Silvestre consideran al gato la mayor amenaza para la conservación de la Naturaleza (los neozelandeses horrorizados intentaron sin éxito prohibir los gatos). Se estima que los gatos estadounidenses, más abundante que cualquier otro predador silvestre, acaban al año con entre 1.400 y 3.700 millones de aves en USA y entre 6.900 y 21.000 millones de micromamíferos. Más del 70 % de estas muertes eran producidos por gatos asilvestrados. Aunque los gatos podían desplazar a otros depredadores al eliminar las presas, en zonas con predadores salvajes los gatos lo tenían más difícil y como muestra se citan los 20 collares de gato hallados en una madriguera de Coyote.

Allí donde se ha estudiado los datos son siempre sobrecogedores: 600.000 aves marinas muertas al año en la isla subantártica de Marion, 1.200.000 aves marinas muertas al año en la isla Kerguelen en el Índico.

En España también tenemos nuestros propios casos, así se sospecha que el Escribano de Alcover (Emberiza alcoveri) de Tenerife y el Verderón de Trias (Carduelis triasi) de la Palma, ambos endemismos exclusivos no voladores, desaparecieron al poco de llegar a las islas los guanches con sus gatos. Y sin irnos tan lejos, recuerdo que una vez me contaron como el gato de una familia que había rehabilitado como segunda vivienda un molino de agua en la sierra de Guadarrama, si no me falla la memoria, acabó con todos los lagartos verdinegros de la garganta en poco tiempo, pues llevaba uno a casa casi todos los días. Mi vecino tiene una gata, que no contenta con traer a todos los gatos del barrio a mi casa, se permite dejarme algún pajarillo decapitado de regalo de vez en cuando.


Entre tantos estudios también se ha podido confirmar que lo del cascabel en el collar funciona, un cascabel de los de verdad, pues reduce el número de capturas en un 50 %. Pero si te gustan los gatos, déjalos en casa.

miércoles, 28 de enero de 2015

Petirrojos en fuga.



El otro día hablaba con unos amigos sobre los pocos petirrojos que se veían este año, algo que se hacía extensible a otros pajarillos invernantes como la Curruca capirotada o al Colirrojo tizón. Pajarillos muy comunes cuando uno aún era un niño y cada vez más escasos. Y eso que Extremadura sólo recibe poco más del 4 % de la población invernante de Petirrojo en la Península Ibérica, aves fundamentalmente procedentes de Dinamarca, Noruega, Alemania, Países Bajos, Islas Británicas y Francia, que penetran por los Pirineos occidentales (Bueno, J.M. 1998).

Precisamente el lunes pasado recibí el último número de la Revista Ardeola y en ella José Luis Tellería llegaba a la conclusión, tras estudiar los datos de recuperaciones de aves anilladas, de que a partir de los años 70 el Petirrojo es cada vez más raro en España como invernante, siendo hoy día muy frecuentes las aves que deciden ahorrarse el paso de los Pirineos para invernar. El cambio climático, como siempre, aparece como sospechoso principal.


Ahora miro con otros ojos al Petirrojo que duerme en la hiedra de mi jardincillo, y van tres inviernos ya. Ayer le vi al atardecer junto a dos mosquiteros comunes, una pareja de Curruca cabecinegra y un Mirlo. Con los años esto será una ZEPA. 

lunes, 19 de enero de 2015

Musgaño de Cabrera (Neomys anomalus).


Pese a no ser un bicho especialmente fácil de ver, el Musgaño es bien conocido por la gente mayor del campo. La fama de animal venenoso da empaque y convierte a una musaraña de 10 gramos en un animal casi mitológico. En realidad, la saliva tóxica del Musgaño va poco más allá que una picadura de avispa.


Los musgaños de Cabrera son animales bastante confiados y cuando nos cruzamos con ellos nos regalan unos momentos muy entretenidos. Recuerdo una vez en la Garganta de los Infiernos, mientras revisaba la parte baja de uno de los puentes que cruzan sus aguas oí unos chillidos muy agudos que subían del suelo, me agaché y pude ver a un Musgaño de Cabrera acicalándose en una roca al borde del agua, en una pequeña cuevecita recubierta de musgo. Me tumbé en el suelo y me acerqué lentamente hasta que mi cara estuvo a unos 50 cm del musgaño, que ni se inmutó. Cuando me estaba quedando embobado salió del agua otro musgaño que, tras saludar con grititos al otro, se puso a acicalarse también. La escena no duró mucho más de 1 minuto, pero me pareció mágica.


Peor se me ha dado cuando he intentado fotografiarlos. Entonces resultan unos animales frenéticos, que aparecen y desaparecen constantemente sin seguir ningún patrón predecible. Puedes seguir sus burbujitas cuando están debajo del agua, pero nunca conseguirás verlos salir del agua. Les encanta meterse entre la vegetación acuática y durante su búsqueda de alimento enturbiará el agua con el limo cuando ya creías que lo tenías enfocado. Una buena práctica para familiarizarte con el enfoque de tu equipo y mejorar en tu autocontrol.

viernes, 26 de diciembre de 2014

PIQUITUERTO NAVIDEÑO.



Aprovechando la calma entre la cena de Nochebuena y la comida de Navidad, salimos a despejarnos y a que nos diera un poco de fresco en la cara. Acompañado de mi cuñado y mi sobrino nos dirigimos a unos pinares de Pino silvestre del Valle del Jerte, a buscar pajarillos de bosque. Se suponía que yo debía guiar esa excursión, pero resultó que los verderones serranos (2 ó 3) los encontró mi sobrino y que los perdimos gracias a que yo me entretuve con un Reyezuelo sencillo, al que ingenuamente intenté fotografiar. Faltaban los habituales piquituertos, pero era hora de regresar a las labores gastronómicas. De pronto, mi cuñado se quedó de muestra como uno de esos perros de caza señalando a una ramilla baja de un joven castaño que crecía entre los pinos. Era una hembra de Piquituerto. Como es un pájaro confiado nos acercamos a ella con cuidado y la observamos un rato a placer, mientras recogía piñas del suelo para comerse los piñones en alguna ramilla baja. Fue una pena tener que dejarla tan pronto, pero así dará más gusto la próxima vez. Pero antes de marchar, un grupito de rabilargos “termomediterráneos” rompió la magia boreal de este paseo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Escribano Montesino/Rock Bunting (Emberiza cia) y Cogujada Montesina/Thekla Lark (Galerida theklae).

Cogujada Montesina


Me he sentido como Felipe II por unas pocas horas y espero no acostumbrarme. Me lo he encontrado todo preparado y sólo he tenido que poner la cámara, muchas gracias. Mi falta de experiencia en estos asuntos, mi desconocimiento del sitio, unas condiciones poco adecuadas de luz y personas en el entorno no prometían nada favorable, pero aún así pude disfrutar un rato.

Escribano Montesino



Curiosamente las dos especies que pude fotografiar llevaban el mismo apellido. El usar cosas de otros (y mi inexperiencia) a veces juega malas pasadas y yo lo pude comprobar casi de inmediato cuando descubrí con horror que todos los posaderos estaban mal posicionados respecto a mí. Otra vez no se me olvida comprobar esto, seguro.

sábado, 11 de octubre de 2014

Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus).



Todavía no me he recuperado del shock que me produce el actual nombre científico de esta especie, no sólo es más complicado, también suena peor. Esto es algo que también debería tenerse en cuenta al dar un nombre, ya que por muy científico que sea no deja de ser un nombre.

A esta especie la he asociado durante toda mi vida a los pinares y era una especie que tenía por emblemática de lugares como Las Hurdes o Granadilla en el norte de Cáceres. Pero este ejemplar de la foto pertenece a esas poblaciones que viven tan panchas en las dehesas de alcornoque de la Sierra de San Pedro, entre Cáceres y Badajoz.


Es un pájaro con carácter y puestos a cambiar el nombre yo ya le hubiera cambiado también el común por Carbonero capuchino, pues es tan mandón como el Carbonero común, con el que no parece hacer buenas migas.

No me he podido resistir a poner una foto de Herrerillo común para comparar.

sábado, 4 de octubre de 2014

Día Mundial de las Aves: Pajareando por Valcorchero, Plasencia (Cáceres).

Si no existiera el Petirrojo habría que inventarlo.


El mero hecho de observar pájaros ya me parece una actividad respetable y debe haber tantas formas de pajarear como pajareros. Aunque me asombran esas proezas de pajareros que son capaces de conducir 12 horas para ver durante unos segundos un pájaro, de volar en invierno a un villorrio del norte de Alaska para ver un Escribano de McKay entre sucios barracones prefabricados, de identificar sólo por su voz a más de 1000 especies en las selvas sudamericana, de dedicar la vida a ver todas las aves del mundo como hace una familia suiza o de gastarse más de 100.000 € en viajes en un solo año para sumar especies en sus listas, creo que sería incapaz de tanta intensidad, por muy abultada que fuera mi billetera…y no por eso me siento menos pajarero.

Se me podría calificar como un pajarero tranquilo, seguramente por mis otras aficiones en el campo. Mi forma de pajarear favorita, sin dudas, es aquella en la que recorremos un buen tramo de monte bien conservado, sólo con prismáticos. Seguramente así no conseguiremos una cifra importante de especies y la mayoría de ellas serán de las consideradas comunes, cualquier parada a pie de coche con un telescopio en una charca de aguas residuales será más fructífera, pero para mí no es lo mismo. Por el contrario, con el tiempo tendremos tal cantidad de información que llegaremos a conocer casi cada territorio dentro de nuestros itinerarios favoritos y salir al campo será como ir a encontrarse con viejos conocidos, manteniendo la esperanza, eso sí, de encontrarnos algún día con alguna novedad interesante.

Mi lugar favorito para esta actividad ha sido desde siempre el Monte Valcorchero, Monte de Utilidad Pública, Paisaje Protegido y auténtica joya de Plasencia. Aquí las cifras de un paseo de 2-3 horas por un paisaje de bosque en transición del encinar al robledal sobre berrocal rondan las 30-35 especies, algunas de ellas bastante interesantes (aunque especies como el Milano real y la Collalba negra se encuentran actualmente al borde de su desaparición). Aunque he estado cerca, nunca he llegado a las 50 especies en un paseo. A continuación os dejo mi lista de aves para este lugar, sé que el número de especies será mayor, ahora mismo estoy recordando una cita de Avutarda del Agente de Medio Ambiente de esta zona, pero puede servir como base:


AVES DE VALCORCHERO (R=Reproducción segura, p= de paso; i= invernante)

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) p
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)
Garceta (Egretta garzetta)
Garza real (Ardea cinerea)
Cigüeña negra (Ciconia nigra)
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
Ánsar común (Anser anser) p
Ánade real (Anas platyrhynchos)
Halcón abejero (Pernis apivorus) R
Milano negro (Milvus migrans) R
Milano real (Milvus milvus) R
Alimoche (Neophron pernopterus) R
Buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitre negro (Aegypius monachus)
Águila culebrera (Circaetus gallicus) R
Gavilán (Accipiter nisus) R
Ratonero común (Buteo buteo) R
Águila real (Aquila chrysaetos)
Águila calzada (Aquila pennatus) R
Cernícalo común (Falco tinnunculus)
Cernícalo primilla (Falco naumanni)
Alcotán (Falco columbarius) P
Halcón peregrino (Falco peregrinus)
Perdiz común (Alectoris rufa) R
Codorniz (Coturnix coturnix)
Grulla común (Grus grus) P
Avefría (Vanellus vanellus) i
Chorlitejo chico (Charadrius dubius)
Becada (Scolopax rusticola) i
Andarríos chico (Actitis hypoleucos)
Gaviota reidora (Larus ridibundus)
Gaviota sombría (Larus fuscus) p
Paloma torcaz (Columba palumbus) R
Tórtola turca (Streptopelia decaocto)
Tórtola (Streptopelia turtur)
Críalo (Clamator glandarius) R
Cuco (Cuculus canorus) R
Lechuza común (Tyto alba)
Autillo (Otus scops)
Búho real (Bubo bubo) R
Mochuelo (Athene noctua) R
Cárabo (Strix aluco) R
Chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis)
Vencejo común (Apus apus)
Abejaruco (Merops apiaster) R
Martín pescador (Alcedo atthis)
Abubilla (Upupa epops) R
Pico picapinos (Dendrocopos major) R
Pico menor (Dendrocopos minor)
Calandria (Melanocorypha calandra) R?
Cogujada común (Galerida cristata) R
Cogujada montesina (Galerida theklae)
Totovía (Lullula arborea) R
Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris) R
Golondrina común (Hirundo rustica) R
Golondrina dáurica (Hirundo daurica) R
Avión común (Delichon urbica) R
Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea)
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Bisbita común (Anthus pratensis) i
Chochín (Troglodytes troglodytes) R
Acentor común (Prunella modularis) i
Petirrojo (Erithacus rubecula) i/R?
Ruiseñor (Luscinia megarhynchos) R
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) R
Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) p
Tarabilla común (Saxicola torquata) R
Collalba rubia (Oenanthe hispanica) R
Collalba negra (Oenanthe leucura) R
Collalba gris (Oenanthe oenanthe) P
Roquero solitario (Monticola solitarius) R
Mirlo común (Turdus merula) R
Zorzal alirrojo (Turdus iliacus) p
Zorzal común (Turdus philomelos) p
Zorzal charlo (Turdus viscivorus) R
Zorzal real (Turdus pilaris) p
Zarcero común (Hippolais polyglotta)
Buitrón (Cisticola juncidis) R
Curruca rabilarga (Sylvia undata) R
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) R
Curruca zarcera (Sylvia communis)
Curruca mirlona (Sylvia hortensis) R
Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) R?
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) p/i
Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli) R?
Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) P
Reyezuelo listado (Regulus ignicapillus) R
Papamoscas gris (Muscicapa striata) R
Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) P
Mito (Aegithalos caudatus) R
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) R
Carbonero común (Parus major) R
Trepador azul (Sitta europea) R
Agateador común (Certhia brachydactyla) R
Oropéndola (Oriolus oriolus)
Alcaudón real (Lanius meridionalis) R
Alcaudón común (Lanius senator) R
Arrendajo (Garrulus glandarius) R
Rabilargo (Cyanopica cyana) R
Urraca (Pica pica) R
Cuervo (Corvus corax) R
Grajilla (Corvus monedula)
Estornino pinto (Sturnus vulgaris)
Estornino negro (Sturnus unicolor) R
Gorrión común (Passer domesticus) R
Gorrión chillón (Petronia petronia) R
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) R
Verdecillo (Serinus serinus) R
Verderón (Carduelis chloris) R
Jilguero (Carduelis carduelis) R
Pardillo (Carduelis cannabina) R
Picogordo (Coccothraustes coccothraustes) R
Escribano soteño (Emberiza cirlus) R
Escribano montesino (Emberiza cia) i
Triguero (Miliaria calandra)

jueves, 25 de septiembre de 2014

MOSQUITEROS EN EL JARDÍN

Mosquiteros musicales fotografiados desde la ventana de casa.


Después de cinco años recibiendo mosquiteros en mi casa cada otoño, este año los estaba echando de menos. Había empezado a pensar que el Papamosca cerrojillo que se ha asentado aquí, tomando un descanso de unos días en su migración, los estaba ahuyentando. Pero ayer ya vi el primero, uno común, que hoy está todavía por aquí (al igual que el cerrojillo).

Me encanta ver desde la ventana a estos pajarillos moverse entre los arbolillos de casa, beber en la fuente y buscar refugio para dormir. No puedo evitar imaginar su increíble viaje y al final siempre termino pensando si estos mosquiteros habrán entrado por el Puerto de Béjar o por el de Tornavacas y si habrán estado en algún momento en el “radar” de algún cazador nocturno.

Durante 8 años trabajé con murciélagos y aunque actualmente me encuentro retirado del gremio sigo teniendo a estas increíbles criaturas en mi cabeza y la razón por la que los mosquiteros de mi jardín me llevan a los murciélagos es bien sencilla: son su comida.

¿Todos esos años trabajando con ellos y sigo pecando de esos prejuicios hacia los murciélagos? Me temo que algo hay de eso, como en casi todo el mundo. Nadie ve mal que un hermoso Gavilán se coma cada día un bellísimo petirrojo o un herrerillo común, pero que un murciélago se coma un mosquitero tras capturarlo en vuelo nos despierta el morbo, incluso en los investigadores más experimentados.

Recuerdo cómo fue el descubrimiento de este comportamiento en el Nóctulo grande, entonces todavía llamado Nóctulo gigante, nombre que siempre he creído que cambió para evitar unir en la misma frase “gigante” con “cazar aves”. Dos entrañables ancianitas tenían su casa llena de comederos y cajas nidos y su jardín lleno de pajarillos, un buen día se encontraron un murciélago grandote en una caja nido con plumillas en la cara. Imaginaron que las plumas se habían adherido al murciélago al entrar en la caja. No obstante, los investigadores examinaron los excrementos y pudieron confirmar que había restos de pajarillos en ellos (no sé si tuvieron valor para comunicárselo a las dos abuelitas). Los análisis de excrementos se repitieron en más zonas y se confirmaba que los pajarillos formaban parte de la dieta de este murciélago.


Nyctalus lasiopterus. Hervás, Cáceres.


Comenzaron a aparecer fotografías bastante truculentas de nóctulos grandes con pajarillos en la boca (no quiero saber cómo se hicieron) e incluso los artículos científicos se adornaban con relatos del tipo “patas de petirrojo cayendo del cielo”. Parecía que tras años de intentar convencer de la bondad de los murciélagos estos al final eran unos bichos. Pero conviene no olvidar que la mayor parte de la dieta de esta especie de murciélago son las polillas, que ciertamente es complementada durante los pasos migratorios con pajarillos. Tampoco quiero olvidar que en un refugio de nóctulos grandes un día contamos más de 15 de estos murciélagos que compartían su estrecho hueco con un minúsculo murciélago Pipistrellus, que apenas era más grande que sus cabezas.


Por supuesto, como pudimos comprobar, los nóctulos grandes extremeños también comían pajarillos e incluso con algunos equipados con transmisor pudimos ver cómo patrullaban el Puerto de Béjar durante la época de migración. El mismo puerto que deben pasar dos veces al año “mis” mosquiteros.
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