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lunes, 7 de enero de 2019

Reyes 2019

Chovas piquirrojas


Reconozco que, con los años, el día de Reyes más que recibir regalos prefiero que me traten como a Felipe II. Este año César del Arco, botánico experto en jardines botánicos y natural de Hervás, me tenía preparado un encuentro con un tejo que no conocíamos, situado en el vallejón más apartado de la sierra de su pueblo que, para no darnos más méritos de los necesarios, diremos que es una zona cada vez más accesible. Sin embargo, esto es reciente, hace poco más de quince años, donde ahora hay una pista que cruza un arroyo, pude ver mi primer Desmán ibérico.

Pero antes de llegar teníamos que atravesar una partida de francotiradores, que practicaban el bello arte de la caza a lo largo del camino que atraviesa el monte público. Son muy pocos, pero con una encomiable afición, es la segunda vez que subo a esta sierra este invierno y las dos veces me los he encontrado en la tarea. Bueno, en realidad nosotros y un montón de ciclistas, seteros y paseantes que no sabemos respetar tan viejas tradiciones y no nos quedamos en casa los pocos días que no tenemos trabajo. Ninguna señal por ninguna parte que advierta del evento, gente con armas dispersas por el monte, con unidades móviles armadas de función desconocida, pero totalmente acojonadora. Y si todavía fueran con el traje corto de serrano, pero equipados en un estilo ecléptico entre novio de la muerte y cazador de grizzlies de Montana y acompañados por esa mirada que proporciona tener entre las manos una cacharro que es capaz de tumbar a una persona a más de 100 m, incluso tras rebotar en una piedra, buf,... Es curioso porque una simple ruta cicloturista seguro que tiene que contar con asistencia médica por no hablar de todos y cada una de la autorizaciones pertinentes para el día y hora concretos. En esos momentos no sabíamos si poner las pegatinas de Prensa en el coche. Uno en su desconocimiento no está plenamente en contra de la caza, aunque no me guste, pero ¡coño! de una manera más siglo XXI, que a un pescador de anchoas que vive de eso le mandan para casa cuando se considera necesario y aquí no se muere nadie. Al menos esta vez no hemos visto como arrastran a los jabalíes con el cabrestante del coche.

El Tejo con su Serbal de cazadores.

Tras pasar por los restos de los últimos chozos de verano de esta sierra llegamos al tejo, que se hizo esperar, escondido tras una gran roca. El árbol cuesta entenderlo, y subido de puntillas en una pequeña piedra bamboleante para no mojarte los pies, aún más. Es un ejemplar muy viejo que ha crecido entre una roca dentro del arroyo. Su aspecto es el de un pulpo con más de cinco cimales arrancando radialmente de la base, seguramente grandes avenidas han acabado varias veces con la parte aérea. Ahora ya no hay avenidas de esa potencia y el árbol parece que intenta crecer en altura, mostrando una copa de aspecto mucho más joven de lo que se correspondería con la base del árbol. Un joven serbal de cazadores parece confirmar esto y crece tranquilamente arraigado en la base del tejo, impidiendo que el tejo se cierre por el centro. Salvo una pequeña rama seca, el follaje se ve denso y lustroso con los tonos broncíneos típicos del frío. Parece un macho, una pena porque en el Ambroz las hembras son raras (de cabeza recuerdo sólo 5) y desde la magnífica hembra de La Garganta no hay otra en esta vertiente de la sierra hasta Segura de Toro.

Bando de chovas.

Es probable que César tuviera esto también preparado, porque estábamos a punto de abandonar el tejo cuando aparecieron 34 chovas piquirrojas que se posaron en unas rocas no muy alejadas para deleitarnos un rato, antes de seguir sus merodeos por las zonas altas de la sierra. Son unas aves espectaculares que siempre me han recordado un poco a unos payasos, con esas botas y narices rojas tan excesivas. Como las personas somos unas ansiosas pensé que aquel era el momento perfecto para que apareciera una de esas águilas reales del Ambroz tan aficionadas a las acrobacias, pero hasta a Felipe II le ponían límites.

Aliseda de cabecera con cenizos en primer plano.

De vuelta nos detuvimos a admirar una pequeña aliseda de cabecera con ejemplares añosos, es muy raro hoy día ver una cosa así por encima de los 1400 m. y la explicación de esta habría que buscarla en las dos vertientes rocosas del arroyo en ese punto, que forman un pequeño barranco que debe haber actuado como cortafuegos más de una vez.

Iberodorcadion segovianum de la subespecie occidental dejeanii. Nunca había visto uno antes de abril.

La nota preocupante del día la pusieron unos Iberodorcadion segovianum (de la subespecie dejeanii), correteando entre los piornos en pleno mes de enero. La cosa está calentita.

domingo, 4 de junio de 2017

Los Tejos de Brañarronda.

Arroyo de Brañarronda (Rioscuro), al fondo los tejos a unos 1400 msnm.

Por cómo han disfrutado por Cáceres de esta árida y cálida primavera las retamas (Retama sphaerocarpa), con una floración espectacular como no recordaba, me hago una idea de los cambios que se nos vienen encima. Por suerte, hemos podido disfrutar de una mínima tregua en la montaña leonesa antes del verano. Por mucho que los lacianeses se quejaran también de su primavera cálida y seca, en este caso las comparaciones son odiosas.

Y como no solo de osos vive el hombre, hubo momento para los tejos, que como es bien sabido por este blog son una de mis debilidades. Cuando nos indicaron las dimensiones de los tejos que íbamos a ver una sonrisilla de condescendencia se me escapó, el mismo cuento de siempre pensé.



No sé si nuestro guía se percató de mis dudas, pero quiso zanjar la cuestión cuanto antes y no hubo anestesia, de pronto nos topamos con un conjunto de tejos entre los que había uno de los más grandes que yo haya visto. Debido a lo superficial de sus raíces y a los evidentes rastros de visitantes que no saben comportarse ante árboles venerables, no quisimos pisotear bajo su copa, pero su perímetro de tronco debía superar muy de largo los 6 metros y, además, conservaba su porte natural. La presencia de numerosos tejos juveniles aumentaba, si eso era posible ya, mi satisfacción.

El exceso de pisoteo ya es muy visible junto a este tejo.

Los tejos lógicamente no estaban solos, forman parte de un bosque magnífico dominado en unas partes por Quercus petrea, con algunos ejemplares monumentales y por Fagus sylvatica en otras. Junto a ellos, Betula pubescens subsp celtiberica, Acer pseudoplatanus, Ulmus glabra, Fraxinus excelsior, Tilia platyphyllos, Ilex aquifolium, Sorbus aucuparia, Corylus avellana, Prunus avium, Salix cantabrica y Salix caprea. Con todo este despliegue de arbolado el sotobosque es típicamente nemoral, destacando por su abundancia Omphalodes nitida, Saxifraga spathularis, Paris quadrifolia, Lilium martagon, Helleborus viridis, Luzula sylvatica, Sanicula europea, Galium odoratum, Euphorbia amigdaloides y Saxifraga hirsuta.

Estrella céltica tallada en la roca por un "celta" contemporáneo. Seguro que a él esto le pareció muy guay.


Tras esta inmersión eurosiberiana la vuelta al termomediterráneo sobrecalentado ha exigido algo de adaptación, hay que reconocerlo. Mucha gente ha encontrado últimamente en Trump un argumento perfecto, un chivo expiatorio. Yo no me engañaría, antes de Trump ya teníamos el problema y no lo solucionamos. Desde Río de Janeiro han pasado 25 años y seguimos igual. Trump no es tan poderoso como él supone, como diría Bob Dylan “incluso el presidente de los Estados Unidos, a veces tiene que estar desnudo”.

sábado, 7 de enero de 2012

LOS TEJOS DE ERMITA ASTURIANOS.

Teixu de Santa Eulalia. Abamia, Cangas de Onís.

Para mí, como amante de los tejos, casi tan importantes como las escasísimas agrupaciones de la especie que aún sobreviven, son los cada vez más escasos tejos de ermita. Esta especie tiene una fuerte mitología asociada que la hace especial y su imagen totémica es debida a estos tejos, descendientes de aquellos venerados por las culturas célticas que ocupaban lugares mágicos y de culto, posteriormente lugares de conceyo y de iglesia. Con más de un centenar de estos árboles, Asturias es de largo la zona donde más arraigo tiene esta tradición milenaria. Podéis ver un impresionante trabajo de recopilación de tejos aquí http://mistexos.blogspot.com/.

Aunque ahora la recuerdo con tristeza, aquella fue una jornada inolvidable. Como anfitrión Ignacio Abella (La Magia de los Árboles, La Memoria del Bosque, etc.), que con su enorme conocimiento de la simbología del tejo nos mostró una selección de árboles y como compañeros los hermanos Bernabé y José Moya (Árboles Monumentales de España). Desde entonces no he vuelto a visitar estos árboles y no sé cuál será su estado actual, mucho me temo que no habrá gratas novedades. Desgraciadamente aquella pareció una visita forense.


Teixu de El Ceñal. La Collada, Siero.


El primero en ser visitado fue el Teixu del Ceñal. Situado entre una ermita abandonada y el cementerio. El árbol ocupando un lugar de privilegio, dejando clara su importancia. Unas enormes raíces recorren la nave de la ermita en dirección al altar, donde existieron unas tumbas. Parece como si quisieran hacer realidad la leyenda bretona, según la cual, el tejo introduce una raíz por la boca de los enterrados junto a él y susurra al viento los secretos callados en vida. Hoy día no estamos para tanta literatura y así le han construido una pista de hormigón bajo la copa que, a buen seguro, haría retorcerse a cuantos descansan junto al tejo. Es cierto que un camino de tierra pasaba bajo su copa, pero entre eso y una losa de hormigón media un abismo.

Teixu de Santa Eulalia. Abamia, Cangas de Onís.


Poco después llegábamos a Santa Eulalia de Abamia. Afortunadamente nuestra visita es anterior a la trágica restauración que ha sufrido este importante monumento. No obstante, ya entonces preocupaba la falta de medidas de protección del impresionante tejo que se sitúa junto a la ermita. Por desgracia nuestros temores se cumplieron y una zanja para cubrir los cables que alumbrarán el monumento destruyó, según un estudio, el 18 % del sistema radicular del ejemplar. Ignorar la significación del tejo en este lugar demuestra la incompetencia de los responsables de la restauración, que por otro lado, ha quedado bien de manifiesto viendo el polémico (por ser suave) resultado de la misma.

Teixu de Santa María. Bermiego, Quirós.


Casi sin descanso partimos hacia la matriarca de todos los tejos asturianos: El Teixu de Santa María de Bermiego. Este ya lo conocía, aunque para continuar con la tónica del día una inspección superficial por parte de los expertos bastó para determinar que el árbol lo estaba pasando mal y su lustre no era el de antaño. Con todo, es un árbol que quita la respiración.

Teixu de San Pedro de Villanueva, Cangas de Onís.


Una rápida visita al tejo de San Pedro de Villanueva, cuyo estado muestra claramente los daños que una obra en el entorno de un viejo árbol pueden ocasionarle. En este caso las obras de acondicionamiento del Parador Nacional. Ni más, ni menos.


Teixu de Santa Marina. Bodes, Parres.


Por suerte visitamos el Teixu de Santa Marina de Bodes antes de terminar la jornada. Un arbolito, con su campana y todo, junto a la pequeña y bonita ermita. Aquí parecía todo en su sitio. Aunque como pudimos ver, no corren buenos tiempos para los Teixus de ermita.


martes, 21 de junio de 2011

LA TEJEDA DE TOSANDE IN MEMORIAM. Dehesa de Montejo, Palencia.

Pocos tejos tan fotografiados como este bellísimo ejemplar.

Posiblemente sea la tejeda más conocida y visitada de España y aunque, desde mi punto de vista, no es tan impresionante como las de Casaio http://desdeeltorreon.blogspot.com/2011/02/el-teixadal-de-casaio-casaio-ourense.html o El Sueve http://desdeeltorreon.blogspot.com/2010/10/la-tejeda-del-sueve.html , si que me parece imprescindible para cualquier amante del Tejo, por la belleza del  porte de algunos de estos ejemplares y, sobre todo, porque pocas veces nos resulta posible ver juntos a varios centenares de estos magníficos árboles.

El hayedo con los tejos en la falda de la Peña Cantonal.

Guardo un grato recuerdo de la visita, que no creo que sea capaz de repetir ahora que ya han abierto una senda con pasarelas de madera entre los tejos. Es el eterno dilema del conocido desarrollo sostenible. El día anterior habíamos hecho muchos kilómetros y rematamos la jornada con un maratón gastronómico en un restaurante de Cervera de Pisuerga que casi me cuesta la vida. Salimos del hotel a cenar para despejarnos un poco y caímos en un restaurante muy curioso y recomendable, dirigido por un vaquero-micólogo-cocinero:

-Mientras os decidís, probad esta cecina que preparo en invierno para no aburrirme con la carne de mis vacas.

-Bueno, vale, comeremos ternera, pero poco que hay que dormir.

-Machote, tú te zampas un chuletón y ni te enteras ¿y la señora?

-Pues…

-Perfecto, chuletón y solomillo. Por cierto, también soy aficionado a las setas y precisamente hoy he cogido unos boletos que están de morirse. Mirad todas las mesas tienen setas.

-Pues…

-Perfecto, os las traeré de entrante mientras os preparo la carne.

-¿Crees que nos disparará si salimos corriendo?

-Aquí están, sabor auténtico de la montaña. ¿Cómo queréis la carne?

-Pues…

-Perfecto, os traigo otra botella de vino…

 Abrumado con semejante torbellino, con más de una botella de vino, medio kilo de vaca palentina y un extenso muestrario de las setas comestibles de la montaña en mi estómago me fui a la cama. Realmente todo estaba exquisito y volveremos al restaurante si pasamos por allí, pero jamás para cenar. Sobra decir que tuve alucinaciones esa noche. A la mañana siguiente me preocupaba mi pésimo estado.

Un espejismo, lo que parecía un joven árbol resultó ser un brote.


Un corro impresionante.

La Tejeda de Tosande es la agrupación de tejos más accesible que conozco y en poco más de una hora de tranquilo paseo uno llega a los primeros ejemplares. Eso fue una suerte para mí aquel día, pero es un problema para la conservación del lugar. Llegados a los tejos me sorprendió la cantidad de árboles dañados por el hacha, esto crea unos árboles más achaparrados, pero con unos troncos más gruesos y tortuosos, creando por momentos una mezcla de bosque de cuento y jardín de bonsáis. La regeneración es nula por exceso de herbívoros, una desagradable norma en casi todas las agrupaciones de tejo que conozco.

Una vista desde la parte alta de la tejeda.

Antes de regresar merece la pena exigirle un poco más a nuestro trasero y subir toda la ladera para ver la tejeda desde arriba (1792 m en la Peña Cantonal), en una zona de matorral rastrero muy interesante con enebros, brecinas y arándanos.

martes, 22 de febrero de 2011

EL TEIXADAL DE CASAIO. Casaio, Ourense (Spain).


Diapositiva escaneada del corazón de la tejeda.

Tengo un recuerdo bastante agridulce de mi visita al Teixadal de Casaio, una de las tejedas más famosas y mejor conservadas de Europa (ya hablamos en su día de las Biescas del Sueve). Tratándose de un lugar tan especial uno siempre se imagina un entorno en consonancia, pero este es un buen ejemplo de que esto es cada día más raro.
Hace años de esta visita y no he vuelto, por lo que no sé cómo andarán las cosas por allí, pero tal y como estaban es difícil que hayan mejorado. Fue un viaje un poco a la aventura y no habíamos cerrado alojamiento en ningún lado. Llegamos tarde a la pequeña localidad de Casaio, habíamos conducido muchos kilómetros y teníamos una buena paliza del día anterior (Pinar de Lillo). Según la información que recopilé en la misma localidad había un Hotel Rural, llamado lógicamente El Teixadal, y para allá nos encaminamos, como era casi invierno pero aún no había nieve supuse que no habría problemas y no hicimos reserva. Esa noche dormimos en la localidad de O Barco de Valdeorras.
El dueño del establecimiento de Casaio al menos nos dio algunas indicaciones para llegar al teixadal. Madrugamos porque no teníamos muy claro cuánto tiempo tardaríamos en llegar a los tejos. En principio parecía fácil, hay que seguir hasta la altura de una ermita por la carretera que une O Barco con la estación de esquí de Peña Trevinca en el puerto de Fonte da Cova (1.800 m) y luego una pista asfaltada que lleva a una cantera de pizarras en la que tomaríamos una antigua pista que nos acercaría a los tejos.
Por desgracia, la cantera era una explotación monstruosa con cortes de decenas de metros y resultaba imposible orientarse entre la multitud de pistas de servicio y escombreras. No me parecía muy prudente entrar con el coche a la cantera por la que circulaban gigantescos dumper con ruedas de 3 metros, así que buscamos la primera caseta y preguntamos a unos operarios. Fueron muy amables y nos indicaron perfectamente la pista que teníamos que tomar para alejarnos lo más posible de la Tejeda. Algo que comprendimos cuando ya habíamos recorrido varios kilómetros. Visto lo visto, intentamos hablar con algún ingeniero de la explotación para pedirle permiso para cruzarla, más que nada para que alguien supiera que íbamos a morirpasar por allí. Reconozco que estaba bastante asustado con los dumpers que circulaban como locos. Un hombre con un gran todo terreno de la empresa nos dijo que podíamos pasar y no lo pensamos dos veces. A los dos segundos los dumpers cubrieron completamente el coche de un barrillo gris como cemento procedente del polvo de las pizarras, por lo que apenas veíamos nada. Seguimos avanzando por el barrizal en que se había convertido la pista, que parecía ser la principal, y a la salida de una escombrera un dumper que apareció de repente casi nos pasa por encima. Fue nuestro último susto, porque pudimos salir de la cantera y además lo hicimos por la pista correcta. Al poco llegamos a las ruinas de una mina abandonada, estábamos en buen camino. Cruzamos un arroyo y ascendimos por una pista en bastante mal estado que subía hasta la cuerda de la sierra. Al llegar a la cuchilla nos encontramos un mirador. Parecía increíble que alguien hubiera construido un mirador en semejante lugar. Desde el destartalado mirador la pista comenzaba un descenso al fondo del valle. La pista ahora era realmente mala y estrecha, pero al menos ya habíamos localizado Peña Trevinca (2.124 m) y Peña Negra (2.119 m) en cuyas faldas nace el Arroyo Penedo, nuestro objetivo. En la desviación hacia otra mina abandonada decidimos dejar el coche ya que el camino estaba cerrado por brezos y supusimos que no molestaría. Pasamos por la boca de la mina abandonada y sólo miré la entrada, que tenía un aspecto muy prometedor para murciélagos. Desde la mina una vereda nos condujo faldeando hasta el Teixadal.


La entrada en el Teixadal se hace sin anestesia, pasamos de un monótono brezal, fruto de continuos incendios, a un bosquete de cuento de hadas con tan sólo cruzar un pequeño arroyo. Calculo que esta joya tendrá unas 4-5 hectáreas y en ella sobreviven unos pocos cientos de tejos maduros, algunos con alturas de más de 15 metros y perímetros de tronco superiores a los 3 metros. La falta de regeneración llama la atención inmediatamente. Sólo en algunas zonas centrales el bosque es puro de tejos, adquiriendo un aspecto lóbrego característico. Lo más común es que aparezca acompañado por Abedul y con menor abundancia por ejemplares arbóreos de Acebo y Serbal de Cazadores. Más escasos aún aparecen el Fresno de hoja ancha, el Avellano y el Roble albar, que presenta un aspecto híbrido. El sotobosque es inexistente, apareciendo el suelo desnudo recubierto por hojas de tejo. Tan sólo la Hiedra, el Helecho macho y el Arándano aparecen puntualmente. Los musgos lo recubren todo, acentuando la magia del lugar.
La salida la hicimos cuando la cantera cesó su actividad , tenía pensado haber preguntado a los operarios por los impresionantes fósiles que de allí salen, pero nos asustaron tanto por la mañana que preferimos seguir vivos y en ese momento decidimos irnos a la zona de Sanabria a buscar un sitio para dormir. Pero antes cruzamos la sierra de la Cabrera Baja de norte a sur por una pista. La zona alta a casi 2.000 m, zona lobera por excelencia, presentaba un aspecto imponente y sólo pensar que tendríamos lobos por las inmediaciones la hacía todavía más atractiva.

jueves, 6 de enero de 2011

LOS TEJOS DE ESCOBAREJO (Losar de la Vera, Cáceres. España).


Imagen de los tejos del tercer regajo.

Tengo la fortuna de ser una de esas personas afectadas por el "Síndrome del Tejo Salvaje". Pocas cosas me afectan más que un viejo tejo en su medio natural (un tejo monumental de ermita me produce síntomas algo similares). Por lo que me cuentan los doctores esto no tiene cura, así que pasaré el resto de mi vida buscándolos y deleitándome con ellos. El problema es que hay una parte de la humanidad empeñada en curarme, a mí y a todos los que padecemos este síndrome. Hacen esfuerzos sobrehumanos para privarme de la contemplación de los, cada día más escasos, tejos centenarios de nuestros montes. Los quemarán aún con riesgo de su propia vida, harán grandes esfuerzos para dañar sus raíces hasta matarlos al restaurar un monumento e incluso eliminarán concienzudamente, año tras año, todos los pequeños tejos que con el tiempo podrían comenzar a provocarme síntomas. La bondad en nuestra especie no tiene límites.


Un tejo sobreviviente entre dos tejos quemados.


Los restos blanqueados crean una imagen siniestra.

Las montañas del norte de Cáceres acogen a una pequeña población de esta especie que, salvo en el caso de los Tejos del Cerezal, aparece en pequeños grupitos o aislados. La situación en esta región, como en casi toda su área de distribución, es preocupante, pero agravada aquí por su bajo número de individuos (menos de 300). Con ellos he ido perfeccionando mi enfermedad y, si la genética no falla, espero que con ellos la sobrelleve mi hija.


Viejo tejo con la mayor parte de su tronco quemado.

Uno de los espectáculos más sobrecogedores que podemos observar hoy en el Gredos cacereño es el de los pobres Tejos de Escobarejo. Hasta los años ochenta del pasado siglo se mantenía en tres pequeños regajos paralelos de esta sierra, separados tan sólo por decenas de metros, una pequeña población de más de 30 ejemplares adultos de esta especie acompañados de serbales de cazador y algunos acebos. Algunos ejemplares con troncos de más de 4 metros de perímetros eran varias veces centenarios.

Viejísimo tejo de más de 4 metros de perímetro de tronco muy afectado por el fuego.


El mismo Tejo cuatro años antes.

A mediados de los ochenta se comenzaron a repetir quemas de matorral en el entorno de los tejos. Quemas claramente dirigidas a acabar con ellos y que de hecho consiguieron llevarse por delante a más de 11 ejemplares adultos, cuyos restos blanqueados por el sol aún son visibles, casi como si de unos espectros se tratase. Los tejos que aún viven muestran graves daños por fuego, con partes del tronco secas y copas muy reducidas. A finales de los noventa se produjeron algunos fuegos intencionados de menor intensidad cuyos daños fueron más limitados. La situación llevó en el año 2001 a realizar por parte de la Administración un pequeño trabajo de desbroce manual de brezos y escobas próximos a los tejos para evitar que nuevas quemas de matorral pudieran llegar a ellos. Junto a este desbroce se procedió a proteger frente al ganado a los jóvenes tejos que aparecieron al eliminar un matorral, que por un lado les daba protección pero por otro era una seria amenaza para la continuidad de todos los tejos.


Otro tejo quemado, al fondo La Covacha y Riscos Morenos.

Que me conste no han vuelto a repetirse las quemas en la zona de los tejos. La vigilancia en la zona aumentó con la creación de la Reserva Regional de Caza, pero también es cierto que de la sierra ya prácticamente han desaparecido todos los sospechosos, esos que también quemaron La Covacha de cabo a rabo. Les pedí a los Reyes Magos que nos permitieran poder seguir disfrutando de estos tejos a mí, a mi hija, a los hijos de mi hija… pero me han traído carbón.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA TEJEDA DEL SUEVE


Biesca de Ordiales

Durante muchos años se consideró que los mejores bosques de Tejo de Europa se conservaban en las Islas Británicas. El bosque irlandés de Muckross Wood en el Parque Nacional de Killarney era considerado el mayor bosque de tejos con entre 30 y 40 ha, seguido por el bosque inglés de la Reserva Natural de Kingley Vale, que mantenía además los tejos más antiguos.


Parte del bosque en la Sierra de Guadalampa

Hoy sabemos que eso no es del todo cierto. En las faldas del Pico Corcovo, en la asturiana sierra del Sueve, a tan sólo 5 kilómetros del mar cantábrico y a unos 1000 m de altitud se conserva el mayor bosque de tejos de Europa con una superficie que oscilará entre las 80 y las 150 ha según se incluyan bosque mixtos con tejos o sólo bosque con el tejo como especie dominante o casi única. El número de tejos centenarios ronda los 8000 ejemplares, entre los que se pueden contemplar viejos árboles de más de 20 m de altura y perímetros de tronco superiores a 4 metros.


Orla espinosa de la biesca de Ordiales


Emilio Blanco hace de referencia en este monumental tejo de Guadalampa

Durante muchos años este bosque permaneció casi desconocido y no ha sido hasta hace unos pocos años cuando su popularidad se ha hecho grande, en gran parte debido a la campaña emprendida para su salvación. Resulta curioso que una de las mayores joyas de la naturaleza española/europea se encuentre sin protección y que la única gestión que se realice en estos montes sea la cinegética y la de las quemas de matorral para controlar la cotoya (Ulex cantabricus). Lógicamente los mayores problemas de este bosque le vienen precisamente de esta “gestión”. Los gamos, introducidos en 1960, mantienen una gran población que ha eliminado todo rastro de regeneración en este bosque, bien ayudados por jabalíes, cabras domésticas e incluso asturcones. El fuego también ha llegado a afectar a parte de este bosque, al no poder controlarse las “quemas controladas” de matorral.

El acceso a estos bosques no es complicado, aunque exige un poco de esfuerzo. Sin embargo, una niebla densa y persistente (la borrina) que se mantiene en estas sierras casi todo el año hace que subir a la Tejeda requiera de la suerte, ya que con niebla en estos parajes es muy sencillo perderse. Lo que convertiría una agradable jornada de paseo en una infernal caminata en busca de una salida de la sierra.


Impresionante Tejo edrau en Ordiales

Probablemente las zonas mejor conservadas de este bosque sean las biescas de Ordiales y de la sierra de Guadalampa, que ocupan la gran cubeta kárstica que se ubica bajo el Corcovo. En estas zonas el bosque es dominado por el tejo, más por el gran tamaño de sus ejemplares que por su número, y las hayas, abedules, fresnos, serbales, acebos y avellanos prosperan a la sombra de estos. Existen además pequeños rodales en los que el tejo es la especie única, creando un bosque sombrío donde abundan helechos, hepáticas, mercuriales y heléboros. La blanca caliza y la oscura copa de los tejos forma un contraste espectacular y allí donde se abre un claro se forma una orla de espinos con majuelos, saucos, endrinos, boneteros y cornejos. Son numerosos los ejemplares de tejos que sostienen impresionantes hiedras (edrau los llaman en la zona) con las que conviven en perfecta armonía.
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