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jueves, 1 de mayo de 2014

Los amores de las avutardas.


El macho cojo.
 
Se acaba la temporada de apareamientos y parece que el joven macho que tengo delante de mí no ha tenido un gran desempeño. Se ven pocas hembras por el Lek, la mayoría estará incubando ya, ahora es vital no fallar, pero todavía quedan algunos viejos machos por la zona con los que competir.

La hembra.

A primera hora apareció una de las dos únicas hembras que pasaron por allí esa mañana, la otra fue directamente a buscar a un gran macho que, seguramente agotado por el sexo, sólo reaccionó cuando ella ya estaba junto a él. Nada más verla el joven macho comenzó a moverse hacia ella, pero su cojera era muy visible, tantos días de carreras y peleas parece que no le han sentado muy bien.

La hembra y el macho caminaron uno hacia el otro y, cuando ya estaban a un par de metros, la hembra giró 90 º y rodeó al joven macho, para continuar en la dirección del gran macho. Eso no pareció acabar con las esperanzas de nuestro macho, que comenzó a hacer la rueda, algo que provocó que el viejo macho comenzara también a hincharse, ganándose inmediatamente la atención de la hembra.

El macho durmiendo.

Con la hembra ya lejos, el macho continuó un buen rato haciendo la rueda, hasta que poco a poco comenzó a desinflarse. Mientras se reponía de su fracaso picoteando algo, oigo los resoplidos de otro macho y entra en escena un macho de grandes bigotes dirigiéndose hacia él, que inmediatamente se retira. Por suerte para él, el nuevo macho, que también tiene una perceptible cojera, parece dirigirse a otro lugar y se pierde tras un cerro. Ha sido demasiado ya para este macho agotado y aunque son poco más de las 9,30 de la mañana ya no hará más la rueda ese día, se retira cojeando y se tumba a sestear. ¿Soñarán las avutardas?

jueves, 24 de abril de 2014

Acebedas extremeñas.


Sierra de Béjar, Cáceres.

Sé que la idea de acebedas en Extremadura puede resultar exótica pero, aunque sea por los pelos, uno todavía puede darse el gustazo de pasear por una de estas misteriosas formaciones. Un paseo, todo hay que decirlo, que no nos agotará.

Sierra de Béjar. Cáceres.

Aunque el Acebo (Ilex aquifolium) es una especie relativamente bien representada en las sierras cacereñas, su presencia generalizada en forma de individuos aislados o pequeños grupos parece descartar cosas de mayor enjundia.

Sierra de Béjar. Cáceres.

En el Castañar O´soitu de San Martín de Trevejo, en la Sierra de Gata cacereña, encontramos en un radio de 1 km una interesante colección de plantas relictas de gustos atlánticos como Lilium martagon, Quercus robur, Betula alba, Paradisea lusitanica, Narcissus asturiensis, Ulmus glabra, Sorbus latifolia, Monotropa hypopitys, Lycopodiella inundata, etc. No es raro que precisamente en este refugio de flora, en el tramo alto de un arroyo orientado al norte, se concentren en poco más de 2 o 3 hectáreas un buen número de pies de Acebo bajo el dosel del castañar. Numerosos ejemplares viejos con el cuerpo plagado de muñones originados por el desgaje de las ramas al apear los castaños y muchos ejemplares juveniles de rebrote. Tengo pocas dudas de que los acebos aquí terminarían formando una acebeda densa en pocas décadas si la explotación del castañar se lo permitiera.

Sierra de Gata. Cáceres

 
Sierra de Gata. Cáceres.

En la cara sur de la Sierra de Béjar, aunque en la provincia de Salamanca, se localiza una acebeda que todavía impresiona, pese a sufrir un continuo aclareo para conseguir más pastos para el ganado. Ya se ha fragmentado en varios parches y si no se remedia poco a poco irán desapareciendo los parches uno detrás de otro. Es lo que tiene vivir en la frontera. Aunque uno siempre va preparado para lo peor cuando visita este lugar (acebos anillados, lazos ilegales, etc.) siempre termino embelesado. Aunque por muy poquito, un pequeño fragmento de esta maravilla se encuentra dentro de la provincia de Cáceres. Si en Castilla y León esta formación no sobresale, teniendo en cuenta las acebedas que mantiene esta Comunidad, este pequeño fragmento cacereño es sin dudas una de las joyas de la flora extremeña. Aquí los acebos son la especie dominante, creando una masa densa y oscura con un sotobosque muy pobre. Acompañan al Acebo, avellanos, abedules, saúcos, majuelos y sauces.
 
Uno de los fragmentos supervivientes. Sierra de Béjar. Salamanca.

Incluso, siendo generosos, podríamos incluir una pequeña formación de acebos integrada en una aliseda de la sierra de Gredos en Losar de la Vera. Pero no es conveniente abusar.

jueves, 17 de abril de 2014

Buscando al Macho de las Ceborrinas por Losar de la Vera.


Verónica de las fuentes (Veronica serpyllifolia)
 
Me había acercado a buscar una población de Campanones (Narcissus pseudonarcissus) de la que me había hablado una persona de Losar de la Vera, aunque sin muchas indicaciones pues quedamos en llamarnos por teléfono. A pesar de no poder contactar con la persona que conocía esta población decidí visitar la zona yo solo.

Cuando atravesaba el robledal de camino a la sierra se me cruzó una piara de cabras serranas y me paré a ver si veía al cabrero. Casi inmediatamente apareció un hombre de edad indeterminada entre los 50 y 60 años, pequeño, fibroso, con la cara renegrida y llena de surcos profundos. Sus ojos azules transmitían amabilidad, lejos de esas miradas hoscas tan frecuentes. Debió de ser rubio pero ya era “pelicano”. Me fijé en sus piernas, las tenía arqueadas, con las rodillas deformadas de años de subir y bajar “barreras muy repentinas”.

-Buenos días, ¡vaya calor que hace!

-Buenos días. Ya es que no hay más que invierno y verano.

-Vengo a buscar los campanones amarillos que hay por aquí.

-De esos ya casi no quedan, lo hemos desvastao todo. Este bicho es el más malo de todos (mientras miraba a sus cabras). En la sierra todavía los pues encontral, pero esos aún no han salío, esos van con la nieve.

-Esos ya los dejo para más adelante. Ahora quería ver los que hay por aquí.

-Mira dil a los asientos que hay donde se acaba la pista, por allí mismo los había. Alguno tie que quedal. Estos son los machos de las ceborrinas, ¿los sabías?

- La verdad es que no. ¿Se usaban para curar al ganao?

-Eso no se usaba paná, eso son otras yerbas. Las ceborrinas son como una yerbecina que da como una cebollina de la que sale una campana amarilla mu chiquinina. Son muy abundantes. Los otros son más grandes y tienen una buena cebolla.

Mientras asociaba las Ceborrinas con los Narcissus bulbocodium (esos diminutos de los cervunales que una vez se llamaron Narcissus nivalis) apareció un todoterreno tipo Paris-Dakar. Imagino que irían buscando un charco para ensuciar de barro el coche antes de volver a casa.

-Bueno voy a vel que quieren esos artistas.

-Adiós.

Hierba lechera (Polygala microphylla)

Pese a encontrar muchas Ceborrinas y algunos Narcissus rupicola, no vi ni rastro del Macho de las Ceborrinas. Aproveché para hacer otras cosas y de paso tomé algunas fotos a dos de las plantas más bonitas que hay por estas zonas: la Verónica de las fuentes (Veronica serpyllifolia) y la Hierba lechera (Polygala microphylla).

lunes, 7 de abril de 2014

UNA DE AVUTARDAS.


 
Avutarda apareciendo entre la bruma del amanecer.

Este fin de semana les he dedicado una jornada a las avutardas cerca de casa. Me he acordado mucho de Agustín Mogena. Él siempre me ha comentado que lo realmente bonito de las avutardas es el establecimiento de la jerarquía. Yo, como mero aficionado, siempre había pensado que ese comentario era la típica frikada del experto, que lo bonito era el cortejo, que es lo que busca la gente, ruedas, cópulas y todo eso.
 
Grupo de machos en formación antes de iniciar una carga cerro arriba a la carrera. El primero de abajo parece amenazar a los machos del cerro



Pero resulta que mirando las avutardas empecé a ver ese juego de los machos, casi un deporte y, aunque lo más duro de estas contiendas ya ha pasado, aún bailan algunas posiciones en el escalafón. Aún con mi absoluto desconocimiento de las reglas de estas contiendas, no pude dejar de disfrutar con una partida de unos 18-20 machos, que distribuidos casi como una formación militar realizaban cargas arriba y abajo de los cerros, en perfecta sincronía, unas veces andando y otras a la carrera. En los extremos de las zonas que eran barridas por estos machos había otros pequeños grupos de machos, que reaccionaban con la típica postura de amenaza. A veces eso era suficiente y la ofensiva se detenía, otras los defensores retrocedían y al menos un par de veces parece que en una vaguada pudo haber más que palabras (aunque fuera de nuestra vista).

 

Macho amenazando a los machos que ascienden a la carrera hacia ellos.



De vuelta al combate.


El juego se prolongó durante varias horas de carreras y vuelos cortos, lo que provocó continuos jadeos entre los participantes, que apenas paraban un momento a picotear comida y a intentar reparar pequeños daños en su plumaje. La partida acabó bruscamente cuando apareció un joven de Águila real y toda la gallardía se fue a pique indecorosamente y todos aquellos aguerridos machos huyeron como grandes gallinas en todas direcciones.
La conclusión: siempre hay que hacer caso a un experto, sobre todo si es de los de verdad.


 

jueves, 20 de marzo de 2014

Primavera en Las Villuercas (Cáceres).


Primula veris

19 de marzo, oigo y veo unos machos de Corzo ladrando, parece mentira el ruido que emite un animal tan pequeño. Lo del Corzo empieza a tener su aquel, sin buscarlo veo 6 durante la mañana. Hay un Chochín cada 10 pasos, un Picapinos ha elegido un castaño hueco para tamborilear, son realmente macarras estos pájaros. En el cielo veo el primer Halcón abejero del año y resuena el habitual estruendo de los F-18 o los Thyphoons del Ejército del Aire en sus ejercicios. Nunca me ha parecido este un buen sitio para estas máquinas con tanto buitre volando por la zona pero, por otro lado, si algo va mal sólo caerán sobre un pequeño pueblo cacereño o toledano…

Gagea soleirolii

Todavía se mantienen los narcisos en flor como último acontecimiento del invierno, aunque veo cuatro de ellos en plena floración (Narcissus triandrus, N. bulbocodium, N. rupicola y N. pseudonarcissus), ya son otras las especies que empiezan a dominar el panorama en los robledares de Las Villuercas.

Centaurea toletana poniéndose guapa.

Las flores amarillas de la Gagea soleirolii son la avanzadilla, junto con la Primula veris y algunas Saxifraga granulata. La Centaurea toletana, por otra parte, parece despertar de su letargo y ya está cambiando sus hojas invernales por las definitivas, pero todavía queda mucho para que la veamos en flor. No es mucho de momento, pero la floración primaveral ha comenzado. Por cierto, ¡qué calor!

domingo, 16 de marzo de 2014

El Avión Roquero. Crag Martin (Ptyonoprogne rupestris).


Avión roquero en un puente de Los Ibores (Cáceres).
 

No podemos decir que sea un ave espectacular, de hecho es difícil encontrar un esquema cromático más anodino. Si sus parientes parece que vienen de la ópera, el Avión roquero parece recién salido del huerto. Tampoco le ayuda en esto su mayor corpulencia, que le resta la gracilidad de golondrinas y otros aviones.

Con todo, si la Golondrina común es la campeona absoluta del vuelo rasante, el Avión roquero es el rey supremo del vuelo lamiendo las rocas. No conozco otra especie capaz de volar a tanta velocidad a escasos centímetros de la roca, ya sea verticalmente u horizontalmente. Ninguna capaz de cazar esos insectos que los vientos arrastran y atrapan en las paredes verticales de roca o edificios altos.

Hubo un tiempo en el que el Avión roquero era para mí sinónimo de sierras llenas de cantiles y roquedos. Pero su cada vez más extendida costumbre de anidar en construcciones humanas hizo tambalear esa idea. Idea que saltó por los aires un verano en Sierra Nevada (Granada), cuando me enseñaron una colonia de aviones comunes a casi 3000 m. Pero sería injusto no reconocer que se trata de una de esas especies que hacen paisaje, porque a una sierra sin los vuelos rasantes y los reclamos chirriantes de los Aviones roqueros le faltaría algo.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El conejito del ICONA.





Esta mañana me he cruzado con este viejo cartel y no he podido evitar parar para hacerle una foto. He pasado muchas veces delante de él, pero hoy lo he visto tan deteriorado que sin darme cuenta he debido pensar “ahora o nunca”.

Luego, mientras conducía, he ido pensando en cómo aquella organización casi paramilitar que fue el ICONA no tenía reparos en hacer carteles con un conejito como mascota. El padre de un amigo del colegio era Guarda del ICONA, debía ser alguien importante porque en aquellos años tenía un Land Rover, pero sobretodo tenía una colección de guías de campo editadas por el propio Instituto que eran un auténtico tesoro para mí. Como lo fueron aquellos carteles de rapaces, aves insectívoras y otras especies amenazadas (dibujos de Cerra, creo, hoy claramente superados) y las cajas nido, por supuesto.

Aquella gente, con su casi absoluto desprecio por todo lo que no fueran pinos o caza era, sin embargo, capaz de intentar fomentar el amor (o, cuanto menos, simpatía) por la Naturaleza y no eran aquellos tiempos para brindis al sol.

Hoy los bosques y montes están plagados de carteles, ya no hay conejitos, hay banderas, logotipos, cantidades de dinero, etc. Que se vea cuánto nos importa la Naturaleza. También hay señales y multitud de carteles, cada uno con un diseño diferente y que muchas veces se solapan. Se editan infinidad de libros sobre el paraíso. Hay que INTERPRETAR la Naturaleza y sus templos son los Centros de Interpretación.

Aquellos señores ingenieros del ICONA, encantados de haberse conocido, podrían estar acomplejados con otras ramas de la Ingeniería, pero desde luego su trabajo lo tenían en una alta consideración, conejito incluido. No creo que pase lo mismo con mucha gente que trabaja hoy día en cuestiones de conservación de la Naturaleza, en todos sus ámbitos.

Qué pasó con la conservación como un fin, ahora parece que la Naturaleza debe ser conservada como fuente inmediata de recursos económicos, para así explotarla al máximo. Los pájaros son importantes porque podemos pescar a guiris forrados de dinero, los paisajes son importantes para que esos urbanitas bien remunerados ocupen todas nuestras casas rurales y hoteles. Todo esto está muy bien, estoy de acuerdo, pero sin respeto, conocimiento y amor hacía esa Naturaleza, todo acaba pareciendo falso y forzado, vaya, que se nos ve el plumero.
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