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domingo, 8 de enero de 2017

Careo de Cabra Jurdana.


Una buena parte de la literatura especializada y los documentos administrativos muestran como el ganado de tipo meseteño ha generado en Extremadura magníficas razas caprinas como la Verata o la Retinta, salvo en Las Hurdes, donde degeneraron en la pobre Jurdana. Ayer, mientras observaba a la endémica Armeria salmantica en la parte alta del valle del Malvellido, el último refugio de la Jurdana, no pude evitar pensar en si habría un solo botánico que pensara que aquellas Armeria bigerrensis de Gredos, que quedaron aisladas en los altos cordales de Las Hurdes y la Sierra de Francia, habían degenerado por hibridación hasta el bello endemismo que contemplaba.



Observando a la última piara de cabras jurdanas mientras eran careadas por el paraje de La Sierpe de El Gasco, entre lanchares de pizarra suficientemente grandes para acoger nidos de buitres leonados, parecía claro que aquellas cabras estaban bastante lejos de la degeneración. Al contrario, si la Verata o la Retinta podían encontrar refugio en las dehesas en las épocas adversas del año, la Jurdana debía soportar el año entero en aquellos terrenos rocosos alimentándose básicamente de arbustos. Su cuerpo, además, lejos de parecer degenerado se asemeja bastante al de la Cabra montés, con la que llega a coincidir en las zonas altas. Posiblemente, de haber visto estas cabras en su ambiente y no en las pobres instalaciones donde pasan la noche, aquellos expertos no se hubieran dejado llevar por los prejuicios y hubieran descrito a esta raza como fruto de una cuidadosa selección llevada a cabo por los cabreros hurdanos para adaptar el ganado meseteño a un entorno bellísimo, pero muy duro. Una raza que, junto con el castaño, contribuyó a conformar el paisaje de las Hurdes altas.


viernes, 22 de abril de 2016

Berrenda colorada. La subida a los agostaderos de Tornavacas.

Duelo al sol en el antiguo glaciar de Cuerda Llana.

No soy yo muy amigo de vacadas en la alta montaña extremeña, terrenos que siempre han sido más de cabra y oveja, ahora en horas bajas. Los daños que llegan a hacer son bastante evidentes en unos terrenos de suelo escaso y gran desnivel, salpicados por parches de suelos higroturbosos. Pero son tan bonitas las vacas berrendas coloradas, las madres de las famosas Longhorn tejanas, que uno se olvida de todo y además estamos en Tornavacas.

Para llegar a los frescos regajos primero hay que cruzar los secos piornales.

En junio de 2014 me encontré con esta vacada subiendo por las viejas trochas, en dirección a los regajos donde pasarían en verano. A la hora del bocata, donde un día estuvieron los hielos del glaciar de Cuerda Llana, dos de estas vacas aparecieron entre los piornos y mostraron un preocupante interés por mi comida. Ellas estaban rodeadas de nardetas, megaforbios y dios sabe cuántas cosas más de las que suele comer una vaca. Yo sólo tenía un bocata…y lo defendí.

viernes, 25 de marzo de 2016

¿Qué hacemos con la Cabra Jurdana?

Cabras jurdanas berrendas en colorao. El Gasco, Nuñomoral (Cáceres).

La comarca de Las Hurdes (Cáceres) es un lugar especial. No importa lo mucho que se haya quemado, no importa los daños que se le hayan infringido a su patrimonio arquitectónico, sigue conservando su carácter genuino, totalmente alejado de los parques temáticos en los que se han convertido muchas de nuestras zonas rurales en pos del bendito turismo rural. Aquí, de momento, nunca tienes la sensación de estar en un decorado.

Macho de cabra jurdana con su tupé.

En sitios así, lógicamente, uno no puede andarse por las ramas y hay que buscar comer cosas genuinas como la famosa ensalada de limón y naranja o el no menos famoso cabrito. Por desgracia, el verdadero cabrito de Las Hurdes ya no existe o, para ser más exactos, desaparecerá tal vez en unos pocos meses. El Cabrito de Las Hurdes sólo puede ser de Cabra Jurdana, la raza autóctona ancestral de esta comarca y no corren buenos tiempos para esta bella cabra. Lo otro, es un cabrito en Las Hurdes.

Rebaño mixto donde se mantienen las últimas cabras jurdanas.

¿Cómo puede ser que la raza autóctona de la comarca, productora de su más valioso producto gastronómico, esté al borde de la extinción?, ¿cómo puede pasar en una comarca que busca destacarse como un producto turístico diferenciado?, ¿cómo puede pasar en la Europa de la PAC y los FEADER?, ¿cómo puede pasar esto en el siglo XXI?

La verdad es que la Cabra Jurdana se ha quedado sola. Abandonada por los restauradores que no han sabido ofertar y valorar un producto singular; abandonada por los ganaderos que han realizado una auténtica limpieza étnica de sus piaras, siendo absorbida la Jurdana por cruzamientos con machos de otras razas y abandonada por las administraciones, que han decidido darla por muerta mientras aún respira su patrimonio genético en unas pocas cabras de El Gasco y quizás Las Erías. Alguna razón habrá para este abandono. Debe estar bien justificada la renuncia a un elemento tan valioso de la cultura hurdana.

Chivarra jurdana nevada.

Pero lo cierto es que las pobres lanecas no parece que hayan cometido ningún error. Son unas cabras de una dureza y rusticidad extrema a juicio de todos los cabreros que las trabajaron, incomparablemente adaptadas a los valles altos de Las Hurdes. Su porte es muy similar al de la cabra montesa, de cuerpo macizo y patas cortas, mucho mejor adaptadas a los lanchares de pizarra que las andarinas y más grandes Verata y Retinta, por citar solo a dos razas extremeñas entre las muchas razas que han desplazado a la Jurdana. No hay ningún estudio que demuestre que, en esas condiciones, la Jurdana sea menos rentable. No hay ninguna raza que se haya impuesto a la Jurdana, de hecho, las piaras actuales son unos entes mil leches fruto más de una inquietud coleccionista que de una metódica selección.

Por otro lado, muy pocos son los que han probado el genuino Cabrito de las Hurdes en las últimas décadas, pero coinciden en que, pese a un rendimiento muy inferior en peso, su mayor calidad organoléptia era clara, un patrón típico de los productos gourmet.

No menos valiosos son los recuerdos de las imprescindibles sogas confeccionadas con el pelo de estas cabras o la participación de sus cuernos y pieles en diversas manifestaciones del folclore hurdano. Sin olvidar que estas eran las cabras de la archiconocida película de Buñuel. No quiero pensar que esta raza hubiera corrido más suerte con otro nombre y en otro lugar, tal vez entonces las administraciones se la hubieran tomado más en serio, como corresponde a una raza catalogada en Peligro de Extinción, antes de decidir su descatalogación. Tal vez, incluso, se hubiera incluido hace años en el Programa nacional de conservación y fomento (cuando según los datos publicados por el CENSYRA de Badajoz todavía existían unos 50 ejemplares), como se ha hecho con otras razas en una situación similar a la de la Jurdana.

Aspero valle del río Malvellido donde pastan las últimas cabras jurdanas.
En El Gasco todavía hemos podido ver algunas de estas cabras jurdanas, incluso de buenas características morfológicas si hemos de seguir la publicación del FEAGAS. Unas cabras que todos los viejos cabreros al observar las fotografías reconocieron sin dudar como las cabras antiguas. Yo creo que con semejante aval no hace falta nada más, diga lo que diga el Ministerio de Agricultura. Pero lo cierto es que sus propietarios están un poco cansados y desmotivados. Cada vez mantienen menos animales de Jurdana en favor de otras razas o sus cruces. El hecho de tener problemas para el cobro de la subvención que tienen los ganaderos de caprino, no creo que les ayude a motivarse para sobrellevar la desigual tarea de competir contra cabritos más grandes, ya no son unos niños precisamente. Mucho me temo que cualquier día echen el cierre y con él se acabe todo. Ahora sí.

miércoles, 20 de enero de 2016

Otra vez la Blanca Cacereña.

Vaca Blanca Cacereña. El Caraquino (Cáceres)

No puedo evitar dedicarle unas cuantas líneas a la Blanca cacereña cada vez que me cruzo con ella en el campo (ver otras entrada del blog aquí y aquí), esta vez entre los Llanos de Cáceres y la Sierra de San Pedro, su tierra clásica.


Tampoco puedo evitar pensar sobre el futuro de esta raza amenazada. Pienso que es una pena que esta raza, que genéticamente está más próxima a razas asiáticas que a españolas o europeas, continúe siendo la hermana pobre de nuestras razas autóctonas. Sobre todo porque en ese reservorio genético encontramos características de rusticidad adaptada a la aridez y al alimento pobre que, tal y como van las cosas, haríamos muy bien en no perder. Pero, es que además, todos los que han catado su carne ensalzan sus características diferenciadas y de extremada calidad, que en un mercado cada vez más lleno de productos gourmet podría tener su sitio, pese a su bajo rendimiento. Ahora todo el mundo quiere criar terneras Wagyu que nunca soportarán la comparación con la genuina ternera de Kobe, al igual que un cerdo negro chino nunca será como un ibérico de dehesa. Aunque sólo sea porque en ese tipo de mercados lo original si cuenta.

sábado, 13 de abril de 2013

Otra nueva generación de Blanca Cacereña.




He tenido la suerte de acompañar a técnicos responsables de la conservación de esta raza en peligro durante una vacunación en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y he podido disfrutar con los nuevos miembros de esta vacada, auténtico reservorio de la raza. La Blanca cacereña, dado su carácter, se somete a las menores manipulaciones posibles, pues le generan mucho estrés. Las vacas conforme eran liberadas de la manga salían como alma que lleva el diablo y se alejaban todo lo que podían, momento en el que reclamaban a sus terneros. Me cuentan que esta raza es tan huraña que incluso cuando comparte parcela con la vaca Retinta las blancas siempre se mantienen agrupadas y alejadas de las otras vacas.
 







El día estaba nublado por lo que las fotos no son muy buenas, pero es que además es bastante complicado fotografiar a esta raza. A pesar de que encerraron a las vacas en una pequeña parcela donde las alimentaron era imposible acercarse a ellas, que se movían de un lado a otro de la parcela, dejándome siempre lo más alejado posible. Gracias a que me montaron en la caja de la pick up que las alimentaba pude acercarme finalmente a ellas. Tampoco ayuda mucho que la vacada se mantenga siempre tan apretada, resultando muy complicado tomar fotos de individuos aislados. Van a tener que montar un hide para poder fotografiar a esta vaca.





Según los responsables del Libro Genealógico de la raza, que se mantiene en el CENSYRA de Badajoz, actualmente hay 680 vacas y 35 toros repartidos en 24 rebaños. Con tan bajo número se mantiene el riesgo crítico de desaparición. En el banco de germoplasma se conservan 64 embriones y 58.169 dosis seminales.

miércoles, 13 de marzo de 2013

LA OTRA FAUNA DE LA DEHESA II. LA MORUCHA.



Hace años, mientras atravesaba con un amigo una zona de retamas densas muy altas escuchamos el bocinazo de una vaca y el sonido de un cencerro en movimiento muy cerca. Sólo podíamos ver unos cuernos que corrían a nuestro alrededor, por encima de las retamas que nos rodeaban, sin dejar de llamar al resto de la manada. Conseguimos salir a una pista que atravesaba el retamar y justo detrás de nosotros a pocos metros apareció una bellísima vaca morucha cárdena, que nos miró, se colocó y se arrancó hacia nosotros. Jamás he corrido tanto, no creo que fueran más de 30-40 metros, lo justo para llegar a unos grandes bloques de granito. Fruto del terror yo iba delante, algo incomprensible pues mi acompañante era un auténtico atleta. Al llegar a la base de los bloques me paré en seco ante un denso zarzal, mi amigo que no lo vio me saltó limpiamente por encima de los hombros y cayó dentro de él. Tuvo suerte y pudo salir casi entero. La vaca nunca tuvo la intención de cogernos, creo que con lo cerca que estaba no le hubiera costado mucho, y al vernos huir se reunió con el resto de las vacas, que ya estaban por todas partes armando un escándalo tremendo, y se fue con su pequeño ternero que estaba escondido entre aquellas retamas. Para nuestra desgracia habíamos asistido en primera persona a uno de los rasgos de comportamiento que caracterizan a esta antigua raza, el acarbado o ennidado de sus terneros durante los primeros días de vida y su gran instinto maternal.



Esta es para mí es la raza bovina autóctona más bella. De tamaño mediano, esqueleto fino y dorso horizontal que le dan una armonía casi natural, gran movilidad, carácter recio y unos ojazos negros enormes. Puede tener dos capas, la cárdena en distintos grados y la negra. Aunque hoy la negra está casi en peligro, en su momento fue el color más abundante y de hecho parece que el término morucho le viene de ese negro mal teñido.

Se trata de la raza propia de la llamada dehesa fría de la meseta, una zona de encinares, robledales y quejigares con unas temperaturas que oscilan entre los -10 y 40° C. Su lugar de origen es el campo charro salmantino y allí permanece el grueso de la raza, que también ocupa Cáceres y Zamora y en menor medida Valladolid, Ávila y Toledo.

Vieja foto de los 80 del toro morucho más bonito que he visto.

A pesar de su carácter la raza era un excelente animal de trabajo, lo que una vez más demuestra que los mejores bueyes no eran los de las razas más grandes como podría pensarse. Todavía en 1950 la raza fue capaz de ganar el concurso de arrastre en una feria internacional. Aunque hoy día su vocación es la de producir carne, donde impone su fertilidad, facilidad de parto, instinto maternal y peso proporcional del ternero al nacer. Sin olvidar la extrema calidad de su carne.



Pero seguro que lo que más famosa ha hecho a esta raza ha sido su pasado como animal de lidia, aunque de esto hace ya tiempo, el conocido encaste morucho aportaba animales grandes y agresivos, aunque según los taurinos no bravura. Desconozco estas sutilezas, aunque siempre he pensado que las razas de pelea, los toros de lidia son una de ellas, son psicópatas, seleccionados precisamente por serlo generación tras generación. Al toro de lidia se le exige embestida constante, que no se achique en el sufrimiento y que sea previsible noble en sus acciones. Según parece, los toros amoruchados además de grandes y fuertes no se andaban con tonterías e intentaban matar al torero a los primeros pases, para después rehuir la lucha, imagino que más preocupados por la huida y salvar el pellejo, una reacción completamente natural alejada de la actitud kamikaze de un toro de lidia.



Sus ganaderos, por su parte, adoran ese carácter hosco y la raza hoy cuenta con más de 200.000 cabezas. Recuerdo que una vez un ganadero salmantino que traía sus vacas en invierno al norte de Cáceres me las describió con orgullo: “Son como las avispas”.

martes, 6 de diciembre de 2011

LA OTRA FAUNA DE LA DEHESA I: LA BLANCA CACEREÑA.

Vaca Blanca cacereña en su ambiente clásico cerca de Cáceres.

También una vaca puede estar en peligro de extinción. Desde que vi por primera vez a esta raza hace 24 años, la Blanca cacereña se ha convertido para mí en un icono de la ganadería autóctona que desaparece. Posiblemente sea la raza bovina española más amenazada y también una de las más interesantes, por cuanto aporta de originalidad en el conjunto de las razas ibéricas.

Es una raza huidiza que aquí muestra sus rasgos primitivos característicos.


Hasta los años 30 del siglo XX, la raza aparecía en todos los certámenes ganaderos, lo cual hace pensar que su situación era aceptable. Pero después de esa fecha la raza es vista muy puntualmente y parece que se hace mucho más rara. Tanto es así, que en 1970 el Ministerio de Agricultura decide formar un rebaño reserva con animales de las últimas cinco ganaderías que mantenían la raza. El rebaño se estableció en el Centro de Selección y Reproducción Animal de Badajoz con 50 vacas y un toro. Si el amor por la raza de un puñado de ganaderos había mantenido la raza hasta esa fecha, no es menos cierto, que sin la creación de este rebaño reserva la raza hoy día no existiría. Con un censo de menos de 300 ejemplares, esta raza se enfrentaba en ese momento a la que posiblemente fuera su mayor amenaza: si el declive comenzó con la mecanización del campo, que relegó a esta raza de trabajo a un papel secundario incapaz de competir con la Retinta y la Avileña, la llegada a tierras cacereñas de la raza Charolesa en la década de 1960, trajo consigo el peligro claro de la absorción por cruzamiento, algo que de hecho había comenzado a producirse. En 1979 la raza es declarada oficialmente en Peligro de Extinción e incluida en los listados correspondientes de la Comunidad Europea. Hoy día se mantiene en menos de 20 ganaderías y su censo no debe ser superior a los 500 ejemplares.


Novillo tras alejarse de mí a la carrera.


La importancia de esta raza es incuestionable, más allá de sus indudables valores culturales, la raza representa una rareza en la ganadería europea y no sólo por su color. Los estudios genéticos realizados muestran que la raza está claramente diferenciada de todas las razas europeas estudiadas y que se aproxima a las razas asiáticas. El Uro es el antecesor de todas las razas bovinas. Esta especie procedía de Asia, por lo que falta por saber en qué momento la raza cacereña se separó de este tronco, si fue desde el Uro asiático o ya desde su descendiente el Uro de Oriente Medio y , por supuesto, cómo llegó a Extremadura. Aunque se desconoce el origen de esta raza, lo que parece claro es que su presencia en Extremadura es muy antigua.


Cuernos insertos en la prolongación de la nuca, cara larga, hocico fino, papada y pliegue en ombligo. Todos rasgos primitivos.


Las principales cualidades de la raza son su increíble rusticidad y la altísima calidad de su carne, mientras que su mayor defecto es su baja productividad, con pesos muy inferiores a los de una Retinta. La coexistencia de la Blanca cacereña y la Retinta se explica por los diferentes usos de cada raza. Así, la Retinta era una raza de carne y la Blanca una raza para producir bueyes de trabajo y cabestros. Tal y como va la cuestión climática, más nos vale que conservemos las cualidades de esta raza para afrontar la torridez y la sequía. Y mientras tanto, ya me gustaría a mí poder comerme un chuletón de buey de Blanca cacereña.

Semental, más que un toro parece un cebú sin giba. Una imagen de pintura rupestre.
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