SEGUIDORES

Mostrando entradas con la etiqueta GEOPARQUE VILLUERCAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GEOPARQUE VILLUERCAS. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de agosto de 2014

Rhaponticum exaltatum (Leuzea rhaponticoides)



Siempre he pensado que los que tenemos el enorme privilegio de pasar el mes de agosto en Extremadura deberíamos hacer como el Topillo de Cabrera: cavar un buen hoyo y enterrarnos hasta el otoño. Pero uno, que a estas alturas del verano tiene ya la pellica bien renegría, no se va a echar atrás por 35 °C de nada (eso es casi para salir con una rebequina).

A poco más de 1000 m en la sierra de Guadalupe, en un lugar clásico por las herborizaciones de Caballero, se encuentra un pequeño matón de robles rebollos rodeado y acosado por los castañares fruteros. Allí sobrevive Rhaponticum exaltatum, exquisito y escaso endemismo ibérico, que en estas fechas reparte sus semillas.


Su futuro está ligado al de este pequeño bosquete, que ya se ha salvado en una ocasión de la transformación. Esperemos que al próximo intento, que seguro que lo habrá, tenga la misma suerte.

jueves, 20 de marzo de 2014

Primavera en Las Villuercas (Cáceres).


Primula veris

19 de marzo, oigo y veo unos machos de Corzo ladrando, parece mentira el ruido que emite un animal tan pequeño. Lo del Corzo empieza a tener su aquel, sin buscarlo veo 6 durante la mañana. Hay un Chochín cada 10 pasos, un Picapinos ha elegido un castaño hueco para tamborilear, son realmente macarras estos pájaros. En el cielo veo el primer Halcón abejero del año y resuena el habitual estruendo de los F-18 o los Thyphoons del Ejército del Aire en sus ejercicios. Nunca me ha parecido este un buen sitio para estas máquinas con tanto buitre volando por la zona pero, por otro lado, si algo va mal sólo caerán sobre un pequeño pueblo cacereño o toledano…

Gagea soleirolii

Todavía se mantienen los narcisos en flor como último acontecimiento del invierno, aunque veo cuatro de ellos en plena floración (Narcissus triandrus, N. bulbocodium, N. rupicola y N. pseudonarcissus), ya son otras las especies que empiezan a dominar el panorama en los robledares de Las Villuercas.

Centaurea toletana poniéndose guapa.

Las flores amarillas de la Gagea soleirolii son la avanzadilla, junto con la Primula veris y algunas Saxifraga granulata. La Centaurea toletana, por otra parte, parece despertar de su letargo y ya está cambiando sus hojas invernales por las definitivas, pero todavía queda mucho para que la veamos en flor. No es mucho de momento, pero la floración primaveral ha comenzado. Por cierto, ¡qué calor!

jueves, 30 de mayo de 2013

EL GEOPARQUE DE VILLUERCAS, IBORES Y LA JARA



Recupero aquí  mi foto favorita de Macromia splendens.

No voy a entrar a valorar los valores geológicos incuestionables del Geoparque de Villuercas pues seguramente cometería buen número de errores. Lo que es cierto es que este lugar nos permite reconstruir el pasado remoto, aunque sea sólo mentalmente, interpretando sus maravillosos fósiles, pliegues y fallas. Sólo por esto ya merece la pena acercarse a conocerlo.

Pero dejando a un lado las piedras, este Geoparque también nos ofrece una maravillosa oportunidad de revivir de manera modesta, es cierto, pero completamente viva los avatares que durante las últimas glaciaciones iban a configurar lo que es nuestra actual fauna y flora.


 Sólo se conoce una población de Daboecia cantabrica en Las Villuercas.

Eligiendo algunos puntos de río Ibor uno puede sentarse a la orilla del río bajo la sombra de algún ejemplar de Loro (Prunus lusitanica), un árbol que mantiene en esta comarca buena parte de los últimos individuos del continente. Con suerte, se dejará ver alguna Libélula brillante (Macromia splendens) volando velozmente a 1 metro de la superficie del agua mientras defiende su territorio. Exactamente la misma imagen que se lleva repitiendo en esta zona desde hace más de 3 millones de años, al igual que ocurría en buena parte de Europa antes de que las últimas glaciaciones acabaran con prácticamente todas las especies subtropicales, incluyendo al Loro y a la Libélula brillante.


Ejemplares de Prunus lusitanica en un abrigado barranco de Las Villuercas.
La imagen típica de un refugio de flora.

Paseando por algunas de las umbrías más frescas de la zona más alta de la comarca, puedes sorprenderte con alguno de los últimos ejemplares de Abedul (Betula alba) y Roble carballo (Quercus robur), o incluso descubrir las matas de Arándano (Vaccinium myrtillus) en los mismos lugares donde los osos las buscaban hace cientos de años. Son posiblemente las especies más representativas de los bosques boreales de origen Eurosiberiano que llegaron a la comarca durante las fases frescas y húmedas de las últimas glaciaciones. Hace unos 8.000 años el clima se tornó mediterráneo con una fuerte sequía estival y estas especies también desaparecieron de la Europa Mediterránea. Habían sustituido a las especies subtropicales y ahora ellas mismas eran desplazadas. Curiosamente en esta comarca unas y otras pudieron refugiarse y mantenerse relativamente próximas.



Una turbera del Valle del Guadarranque.

Podemos encontrar repartidas por enclaves favorables de la comarca otros ejemplos de especies relictas. Entre las especies supervivientes del Terciario podemos citar a la insectívora Flor del Rocío (Drosophyllum lusitanicum) y a la Azucena portuguesa (Paradisea lusitanica), hoy casi desaparecida aquí, o al Cambrón (Echinospartum ibericum) y al Cenizo (Adenocarpus argyrophyllus) como reliquias de los matorrales de cumbres de leguminosas del Plioceno (hace entre 5 y 2 millones de años). Posiblemente las especies más conocidas de origen eurosiberiano en la comarca sean las plantas asociadas a la turberas como el Brezo vizcaíno (Daboecia cantabrica), el Brezo de turbera (Erica tetralix) y las insectívoras Rosolí (Drosera rotundifolia) y Grasilla pálida (Pinguicula lusitanica).
 

lunes, 8 de octubre de 2012

LA GRASILLA PÁLIDA (Pinguicula lusitanica).

Pinguicula lusitanica. Reserva Regional del Cíjara, Badajoz.


Pese a su nombre, esta especie ocupa toda la fachada atlántica europea, desde el norte de Escocia al norte de Marruecos. Se trata de la única especie del género dentro de Extremadura, aunque a este respecto aún recuerdo cómo hace años me dejé las suelas de unas botas buscando Pinguicula grandiflora en la Garganta de los Infiernos en la sierra de Gredos cacereña. Me habían enseñado una foto supuestamente tomada allí, que finalmente resultó ser una foto de Peñalara. Es el riesgo de no ser ordenado con las fotos.

En los últimos años las grasillas, entre otras especies de plantas carnívoras, se han hecho populares entre los aficionados a la jardinería, que disponen de una buena oferta en los centros de jardinería, generalmente vistosos híbridos de hermosas flores similares a las violetas. Quién tenga esa imagen en la cabeza se llevará una desilusión cuando se encuentre con Pinguicula lusitanica, la más esmirriada de las grasillas ibéricas. Yo reconozco que no soy objetivo porque me atraen casi todas las plantas, esta no es una excepción, pero debo reconocer que la primera impresión con esta especie suele dejar bastante frío. Es muy pequeñita (máximo 12-15 cm contando el tallo floral) y la roseta de hojas a veces es poco más grande que una moneda de 2 euros. Estas, además, están parcialmente enrolladas y tienen un intranquilizador aspecto viscoso verde-amarillento con venitas rojas. Un asquito vamos. La florecilla tampoco es un exceso de la Naturaleza y hay que ser generosos para ver alguna similitud con las violetas o incluso las prímulas, como en la mayoría de sus parientes. Su color como colofón es de un blanco azulado poco llamativo.



Sin embargo, estos “sin embargo” son siempre muy importantes para mí, estamos ante una grasilla peculiar y con su propia personalidad. Es una planta de vida corta, unos 2 o 3 años, a la que no le gusta la presencia de muchas plantas a su alrededor, algo difícil en las zonas turbosas donde vive. Por eso es frecuente verla en zonas muy próximas al agua, en los canales que drenan las turberas, canales que habitualmente pueden subir de nivel de agua durante varios días. Esto no es ninguna molestia para esta pequeña plantita que aguantará varios días bajo el agua, pero reduce mucho el número de especies vegetales que pueden colonizar estos medios anfibios. También se distingue de otras grasillas ibéricas en que mantiene sus hojas carnívoras durante todo el año, a diferencia del resto que tiene hojas de “entretiempo” y otras más desarrolladas de verano con capacidad carnívora. Esto puede ser una forma de ahorro de costes para una especie de vida corta, aunque tiene dos graves inconvenientes. El primero es que las hojas carnívoras dotadas de abundantes glándulas, que segregan mucílagos pegajosos unas y enzimas digestivas otras, producen un gran consumo de agua por parte de la planta, que se deshidrataría rápidamente si no tuviera a su disposición agua permanentemente. El segundo es que las elaboradas hojas carnívoras no resisten las heladas, por lo que estas plantas aparecen como quemadas en invierno y mueren en zonas muy frías, a diferencia de otras especies ibéricas, cuyas hojas no carnívoras forman unas yemas muy apretadas al final de la temporada que pueden resistir las heladas y que reciben el apropiado nombre de hibernaculum.

Con unos requerimientos tan marcados su presencia en Extremadura no debería ser abundante y así ocurre, ya que sólo está presente en los escasos enclaves turbosos de las Villuercas cacereñas y la comarca pacense de Los Montes. Nunca me he parado a contar cuantas plantitas de estas puede haber en una turbera, probablemente entre varios cientos y pocos miles, porque no es esa la pregunta que hay que hacerse sino ¿estos pocos metros cuadrados de turbera tienen garantizado su futuro?

Ya les digo que por muchos carteles y pasarelas de madera que les coloquen la respuesta es no.

lunes, 1 de octubre de 2012

LOS FRUTOS DEL LORO (Prunus lusitanica).


Prunus lusitanica. Las Villuercas, Cáceres.
Aprovechando que el domingo se presentaba como un día perfecto para salir al campo, soleado tras días de lluvia y con entre 15 y 20 °C, decidí acercarme a visitar algunas loreras de las Villuercas (Cáceres). Este es un buen momento para ver cómo han pasado el verano los loros (Prunus lusitanica), para ver la cantidad de frutos que han producido y para rebuscar las plántulas recién emergidas antes de que ciervos y corzos se las merienden. Muchas diferencias entre las dos loreras más importantes y como viene siendo habitual últimamente El Mesto le gana la partida a La Trucha.

Cuando ya estaba empezando a cambiarme el semblante un Mirlo acuático que buceaba en la lorera de la Trucha me distrajo y comencé a fijarme en los pajarillos que pasaban por la zona, imagino que buscando los frutos del loro, que a fin de cuentas no deja de ser un pariente del cerezo. Tan bucólico me puse que me olvidé de antiguas experiencias y me comí una magnífica cerecita madura de loro. Si pudiera describirse en una escala el grado de amargor este debería estar cerca de “soñar con una muerte rápida”. Me llevó un buen rato que mi boca volviera a este mundo.
Los arces (Acer monspessulanum) se están quitando del medio este año muy pronto.

Esto me hizo pensar que la dispersión del loro, aunque parece que también se debe a pequeños mamíferos, debe ser más bien trabajo para las aves. Muy mal debe estar una garduña rodeada de extensos madroñales cuajados de dulces frutos para hacerle semejante desaire a su paladar. Además, el tamaño del fruto es típicamente pajarero.

Esta relación planta-ave es una de las maravillas de la Naturaleza. Así un pequeño pajarillo nacido al norte de Alemania, por poner un ejemplo, puede volar durante miles de kilómetros, en una época con muy pocos insectos y casi ninguna semilla, en dirección al sur rumbo a África. Parará en las zonas donde abundan árboles con frutos, imagino que cada uno se irá elaborando su propia ruta con sus propias “estaciones de servicio”, que con suerte repetirá en años sucesivos. De esta manera, además, su ruta migratoria se enriquecerá con los frutos que el mismo contribuye a dispersar. Cuando se avecina el momento más difícil, cuando requerirá mayor esfuerzo y consumo de reservas, la Naturaleza le echa un cable en forma de extensa franja por toda la zona mediterránea cuajada de acebuches (y desde hace unos milenios olivos también), que le proporcionan auténticas bombas energéticas que le permitirán cruzar el mar y el desierto. Es impresionante.

domingo, 18 de marzo de 2012

LORERAS EN APUROS.

Un panorama insólito entre nuestros árboles mediterráneos, pero habitual en las loreras: loros (Prunus lusitanica) acodándose,
 en una imagen más propia de una selva tropical.


La Lorera de la Trucha es un regalo que la Naturaleza ha dado a Extremadura y no me importa resultar cursi al decirlo así.

Afortunadamente este regalo está, desde hace años, protegido bajo la figura de Árbol Singular. Sin embargo, ahora la propia Naturaleza (con la ayuda del hombre, claro está) se ha convertido en la mayor amenaza para esta reliquia de nuestro pasado subtropical.

El cambio climático va cada vez más rápido y eso supone más aridez, algo que no le gusta al Loro (Prunus lusitanica). La Lorera de la Trucha lo está notando, sus loros parece que se resienten y la fauna del entorno cada vez les presiona más.

Es típico de las loreras extremeñas que se asienten sobre suelos raquíticos junto a cauces de agua. Ello da lugar a unos sistemas radiculares poco potentes que tienen consecuencias fatales. Cuando los loros alcanzan gran porte (como también sucede con los alisos y fresnos que los acompañan) se desploman, al no poder contrarrestar sus sistemas radiculares las presiones ejercidas desde la copa por árboles tan grandes. Esto crea unos claros en las loreras que, como ocurre en la selva, permiten una explosión de las nuevas plántulas de loro que de manera natural cierran ese claro en pocos años. Hoy día esto no está sucediendo y los claros no se cierran, con lo que las loreras se están fragmentando, haciéndose cada vez más vulnerables. Es como una herida abierta por la que se están desangrando.
La lección del día por los expertos. Las hiedras tienden a desarrollar cortezas parecidas
a las del árbol sobre el que crecen, aquí un roble musgoso (afectado por la sequía).


Parece que la causa fundamental es la presión que ciervos, jabalíes y, sobre todo, corzos están ejerciendo sobre las jóvenes plántulas de loro, acabando año tras año con el 100 % de ellas y con ello anulando la capacidad de regeneración natural de la especie que, por otro lado, en años secos ya se ve bastante mermada.

domingo, 19 de febrero de 2012

EL PICO VILLUERCAS: EL HEDIONDO, EL CENIZO Y EL CAMBRÓN…Y NO ES UNA DEL OESTE.

Subida al Pico Villuercas desde el Pozo de Nieve de Guadalupe (Cáceres).


Aprovechando estos escasos días de frío que nos ha regalado este extraño invierno me acerqué al Pico Villuercas, a ver si sonaba la flauta y me topaba con algún Treparriscos. Al final sólo estuvieron presentes los consabidos Acentores alpinos. No me importó mucho, ya que la cabra tira al monte y yo, entre acentor y acentor, andaba mirando ya con el rabillo del ojo a los yerbajos de la zona.

Una cumbre minimalista, tan de moda entre los malos jardineros. El vértice geodésico, la garita, un cenizo y hormigón.



El hecho de ser la cota más alta de los Montes de Toledo, con sus 1.601 m, no le ha evitado ser la montaña más machacada que conozco. Su cima, literalmente, ha sido borrada de la faz de la tierra y en su lugar, hoy día, sólo hay ruinas de una antigua base de radares militares, con su carretera, su helipuerto y sus absurdas garitas. Además, algunas antenas de telecomunicaciones han venido a sumarse recientemente al desastre. Tras el abandono por parte de los militares, las instalaciones fueron pasto del vandalismo más cerril, como si con ello se consiguiera algún tipo de venganza frente al antiguo ocupante.

                 Pajonales de montaña con Arrhenatherum elatius y Festuca paniculata.

Hubo un tiempo en que los botánicos se acercaban a esta cumbre en busca de plantas raras de montaña, siendo como era una auténtica isla de altura, e incluso existe alguna cita de plantas gredenses en la zona de principios del siglo XX. Ahora ya resulta imposible saber si aquellas especies realmente estuvieron allí alguna vez o si se trata de algún error con las etiquetas de los pliegos (algo, por otra parte, relativamente frecuente). Nunca sabremos si su desaparición se debió a las obras, al cambio climático o a un correcto etiquetado.



Estas citas, siendo como soy un enamorado de la flora de montaña, siempre atrajeron mi atención y he estado por la zona varias veces. Cierto es que no he encontrado lo que buscaba pero, también es cierto, que uno siempre termina encontrando algo. En este caso se trata del famoso Hediondo, que es una forma rupícola de altura del Arraclán (Frangula alnus), que forma junto con el Cenizo (Adenocarpus argyrophyllus) una comunidad muy característica de los cantiles cuarcíticos de cumbre de Las Villuercas (junto a Jasione crispa subsp.mariana, Dianthus lusitanus, Genista cinerea y Sedum brevifolium, entre otras), enriquecida aquí, gracias a su altitud, con escasos ejemplares de Cambrón (Echinospartum ibericum). Resulta curiosa la observación de estos pequeños hediondos en un ambiente tan poco propicio para esta especie, que encuentra su óptimo en la placidez de las alisedas más húmedas.

Robles rebollos por encima de 1500 m.

Rebollos casi en la cima

Tampoco desmerece la magnífica representación del límite forestal que encontramos conforme vamos subiendo hacia la cumbre. Los rebollos (Quercus pyrenaica) casi alcanzan la cima, o lo que queda de ella, pero lo hacen en forma de matas de no más de 50 cm. Algunas decenas de metros más abajo, por encima de los 1.500 m, encontramos a estos robles convertidos en arbolillos de menos de 2 m con troncos y ramas tortuosos, como auténticos bonsáis. Por debajo de ellos aparece ya un bosque de rebollos de porte casi normal.

Bosquete de encinas en un resalte rocoso sobre el robledal. Al fondo Navezuelas y sus castañares.

 En algunos puntos, como los resaltes rocosos de la vertiente de Navezuelas, la escasez de suelo hace imposible el asentamiento de los robles, apareciendo unos bosques de Encina (Quercus ilex subsp. ballota) a una altitud inusual y por encima del robledal, que recuerdan a los bosquetes invertidos que se forman en similares circunstancias en Gredos, aunque estos villuerquinos son más húmedos y diversos.

Los cenizos no se rinden fácilmente, ni ante el ejército.

martes, 19 de octubre de 2010

LA CUEVA DEL CASTAÑAR


Declarada Monumento Natural en 1997, esta pequeña cueva situada en Castañar de Ibor (Cáceres) presenta un conjunto de espeleotemas de aragonito y calcita único en España. La imagen muestra la famosa sala de El Jardín con sus coladas, banderas, columnas, excéntricas, macarrones, estalactitas y estalagmitas.


Los blancos y marfiles de las formaciones de aragonito y calcita contrastan poderosamente con los grises oscuros de las pizarras y las arcillas rojizas del substrato en el que se encuentra la cavidad (materiales Precámbricos según leo).
Related Posts with Thumbnails