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miércoles, 12 de marzo de 2014

El conejito del ICONA.





Esta mañana me he cruzado con este viejo cartel y no he podido evitar parar para hacerle una foto. He pasado muchas veces delante de él, pero hoy lo he visto tan deteriorado que sin darme cuenta he debido pensar “ahora o nunca”.

Luego, mientras conducía, he ido pensando en cómo aquella organización casi paramilitar que fue el ICONA no tenía reparos en hacer carteles con un conejito como mascota. El padre de un amigo del colegio era Guarda del ICONA, debía ser alguien importante porque en aquellos años tenía un Land Rover, pero sobretodo tenía una colección de guías de campo editadas por el propio Instituto que eran un auténtico tesoro para mí. Como lo fueron aquellos carteles de rapaces, aves insectívoras y otras especies amenazadas (dibujos de Cerra, creo, hoy claramente superados) y las cajas nido, por supuesto.

Aquella gente, con su casi absoluto desprecio por todo lo que no fueran pinos o caza era, sin embargo, capaz de intentar fomentar el amor (o, cuanto menos, simpatía) por la Naturaleza y no eran aquellos tiempos para brindis al sol.

Hoy los bosques y montes están plagados de carteles, ya no hay conejitos, hay banderas, logotipos, cantidades de dinero, etc. Que se vea cuánto nos importa la Naturaleza. También hay señales y multitud de carteles, cada uno con un diseño diferente y que muchas veces se solapan. Se editan infinidad de libros sobre el paraíso. Hay que INTERPRETAR la Naturaleza y sus templos son los Centros de Interpretación.

Aquellos señores ingenieros del ICONA, encantados de haberse conocido, podrían estar acomplejados con otras ramas de la Ingeniería, pero desde luego su trabajo lo tenían en una alta consideración, conejito incluido. No creo que pase lo mismo con mucha gente que trabaja hoy día en cuestiones de conservación de la Naturaleza, en todos sus ámbitos.

Qué pasó con la conservación como un fin, ahora parece que la Naturaleza debe ser conservada como fuente inmediata de recursos económicos, para así explotarla al máximo. Los pájaros son importantes porque podemos pescar a guiris forrados de dinero, los paisajes son importantes para que esos urbanitas bien remunerados ocupen todas nuestras casas rurales y hoteles. Todo esto está muy bien, estoy de acuerdo, pero sin respeto, conocimiento y amor hacía esa Naturaleza, todo acaba pareciendo falso y forzado, vaya, que se nos ve el plumero.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Charcones temporales de la Sierra de Gata (Cáceres).



Aunque ese día tenía otro objetivo, objetivo que se estaba haciendo de rogar, no pude evitar pararme un rato delante de este encharcamiento de la Sierra de Gata (Cáceres) rodeado de brezal, fruto de la lluvia y un poco de nieve. No muy lejos de allí encontré a la rara Lycopodiella inundata como ya comenté en este blog aquí y me picó la curiosidad.

Sin botas de agua, en pleno invierno y con el terreno totalmente saturado de agua, era digno de un suicida intentar llegar hasta su orilla, así que me tuve que conformar con una observación rápida y a una distancia prudencial. Aunque las plantas están aún en desarrollo, se observan ya algunos juncos enanos (Juncus capitatus), hierbas estrellas de agua (Callitriche brutia o C. stagnalis) y lo que parecen cabelleras de agua (Eleocharis acicularis).

A más de uno puede sorprender que, pese a su insignificancia, este tipo de charcones, Estanques Temporales Mediterráneos, estén incluidos entre los Hábitats de Interés Comunitario recogidos por la Directiva Hábitat con la categoría de Prioritario. Pero resulta que algunos de ellos son los únicos refugios para un grupo de pequeños helechos anfibios muy amenazados.

A mí la verdad, lo que me sorprende es su belleza y, aunque las plantas todavía no han alcanzado su desarrollo definitivo, ya me parece uno de esos acuarios de plantas de tipo holandés o japonés magistralmente plantados. Al final de primavera la comunidad ya será casi anfibia, las plantas florecerán y cuando llegue el verano todo esto se acabará, tal vez algunos juncos puedan aguantar hasta el otoño con la humedad del suelo, pero lo más probable es que no quede aquí más que barro reseco. Precisamente este carácter efímero es lo que da valor a este hábitat, le confiere su carácter mediterráneo, por mucho que estemos en la sierra más atlántica de Extremadura.

sábado, 22 de febrero de 2014

¿Los tiempos están cambiando?


Buitre leonado desde el famoso "balcón de los buitres" del Castillo de Monfragüe.


Ahora que se acerca la FIO 2014 de Monfragüe es un buen momento para acordarse del Buitre leonado. Para una gran parte de los pajareros que visiten Monfragüe no estará entre sus prioridades, antes lo serán las águilas imperiales, las águilas reales, las águilas perdiceras, los buitres negros, los búhos reales, las chovas piquirrojas…los gorriones, etc. Sin embargo, son las enormes concentraciones de buitres leonados las que más llaman la atención de los visitantes no pajareros, que seguramente sean mayoría y “simplemente” buscan un espectáculo natural. Y realmente Monfragüe sin leonados estaría desconocido.


El Buitre leonado, junto con la Cigüeña blanca y el Milano negro forman un grupo de especies que, a fuerza de resistirse a desaparecer, están empezando a abanderar una categoría de aves sospechosas. Una categoría para especies que han pasado de ser ojito derecho a juanete, incluso para algunos conservacionistas. Parece que hoy día si no estás al borde de la extinción eres un problema. Hace años escuché a un experto en rapaces que se sentía preocupado por la recuperación del Águila real, ¡el Águila real!

martes, 18 de febrero de 2014

Buscando asturianos por Cáceres.


Vista del entorno de una población de Narcissus minor subsp asturiensis en la Sierra de Gata (Cáceres).

En una entrada anterior de este blog ya comenté que el Narciso asturiano (Narcissus minor subsp asturiensis) era un magnífico ejemplo que nos permitía reconstruir la ruta que debió seguir una buena parte de la flora atlántica que hoy día encontramos en el Sistema Central: desde los Pirineos (subespecie minor), por la Cordillera Cantábrica, pasando por las montañas leonesas y del norte de Portugal hasta la Serra da Estrela, en el extremo occidental del Sistema Central, y desde allí hasta Gredos, que debido a su mayor continentalidad parece ser su límite oriental.

Narcissus minor subsp. asturiensis. Sierra de Gata (Cáceres).

Han pasado ya más de 15 años desde que observé por primera vez esta especie en Extremadura (debajo de unos abedules, como debe ser). Desde entonces, apenas se ha podido sumar un minúsculo puñado de poblaciones en la Sierra de Gata y en la Tras La Sierra, ya casi en Gredos. Estoy convencido de su presencia en las Hurdes Altas, pues en la salmantina Sierra de Francia he podido observar a este narciso muy cerca de esa comarca. Lugares no le faltan, aunque no son ni mucho menos abundantes o accesibles.

Al final, en esto de buscar plantas uno se comporta como uno de esos pescadores con mosca que tratan de meterse en la cabeza de su adversario intentando anticipar su respuesta. Esto te puede hacer un buen pescador o un paranoico. De momento, con estos asturianos parece que funciona buscar un trocito de Asturias por las sierras del norte de Cáceres.

sábado, 8 de febrero de 2014

Plantas de las paredes calizas de Valdecañas (Cáceres).


Mucizonia hispida. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Los desalmados que desde Bruselas redactan las Directivas decidieron un buen día que había que proteger no sólo las especies, sino también sus hábitats. Esto está muy bien y lo firmaría cualquiera que ame la Naturaleza. Creo que eso precisamente es lo que les dio vergüenza a estos seres grises sin corazón y por ello decidieron crear el famoso Anexo I de la Directiva Hábitat. Habían tenido su momento de debilidad y ahora lo pagaríamos todos.
 
Sedum sediforme. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Incluso intentando ser benevolente con la traducción, toda aquella persona que se acerque a disfrutar de las plantitas que crecen en un cantil calizo deberá saber que está ante un Hábitat de Interés Comunitario, ni más ni menos que las “Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica”, más conocidas como Código 8210. Con ese nombre cualquiera se las llevaría a casa, enternecido de manera irresistible.

Asplenium ceterach. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Esto es una Directiva, ¡qué coño!, que se note que es un documento muy formal, muy técnico...y muy ambiguo. Los Bruselianos intentaron dotarse de un extremado rigor y decidieron seguir las leyes de la Fitosociología, que ya lo tenía todo bien compartimentado. La Naturaleza no conoce de compartimentos y los Bruselianos no conocen de fitosociología. El resultado fue conmovedor…y comenzaron a aparecer los famosos Manuales de Interpretación en un intento para que los humanos podamos interpretar el pensamiento Bruseliano.

 Eso de las pendientes daría para una novela de Dostoyevsky. Sea como sea, en la provincia de Cáceres hay pocos lugares donde podamos disfrutar de este tipo de hábitat y para mí el mejor está en las calizas cámbricas de Valdecañas.


Coronilla glauca y detrás de ella Phagnalon saxatile. Valdecañas de Tajo, Cáceres.
 
Allí, a la consabida comunidad de helechos de las fisuras de las rocas calizas, con Cheilantes acrostica y Asplenium ceterach como especies más comunes, podemos unir dos plantas crasas de gran belleza, Sedum sediforme y Mucizonia hispida, que colonizan fisuras y repisas menos húmedas y la pequeña Galium verrucosum de florecillas blancas, que en Cáceres sólo se conoce en intercalaciones básicas. Tenemos también un grupo de especies asociadas a la roca, que podemos encontrar igualmente en los berrocares graníticos cercanos, como Antirrhinum graniticum, Phagnalon saxatile, Rumex induratus o Umbilicus rupestris. Finalmente, aunque no son propiamente especies de este hábitat, procediendo de los inmediatos a él, destacan por su belleza algunos ejemplares enriscados de Coronilla glauca (muy, muy rara en Cáceres), Narcissus cantabricus o Delphinium staphisagria.



 
 

 

 

 

 

miércoles, 29 de enero de 2014

TIEMPO DE TROMPONES.



Narcisos trompones en la Sierra de San Pedro (Cáceres).

Ya están en flor los narcisos trompones (Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis), una de las primeras alegrías que uno se lleva cada año. En realidad llevan en flor desde el mes de diciembre, con los narcisos pacenses y algunos de la Sierra de San Pedro como avanzadilla, y podremos disfrutarlos hasta finales de abril, cuando los últimos ejemplares de Gredos se marchiten.

La niebla no es rara en los riscos de los trompones. Sierra de San Pedro (Cáceres).
Este año he vuelto a Magacela (Badajoz), en lo que empieza a convertirse en una tradición, a ver si conseguía dar con algún ejemplar, pero no hubo suerte. En 1978 D. José Luis Pérez Chiscano localizó allí una población de esta especie, en lo que era claramente un enclave relíctico y una auténtica joya para la biogeografía de esta especie. He podido hablar con el propio Chiscano recientemente sobre esta población y me comentó que ya entonces era muy rara, aunque no recuerda cuando dejo de verla en la zona. He encontrado una cita suya de febrero de 1985, que podemos considerar la cita más reciente conocida. Esta localidad se trata del enclave más árido y extraño para esta especie en Extremadura y todavía me resisto a darla como desaparecida.

Hábitat del Narciso trompón en Sierra de San Pedro (Cáceres).

La población de las Sierras Centrales de Badajoz y las de la Sierra de San Pedro comparten con la de Magacela su hábitat, asociado a repisas y fisuras terrosas de cantiles cuarcíticos con orientación norte. A diferencia de las de Magacela, las primeras son mucho más húmedas y no son raras allí las nieblas que aportan mayor humedad al ambiente. Al menos durante el invierno, estos cantiles son los lugares más frescos y húmedos de la sierra y aparecen tapizados de helechos, musgos y hepáticas.
 
Trompones en el sotobosque de un castañar del Ambroz (Cáceres).


La comarca de las Villuercas está a caballo entre la Extremadura mediterránea y la supramediterránea y aquí podemos encontrar poblaciones de narcisos trompones en ambientes similares a los de la Sierra de San Pedro (rupícolas en cuarcitas) o en bosques de robles como en la Sierra de Gata o Gredos. Finalmente tenemos las poblaciones del Sistema Central, asociadas a robledales y castañares frescos en Sierra de Gata y Gredos o a praderas húmedas de montaña (cervunales) en Gredos.
Narcisos trompones y Narcissus bulbocodium en un cervunal de Gredos (Cáceres).
Desde el borde de los llanos de La Serena a los antiguos circos glaciares de Gredos. No es de extrañar que ante semejante diversidad de ambientes surgieran diferencias morfológicas entre las distintas poblaciones, algo que ha traído de cabeza a los especialistas. El más claro de todos fue Pugsley que en 1933 lo denominó Narcissus confusus. Incluso entre años es posible encontrar diferencias morfológicas de tamaño y coloración, algo que añade mayor atractivo, si eso es posible, a esta especie.

jueves, 23 de enero de 2014

Asplenium septentrionale



Asplenium septentrionale. Tornavacas, Cáceres. 2000 m.


Podemos dejarnos impresionar por el nombre pero, aunque es cierto que la especie ocupa buena parte del norte del Hemisferio Norte, ocupa también latitudes meridionales, asociado a la alta montaña, eso es cierto. Existen citas de la especie en el Alto Atlas marroquí e incluso en el Monte Teide, en las Islas Canarias. En Norteamérica, por otro lado, resulta mucho menos abundante y aparece asociado básicamente a las Montañas Rocosas, con escasas poblaciones aisladas fuera de esa zona. Tan raro, que en todo el estado de Oregón, con una superficie cercana a la mitad de la Península Ibérica, sólo se conocen poco más de 1100 matitas de este helecho.


Precisamente esta distribución, con tanta población aislada, ha dado lugar a la aparición de partidarios de esta especie como antigua reliquia de las últimas glaciaciones, pero, al tiempo, también de defensores de la especie como un reciente colonizador de las montañas. Parece claro que cumple con requisitos de una reliquia de los nunatak (ver entrada anterior relacionada), con poblaciones claramente diferenciables compuestas de individuos casi idénticos, pero la aparición de poblaciones aisladas en Tenerife o California, entre otros lugares, complica el asunto. El blanco y el negro se usan poco en la Naturaleza.

 En la mitad sur de la Península Ibérica sólo puede encontrase en Gredos, Guadarrama, muy puntualmente en Montes de Toledo y Sierra Nevada. En Extremadura sólo la he podido observar en las zonas más altas: entorno del Torreón (>2300 m), entorno de la Covacha (>2300 m) y cabecera de La Serrá (>1900 m).

 Existe otra cita publicada de la especie para Extremadura. En 1925 Rivas Goday la citó en fisuras cuarcíticas a unos 1500 m en los alrededores del Pozo de la Nieve en La Villuerca (Cáceres), pero Rivas Martínez y Ladero no consiguieron dar con ella en 1971. Una cita más de una especie norteña hallada en este punto hace unos 100 años y que hoy día no se han vuelto a localizar.


En el Gredos extremeño forma parte de una comunidad de plantas que habitan fisuras de rocas en zonas de cumbre por encima de los 2000 m (piso oro y crioromediterráneo). Uno de los ambientes más duros de la sierra, donde sólo sobreviven las especies adaptadas a soportar temperaturas extremas y un cierto grado de aridez. Se trata, además, de uno de sus hábitats más valiosos por su riqueza en endemismos gredenses: Antirrhinum grosii, Saxifraga pentadactylis subsp. almanzorii, Alchemilla serratisaxatilis, Armeria rivasmartinezii, Doronicum kuepferi, etc.
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