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sábado, 19 de mayo de 2012

CLAUS MATTHECK: GENIO Y FIGURA.

Claus Mattheck en una imagen tomada de saveourwoods.co.uk.

Estamos ante uno de los personajes más sorprendentes que conozco (sólo por su obra, lamentablemente). Como sorprendente es que este físico teórico (Dresden, 1947), jefe del departamento de biomecánica del instituto de investigación de materiales de Karlsruhe, sea uno de los personajes más influyentes de la moderna arboricultura a nivel mundial.
Está claro que un científico que es capaz de convertir sus 60 conferencias anuales por todo el mundo en acontecimientos que terminan con gritos y ovaciones, como si de un concierto de rock se tratara, no es un científico usual. Como tampoco lo es que sea capaz de dibujar comics en los que Stupsi el erizo y Pauli el oso explican sus teorías. Sus excentricidades ayudan a crear esa imagen atípica, comenzando por su estética de roquero de los 70, permanentemente vestido de negro, con una chaqueta de piel de cabrilla y unas botas de cuero crudo hasta la rodilla, siempre por encima del pantalón, acompañado de ese peinado, que suele calificarse como “extraño”, junto a unas inseparables gafas de sol redondas. Su afición a las armas de gran calibre y al arco y las flechas, o a los perros de lucha de la raza Staffordshire-Bullterrier, no hace más que añadir leña al fuego, llegando a surgir leyendas urbanas en torno a su figura que recuerdan a las de los artistas de música heavy más estrafalarios de los 70.
No es de extrañar que durante dos años estuviera detenido en una prisión de la temible Stasi de la antigua República Democrática Alemana. Tras un intento fallido de fuga por el Báltico y tras escribir un trabajo conjunto con un ginecólogo compañero de celda, increíblemente sobre problemas de asfixia en bebés recién nacidos, las autoridades deciden deportarlo al oeste en 1978.
Pero afortunadamente Mattheck no es una estrella del rock. Es un científico muy competente y aplicado (“un motor detrás de esclavos” en palabras de un trabajador de su departamento), con más de 200 publicaciones científicas, 13 libros y 12 premios, entre los que se encuentra uno de los más prestigiosos de Europa: el Premio Alemán de Ecología (2003). Tiene, además, 13 patentes en aplicaciones tan distintas como los implantes de cadera y dentales, las lavadoras o la industria del automóvil.
Es una suerte que ese motor pudiera combinar la biónica con la arboricultura. Para él era algo elemental, ya que como dice “los árboles no son sólo entidades biológicas vivas, sino que son también estructuras mecánicas que soportan cargas”. Además le atraen dos hechos que enlazan con sus trabajos biomecánicos: los árboles hacen un uso económico de sus recursos y sólo son fuertes cuando es necesario. Esto le lleva a enunciar su famoso axioma de la carga uniforme, basado en el principio de que los árboles consumen energía para alcanzar una distribución homogénea de las cargas mecánicas. Por ello, no hay ningún punto débil, ni lugares de fallo predeterminados, así como tampoco hay lugares donde se gasten materiales superficialmente. Cuando este estado óptimo de distribución homogénea se rompe debido a un defecto interno (grietas, podredumbres, etc.), el árbol creará anillos de crecimiento más gruesos en esos puntos para restablecer la distribución homogénea. Este crecimiento es un síntoma de un defecto.
Esta es la base sobre la que se crea el Método VTA (Visual Tree Assessment), propuesto por Mattheck y Breloer y publicado en el libro “The body languages of trees” de 1994. Desde entonces este método, con algunos retoques, se ha convertido en uno de los instrumentos más utilizados por los técnicos arbóreos de todo el mundo. En palabras de Mattheck “permite distinguir árboles peligrosos de los aparentemente peligrosos”. Lógicamente su uso fundamental es la arboricultura urbana, de ahí el término árbol peligroso. Nuevamente las investigaciones de Mattheck conducen a una aplicación inmediata, algo que siempre le preocupa, ya que para él, tanto un ama de casa como un empresario contribuyen a pagar su sueldo y sus investigaciones, por lo que estas deben devolver algo que les pueda servir.
El VTA se basa en identificar los síntomas externos debidos a anomalías internas de la madera, algo que sólo es posible con experiencia y conocimiento de los procesos de crecimiento de cada especie, ya que son más de 100 los tipos de defectos que nos podemos encontrar en una valoración visual. En una primera fase se realiza una inspección visual de defectos y vitalidad, tras la que se realiza una confirmación de los defectos sospechosos, en la que se pueden emplear aparatos de fácil manejo para verificar resistencia a la penetración de la madera o la velocidad de impulsos sonoros, entre otros. El estudio finaliza con la evaluación de la resistencia (criterios de rotura), en la que juega un importante papel el flujo de fuerzas de la copa a las raíces.
El mayor fallo de este método, como es reconocido por el propio Mattheck, es que no es capaz de garantizar al 100 % la seguridad de un árbol. Ya que una rama sana, sin defectos y con poca carga puede desgajarse por causas naturales, como pueda ser una tormenta. Pero hay tan pocas cosas con una fiabilidad del 100 %...



4 comentarios:

  1. Muy interesante felicidades Alberto.

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  2. Más que sorprendido, me he quedado.

    Seguro que todos los concejales de parques y jardines conocen su obra, verdad?

    Un abrazo

    JM

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  3. Necesitamos más genialidades de personajes excéntricos como Mattheck...tanto enchaquetado, encorbatado y engominado nos está llevando a la miseria más absoluta (en todos los sentidos. ¡Un abrazo!

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  4. Qué descubrimiento tu blog!! Qué maravilla!!
    Mis más sinceras felicitaciones.
    Un saludo

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