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miércoles, 31 de diciembre de 2014

FELIZ AÑO 2015


En tiempos revueltos lo mejor es arrimarse a algo verdaderamente sólido, como esta vieja encina hurdana. Cuando se las respeta, las encinas se muestran como lo que son: los más duros de los robles. Que todos tengáis vuestra encina este año.


FELIZ AÑO 2015

viernes, 26 de diciembre de 2014

PIQUITUERTO NAVIDEÑO.



Aprovechando la calma entre la cena de Nochebuena y la comida de Navidad, salimos a despejarnos y a que nos diera un poco de fresco en la cara. Acompañado de mi cuñado y mi sobrino nos dirigimos a unos pinares de Pino silvestre del Valle del Jerte, a buscar pajarillos de bosque. Se suponía que yo debía guiar esa excursión, pero resultó que los verderones serranos (2 ó 3) los encontró mi sobrino y que los perdimos gracias a que yo me entretuve con un Reyezuelo sencillo, al que ingenuamente intenté fotografiar. Faltaban los habituales piquituertos, pero era hora de regresar a las labores gastronómicas. De pronto, mi cuñado se quedó de muestra como uno de esos perros de caza señalando a una ramilla baja de un joven castaño que crecía entre los pinos. Era una hembra de Piquituerto. Como es un pájaro confiado nos acercamos a ella con cuidado y la observamos un rato a placer, mientras recogía piñas del suelo para comerse los piñones en alguna ramilla baja. Fue una pena tener que dejarla tan pronto, pero así dará más gusto la próxima vez. Pero antes de marchar, un grupito de rabilargos “termomediterráneos” rompió la magia boreal de este paseo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Badajoz secreto.



Aún reconociendo que la fotografía es una herramienta que permite manipular la realidad con relativa facilidad, la imagen que os muestro se tomó al cruzar un pequeño arroyo de las sierras del suroeste de Badajoz en primavera. Sin buscar encuadres “favorecedores”.

Como el tema de la biogeografía de las plantas me apasiona, estas pequeñas sierras del entorno de Jerez de los Caballeros (Badajoz) siempre me han resultado especialmente atrayentes. La razón es que, pese a su escaso relieve, son auténticas atrapa-lluvias al ser uno de los primeros obstáculos con los que se encuentran los frentes atlánticos al penetrar en la Península Ibérica por el suroeste. Gracias a esto una vez formaron parte de un puente que, incluyendo a otras pequeñas sierras portuguesas, permitió que la flora atlántica y eurosiberiana saltara del Sistema Central a Sierra Morena. Así se explican los restos de la presencia de abedules en el Valle de Santa Ana durante el período postglacial hace unos 9.000 años.


Hoy día son pequeños vestigios lo que queda de aquellos ambientes más frescos y húmedos, pequeños castañares y pequeñas vaguadas orientadas al norte. Allí aún se pueden encontrar algunas especies “exóticas” en la provincia de Badajoz como Roble carballo (Quercus robur) o Dactylorhiza sulphurea, junto a otras especies hoy muy escasas por sus mayores requerimientos hídricos como Quejigueta (Quercus lusitanica), Quejigo moro (Quercus canariensis), Limodorum trabutianum, etc.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Majada de Gredos en La Vera cacereña.



Mucho antes de que naciera Calatrava los cabreros de Gredos ya eran capaces de crear edificios de gran belleza y funcionalidad. La habitabilidad para nuestros estándares actuales no es mucho mejor que la de un moderno edificio de diseño, pero hay que tener en cuenta que muy rara vez el proyecto de una majada superaba los 20 millones de euros…

Impresiona lo simple de su construcción, sin concesiones, mampuestos vistos de granito con grandes esquineras y cargaderos de castaño en los huecos, que serán únicamente las puertas. Orientada al sur, de una planta con doblao y corral adosado más bajo en la parte delantera. De esta manera la vivienda no sombrea al ganado en invierno y los arrastres de desperdicios del ganado con la lluvia y la nieve no entran en la misma. Emparrado en la puerta para tomar el sol y, como lujo, un cerezo al pie del huerto con castaños.

En estas majadas a media ladera, en los robledales, pasaban el invierno los cabreros dejando en las zonas altas los chozos de verano y practicando la trastermitancia, un sistema de explotación altitudinal y estacional de los pastos con recorridos rara vez superiores a los 10 km.


Yo viendo esta casa sólo puedo pensar en 10 ó 12 libros, varias arrobas de vino, queso de cabra y tasajos. Un Walden verato.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Escribano Montesino/Rock Bunting (Emberiza cia) y Cogujada Montesina/Thekla Lark (Galerida theklae).

Cogujada Montesina


Me he sentido como Felipe II por unas pocas horas y espero no acostumbrarme. Me lo he encontrado todo preparado y sólo he tenido que poner la cámara, muchas gracias. Mi falta de experiencia en estos asuntos, mi desconocimiento del sitio, unas condiciones poco adecuadas de luz y personas en el entorno no prometían nada favorable, pero aún así pude disfrutar un rato.

Escribano Montesino



Curiosamente las dos especies que pude fotografiar llevaban el mismo apellido. El usar cosas de otros (y mi inexperiencia) a veces juega malas pasadas y yo lo pude comprobar casi de inmediato cuando descubrí con horror que todos los posaderos estaban mal posicionados respecto a mí. Otra vez no se me olvida comprobar esto, seguro.

domingo, 23 de noviembre de 2014

RECUERDOS ODONATOLÓGICOS: LA PERDIGONÁ.


Onychogompus uncatus. El saltarrocas de garganta.


Ayer, comiendo con unos compañeros durante el V encuentro de blogueros de Extremadura, recordé una anécdota de mis primeros tiempos con las libélulas, hace ya muuuchos años.

Mientras mis amigos reposaban la resaca durante la siesta, yo me dediqué a rebuscar libélulas en la garganta cercana metido en el agua hasta las rodillas, habíamos acampado cerca de Jarandilla, donde por casualidades del destino se celebraban las fiestas esos días.

Mi movimientos debían resultar patosos y cómicos, con los pies doloridos por los cantos rodados pero evitando moverme bruscamente para no asustar aún más a los caballitos del diablo y otras libélulas. Eso debió ser demasiado para un cabrero que descansaba a la sombra de la garganta y se acercó hasta donde me encontraba.

-       -  Buenas ¿qué hacemos?
-      - Ummm, intento ver que libélulas son estas, pero con tanto calor están como avispas y no paran.


No hubo más palabras, el cabrero se agachó, agarró un puñado de arena gruesa de la orilla y lo lanzó hacia una libélula que venía hacia nosotros en vuelo rasante. Un disparo certero y la perdigonada frenó en seco a la libélula, que cayó al agua. La miré con cara de asombro, flotando muerta con sus alas llenas de desgarros, luego miré al cabrero que, mientras se marchaba en silencio, parecía decirme con su gesto “ahí la tienes”. Creo que ese fue el día en que decidí incluir una manga entomológica en mi equipo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Un paseo invernal por las Sierras Centrales de Badajoz.

Panel principal del abrigo de La Calderita. La Zarza (Badajoz).

Hay algo mágico en sentarse en el mismo lugar en el que lo hizo un humano de hace unos 4.000 años y observar el mismo entorno. Es inevitable meterse en la cabeza de esa persona y, aunque todo ha cambiado, las grandes líneas maestras del paisaje aún se pueden apreciar tal y como ella las vio: los llanos, los ríos, los riscos, etc. Si además en ese lugar han dejado huellas de su arte, nuestros ojos se esforzarán aún más e intentarán leer hasta el último detalle del lugar en un vano intento de interpretar la mente de aquella gente del Calcolítico.

El Erodium mouretii es la estrella botánica de estas sierras. Sierra de La Zarza (Badajoz).

La parte de las sierras centrales de Badajoz más próximas a Mérida, entre La Zarza y Arroyo de San Serván, nos ofrecen algunas buenas oportunidades de observar esas extrañas pinturas esquemáticas de tintes rojizos a las que los arqueólogos dan extraños nombres como ancoriformes, halteriformes, ramiformes, etc. y que en realidad son distintas maneras de representar la figura humana. Sería suficiente este motivo para acercarse a ellas y darse un tranquilo paseo, pero es que además en el mismo paseo podremos disfrutar de una de las comunidades florísticas más interesantes de Extremadura.

La Sierra de Alange con su castillo vista desde La Calderita (La Zarza).

El final de invierno es la mejor época para poder disfrutar plenamente de esta zona, pues no solamente se observarán mejor las pinturas, el paisaje se nos mostrará en su mayor esplendor, las sierras estarán repletas de humedad y la floración de estas bellísimas plantas de roca estará en su máximo apogeo. Realmente se podría hablar de jardines colgantes con grandes grupos de dos de nuestros narcisos más bellos: Narciso de roca blanco (Narcissus cantabricus) sobre las rocas y prados de Narciso pálido (Narcissus triandrus subsp. pallidulus) al pie de los cantiles, junto al híbrido de ambos. Pero las estrellas del lugar son las especies endémicas, empezando por el Relojillo de roca (Erodium mouretii), del que sólo se conocen en Europa un puñado de poblaciones en Badajoz junto a otras dos en Huelva y Cáceres. Fuera de aquí toda su distribución mundial se reduce a unas pequeñas sierras de Marruecos (que a buen seguro será otra subespecie distinta no descrita, si no otra especie). La Escrofularia de las Sierras Centrales (Scrophularia oxyrhyncha) es la otra gran joya de estas sierras, que sólo podremos encontrar en la alineación de sierras cuarcíticas que recorre  Badajoz, Córdoba y Ciudad Real. La primera ocupa repisas y fisuras terrosas de donde cuelgan sus flores blancas con nervios violetas y la segunda al pie de los cantiles, donde llama la atención por sus florecillas rojas. Encontraremos también las compactas y redondeadas matitas pegadas a la roca y cubiertas de flores azuladas del Botón azul de Sierra Morena (Jasione crispa subsp mariana) y próximas a ellas otras matitas menos compactas del Botón azul oretano (Jasione crispa subsp. tomentosa), que nos dan una idea del cruce de caminos que son estas sierras. No faltarán en estas paredes helechos como los bellísimos Polipodios (Polypodium cambricum) de las umbrías o los peludos Helechos lanudos (Cosentinia vellea) de las solanas, ni las elegantes Dedaleras (Digitalis thapsi).

Scrophularia oxyrhyncha. Sierra de Arroyo (Arroyo de San Serván).



Narcissus cantabricus. Sierra de Arroyo (Mérida).

Nuestro paseo invernal tendrá una última recompensa, ya que será fácil observar moviéndose entre los riscos de las zonas altas a pequeños grupos de Acentores alpinos (Prunella collaris), un ave de alta montaña que pasa el invierno por aquí.





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