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jueves, 6 de enero de 2011

LOS TEJOS DE ESCOBAREJO (Losar de la Vera, Cáceres. España).


Imagen de los tejos del tercer regajo.

Tengo la fortuna de ser una de esas personas afectadas por el "Síndrome del Tejo Salvaje". Pocas cosas me afectan más que un viejo tejo en su medio natural (un tejo monumental de ermita me produce síntomas algo similares). Por lo que me cuentan los doctores esto no tiene cura, así que pasaré el resto de mi vida buscándolos y deleitándome con ellos. El problema es que hay una parte de la humanidad empeñada en curarme, a mí y a todos los que padecemos este síndrome. Hacen esfuerzos sobrehumanos para privarme de la contemplación de los, cada día más escasos, tejos centenarios de nuestros montes. Los quemarán aún con riesgo de su propia vida, harán grandes esfuerzos para dañar sus raíces hasta matarlos al restaurar un monumento e incluso eliminarán concienzudamente, año tras año, todos los pequeños tejos que con el tiempo podrían comenzar a provocarme síntomas. La bondad en nuestra especie no tiene límites.


Un tejo sobreviviente entre dos tejos quemados.


Los restos blanqueados crean una imagen siniestra.

Las montañas del norte de Cáceres acogen a una pequeña población de esta especie que, salvo en el caso de los Tejos del Cerezal, aparece en pequeños grupitos o aislados. La situación en esta región, como en casi toda su área de distribución, es preocupante, pero agravada aquí por su bajo número de individuos (menos de 300). Con ellos he ido perfeccionando mi enfermedad y, si la genética no falla, espero que con ellos la sobrelleve mi hija.


Viejo tejo con la mayor parte de su tronco quemado.

Uno de los espectáculos más sobrecogedores que podemos observar hoy en el Gredos cacereño es el de los pobres Tejos de Escobarejo. Hasta los años ochenta del pasado siglo se mantenía en tres pequeños regajos paralelos de esta sierra, separados tan sólo por decenas de metros, una pequeña población de más de 30 ejemplares adultos de esta especie acompañados de serbales de cazador y algunos acebos. Algunos ejemplares con troncos de más de 4 metros de perímetros eran varias veces centenarios.

Viejísimo tejo de más de 4 metros de perímetro de tronco muy afectado por el fuego.


El mismo Tejo cuatro años antes.

A mediados de los ochenta se comenzaron a repetir quemas de matorral en el entorno de los tejos. Quemas claramente dirigidas a acabar con ellos y que de hecho consiguieron llevarse por delante a más de 11 ejemplares adultos, cuyos restos blanqueados por el sol aún son visibles, casi como si de unos espectros se tratase. Los tejos que aún viven muestran graves daños por fuego, con partes del tronco secas y copas muy reducidas. A finales de los noventa se produjeron algunos fuegos intencionados de menor intensidad cuyos daños fueron más limitados. La situación llevó en el año 2001 a realizar por parte de la Administración un pequeño trabajo de desbroce manual de brezos y escobas próximos a los tejos para evitar que nuevas quemas de matorral pudieran llegar a ellos. Junto a este desbroce se procedió a proteger frente al ganado a los jóvenes tejos que aparecieron al eliminar un matorral, que por un lado les daba protección pero por otro era una seria amenaza para la continuidad de todos los tejos.


Otro tejo quemado, al fondo La Covacha y Riscos Morenos.

Que me conste no han vuelto a repetirse las quemas en la zona de los tejos. La vigilancia en la zona aumentó con la creación de la Reserva Regional de Caza, pero también es cierto que de la sierra ya prácticamente han desaparecido todos los sospechosos, esos que también quemaron La Covacha de cabo a rabo. Les pedí a los Reyes Magos que nos permitieran poder seguir disfrutando de estos tejos a mí, a mi hija, a los hijos de mi hija… pero me han traído carbón.

5 comentarios:

  1. Hola Alberto. Creo que yo, si tuviese la posibilidad de comtemplar estos maravillosos árboles tendría tu misma enfermedad. Gracias por desvelarnos este sectreto tan escaso que como siempre el fuego mata todo.Un saludo amigo.

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  2. Estas historias que cuentas sobre los árboles son tristes, aunque aún no tienen final, por lo que no hay que perder la esperanza. Yo también siento algo especial, una cierta magia, ante los tejos. Sigue contando historias, para no perder la memoria de este territorio.

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  3. Alberto interesante entrada de tu blog sobre los tejos extremeños, no tengo el gusto de conocerlos, pero quizás algún pueda hacerlo...
    Te invito a que veas el mío bajo el titulo: MIS TEXOS.

    Saludos !

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  4. Qué tal compañero amigo de los tejos, quiero que sepas que somos muchos los amantes de los tejos o Eburones como me gusta llamarnos, concretamente,desde la Asociación TREPA(Trabajadores especializados en poda y arboricultura)tratamos de difundir este amor a los tejos y todos los años organizamos viajes para ver Tejos, el año pasado estuvimos en Urbasa(Navarra) y en El concellu de Bimenes(Asturias)concociendo a un entrañable viejecillo de 90 años, que todavía planta tejos, dentro de un par de semanas vamos a darle un prmio a este viejecillo de nombre Amable,vendrá Ignacio Abella, no se si le conoces, un personaje de los que más saben del tejo, mi correo es carbol.barbado@hotmail.com, estamos en contacto

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  5. Amigo Alberto, Guillermo García Pérez, buen conocedor de tejos por la sierra de Guadarrama y autor de estudios toponímicos referidos al tejo, me ha dado tu enlace.
    Veo que FJUSTI, de Asturias, cuyo blog sigo habitualmente, también te ha localizado. Ya sabes, cuatro locos tocados por una locura dulce y nada dañina, que nos vamos encontrando por el camino.
    Te envío el enlace a mi blog, donde describo el último hallazgo que hicimos.
    http://conloquendicausa.blogspot.com/2011/09/los-tejos-de-los-poyales.html
    Recibe un cordial saludo... y lamento el abandono en que tienen por esas tierras a estos hermosos ejemplares que publicas

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