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viernes, 22 de abril de 2016

Berrenda colorada. La subida a los agostaderos de Tornavacas.

Duelo al sol en el antiguo glaciar de Cuerda Llana.

No soy yo muy amigo de vacadas en la alta montaña extremeña, terrenos que siempre han sido más de cabra y oveja, ahora en horas bajas. Los daños que llegan a hacer son bastante evidentes en unos terrenos de suelo escaso y gran desnivel, salpicados por parches de suelos higroturbosos. Pero son tan bonitas las vacas berrendas coloradas, las madres de las famosas Longhorn tejanas, que uno se olvida de todo y además estamos en Tornavacas.

Para llegar a los frescos regajos primero hay que cruzar los secos piornales.

En junio de 2014 me encontré con esta vacada subiendo por las viejas trochas, en dirección a los regajos donde pasarían en verano. A la hora del bocata, donde un día estuvieron los hielos del glaciar de Cuerda Llana, dos de estas vacas aparecieron entre los piornos y mostraron un preocupante interés por mi comida. Ellas estaban rodeadas de nardetas, megaforbios y dios sabe cuántas cosas más de las que suele comer una vaca. Yo sólo tenía un bocata…y lo defendí.

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