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miércoles, 30 de octubre de 2019

La Linaria de los vettones (Linaria vettonica Luceño, Mazuecos &Vargas, P., 2019).




Siempre he sentido una gran envidia por aquellas personas capaces de encontrar la aguja en el pajar. He conocido personas que se enfrentaban sin titubeos ante bandos de miles de fochas comunes para, tras revisarlas una por una con el telescopio, descartar la presencia de alguna focha cornuda. Otros, como Fernando Estévez de Jerte, son capaces de detenerse en medio de una larga jornada de campo ante una sencilla Linaria.

Así apareció en el Valle del Jerte la Linaria de los vettones que, tras unos años de estudios dirigidos por Modesto Luceño, ha sido descrita como nueva especie en 2019. Tratándose de plantas, si estaba en La Vera, no se le iba a escapar a Ángel Mariscal, que suma así otra joya a la flora que está elaborando de su pueblo. De momento sólo se conocen un puñado de poblaciones: 3 en el Valle del Jerte, 1 en La Vera y una en la cara sur del Gredos abulense. Todas en terrenos arenosos de bordes de rebollar (Quercus pyrenaica), entre los 450 y los 1250 m de altitud y orientadas al sur. Además, todas ellas tienen en común su bajo número de individuos y lo expuesto de su localización, lo que forma un cóctel diabólico para la conservación de cualquier especie.

Esperemos que ahora que nos la han presentado se puedan localizar algunas poblaciones nuevas de este bellísimo endemismo, que permitan mirar su futuro con algo más de optimismo, es el turno del Valle del Ambroz y parece que ya hay algún cabo del que empezar a tirar.


Editado: 2 nuevas poblaciones en La Vera han sido localizadas por Gregorio Castillo.

sábado, 6 de abril de 2019

El Narciso de Sierra de Gata (Narcissus vitekii)

Aunque no es su hábitat predilecto, también se adapta a una buena fisura rocosa, ¿cosas de familia?


Es una lástima que una planta tan bonita y casi exclusiva de Extremadura, haya creado un malestar tan grande tras su descripción en 2018. Mucha gente tiende a pensar que la gente aficionada a las flores es una banda de tiernos querubines y les sorprende descubrir que la palabra deshonestidad también se usa por esos barrios. Nunca me han gustado los nombres científicos basados en apellidos, creo que deberían reservarse con carácter excepcional para gente realmente importante que, además, haya tenido algún vínculo con el taxón que lo recibe. De no ser así se deja un tufillo a peloteo cortesano muy poco elegante. Cierto que es más socorrido que dar con una palabra que defina al objeto de descripción, no sé si están utilizados ya en algún narciso, pero obscenus o impudicus le cuadrarían bien a este pequeño y bellísimo narciso.

Esas hojas azuladas y carnosas recuerdan a las de su vecino el Narcissus minor subsp. asturiensis. 

Hace unos días me llevaron a conocer a esta especie y, pese a no ser un narcisólogo, disfruté de ella en un paraje donde los narcisos parecen estar a sus anchas, con 6 especies formando poblaciones de miles de individuos y con sus inevitables híbridos por todas partes. Un lugar bien conocido por aquellas personas que un día vieron unos narcisos raros allí y cometieron el error de hacerlo público.

lunes, 7 de enero de 2019

Reyes 2019

Chovas piquirrojas


Reconozco que, con los años, el día de Reyes más que recibir regalos prefiero que me traten como a Felipe II. Este año César del Arco, botánico experto en jardines botánicos y natural de Hervás, me tenía preparado un encuentro con un tejo que no conocíamos, situado en el vallejón más apartado de la sierra de su pueblo que, para no darnos más méritos de los necesarios, diremos que es una zona cada vez más accesible. Sin embargo, esto es reciente, hace poco más de quince años, donde ahora hay una pista que cruza un arroyo, pude ver mi primer Desmán ibérico.

Pero antes de llegar teníamos que atravesar una partida de francotiradores, que practicaban el bello arte de la caza a lo largo del camino que atraviesa el monte público. Son muy pocos, pero con una encomiable afición, es la segunda vez que subo a esta sierra este invierno y las dos veces me los he encontrado en la tarea. Bueno, en realidad nosotros y un montón de ciclistas, seteros y paseantes que no sabemos respetar tan viejas tradiciones y no nos quedamos en casa los pocos días que no tenemos trabajo. Ninguna señal por ninguna parte que advierta del evento, gente con armas dispersas por el monte, con unidades móviles armadas de función desconocida, pero totalmente acojonadora. Y si todavía fueran con el traje corto de serrano, pero equipados en un estilo ecléptico entre novio de la muerte y cazador de grizzlies de Montana y acompañados por esa mirada que proporciona tener entre las manos una cacharro que es capaz de tumbar a una persona a más de 100 m, incluso tras rebotar en una piedra, buf,... Es curioso porque una simple ruta cicloturista seguro que tiene que contar con asistencia médica por no hablar de todos y cada una de la autorizaciones pertinentes para el día y hora concretos. En esos momentos no sabíamos si poner las pegatinas de Prensa en el coche. Uno en su desconocimiento no está plenamente en contra de la caza, aunque no me guste, pero ¡coño! de una manera más siglo XXI, que a un pescador de anchoas que vive de eso le mandan para casa cuando se considera necesario y aquí no se muere nadie. Al menos esta vez no hemos visto como arrastran a los jabalíes con el cabrestante del coche.

El Tejo con su Serbal de cazadores.

Tras pasar por los restos de los últimos chozos de verano de esta sierra llegamos al tejo, que se hizo esperar, escondido tras una gran roca. El árbol cuesta entenderlo, y subido de puntillas en una pequeña piedra bamboleante para no mojarte los pies, aún más. Es un ejemplar muy viejo que ha crecido entre una roca dentro del arroyo. Su aspecto es el de un pulpo con más de cinco cimales arrancando radialmente de la base, seguramente grandes avenidas han acabado varias veces con la parte aérea. Ahora ya no hay avenidas de esa potencia y el árbol parece que intenta crecer en altura, mostrando una copa de aspecto mucho más joven de lo que se correspondería con la base del árbol. Un joven serbal de cazadores parece confirmar esto y crece tranquilamente arraigado en la base del tejo, impidiendo que el tejo se cierre por el centro. Salvo una pequeña rama seca, el follaje se ve denso y lustroso con los tonos broncíneos típicos del frío. Parece un macho, una pena porque en el Ambroz las hembras son raras (de cabeza recuerdo sólo 5) y desde la magnífica hembra de La Garganta no hay otra en esta vertiente de la sierra hasta Segura de Toro.

Bando de chovas.

Es probable que César tuviera esto también preparado, porque estábamos a punto de abandonar el tejo cuando aparecieron 34 chovas piquirrojas que se posaron en unas rocas no muy alejadas para deleitarnos un rato, antes de seguir sus merodeos por las zonas altas de la sierra. Son unas aves espectaculares que siempre me han recordado un poco a unos payasos, con esas botas y narices rojas tan excesivas. Como las personas somos unas ansiosas pensé que aquel era el momento perfecto para que apareciera una de esas águilas reales del Ambroz tan aficionadas a las acrobacias, pero hasta a Felipe II le ponían límites.

Aliseda de cabecera con cenizos en primer plano.

De vuelta nos detuvimos a admirar una pequeña aliseda de cabecera con ejemplares añosos, es muy raro hoy día ver una cosa así por encima de los 1400 m. y la explicación de esta habría que buscarla en las dos vertientes rocosas del arroyo en ese punto, que forman un pequeño barranco que debe haber actuado como cortafuegos más de una vez.

Iberodorcadion segovianum de la subespecie occidental dejeanii. Nunca había visto uno antes de abril.

La nota preocupante del día la pusieron unos Iberodorcadion segovianum (de la subespecie dejeanii), correteando entre los piornos en pleno mes de enero. La cosa está calentita.

sábado, 23 de junio de 2018

LOS PEQUEÑOS LINCES VERDES

Veronica micrantha


Como cada año, llegadas estas fechas, me he repetido la pregunta de si habría alguna pequeña Veronica micrantha floreciendo en Extremadura. Tras años detrás de este fantasma casi me atrevería a decir que no, pero eso sería muy osado por mi parte, teniendo en cuenta el bajo esfuerzo que se le ha dedicado a resolver esta cuestión. Hace años que la especie desapareció de su localidad clásica de La Garganta (Cáceres) y de la población del Puerto de Honduras, tras varios años de búsqueda, sólo he podido ver un pliego conservado en el herbario de La Orden. En este asunto me apunto a Unamuno “No la verdad, si la verdad nos mata la esperanza”.

Siento una profunda envidia por el Lince ibérico y me alegra ver que al final las cosas parece que están dando sus frutos, aunque para ello ha sido necesario encadenar varios proyectos Life y millones de euros. Siento envidia cuando veo a los medios de comunicación buscar permanentemente una imagen o una noticia del lince. Siento envidia al ver como ahora todo el mundo quiere ver un lince. El éxito atrae irremisiblemente, aunque también nos permite lavar la conciencia. Por eso también convendría recordar ahora los largos años previos de esfuerzos silenciosos en el campo de numerosas personas que, por no obtener el resultado deseado con la especie, han pasado al olvido.

Me vienen a la cabeza un puñado de plantitas en Extremadura que, si fueramos honestos jugando a la conservación, tendrían un interés similar al del Lince ibérico o el Águila imperial.

¿Cuándo les llegara su oportunidad a los pequeños linces verdes?

domingo, 3 de diciembre de 2017

Estrellas a ras de suelo.

Estrellita (Saxifraga stellaris). Tornavacas, Cáceres. 2.300 m.

La relación de los humanos con las estrellas debe ser antigua, tanto como la propia Humanidad. Hoy nos parece normal tener el cielo habitado por héroes mitológicos y pocas serán las personas que a lo largo de su vida no le hayan dedicado si quiera un rato a la cuestión. Muchas menos, sin embargo, serán las que agacharon la cabeza alguna vez para buscar estrellas a ras de suelo. En realidad lo hacemos cada vez que nos agachamos a contemplar unas margaritas, estandartes de una de las familias más numerosas entre las plantas como son las compuestas, cuyo nombre científico Asteraceae hace referencia a ese parecido entre las flores de estas plantas y las estrellas.

La estrella botánica más difícil de localizar en Extremadura es también la más hermosa. Belleza y rareza son atributos que por sí solos podrían hacer de una especie una de nuestras joyas más reconocidas. Si a esto le unimos una historia natural apasionante y el gusto por algunos de los más escasos y limpios entornos, nuestra especie debería ser tan popular como alguno de esos delanteros que corren por nuestros campos de fútbol. Pero no es así, las últimas estrellitas (Saxifraga stellaris) de Extremadura están desapareciendo tan en silencio como han vivido desde que llegaron a la Sierra de Gredos cacereña durante la última glaciación procedentes de las frías tundras. Hoy día presenta una distribución circumpolar en todo el Hemisferio norte, apareciendo de manera relicta en las zonas altas de las montañas europeas donde busca, junto a los manantiales, esas comunidades frescas dominadas por los musgos que recuerdan a la vegetación dominante de la tundra. Lógicamente, aproximarse a la tundra ártica en Extremadura exige algo de esfuerzo y debemos buscar en zonas por encima de los 2000 m donde haya nacederos de gargantas, entre cuyos taludes umbrosos se refugiará esta maravillosa reliquia ártica, y rezumaderos permanentes. Siempre creciendo entre musgos y muchas veces acompañada por verónicas.

Estrellita de Agua (Asteriscus aquaticus). Santa Marta de los Barros, Badajoz. 400m.

Tampoco se prodiga por Extremadura la Estrellita de agua u Ojo de buey (Asteriscus aquaticus). Se sabe que Teofrasto ya llamaba asterískos, o pequeñas estrellas, a estas pequeñas margaritas 300 años antes de Cristo. Más rebuscado parece el origen de su apellido científico aquaticus o acuático, siendo esta una planta que crece en suelos raquíticos y secos sobre calizas, tendremos que esperar al otoño para conocer la respuesta. Las primeras lluvias otoñales mojarán las brácteas secas de los capítulos, que se abrirán liberando sus semillas. A pesar de su aspecto humilde y a su pequeño tamaño, la Estrellita de agua es la planta que caracteriza este tipo de pastizal temporal sobre suelos rocosos calizos o básicos, por mucho que sean las orquídeas las que se llevan toda la fama en estos lugares.

Como no queremos terminar con la imagen de estas estrellas de suelo raras y difíciles de localizar, bastaría con pensar en el Trébol estrellado (Trifolium stellatum) o en la Estrella de agua (Callitriche stagnalis) para borrar esta idea de nuestra cabeza, pero preferimos terminar con otra especie. Sin duda una de las estrellitas más fáciles de localizar, a poco que miremos un poco por cualquiera de los herbazales de sombra algo nitrificados que nos encontremos por Extremadura, es la Estrellita mediana (Stellaria media), tan delicada como diminuta.

Portada del libro.



                                         
                                          http://turismoextremadura.com/
                                         



martes, 4 de julio de 2017

Cheirolophus uliginosus el Cardo de pantano

Cheirolophus uliginosus. San Vicente de Alcántara (Badajoz).

Hace unos días regresaba a casa contento tras disfrutar de la floración de una de las plantas más raras que tenemos por Extremadura, el Cheirolophus uliginosus o Cardo de pantano. Lo cierto es que me duró bastante poco la alegría pues el incendio de Doñana puede que haya afectado a alguna de las poblaciones onubenses de este raro endemismo ibérico presente el litoral de Cádiz, Huelva y centro de Portugal, por donde llega hasta Extremadura de manera absolutamente puntual y maravillosa, aprovechando esa influencia atlántica que permite la existencia de plantas como Erica tetralix o Drosophyllum lusitanicum en el rincón extremeño que se adentra en Portugal.


Me tengo por un buen conocedor de Extremadura, pero aún así no dejo de sorprenderme con los enclaves que todavía quedan por aquí, cada vez más pequeños y amenazados, eso también. Bastó con girar el volante y descender a un pequeño vallecín para pasar del más tórrido termomediterráneo del verano pacense, a un arroyito casi cerrado por el bellísimo Helecho real (Osmunda regalis) con enclaves higroturbosos en sus márgenes, donde aparecía el Cheirolophus rodeado de zarzales y sauces. Una auténtica estación de servicio que atendía a una enorme población de mariposas dominadas claramente por Argynnis pandora y Melanargia lachesis. Como no quiero mentir, los eucaliptos ocupan ahora el sitio que debieron tener los alisos pero, aún así, la zona continúa siendo una auténtica isla verde en un mar pardo.

martes, 13 de junio de 2017

Canto del cisne en los rebollares villuerquinos (Rhaponticum exaltatum y Centaurea toletana).

Rhaponticum exaltatum. Guadalupe (Cáceres), 1000 msnm.

En el mes de junio las flores han desaparecido de los rebollares de Las Villuercas, el pardo comienza a ser el color dominante y nuestros pasos ahora crujen al pisotear la hojarasca reseca. Parece que estos bosques han entregado la cuchara hasta el otoño.

Pero es en junio cuando debemos buscar a dos de las joyas botánicas de estas sierras, una relativamente abundante y otra muy rara. Dos especies que nos recuerdan lo frescos y húmedos que llegaron a ser estos bosques en otro tiempo, por mucho que ahora cada vez se parezcan más a los alcornocales.

Centaurea toletana. Garciaz (Cáceres), 1100 msnm.

En el suelo, de color amarillo, la Centaurea toletana y a la altura del pecho, la escasa Rhaponticum exaltatum, que antes era conocida por el más bonito nombre de Leuzea rhaponticoides. Ambas endemismos ibéricos y ambas cardos, al fin y al cabo.

domingo, 14 de mayo de 2017

Hierba de la sangre (Lysimachia vulgaris).

Lysimachia vulgaris. La Garganta, Cáceres. 1300 m.

Nos hemos acostumbrado tanto a hablar de especies invasoras, que olvidamos que nosotros también hemos dejado nuestros regalitos por el mundo. Cuando uno en su tierra ve a una planta rara, que se agarra por los pelos para no desaparecer, en lo último que piensa es que esa misma plantita esté provocando dolores de cabeza al otro lado del charco.

Lysimachia vulgaris, pariente de las prímulas, es una planta muy rara en Extremadura, crece en bordes de turberas, prados de siega muy húmedos y enclaves encharcados junto a arroyos y gargantas. Un tipo de ambientes que cada día se hacen más raros en esta tierra. Tanto es así, que tan sólo se ha citado en alguna localidad de La Vera y el Ambroz, existiendo además una rara cita al norte de Monfragüe.

Si su magnífico aspecto de yerbajo con carácter de poco le sirve ante los rigores extremeños, en Norte América demuestra todo su potencial y ha trazado un mapa magnífico de la extensión de las antiguas colonias británicas en la costa este. La afición de los ingleses por la jardinería explicaría su distribución americana hasta tiempos recientes, en los que ha pasado también a la costa oeste. Es una planta resultona para un macizo junto al agua, pero que tiene la fea costumbre de reproducirse por estolones, que brotan como locos de su rizoma a poco que la cosa vaya bien. He leído que los jardineros estadounidenses y canadienses han extraído rizomas de hasta 4 metros de longitud, lo que da un poco de miedo.


Aquí en Extremadura no parece que se haya utilizado mucho con fines medicinales, aunque su gran poder astringente ha servido para cortar hemorragias y de ahí le viene su nombre común. También se ha utilizado para curar heridas y para teñir el pelo. Curar heridas y poner el pelo rubio eran de seguro dos buenas cualidades para un colono.

sábado, 22 de abril de 2017

Un paseo por el tiempo en Los Barruecos, en el que no se habla para nada de “Juegos de Trono”.



Hace ya años que me hablaron de unas dedaleras blancas en Los Barruecos (Malpartida de Cáceres), pero por una u otra causa nunca encontraba la ocasión de ir a buscarlas. Este año he dado dos paseos por la zona y he revisado centenares de Digitalis thapsi, aunque todavía sin flor. En cualquier caso, viendo las hojas de estas plantas, nada que se pudiera atribuir a alguna de las dos subespecies de Digitalis mariana que tenemos por Extremadura. Siempre he pensado para este caso en unos ejemplares de flor blanca de Digitalis thapsi, pero la presencia de Digitalis mariana en el río Almonte despiertan la duda.



Y ya puestos a pasear por estos impresionantes berrocales, he dejado libre la imaginación y no me ha costado nada trasladarme a otras eras geológicas. El entorno del Barrueco de Arriba, menos espectacular y famoso que su hermano mayor (el Barrueco de Abajo, como era fácil imaginar), mantiene unas formaciones de bolos graníticos a modo de corrales, que guardan en su interior unas curiosas agrupaciones arborescentes de Codeso (Adenocarpus desertorum), un endemismo extremeño, reliquia de la vegetación del Terciario. Al pasear por alguno de esos pequeños corrales, bajo la copa de esos codesos de hasta 3 m y troncos añosos, no me ha costado nada retroceder un par de millones de años en el tiempo. Conocidos en la zona como Leña del diablo, estos viejos codesos tienen unos portes de planta antigua, hoy día totalmente desacostumbrados por estas latitudes, donde el fuego, el ganado y la grada sólo permiten la observación de codesos achaparrados. Acompañando a estos viejos codesos, el matorral de escoba blanca (Cytisus multiflorus) perfecciona esta imagen de un hábitat relicto dominado por matorrales de leguminosas.

Sedum rubens


Los cordones verdeazulados de las acederas (Rumex induratus) bajando por las grietas de los bolos graníticos, los prados efímeros rojizos de Sedum rubens en las repisas y partes altas de los bolos, los detalles color crema entre el granito de la Coincya monensis y el verde rabioso de la comunidad de base de cantil con parietarias, mercuriales y la Scrophularia sublyrata (endémica del suroeste ibérico) añaden color a este magnífico cuadro. Es una lástima que un loco alemán llenara de basura una parte de este increíble paisaje, en un acto supremo de soberbia.

Scrophularia sublyrata

domingo, 2 de abril de 2017

Hay vida detrás de las orquídeas.

Scrophularia oxyrhyncha. Sierras Centrales, Badajoz.


Las orquídeas y en menor medida los narcisos, se llevan la mayor parte del interés de los aficionados por la flora en Extremadura. Es una pena, porque se suele dejar de lado a una de mis familias favoritas dentro de las plantas: las Escrofulariáceas (Scrophulariceae). Dicho así no suena muy prometedor, pero si decimos dedaleras (Digitalis), verónicas (Veronica), escrofularias (Scrophularia), bocas de dragón (Antirrhinum), linarias (Linaria), eufrasias (Euphrasia), crestas de gallo (Rhinanthus), etc., la cosa cambia. Tenemos de pronto ante nosotros una colección digna del mejor de los jardines botánicos, llena de plantas de gran belleza, algunas de ellas capaces de competir con cualquiera de nuestras orquídeas, y llena también de raros endemismos.


Ahora mismo tenemos en Extremadura en flor a las escrofularias, unas plantas que a simple vista nos parecen el típico yerbajo amante de la materia orgánica, pero que en un segundo vistazo empiezan sorprendernos por sus llamativas flores en como pequeños odres rojizos con orejas agrupadas en varas. Atraen a los bichos con su abundante provisión de néctar y también a algún aficionado a las plantas, que sabe que por aquí tenemos joyas como la Scrophularia oxyrhyncha de las cuarcitas del centro de Badajoz y en menor medida Córdoba y Ciudad Real; la Scrophularia sublyrata, endémica del suroeste peninsular; la rarísima Scrophularia arguta, con sus enigmáticas poblaciones murciana, granadina y cacereña y las endémicas de Gredos Scrophularia reuteri y Scrophularia bourgaeana (esta en realidad un subendemismo casi exclusivo de Gredos).

sábado, 5 de marzo de 2016

El despertar de la cazadora. Drosera rotundifolia.



Tras pasar el invierno en forma de hibernaculum (unas diminutas láminas foliares muy resistentes al frío), la Hierba rocío (Drosera rotundifolia) comienza a desperezarse entre los musgos de turbera, como anticipo de la primavera. Sus aún diminutas hojas despliegan sus pelos glandulares ya recubiertos de mucílagos. Pese a ser apenas un proyecto de planta carnívora ya es capaz de atrapar algún diminuto bichillo.



domingo, 28 de febrero de 2016

Abedules de Las Alamedas, Gargantilla (Cáceres).



Los niños son una buena excusa para hacer cosas que realmente nos apetecen más a nosotros que a ellos. Aprovechando que mi hija de cinco años no había visto nevar nunca, se me ocurrió, tras consultar las previsiones meteorológicas, que este sábado era una buena ocasión. Nos acercamos al Puerto de Honduras a comienzo de la tarde, el cielo tenía buena pinta y ya en Hervás nos cayeron unas gotitas de agua. Pero en la parte alta del puerto la temperatura había descendido demasiado (-3 º C) y hacía un viento muy frío. No pintaba bien la cosa y como era previsible cayeron unos pequeños granizos en lugar de los esperados copos.


Aunque no había mucha nieve al menos pude traerme una de esas imágenes que tanto me gustan del tipo “Extremadura durante la última glaciación”. Los abedules de Las Alamedas de Gargantilla se encontraban tan en su salsa como lo debieron estar sus antepasados hace unos 10.000 años, al inicio del período Boreal, finalizada ya la última glaciación.

lunes, 22 de febrero de 2016

Talamanca, el pico de las tres provincias.

Los tres mojones de piedras marcan el límite de las provincias.

La cumbre del Talamanca (2.394m) está situada en una cuerda que discurre a más de 2.300 m, por lo que apenas destaca sobre el resto y, en su aridez, no da sensación de tener ninguna relevancia. Sin embargo, allí se juntan las provincias de Ávila, Cáceres y Salamanca, y es uno de mis lugares favoritos de Extremadura.

Con los años me va surgiendo la duda de si soy un friki o un gourmet con mis gustos en asuntos de Naturaleza. Tantos años saliendo solo al campo que no sé si me habré perdido algo y, por eso, me incomoda ver la absoluta indiferencia o extrañeza, cuando no condescendencia, en otras personas ante lo que para mí es una auténtica joya de la Naturaleza.

Bola casi perfecta de Silene ciliata entre claveles de Gredos.

Al diablo. Estos prados de cumbres del Talamanca son impresionantes, posiblemente sean los que soportan las peores condiciones climatológicas de Extremadura y, por ello, las plantas aquí son de una extraordinaria belleza, al llevar al extremo sus adaptaciones. Yo también sé que no son un prado milflores alpino, ni sus habitantes deslumbrantes orquídeas tropicales, pero eso no debe desmerecerlo en absoluto. Es el minimalismo hecho Naturaleza. Una comunidad vegetal concisa, aunque exclusiva de las cimas de Gredos, con sólo unas pocas especies de plantas, diminutas y en apariencia iguales en sus sencillas formas semiesféricas, que apenas son capaces de cubrir un 10-20% del terreno sobre el que se asientan, dejando al descubierto entre ellas un suelo mineral blanco de grava estéril y rocas dispersas, casi como un jardín japonés seco (kare-sansui). Un lugar, cuanto menos, peculiar. Dianthus gredensis, Silene ciliata, Jasione crispa subsp. centralis, Agrostris rupestris, Minuartia recurva, Sedum brevifolium, Sedum candollei, Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis, Jurinea humilis, Thymus praecox y para de contar. En algunos puntos cercanos a roquedos aparecerán, de manera testimonial, otras especies ajenas a esta comunidad, que aunque se podrán contar con los dedos de las manos, serán en buena medida endemismos exclusivos.

Banquete de Mylabris sobrina sobre Silene ciliata y Jasione crispa.


Últimamente, sin embargo, ya no son tan placenteros mis paseos por esta zona, parece que los veranos comienzan a hacerse muy largos y los inviernos demasiado suaves para estas plantas. Demasiadas plantas adultas muertas, tengo la impresión de que en las zonas más expuestas no pueden soportar las fuertes heladas invernales, sin cobertura de nieve y sin un correcto endurecimiento por unas temperaturas relativamente suaves en los últimos otoños. En otros casos, parece que la falta de agua, debido a la falta de nieve, está acabando con las plantas más exigentes que ocupan las pequeñas vaguadas originadas por la escorrentía del deshielo. A esto hay que unir la predación de flores por parte de escarabajos florícolas, básicamente Mylabris sobrina, que en algunos puntos es alarmante (este verano he contado plantitas de medio palmo con más de 50 escarabajos comiendo sus flores, todas sus flores). Parece que estos escarabajos antes sólo abundaban en los piornales, pero la sensación es que cada año son más abundantes en las cumbres. Por si todo esto no fuera suficiente, los jabalíes también comienzan a ser habituales por aquí y levantan grandes superficies de estos prados psicroxerófilos, matando a todas sus plantas. Lo más grave es que estas plantitas necesitan vivir muchos años para poder garantizar que sus retoños las sustituirán, porque la mortalidad juvenil en una zona tan hostil es extremadamente elevada. Sin flores y con los adultos muriendo rápidamente el futuro no parece muy prometedor.

martes, 2 de febrero de 2016

Para los que irán a la FIO. La fresneda del Malvecino. Parque Nacional de Monfragüe.

Viejos fresnos trasmochos y tamujos ramoneados.

Siempre he pensado que ser una referencia mundial para la observación de rapaces predispone al visitante, que corre el riesgo de no valorar este espacio en toda su justa medida. Un ejemplo: Monfragüe da cobijo a una de las mejores colecciones de bosques de ribera mediterráneos de Extremadura. No es un pensamiento original mío, pues ya Unamuno, tan poco dado a los excesos de flores, consideró los sotos del río Tajo a su paso por Monfragüe como uno de los lugares más idílicos de España. Los embalses acabaron con eso y los ciervos causan muchos daños a lo que sobrevivió, pero, con todo, los bosques ribereños de los arroyos Riofrío, del Cubo o Calzones siguen siendo de lo mejor de Extremadura.



Las fresnedas mesomediterráneas luso-extremadurenses son uno de los bosques más castigados por la mano del hombre. Sin duda, el hecho de distribuirse en buena medida a lo largo de los cauces que cruzan las mejores tierras agrícolas tiene la culpa de ello. De hecho, hoy día en demasiadas ocasiones consideramos la presencia de este tipo de bosque cuando encontramos algún fresno testimonial a lo largo de un cauce desnudo, en una labor casi forense.

Pasarelas de madera en la zona más angosta del recorrido.

Por suerte, en Monfragüe no todos estos bosques están dentro de zonas de reserva no visitables, de hecho, la magnífica fresneda del Arroyo Malvecino se puede visitar desde Villarreal de San Carlos en un corto paseo. Para esto también están los Parques Nacionales.

El Arroyo Malvecino es un cauce modesto, que sufre un fuerte estiaje que impide que los alisos desplacen a los fresnos. Además, en un corto tramo podemos ver distintas morfologías de cauce: de tranquilo arroyo de aguas lentas, pasando por remansos con pocetas, a pequeña garganta encajada, que permite la formación de bellas comunidades colgantes de helechos y hepáticas sobre las rocas rezumantes situadas sobre el cauce. En todos estos tramos los fresnos son la especie dominante con ejemplares de todas las edades, entre los que sobresale un puñado de árboles notables con su porte natural, junto a otros viejos que muestran la huella de antiguos desmoches y avenidas. En algunos tramos la densidad de fresnos crea un ambiente umbroso y fresco, con troncos cubiertos de musgos y suelos tapizados de Flor de jarro. Junto a ellos se encuentran algunos almeces, viejas lianas de Parra silvestre y un cordón espinoso de tamujos, acompañante típico de estas fresnedas del suroeste ibérico y que, por exceso de ramoneo, apenas si muestran los típicos tonos rojizos de las yemas de esta especie durante el invierno. No faltan tampoco los juncales de Junco churrero, ni los verdes vallicares con Menta de burro en las orillas, que atraen a los ciervos como un imán.

Esta Cornicabra es una de las joyas de Monfragüe.

Durante este recorrido también nos cruzaremos con un monumental ejemplar de Cornicabra al atravesar el encinar de ladera. Está al borde del camino, no hay pérdida. Se trata de un ejemplar muy viejo que abandona su madurez para adentrarse en las primeras fases de la senescencia.

martes, 29 de septiembre de 2015

La Pajarera portuguesa (Thymelaea broteriana).



La Pajarera portuguesa es sin dudas una de las plantas más humildes y discretas que uno se puede echar a la cara. En su medio, rodeada de brezos y carquesas, resulta casi invisible y tan sólo durante la floración puede llamar la atención el tono amarillo que adquiere con sus flores. Aunque no conviene hacerse ilusiones pues tampoco es nada muy espectacular y si no se va sobre aviso es muy fácil ignorarla. Aunque parece un brezo, su pariente más cercano es el Torvisco (Daphne gnidium), algo que salta a la vista comparando sus flores.

Bonita o no, lo cierto es que se trata de un valioso endemismo ibérico con un área de distribución muy restringida. En Portugal aparece tan sólo en sierras de la mitad norte (Serras do Gerês, Alpedrinha y Estrela), con una cita dudosa en la Serra da Arrábida. En España la encontramos en Galicia, con una población en Ourense, que se podría englobar con las portuguesas del norte y otra en el Alto del Candán (Pontevedra), y en la Sierra de Gata (Salamanca y Cáceres), que alberga al menos al 80 % de las plantas conocidas para España. En 2008, sin datos para Portugal, su población no alcanzaba siquiera los 8.000 individuos reproductores. Su tendencia parece regresiva, pues se ha constatado la desaparición de alguna población.

Porte de Thymelaea broteriana  ramoneada por Ciervo en la Sierra de Gata cacereña.

Viendo su distribución se aprecia el carácter atlántico de esta especie y una vez más se observa la gran puerta hacia el interior de la península Ibérica que representan la Serra da Estrela y la Sierra de Gata, por donde han penetrado numerosas especies atlánticas que aún hoy día sobreviven de manera relicta en nuestro ambiente mediterráneo. La Thymelaea broteriana permite reconstruir casi totalmente esa ruta. Esta afinidad atlántica también podría explicarse por el origen subtropical de las Timeleas y su gusto por la humedad y un clima templado. Así, pese a su humildad, es una especie de gran importancia biogeográfica.

Ya se ha visto que su situación es preocupante, por lo que está protegida en las tres Comunidades Autónomas donde está presente. Por desgracia, esto no parece ser suficiente cuando las amenazas para esta especie provienen del hombre, en forma de incendios y una gestión forestal que la ignora sistemáticamente (sin olvidar la presión que el fomento del Ciervo supone para alguna población). Thymelea broteriana requiere zonas donde el brezal no llegue a ahogarla y por eso aparece en terrenos alterados o pobres donde el brezal está más claro y aparecen jaguarzos. Se parece en esto mucho a otra ilustre planta atlántica como Drosophyllum lusitanica y, como en el caso de aquella, puede dar lugar a la creencia de que es una planta que soporta un manejo intenso del territorio. Una cosa es vivir en los bordes de caminos y cortafuegos, donde la competencia es menor, y otra cosa es que sus poblaciones puedan soportar unas cada vez más frecuentes labores de mantenimiento y ensanche de estas infraestructuras. Si no se plantean estas labores teniendo en cuenta los requerimientos de esta especie, allí donde se encuentre, las poblaciones desaparecerán empezando por los ejemplares reproductores adultos y terminando con la última semilla del banco de semillas del terreno.

lunes, 8 de junio de 2015

El Lirio lusitano (Xiphion vulgare var. lusitanicum).



Flora Ibérica (Vol. XX , 2013) lo tiene muy claro y el otrora popular Iris lusitanica pasó a mejor vida. Amén.

A mí, sin embargo, siempre me quedará la espinita de que aquí había algo más. Desconociendo cómo se comporta este lirio fuera de la Lusoextremadurense, lo cierto es que dentro de ella su reino está en la cuenca del río Tajo, sobre todo en sus riberos. Por algo llegó a ser el símbolo del Parque Internacional del Tajo. En ellos sus poblaciones, en años de lirios, alcanzan los miles de individuos y ocupan decenas de hectáreas. Sus impresionantes flores amarillo-dorado resplandecen dentro de estos duros y grises ambientes, entre acebuches, esparragueras y espinos. Convirtiendo, por unos días, algunos de estos empinados y modestos ambientes en jardines colgantes. Las formas azules y blancas de Xiphion vulgare son testimoniales aquí (numéricamente y por área de ocupación).

Fuera de la cuenca del Tajo, parece que la planta se vuelve más “tímida” y recuerda más a su pariente azul. Ocupa olivares y terrenos soleados de una manera más dispersa y escasa, desde el sopié del Sistema Central cacereño hasta la Campiña sur pacense.


Siendo, como somos, animales de etiquetas, sería una pena que ahora que no es un “bello endemismo” pasase a ser “otro yerbajo”.

martes, 21 de abril de 2015

El Garbancillo (Astragalus gines-lopezii).



El género Astragalus es, con sus cerca de 3000 especies, el género más abundante dentro de las plantas con flor. Su distribución cosmopolita, ausente sólo en Oceanía y la Antártida, habla de un origen antiguo.

A veces me pregunto si un género con 3000 especies y una distribución tan amplia es un “diseño” de éxito o más bien una “buena chapuza”. Parece que las poblaciones de Astragalus tienen problemas de dispersión y esto, con el tiempo, ha dado lugar a centenares de poblaciones aisladas, que han originado los endemismos de distribución limitada que conocemos hoy.


Aunque la Península Ibérica, con sólo 42 especies, se sitúa en uno de los bordes del área de distribución del género y a años luz de la riqueza del centro de Asia, con sus más de 1000 especies, casi parece que es sólo cuestión de tiempo tener un endemismo exclusivo de Astragalus en la puerta de casa. El extremeño es Astragalus gines-lopezii, presente con unos 1000 individuos en dos localidades próximas del centro calizo de Badajoz.

sábado, 4 de abril de 2015

La flor del Erodium mouretii.

Detalle de flor de Erodium mouretii con gotitas de néctar. Sierra de San Pedro, Cáceres.


Que el Erodium mouretii es una de las joyas de la flora extremeña ya lo he dicho aquí más de una vez, que es una de mis plantas favoritas también. Como una cosa lleva a la otra, también es una de las plantas a las que más horas he dedicado.

Zoofilia es un término que, hoy día, está muy estigmatizado por las curiosas aficiones de algunas personas. Con todo, lo prefiero a zoogamia o zoidiofilia. En realidad lo que el Erodio hace es usar animales (insectos) para su reproducción (polinización) y parece que no lo hace nada mal.

Flores de Erodium mouretii. Sierra de San Pedro, Cáceres.


He observado flores de Erodio casi todos los meses del año (salvo agosto) y con ellas frutos cuajados. Pero es a finales del invierno cuando se produce la mayor explosión en la floración de esta especie, coincidiendo en su entorno con prados de narcisos y jacintos, especies claramente especializadas en captar insectos para su polinización, que emplean potentes aromas atrayentes. Pese a ello, y pese a frecuentar enclaves sombreados en paredes rocosas, al Erodio no parecen faltarle visitantes. La lista es grande y abarca moscas, abejas y mariposas.


Mirando una flor de Erodio uno se da cuenta que está perfectamente diseñada para su misión. Lo primero a destacar es que sus flores pueden aguantar una semana, lo que amplia sus posibilidades. El color principal es el blanco reflectante, que las hace visibles en las paredes donde habita. Tiene señales de néctar púrpura-violeta, un color muy adecuado para casi todos los bichos, y sus nectarios producen una enorme cantidad de un néctar muy viscoso, que debe contener mucha azúcar. Este néctar además está muy expuesto, por lo que basta un equipo básico para llegar a él. Los estambres, con las anteras cargados de polen pegajoso, serán rozados con seguridad por cualquier bicho que intente acceder al néctar, pero sin abusar, como ocurre en otras plantas. Al madurar la flor, los pistilos se abrirán y será muy fácil que un insecto cargado de polen los roce. 

martes, 17 de marzo de 2015

Narcisos pálidos no tan pálidos.

Narcisos pálidos de color amarillo intenso, considerado por algunos como una subespecie propia: Narciso pálido lusitano.


Después del entripado de narcisos que me di la primavera pasada no era mi intención volver a las andadas este año. Pero bueno, el hombre propone…

El caso es que dando una vuelta con la familia por Valencia de Alcántara, entre dolmen y dolmen, veía como los narcisos pálidos me iban poniendo caritas. En una zona como esta, donde se supone que está presente el discutido Narcissus triandrus subsp. lusitanicus, no pude evitarlo y paramos a echar un ojo en un par de grupos nutridos de estos narcisos. Aunque en principio parecía que el color amarillo intenso cuadraba con la citada subespecie, también lo es que entre los narcisos de color amarillo intenso aparecían algunos narcisos pálidos, claramente Narcissus triandrus subsp. pallidulus.


Dejo a los expertos el debate sobre esta cuestión. Conociendo lo caprichosos que son los narcisos, me quedo con la opinión de Flora Ibérica, que engloba a los dos dentro de la subespecie pallidulus. Más importante para mí es la opinión de mi hija, que a este respecto lo tenía bastante claro: los pálidos son más bonitos.
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