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domingo, 13 de octubre de 2013

Narcissus cavanillesii


Narcissus cavanillesii


El otro día andaba buscando Narcisos humildes y no pude evitar darle vueltas al nulo interés que despierta esta especie pese a su rareza. Los botánicos que decidieron dejar atrás lo de Narciso humilde (Narcissus humilis) para renombrarlo Narciso de Cavanilles (Narcissus cavanillesii) tomaron, con seguridad, una acertada decisión de marketing. A nadie le importa una florecilla con un nombre tan escaso de encanto, el problema es que poca gente conoce a Cavanilles, por mucho que sea uno de nuestros más grandes botánicos.

Si partimos de una pequeña y discreta florecilla, le damos el nombre de un personaje antiguo y olvidado, la ponemos a crecer en hábitats tan poco refinados como bordes de caminos y cultivos y la hacemos florecer en otoño, tenemos garantizada la invisibilidad. Esto de la invisibilidad, por otro lado, no está tan mal y le evita más de un problema, pero siempre se corre el riesgo de que nadie se entere de que una de nuestras escasas poblaciones ha pasado a mejor vida.

En Extremadura en estos momentos hay unas 10 poblaciones conocidas (tras eliminar citas erróneas y poblaciones desaparecidas), todas en Badajoz, que suman unos pocos miles de individuos. La distribución mundial de esta especie se completa con un par de pequeñas poblaciones en Portugal, que fueron recolocadas para evitar quedar bajo las aguas de Alqueva (una tercera de hecho paso a mejor vida), las poblaciones andaluzas (Cádiz, Sevilla, Huelva, Málaga y Córdoba), las escasas localidades del norte de Marruecos y una argelina. Todo un imperio, vamos.

Narcissus serotinus


Esta planta produce un híbrido con el abundante Narciso otoñal (Narcissus serotinus) conocido como Narcissus x alentejanus, que llega hasta Valencia (algunos dicen que son un recuerdo de la presencia de Narcissus cavanillesii en la tierra de Cavanilles). Al parecer las barreras reproductivas en esta especie no están muy desarrolladas y dado que Narcissus serotinus rodea a cada población de Narcissus cavanillesii, superándola en proporciones astronómicas, para mí es un misterio que sigua habiendo Narcisos de Cavanilles extremeños y no haya sido absorbido por su pariente.
 
Narcissus x alentejanus
 
Mientras se resuelve esta cuestión, harían bien los botánicos en renombrar esta especie de cara a una futura puesta en valor que permita implementar una batería medidas interdisciplinares de gestión sostenibles, que tiendan puentes para el diálogo sereno entre ambos narcisos. Yo propongo llamarlo Narciso de Iniesta.

martes, 24 de septiembre de 2013

Pie de lobo menor (Lycopodiella inundata). Marsh clubmoss.


Lycopodiella inundata. Sierra de Gata, Cáceres. 1.050 m.
Las Lycopodiáceas son una familia antigua cuyo origen se estima en el Paleozoico, entre 350-400 millones de años. Aunque se incluyen entre los helechos, siempre se las ha considerado unos bichos raros. Sea como sea, sobrevivieron a la gran extinción del Pérmico que acabó con el 95 % de la vida sobre la Tierra, lo que las hace dignas de todos mis respetos.

Fiel a su origen Lycopodiella inundata, es una plantita un poco rara a medio camino entre un musgo y un helecho. Su distribución actual es básicamente circumboreal, aunque de manera dispersa, con escasas localidades en la zona mediterránea y, curiosamente, con presencia en las Azores.

Lycopodiella inundata, también conocida como Pie de lobo menor, es la clásica especie pionera a la que cuesta poco imaginar prosperando en los periodos interglaciares. Su dinámica poblacional se basa en metapoblaciones donde, mientras algunas subpoblaciones se extinguen por alteraciones periódicas, otras aparecen al recolonizar terrenos alterados. El hábitat donde esta planta prospera es un fiel reflejo de su escasa capacidad competitiva, debe permanecer inundado en invierno y primavera para evitar la presencia de hierbas, pero debe secarse en verano, aunque sólo lo justo, suficiente para impedir la presencia de musgos esfagnos, pero no tanto como para que Lycopodiella pase sed. El agua además debe ser ácida y pobre en nutrientes.

Con tantos requerimientos tampoco es de extrañar que en Gran Bretaña, por citar una zona donde está bien estudiada, se conozcan zonas con una reducción de más del 80 % de sus poblaciones desde los años 30 del siglo XX. La situación de esta especie en la región mediterránea es todavía más delicada, fruto de lo que podríamos llamar la paradoja del pionero-relicto. Está muy bien ser pionera y de una estirpe antigua, pero si basas tu juego en una sucesión de extinciones-recolonizaciones debes asegurarte de contar con varias poblaciones a tu alrededor, de modo que, a una extinción le suceda una recolonización. Si no es así, el juego se acaba muy rápido.

En España sólo aparece en Pirineos, Galicia, Sistema Ibérico y Sistema Central y aunque no he localizado ninguna referencia para Extremadura, el ejemplar de la foto es de una pequeña población de la Sierra de Gata cacereña que localizamos en 2002.

domingo, 15 de septiembre de 2013

La Esfinge colibrí del jardín. Macroglossum stellatarum.


La Esfinge colibrí descansando antes de pasar a su dormidero.

Para aquellos que tenemos esa extraña perversión del gusto por las plantas raras y escasas, la Esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum) no es un personaje cualquiera. Más bien se trata de uno de nuestros héroes más queridos. Desde los cantiles cuarcíticos de la Sierras centrales de Badajoz uno de esos fríos y húmedos días invernales sin insectos, hasta los tórridos días de agosto a 2.400 m en un prado de cumbres de Gredos, soportando sol y radiación ultravioleta a cascoporro. En cualquier situación Macroglossum realizando la labor polinizadora de nuestras joyas botánicas con una eficacia digna de un monumento. Duro como un abejorro y con el radio de acción de un pájaro.

Resulta que hace más de una semana que cada noche una de estas mariposas elige nuestro pequeño jardín para pasar la noche. Llega cuando se ha puesto el sol, elige una ramita periférica de abedul o madroño para reposar unos instantes (un predormidero que diríamos si se tratase de un ave) y después vuela a un lugar más protegido en el interior de la copa, donde pasará la noche. Este comportamiento en un insecto, seres que solemos asociar con los robots, da que pensar. Va a resultar que los insectos también tienen su corazoncito, con sus gustos y costumbres. A donde vamos a llegar.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Los alcaudones dorsirrojos extremeños (Lanius collurio).

Bellísimo macho de Alcaudón dorsirrojo en su posadero favorito. Valle del Jerte, Cáceres.

A veces las cosas suceden de la manera más inverosímil. Cuando parece que ya poca gente pone en duda el aumento de la aridez asociado al cambio climático, algo que pondrá a una buena parte de Extremadura al borde del desierto, resulta que una especie de pajarillo de las verdes campiñas eurosiberianas se ha extendido en los últimos años por las montañas del Sistema Central, plenamente dentro de la región mediterránea ibérica, alcanzando Extremadura hace unos pocos años.

 Es conocido que algunas especies eurosiberianas aún están expandiendo su distribución dentro de la Península Ibérica, con el Haya como ejemplo más claro, pero que lo haga una especie que en sus mejores zonas centroeuropeas está en franco retroceso no parece que tenga mucho sentido. Por mucho que su patrón de migración oriental lo convierta en sospechoso de advenedizo recién llegado a la Península Ibérica, las cosas no suelen suceder así. Cuando a una especie le van mal las cosas, lo normal es que las primeras en resentirse sean las poblaciones situadas en las zonas menos adecuadas. Muy mal lo deben estar haciendo en Centroeuropa.

De momento, el Alcaudón dorsirrojo cría en dos zonas de Extremadura (Ambroz y Valle del Jerte) y parece que cada año se ven más aves y en más zonas. Son un puñado, es verdad, pero ya son varios años seguidos y en las mismas zonas, lo que hace pensar que tienen la intención de quedarse.

 
Para saber más de esta especie en Extremadura conviene consultar el blog Aves de Extremadura

lunes, 26 de agosto de 2013

La Boca de Dragón de Gredos (Antirrhinum grosii).




El hecho de que la Boca de Dragón sea una de las plantas más comunes en jardinería, por su fácil cultivo e inagotable capacidad para originar variedades cada vez más espectaculares, y al tiempo sea una de las más estudiadas por su facilidad de hibridación, siendo un modelo clásico en esta cuestión desde los tiempos de Darwin, hace que pasen bastante desapercibidos el resto de los componentes de este género, de carácter eminentemente ibérico.

Es cierto que la especie más popular es Antirrhinum majus, que ocupa básicamente la región alpina (Pirineos y Alpes), pero de las 24 o 25 especies de Antirrhinum sólo 1 es ajena a la Península Ibérica, mientras que 20 son exclusivas de ella. Se trata además de un género con un patrón de especiación muy característico de nuestra península, pues como han demostrado los estudios genéticos más recientes (Vargas et al., 2009) se trata de un género en el que todas las especies se encuentran muy próximas, lo que supone una diferenciación reciente. Se cree que durante el final del Plioceno y el Pleistoceno se formaron por aislamiento geográfico, debido a fuertes variaciones climáticas, un puñado de endemismos con un posible origen en el sureste peninsular. Estos endemismos en época de bonanza climática extenderían sus áreas de distribución iniciando una cadena de contactos e hibridaciones entre ellas que condujeron al surgimiento de nuevas especies. Así hoy, aún dentro de su afinidad, pueden reconocerse un grupo de especies del noroeste ibérico, otro del noreste y otro del suroeste que nos orientan un poco sobre estos contactos.

De las cuatro especies presentes en Extremadura : A. grosii, A. graniticum, A. meonanthum y A. onubensis, yo siento especial debilidad por la primera, la Boca de Dragón de Gredos, exclusiva de las sierras de Gredos y Béjar entre Ávila, Salamanca y Cáceres. Siempre he tenido la impresión de que es una especie menos abundante de lo que se piensa, su facilidad de observación puede inducir a pensar que es una planta abundante cuando sus poblaciones, dados sus hábitos rupícolas, nunca son muy numerosas. Hace años intenté hacer un censo de la especie en Extremadura, para lo que me recorrí todo el tramo cacereño de las sierras de Gredos y Béjar. La especie presentaba una distribución casi continua desde la sierra de Béjar de Tornavacas hasta Madrigal de la Vera, en el centro mismo de Gredos. Pero, lógicamente, sólo aparecía en los lugares adecuados por encima de 1.900 m agrupados en 10 poblaciones que a su vez se dividían en subpoblaciones, algunas de un solo individuo. En total algo menos de 300 individuos de todos los tamaños y, aunque el censo en la zona de Riscos Morenos y El Cancho seguramente infravalora la población real, su número no creo que alcance los 400 individuos.

miércoles, 7 de agosto de 2013

LA COLLALBA RUBIA.




Aunque por desgracia es algo muy poco habitual, todavía hay veces en las que un pajarillo parece que no tiene miedo de nosotros y nos alegra el día, esto sucedió esta pasada primavera en un camino a las afueras de la ciudad de Cáceres. Al pasar junto a este macho de Collalba rubia (Oenanthe hispanica) noté que apenas se movió, me paré y me ignoró, así que comencé a andar muy despacio hasta él y cuando estaba a menos de 3 metros decidí pararme. Estuve un rato mirándole, él parecía que hacía lo mismo conmigo. Esto duró unos 10 minutos y después se tiró al suelo a poco más de 4 metros y estuvo buscando bichillos. Incluso se unió su pareja, aunque a mayor distancia.

 

Mientras esto pasaba se cruzó por el camino un perro con una pinta muy fea, que me echó una mirada terrible mientras sostenía la cabeza de un ternero en su boca. Allí se terminó todo por mi parte, aunque intenté no perder la compostura y me vino a la cabeza el famoso estrambote de Cervantes:

Y luego, incontinente,

caló el chapeo, requirió la espada

miró al soslayo, fuése y no hubo nada

viernes, 12 de julio de 2013

HILL TOPPING


Macho de Jasón de cuatro colas (Charaxes jasius) en su percha. Ya se le aprecian daños en sus alas por los combates casi
continuos. En esta zona él era el macho dominante y por eso ocupa la zona más alta. Las Hurdes, Cáceres. 1500 m.
 
En ocasiones, mientras paseamos por una zona de cumbre en primavera, nos sorprenderá la cantidad de mariposas que podemos observar en esas zonas tan aparentemente poco favorables. Bueno, en realidad nos sorprenderá la cantidad de insectos (moscas, libélulas, cochinillas, tijeretas, etc.).

 Si le dedicamos un poco de tiempo, nos resultará fácil empezar a comprender que es lo que ocurre en esas zonas. Veremos cómo las mariposas, el grupo de especies más llamativo, tienen un comportamiento muy marcado, o bien se sitúan sobre una percha (una rama o una piedra) y defienden un pequeño territorio con gran agresividad, dando numerosas vueltas en torno a él, o bien realizan rutas lineales de patrulla a lo largo de la cuerda, o, por último, pueden agruparse en un punto concreto formando algo muy parecido a los leks de algunas aves.

Machos de Pavo real (Inachis io), al fondo, y Sofía (Issoria lathonia), izquierda, en sus vuelos lineales de patrulla. Estas especies evitan a la agresiva Jasón de cuatro colas situándose un poco más abajo. Las Hurdes, Cáceres. 1490 m.


Si, además, resulta que casi todos los individuos que observamos en la zona son machos, todo esto nos conduce a un comportamiento relacionado con el emparejamiento. Gracias al hill topping, en realidad una manera de facilitar el encuentro entre ambos sexos, los machos de mariposas de una zona se concentran en puntos muy concretos, que destacan sobre el entorno (normalmente una montaña, pero puede bastar un gran árbol o un arroyo), allí esperarán a que las hembras recién emergidas se acerquen a esas zonas (parece que tras unos vuelos exploratorios todas se dirigen invariablemente hacia la mayor elevación del entorno). Las hembras sólo permanecen en estos puntos el tiempo justo para escoger un macho y emparejarse, dejando la zona inmediatamente después en busca de zonas adecuadas para la puesta. Los machos se quedarán allí en busca de su oportunidad, ya que ni siquiera en estos lugares tienen garantizado el emparejamiento, por lo que los encuentros agresivos entre ellos son muy frecuentes. Esto supone un gran desgaste ya que normalmente en estos puntos no tienen alimento a su disposición.

Cuando estamos subiendo a una montaña muchas veces nos encontramos con algún macho de mariposa a media ladera realmente cascado, con las alas destrozadas que le hacen muy difícil el vuelo, seguramente en algún momento mantuvo su territorio en lo más alto y ahora ha sido vencido y expulsado. Si consiguió aparearse habrá merecido la pena, si no lo logró habrá sido un fracaso total, aquí no hay término medio.
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