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martes, 18 de febrero de 2014

Buscando asturianos por Cáceres.


Vista del entorno de una población de Narcissus minor subsp asturiensis en la Sierra de Gata (Cáceres).

En una entrada anterior de este blog ya comenté que el Narciso asturiano (Narcissus minor subsp asturiensis) era un magnífico ejemplo que nos permitía reconstruir la ruta que debió seguir una buena parte de la flora atlántica que hoy día encontramos en el Sistema Central: desde los Pirineos (subespecie minor), por la Cordillera Cantábrica, pasando por las montañas leonesas y del norte de Portugal hasta la Serra da Estrela, en el extremo occidental del Sistema Central, y desde allí hasta Gredos, que debido a su mayor continentalidad parece ser su límite oriental.

Narcissus minor subsp. asturiensis. Sierra de Gata (Cáceres).

Han pasado ya más de 15 años desde que observé por primera vez esta especie en Extremadura (debajo de unos abedules, como debe ser). Desde entonces, apenas se ha podido sumar un minúsculo puñado de poblaciones en la Sierra de Gata y en la Tras La Sierra, ya casi en Gredos. Estoy convencido de su presencia en las Hurdes Altas, pues en la salmantina Sierra de Francia he podido observar a este narciso muy cerca de esa comarca. Lugares no le faltan, aunque no son ni mucho menos abundantes o accesibles.

Al final, en esto de buscar plantas uno se comporta como uno de esos pescadores con mosca que tratan de meterse en la cabeza de su adversario intentando anticipar su respuesta. Esto te puede hacer un buen pescador o un paranoico. De momento, con estos asturianos parece que funciona buscar un trocito de Asturias por las sierras del norte de Cáceres.

sábado, 8 de febrero de 2014

Plantas de las paredes calizas de Valdecañas (Cáceres).


Mucizonia hispida. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Los desalmados que desde Bruselas redactan las Directivas decidieron un buen día que había que proteger no sólo las especies, sino también sus hábitats. Esto está muy bien y lo firmaría cualquiera que ame la Naturaleza. Creo que eso precisamente es lo que les dio vergüenza a estos seres grises sin corazón y por ello decidieron crear el famoso Anexo I de la Directiva Hábitat. Habían tenido su momento de debilidad y ahora lo pagaríamos todos.
 
Sedum sediforme. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Incluso intentando ser benevolente con la traducción, toda aquella persona que se acerque a disfrutar de las plantitas que crecen en un cantil calizo deberá saber que está ante un Hábitat de Interés Comunitario, ni más ni menos que las “Pendientes rocosas calcícolas con vegetación casmofítica”, más conocidas como Código 8210. Con ese nombre cualquiera se las llevaría a casa, enternecido de manera irresistible.

Asplenium ceterach. Valdecañas de Tajo, Cáceres.


Esto es una Directiva, ¡qué coño!, que se note que es un documento muy formal, muy técnico...y muy ambiguo. Los Bruselianos intentaron dotarse de un extremado rigor y decidieron seguir las leyes de la Fitosociología, que ya lo tenía todo bien compartimentado. La Naturaleza no conoce de compartimentos y los Bruselianos no conocen de fitosociología. El resultado fue conmovedor…y comenzaron a aparecer los famosos Manuales de Interpretación en un intento para que los humanos podamos interpretar el pensamiento Bruseliano.

 Eso de las pendientes daría para una novela de Dostoyevsky. Sea como sea, en la provincia de Cáceres hay pocos lugares donde podamos disfrutar de este tipo de hábitat y para mí el mejor está en las calizas cámbricas de Valdecañas.


Coronilla glauca y detrás de ella Phagnalon saxatile. Valdecañas de Tajo, Cáceres.
 
Allí, a la consabida comunidad de helechos de las fisuras de las rocas calizas, con Cheilantes acrostica y Asplenium ceterach como especies más comunes, podemos unir dos plantas crasas de gran belleza, Sedum sediforme y Mucizonia hispida, que colonizan fisuras y repisas menos húmedas y la pequeña Galium verrucosum de florecillas blancas, que en Cáceres sólo se conoce en intercalaciones básicas. Tenemos también un grupo de especies asociadas a la roca, que podemos encontrar igualmente en los berrocares graníticos cercanos, como Antirrhinum graniticum, Phagnalon saxatile, Rumex induratus o Umbilicus rupestris. Finalmente, aunque no son propiamente especies de este hábitat, procediendo de los inmediatos a él, destacan por su belleza algunos ejemplares enriscados de Coronilla glauca (muy, muy rara en Cáceres), Narcissus cantabricus o Delphinium staphisagria.



 
 

 

 

 

 

miércoles, 29 de enero de 2014

TIEMPO DE TROMPONES.



Narcisos trompones en la Sierra de San Pedro (Cáceres).

Ya están en flor los narcisos trompones (Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis), una de las primeras alegrías que uno se lleva cada año. En realidad llevan en flor desde el mes de diciembre, con los narcisos pacenses y algunos de la Sierra de San Pedro como avanzadilla, y podremos disfrutarlos hasta finales de abril, cuando los últimos ejemplares de Gredos se marchiten.

La niebla no es rara en los riscos de los trompones. Sierra de San Pedro (Cáceres).
Este año he vuelto a Magacela (Badajoz), en lo que empieza a convertirse en una tradición, a ver si conseguía dar con algún ejemplar, pero no hubo suerte. En 1978 D. José Luis Pérez Chiscano localizó allí una población de esta especie, en lo que era claramente un enclave relíctico y una auténtica joya para la biogeografía de esta especie. He podido hablar con el propio Chiscano recientemente sobre esta población y me comentó que ya entonces era muy rara, aunque no recuerda cuando dejo de verla en la zona. He encontrado una cita suya de febrero de 1985, que podemos considerar la cita más reciente conocida. Esta localidad se trata del enclave más árido y extraño para esta especie en Extremadura y todavía me resisto a darla como desaparecida.

Hábitat del Narciso trompón en Sierra de San Pedro (Cáceres).

La población de las Sierras Centrales de Badajoz y las de la Sierra de San Pedro comparten con la de Magacela su hábitat, asociado a repisas y fisuras terrosas de cantiles cuarcíticos con orientación norte. A diferencia de las de Magacela, las primeras son mucho más húmedas y no son raras allí las nieblas que aportan mayor humedad al ambiente. Al menos durante el invierno, estos cantiles son los lugares más frescos y húmedos de la sierra y aparecen tapizados de helechos, musgos y hepáticas.
 
Trompones en el sotobosque de un castañar del Ambroz (Cáceres).


La comarca de las Villuercas está a caballo entre la Extremadura mediterránea y la supramediterránea y aquí podemos encontrar poblaciones de narcisos trompones en ambientes similares a los de la Sierra de San Pedro (rupícolas en cuarcitas) o en bosques de robles como en la Sierra de Gata o Gredos. Finalmente tenemos las poblaciones del Sistema Central, asociadas a robledales y castañares frescos en Sierra de Gata y Gredos o a praderas húmedas de montaña (cervunales) en Gredos.
Narcisos trompones y Narcissus bulbocodium en un cervunal de Gredos (Cáceres).
Desde el borde de los llanos de La Serena a los antiguos circos glaciares de Gredos. No es de extrañar que ante semejante diversidad de ambientes surgieran diferencias morfológicas entre las distintas poblaciones, algo que ha traído de cabeza a los especialistas. El más claro de todos fue Pugsley que en 1933 lo denominó Narcissus confusus. Incluso entre años es posible encontrar diferencias morfológicas de tamaño y coloración, algo que añade mayor atractivo, si eso es posible, a esta especie.

jueves, 23 de enero de 2014

Asplenium septentrionale



Asplenium septentrionale. Tornavacas, Cáceres. 2000 m.


Podemos dejarnos impresionar por el nombre pero, aunque es cierto que la especie ocupa buena parte del norte del Hemisferio Norte, ocupa también latitudes meridionales, asociado a la alta montaña, eso es cierto. Existen citas de la especie en el Alto Atlas marroquí e incluso en el Monte Teide, en las Islas Canarias. En Norteamérica, por otro lado, resulta mucho menos abundante y aparece asociado básicamente a las Montañas Rocosas, con escasas poblaciones aisladas fuera de esa zona. Tan raro, que en todo el estado de Oregón, con una superficie cercana a la mitad de la Península Ibérica, sólo se conocen poco más de 1100 matitas de este helecho.


Precisamente esta distribución, con tanta población aislada, ha dado lugar a la aparición de partidarios de esta especie como antigua reliquia de las últimas glaciaciones, pero, al tiempo, también de defensores de la especie como un reciente colonizador de las montañas. Parece claro que cumple con requisitos de una reliquia de los nunatak (ver entrada anterior relacionada), con poblaciones claramente diferenciables compuestas de individuos casi idénticos, pero la aparición de poblaciones aisladas en Tenerife o California, entre otros lugares, complica el asunto. El blanco y el negro se usan poco en la Naturaleza.

 En la mitad sur de la Península Ibérica sólo puede encontrase en Gredos, Guadarrama, muy puntualmente en Montes de Toledo y Sierra Nevada. En Extremadura sólo la he podido observar en las zonas más altas: entorno del Torreón (>2300 m), entorno de la Covacha (>2300 m) y cabecera de La Serrá (>1900 m).

 Existe otra cita publicada de la especie para Extremadura. En 1925 Rivas Goday la citó en fisuras cuarcíticas a unos 1500 m en los alrededores del Pozo de la Nieve en La Villuerca (Cáceres), pero Rivas Martínez y Ladero no consiguieron dar con ella en 1971. Una cita más de una especie norteña hallada en este punto hace unos 100 años y que hoy día no se han vuelto a localizar.


En el Gredos extremeño forma parte de una comunidad de plantas que habitan fisuras de rocas en zonas de cumbre por encima de los 2000 m (piso oro y crioromediterráneo). Uno de los ambientes más duros de la sierra, donde sólo sobreviven las especies adaptadas a soportar temperaturas extremas y un cierto grado de aridez. Se trata, además, de uno de sus hábitats más valiosos por su riqueza en endemismos gredenses: Antirrhinum grosii, Saxifraga pentadactylis subsp. almanzorii, Alchemilla serratisaxatilis, Armeria rivasmartinezii, Doronicum kuepferi, etc.

jueves, 16 de enero de 2014

Vamos al grano. Pajareando en las Vegas Altas (Cáceres/Badajoz).




La Grulla es la auténtica estrella de esta zona.

Vaya de entrada que no soy un twitcher, esa rama casi atlética de los pajareros que cada día se hace más popular. Me falta disciplina y me disperso demasiado en el campo. Pero una o dos veces al año uno decide liarse la manta a la cabeza y darse un banquete ornitológico.




Bando de Correlimos común.

Viviendo en Extremadura lo obvio sería visitar Monfragüe y alrededores, Llanos de Cáceres o La Serena resultarían igualmente interesantes e incluso la sierra de Gredos podría ser tentadora. Pero no va por ahí la cosa.

Con el paladar de gourmet que se adquiere con los años, uno ya va teniendo sus querencias claras. Si de ver pájaros se trata vamos al grano, nunca mejor dicho. Hay que olvidarse de paisajes grandiosos y de Naturaleza inalterada. Por desgracia, los pájaros son tan prosaicos como las personas y están allí donde hay comida, no importa mucho si es fast food.


Labores de fangueo o sirviendo la mesa.

Puede que no guste un terreno llano repleto de infraestructuras para el riego, con sus canales, caminos de servicio, líneas eléctricas, pueblos de colonización, silos, etc. Seguramente tampoco guste tener que ir a ese lugar en invierno, cuando uno puede llegar a descubrir que en la tórrida Extremadura el frío se te puede meter hasta los huesos, para convertirte en un triste ser tembloroso y moqueante.


Aguiluchos laguneros y pálidos entrando a un dormidero.

La combinación de rastrojeras de maíz, arrozales fangueados y embalses de riego rodeados por dehesas de encinas, es la responsable de que esta zona sea un buen destino para miles y miles de aves migratorias. Si unos vienen buscando sol y playa, otros vienen buscando fango y arroz.


Bando de grullas y gansos en un rastrojo de arroz.

Hace unos días dediqué una jornada completa a los pájaros en una zona entre Miajadas (Cáceres) y Navalvillar de Pela (Badajoz) y pude observar 77 especies de aves, que podrían haber sido fácilmente más si hubiera sido ese mi objetivo. Pero lo que busco no es sumar el mayor número de especies, ni siquiera esa rareza que cada año se cuela en la zona, busco el espectáculo natural, la saturación. Disfrutar con bandos de cientos o miles de grullas y gansos, balsas de patos de cuatro dígitos, dormideros con más de 100 aguiluchos o con miles de estorninos negros. Bandos de gorriones morunos que se mueven velozmente y con la perfecta coordinación de un banco de sardinas y zumban al pasarnos por encima. Cientos de gaviotas, cigüeñas blancas, garcetas y garcillas bueyeras siguiendo a los tractores en sus labores. Tablas de arroz repletas de limícolas mostrando los diferentes modos de usar sus distintas combinaciones de patas y picos. En definitiva, verlo todo lleno a rebosar de aves.

martes, 31 de diciembre de 2013

Recuerdos del Trepador azul.


 
Estos días navideños son muy apropiados para ponerse un poco nostálgicos, así que aprovechando unas fotos de Trepador azul me vais a permitir que haga lo propio.

Con 7-8 años, en lo que entonces era 3º de EGB, yo ya era un gran aficionado a escarabajos y mariposas, recogiendo y guardando cualquiera de ellos que encontraba muerto. Aunque era un buen estudiante, ese mismo año incluso recibí un premio en el colegio al final de curso, era también un macarrilla impenitente. Mis peleas eran constantes y mi osadía no conocía límites, peleándome con niños 5 años mayores que yo, aún cuando no era raro que me pusieran un ojo morado o me hicieran sangrar por la nariz de un buen puñetazo. Recuerdo que un día uno de esos niños de 13 años llegó educadamente hasta mi casa persiguiéndome, llamó a la puerta y le dijo a mi madre “mire señora, yo lo único que quiero es pegarle a su hijo” (entonces éramos así de correctos). Cierto que en aquellos momentos yo ya era un aficionado a la Naturaleza, pero de haber seguido así las cosas incluso podría haber llegado a ser un cazador.



En uno de esos sucesos que aparentemente son intrascendentes puede que mi suerte cambiara y de ser un viril cazador he pasado a un rarito que busca flores y pajarillos. Así, una de aquellas hepatítis virícas, tan comunes antes, me dejó tres meses en la cama, en reposo absoluto. Entonces reposo absoluto era no salir de la cama en todo el día (sin televisión, tablet, Smartphone o videoconsolas) y con un régimen severísimo que me convirtió de repente en una piltrafilla humana. Sin embargo, mi padre tuvo la feliz idea de regalarme los 11 tomos perfectamente encuadernados de la enciclopedia Fauna del Dr. Rodríguez de la Fuente. No recuerdo cuantas veces me la leí durante aquellos meses. Al volver al colegio ya no era el mismo, no era un angelito, que no hubiera durado dos minutos en aquellos patios feroces de un colegio sólo de chicos, pero me había convertido en una enciclopedia andante de la fauna mundial y mis aficiones desde ese momento quedaron completamente fijadas.


Aquel capítulo 67 del tomo 5.

De todos los volúmenes de Fauna el número 5 era mi preferido y entre sus capítulos siempre terminaba con el de Las Aves de los bosques caducifolios, con una impresionante fotografía de un Trepador azul en su nido. Aquel pajarillo se convirtió en mi Santo Grial. Mi padre de vez en cuando me montaba en el coche y me soltaba unas horas en Monfragüe o me llevaba a las dehesas de Oliva de Plasencia, por lo que pese a no tener prismáticos las cigüeñas negras, grullas, alimoches, buitres y águilas no me eran desconocidos. Sin embargo, aquel Trepador azul no se dejaba ver en mis entonces muy limitadas correrías campestres independientes. Ahora es casi imposible no ver uno cada vez que salgo al campo cerca de Plasencia.

Recuerdo que mi primera observación fue en un robledal del Valle del Jerte, pero a pesar de los años nunca se me ha quitado esa sonrisilla de satisfacción infantil cada vez que me cruzo con uno de estos bonitos pájaros.

                                                                 FELIZ AÑO 2014

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El Roble del Barranquillo de la Plata (Quercus pyrenaica). Losar de la Vera, Cáceres.


Diapositiva del Roble del Barranquillo.


Pocos árboles singulares hay en Extremadura tan alejados de carreteras y caminos principales. El Barranquillo de la Plata no es, sin embargo, un lugar virgen y olvidado. Para llegar hasta él tendremos que dejar atrás tres majadas (la última con el muy serrano nombre de Pie Gordo) y andar un trecho por el antiguo camino de la plata, que cruzaba por el Collado de la Plata en dirección a la antigua mina de plata de Navalonguilla, en la cara norte de la sierra, ya en Ávila.

Tanta actividad serrana seguramente permite explicar la supervivencia de un árbol tan majestuoso en un lugar donde entre el clima y las personas se da poca tregua al arbolado. Quiero imaginar que la ubicación de este árbol junto al manantial donde nace el Regajo de la Plata permitía un refugio frente al terrible sol serrano y por eso fue respetado.

A esta altura, unos 1400 m, los rebollos van dando paso a los piornales y en esta zona en concreto, los suelos escasos de berrocal o berrueco permiten que los enebros desplacen a los robles. Todo esto no parece importar a este gran árbol, instalado cómodamente en una pequeña vaguada que le garantiza agua abundante y algo de refugio frente a los vientos de montaña.

Con todo, este árbol muestra las huellas del paso del tiempo y de una relación no siempre fácil con las personas. Su tronco se eleva hasta los casi 4 m donde se abre en siete gruesos cimales que conformarán la copa de más de 25 m de diámetro, aunque no tan globosa como en otros robles de cotas más bajas y que nos muestra que el árbol está en una fase avanzada de su madurez con la aparición de los primeros síntomas de la vejez. El tronco de 5,25 m de perímetro a 1,30 m se muestra claramente inclinado como consecuencia de la pendiente, lo que explica la corteza de acordeón en su base y sus grandes paquetes de madera de reacción en el lado opuesto, que generan una base de casi 8 m de perímetro. Dos grandes ramas se han desgajado hace muchos años y han originado pudriciones que a buen seguro habrán afectado al tronco, algo totalmente normal en un árbol que seguramente supere los 400 años.
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