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domingo, 24 de octubre de 2010

SAN JUAN DE LA PEÑA


Claustro del monasterio viejo

Cuando un lugar lo tiene todo es una tontería no ir a conocerlo. Uno de esos lugares, sin dudas, es el Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca.

El impresionante espectáculo geológico de la gran pared roja en la que se inserta (literalmente) el monasterio viejo merece ya la visita por sí mismo. Precisamente en este monasterio se guarda una de las joyas del arte románico español, que no es otra que su claustro del siglo XI, que atesora una veintena de magistrales capiteles del famoso Maestro de San Juan de la Peña, uno de los grandes escultores de su época (la época cumbre de la escultura románica). La escultura románica sólo es tosca y poco elaborada en apariencia y encierra un complejo simbolismo y unos cánones muy definidos, que es lo que buscaba el artista ante todo. Os recomiendo un par de libros al respecto, el clásico libro “La Escultura Románica. Investigaciones sobre la historia de las formas” de Henri Focillon (AKAL, 2005) y “El lenguaje de las imágenes románicas” de María Angeles Curros (Encuentro Ediciones, 1991).

Capitel en piedra roja del Maestro de San Juan de la Peña con sus característicos ojos


Pero las piedras del monasterio y su entorno guardan otras tres joyas, en este caso tres reliquias de nuestra flora que podremos observar a placer. La primera de ellas crece en las mismas paredes del monasterio viejo, se trata de Petrocoptis hispanica, endemismo del prepirineo occidental descrito para la ciencia con ejemplares recolectados precisamente aquí en 1850 por el ilustre Willkomm. La segunda especie, la más llamativa y abundante, es la bellísima Corona de rey (Saxifraga longifolia), especie relicta del Terciario que ha sobrevivido en los Pirineos (y puntualmente otras montañas adyacentes) y en el Atlas marroquí. La tercera especie es la Oreja de oso (Ramonda myconi), miembro de una familia tropical casi desaparecida de Europa con las últimas glaciaciones y de la que sólo nos restan esta especie exclusiva del Pirineo y entorno y otras 5 ó 6 parientes en las montañas balcánicas. Su parecido con las famosas violetas de Kenya no es casual.


Petrocoptis hispanica

Saxifraga longifolia

Ramonda myconi

Si este extenso menú no es suficiente para alguien, bastará que observe un rato al cielo para descubrir al Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que escudriñe los cortados rocosos en invierno, donde encontrará al buscadísimo Treparriscos (Tichodroma muraria) o que se de un paseo por el pinar situado junto al aparcamiento, donde con suerte se encontrará con el impresionante Pito negro (Dryocopus martius). Si ni con esto reacciona, lo más conveniente será pasar a la autopsia.

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