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domingo, 2 de diciembre de 2012

FESTIVAL DE LAS GRULLAS EN EXTREMADURA.



Imposible resistirse a la  supermoto de la grulla gigante.


¿Un festival de grullas a mi edad? Pero oye, que las grullas y yo, uña y carne. Horas y horas de observaciones durante muuuchos años. Eso es algo de suecos educados, alegres por recibir la primavera. Pero bueno, este año teníamos la oportunidad irrepetible de ir a un festival de grullas a hacer milmoching y no era cosa de perdérsela. Y me alegro un montón de haber tenido esta oportunidad de descubrir este festival con los ojos de un niño.

Perogrullo en acción.


Para empezar la zona donde se celebra el festival es el mejor lugar de Europa para ver grullas en invierno. El espectáculo natural de magnitudes africanas está garantizado. Además, la observación de grullas tiene la grandísima ventaja de poder realizarse a cualquier hora del día, lo que facilita mucho las labores de despliegue para aquellos que cuenten con pajareros infantiles entre sus filas.

 Toma pipi.


Toma pipi a comer.


Que te reciba el duende Perogrullo en la casa de las grullas y puedas subirte a la moto de una grulla gigante ayuda a que se despierte la curiosidad al pajarero novel más reticente. Aprovechando unas réplicas a tamaño natural de las grullas le contamos a Águeda cómo y qué comen estas aves y es evidente que lo entendió, porque poco más tarde, mientras observaba por el telescopio un grupo de grullas, se sacó una bellota del bolsillo y acercándola al ocular empezó a decir “toma pipi a comer”.





Y por supuesto, cuando el milmoching finaliza y la joven pajarera descansa, es el momento de disfrutar del impresionante espectáculo de estas concentraciones de miles de grullas.

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