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viernes, 14 de junio de 2013

Thymelaea procumbens


Thymelaea procumbens. Flor masculina. Valle del Jerte, Cáceres. 1400 m.

Hace 5,96 millones de años se cortó la conexión entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico y, dado que la evaporación de Mediterráneo supera los aportes de sus ríos, comenzó un proceso de desecación de este mar conocido como la Crisis de Salinidad del Messiniense. Esta desecación casi total permitió la aparición de puentes de tierra que unieron la Península Ibérica con el norte de África y con Oriente Medio, uniendo la mayoría de las islas del Mediterráneo. Este parece ser el origen de la actual flora iberonorteafricana. Este acontecimiento también permitió la llegada hasta la Península Ibérica de un buen número de especies originarias de las zonas áridas de Asia Central, especies que se extenderían por ambas orillas del Mediterráneo y que forman la llamada flora Irano-turanica, entre las que podemos destacar los géneros Astragalus, Stipa, Artemisia y Thymelaea. La conexión entre Atlántico y Mediterráneo se restableció hace 5,33 millones de años y los puentes entre las distintas regiones se perdieron, iniciándose la evolución separada de estas especies que dará lugar a numerosos endemismos.

Thymelaea procumbens. Flores femeninas. Valle del Jerte, Cáceres. 1400m.

 Las especies de género Thymelaea son sumamente atractivas, si no por su escasa belleza, sí por sus interesantes estrategias reproductivas adaptadas a medios donde las condiciones son muy duras y cambiantes. Dentro de este género, con unas 30 especies, se pueden encontrar plantas capaces de producir frutos carnosos y frutos secos de manera simultánea. Esto, conocido como heterocarpia, permite a la planta producir frutos en los que primaría la dispersión, junto con otro tipo en los que primaría su dormancia y, por tanto, son un seguro de vida ante imprevistos ambientales (p.e. un incendio).
Thymelaea procumbens. Hábito. Valle del Jerte, Cáceres. 1400 m.
 La expresión del sexo en estas especies es muy complejo, así encontramos mayoritariamente especies dioicas, con plantas masculinas y plantas femeninas separadas, pero también podemos encontrar todas las posibles combinaciones con plantas con flores de los dos sexos, con flores de un sexo junto a flores hermafroditas, incluso plantas que cambian de sexo conforme avanza la temporada pasando de machos a hembras. En general las flores son bastante modestas y tienen muy poco desarrollada su capacidad de producir néctar, por lo que se considera que su polinización está dominada por el viento aunque también intervienen los insectos.

En junio de 1904 Gandoguer recolectó en la Sierra de Gata (¿Salamanca?) una especie de Thymelaea que atribuyó a Thymelaea nitida. Era una especie conocida y la cita pasó al olvido. En junio de 1951 un equipo de botánicos portugueses de la Universidade de Coimbra recolecta una planta no florida de Thymelaea en la Ribeira d’Arnes, Sabugal (Serra de Malcata). La especie les parece nueva pero sin flores no la pueden describir, así que el 20 de abril de 1952 recogen bastante material con flores en la misma localidad (A. Fernandes, F. Sousa y J. Matos). Ese mismo año Abilio Fernandes y Rosetta Fernades describen la nueva especie como Thymelaea procumbens y al estudiar el material de 1904 recogido por Gandoguer en España lo atribuyen a esta nueva especie.

Desde entonces se han añadido unas pocas citas nuevas, que confirman la rareza de este endemismo ibérico. En 1973 Casaseca la cita como abundante en los rebollares de Villarrubias en la sierra de Gata (Salamanca), en 1975 Fernández Díez la recolecta en La Alberca, en la Sierra de Francia (Salamanca). A principio de los años 80 Arturo Valdés Franzi la localiza en dos puntos de la Sierra de Gata (Cáceres). Con el nuevo siglo la especie es localizada en la Sierra de Gredos: el 4 de mayo de 2003 por Antonio González Canaleja en Navalonguilla (Ávila) y, posteriormente, dos poblaciones en el Valle del Jerte (Cáceres). En 2003 también se localiza otra población en Sierra de Gata cacereña (J. Blanco, S. Ramos y FM. Vázquez).

Thymelaea procumbens aparece en zonas aclaradas de matorrales de brezo, escoba o piorno en zonas de rebollar (Quercus pyrenaica) o por encima de este, sobre suelos ligeramente ácidos, entre los 700 y los 1900 m. Parece tener problemas en zonas de matorral muy cerrado, donde busca taludes, bordes de pistas o zonas quemadas. Es una especie dioica, aunque se encuentran ejemplares con flores masculinas y hermafroditas. Presenta un olor desagradable que persiste en los pliegos de herbario, aunque a mí la verdad es que no me ha llamado la atención pese a estar muy cerca al fotografiarla.

lunes, 10 de junio de 2013

ALZACOLA Y PECHIAZUL (Rufous Bush Robin and Bluethroat).


Alzacola (Cercothichas galactotes subsp. galactotes)
 
Poder ver Alzacola y Pechiazul en sus territorios de cría en la misma mañana (madrugando, se entiende) para mí se acerca mucho a rizar el rizo. Se trata de dos de mis pájaros favoritos desde que era un niño, con el primero disfrutaba cada verano en los olivares de La Montaña, en Cáceres y con el segundo pené durante años buscándolo en Gredos cuando tenía la suerte de que alguien me acercara a la sierra, siempre o muy pronto o muy tarde. Ahora, que uno ya va para mayor y puede moverse sólo, es cuando me doy cuenta realmente de lo localizados que están estas dos especies en la provincia de Cáceres. Los alzacolas de La Montaña parece que son cosa del pasado y los pechiazules, que sin saberlo criaban a poco más de 40 km de la casa de mis padres, ocupan un puñado de enclaves diminutos, que un año se queman y otro casi.

Pechiazul (Luscinia svecica subsp. cyanecula)

El hecho de que para los expertos en biogeografía el Alzacola sea un especialista climático, propio de climas cálidos y secos, no olvidemos que cría en los oasis del norte de África, no deja de llamarme la atención cada vez que lo observo en el norte de la provincia de Cáceres. Pero más me sorprende el hecho de que a no más de 30 km del lugar donde crían los alzacolas, con su indudable aspecto de ave del desierto, se reproduzcan tan tranquilamente los pechiazules, un ave que para los mismos expertos es un ave de climas frescos o templados con ciertas necesidades de agua, algo que no sorprende de un ave que se reproduce en los bosques de abedules de las montañas escandinavas.

Alzacola mostrando el porqué de su nombre.


Este maravilloso contraste es algo que debemos agradecer a nuestra situación geográfica. La Penillanura Cacereña está surcada por valles fluviales, o más propiamente tajos, bastante cálidos, algunos de los cuales llegan a los mismos pies de la Sierra de Gredos, alcanzándose desniveles de hasta 2.000 m en apenas 20 km. Una circunstancia que, aunque nos permitirá disfrutar de una gran variedad de especies (eurosiberianas y mediterráneas), tendremos presente en cada uno de nuestros pasos una vez que hayamos decidido subir a la sierra por la vertiente cacereña. Y serán muchos.

martes, 4 de junio de 2013

EL EMBALSE DE GUADILOBA, CÁCERES.


El Charrancito se resiste a abandonar este embalse.

Definitivamente la colonia de larolimícolas del Embalse de Guadiloba, cerca de Cáceres, no está pasando por su mejor momento. Hace tan solo diez años se podían observar aquí grupos de más de 100 canasteras (Glareola pratincola), unas 10 parejas de Charrancito (Sterna albifrons), más de 15 parejas de Cigüeñuela (Himantopus himantopus) o más de 10 parejas de Chorlitejo chico (Charadrius dubius). Incluso los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida) tonteaban algunos años. Hoy, apenas una pareja de charrancitos que no tengo claro que estén criando, algunas canasteras en vuelo alto sobre el embalse, 1 ó 2 parejas de cigüeñuelas que tampoco parece que se reproduzcan y no más de 3 parejas de Chorlitejo chico.
 
La razón de este declive parece clara, la ausencia de un lugar de cría a salvo de los pescadores. Ya sé que no me gano muchos amigos con esto, pero no hace falta más que darse una vuelta por el embalse para ver cómo la isla-península de cría es invadida por coches en cuanto el nivel de las aguas lo permite, sin importar que en esos momentos se esté iniciando la reproducción de estas especies. Ya antes se había perdido una zona tradicional de nidos como consecuencia de unas obras. En la cola del embalse tampoco mejora la cosa, ya que se une a su mayor exposición, accesible por tierra para depredadores y ovejas, la posibilidad de acceso en vehículo hasta casi la zona de cría.
 
Chorlitejo chico

 
Es una pena que en un momento en el que se mira al turismo ornitológico como un recurso capaz de generar empleo, se permita la pérdida de los valores que hacían de este sitio un lugar conocido por los pajareros, que tras visitar los llanos del entorno se acercaban aquí a sumar alguna especie interesante a su lista. Los Llanos de Cáceres ya no son lo que eran para el Aguilucho cenizo o el Sisón, las estrellas aquí son cada vez más los actores secundarios, quitarle ahora las canasteras y los charrancitos sin duda merma bastante el producto. No sólo de Avutarda vive el hombre que, llegado el caso, podría vivir mejor en Villafáfila.


La solución parece tan sencilla que resulta increíble que no se haya acometido ya. Si realmente queremos ser un referente en turismo ornitológico no se puede vivir sólo del tirón de Monfragüe y ver como todo el mundo nos adelanta. No basta con conservar (que como se ve ni eso), además hay que fomentar. Yo aquí veo dos acciones muy sencillas y económicas. Primero, la apertura de un canal de unos pocos metros que convierta la isla-península en una isla permanente, evitando el acceso con vehículos. Segundo, instalación de islotes flotantes anclados al fondo en el centro del embalse, a una distancia que permitiera su observación sin molestias. Esto no es complicado, ni caro. En el cercano Embalse de Talaván se instalaron unos islotes diminutos en los que han criado los charrancitos y los chorlitejos. Sólo habría que hacerlos de mayor tamaño y esperar a que sean ocupados por charrancitos, canasteras, chorlitejos chicos y cigüeñuelas y, quién sabe, tal vez con el tiempo incluso se podrían instalar pagazas piconegras.

jueves, 30 de mayo de 2013

EL GEOPARQUE DE VILLUERCAS, IBORES Y LA JARA



Recupero aquí  mi foto favorita de Macromia splendens.

No voy a entrar a valorar los valores geológicos incuestionables del Geoparque de Villuercas pues seguramente cometería buen número de errores. Lo que es cierto es que este lugar nos permite reconstruir el pasado remoto, aunque sea sólo mentalmente, interpretando sus maravillosos fósiles, pliegues y fallas. Sólo por esto ya merece la pena acercarse a conocerlo.

Pero dejando a un lado las piedras, este Geoparque también nos ofrece una maravillosa oportunidad de revivir de manera modesta, es cierto, pero completamente viva los avatares que durante las últimas glaciaciones iban a configurar lo que es nuestra actual fauna y flora.


 Sólo se conoce una población de Daboecia cantabrica en Las Villuercas.

Eligiendo algunos puntos de río Ibor uno puede sentarse a la orilla del río bajo la sombra de algún ejemplar de Loro (Prunus lusitanica), un árbol que mantiene en esta comarca buena parte de los últimos individuos del continente. Con suerte, se dejará ver alguna Libélula brillante (Macromia splendens) volando velozmente a 1 metro de la superficie del agua mientras defiende su territorio. Exactamente la misma imagen que se lleva repitiendo en esta zona desde hace más de 3 millones de años, al igual que ocurría en buena parte de Europa antes de que las últimas glaciaciones acabaran con prácticamente todas las especies subtropicales, incluyendo al Loro y a la Libélula brillante.


Ejemplares de Prunus lusitanica en un abrigado barranco de Las Villuercas.
La imagen típica de un refugio de flora.

Paseando por algunas de las umbrías más frescas de la zona más alta de la comarca, puedes sorprenderte con alguno de los últimos ejemplares de Abedul (Betula alba) y Roble carballo (Quercus robur), o incluso descubrir las matas de Arándano (Vaccinium myrtillus) en los mismos lugares donde los osos las buscaban hace cientos de años. Son posiblemente las especies más representativas de los bosques boreales de origen Eurosiberiano que llegaron a la comarca durante las fases frescas y húmedas de las últimas glaciaciones. Hace unos 8.000 años el clima se tornó mediterráneo con una fuerte sequía estival y estas especies también desaparecieron de la Europa Mediterránea. Habían sustituido a las especies subtropicales y ahora ellas mismas eran desplazadas. Curiosamente en esta comarca unas y otras pudieron refugiarse y mantenerse relativamente próximas.



Una turbera del Valle del Guadarranque.

Podemos encontrar repartidas por enclaves favorables de la comarca otros ejemplos de especies relictas. Entre las especies supervivientes del Terciario podemos citar a la insectívora Flor del Rocío (Drosophyllum lusitanicum) y a la Azucena portuguesa (Paradisea lusitanica), hoy casi desaparecida aquí, o al Cambrón (Echinospartum ibericum) y al Cenizo (Adenocarpus argyrophyllus) como reliquias de los matorrales de cumbres de leguminosas del Plioceno (hace entre 5 y 2 millones de años). Posiblemente las especies más conocidas de origen eurosiberiano en la comarca sean las plantas asociadas a la turberas como el Brezo vizcaíno (Daboecia cantabrica), el Brezo de turbera (Erica tetralix) y las insectívoras Rosolí (Drosera rotundifolia) y Grasilla pálida (Pinguicula lusitanica).
 

domingo, 19 de mayo de 2013

OTRO ENDEMISMO GREDENSE: Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis.


Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis en un prado de cumbres junto a Minuartia recurva. El Torreón, 2400 m.
 
En 1951 Francisco Bernis publica el fruto de su dura labor de revisión del género Armeria. En la monografía, de casi 300 páginas, reduce las 150 especies iniciales a sólo 7 e incluso llegó a plantearse la idea de dar por buena una sola especie. Se encontró con lamentables conflictos, como autores que llegaban a ser incapaces de diferenciar sus propias especies, autores que describían nuevas especies cuando herborizaban en poblaciones de plantas descritas por ellos, etc. No es de extrañar que empezara a ver con mejores ojos a las aves después de aquello. Pero una cosa sí dejó clara, que este género necesita mucho más que morfología para diferenciar especies y que la ecología puede ser tan importante como el aspecto. En 1990 Gonzalo Nieto Feliner emplea un criterio eco-morfo-geográfico en su revisión del género.


Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis en una zona sin Cabra montés. El Torreón 2400 m.

A pesar de todo sigue siendo un género complicado y conozco a expertos botánicos que arrugan la nariz ante una Armeria o miran disimuladamente para otro lugar. Unas barreras reproductivas muy débiles dentro del género, la existencia de individuos autoincompatibles obligados a cruzamientos en la mayoría de las poblaciones, la plena capacidad reproductiva de los híbridos y la frecuente convivencia de varias especies, hacen que la hibridación sea muy habitual y, con ella, ese polimorfismo gradual que las hace tan complicadas.

¿Armeria bigerrensis x caespitosa? La Covacha, 2300 m.

 En las Sierras de Gredos y Béjar contamos con un puñado de armerias endémicas que nos permiten intuir como funciona el género en esta zona. Por un lado Armeria bigerrensis subsp. bigerrensis ha dado lugar a dos especies endémicas en su entorno, que sobreviven gracias a ocupar otros hábitats: Armeria salmantica en la Sierra de Francia-Hurdes (donde ya no hay A. bigerrensis) al cruzarse con Armeria transmontana y Armeria rivasmartinezii en Béjar-Gredos al cruzarse con Armeria arenaria subsp. vestita. Por otro lado, mantiene una feroz pugna con Armeria caespitosa en el centro y este de Gredos, ya que todos los individuos que se encuentran en la sierra de esta última especie llevan el sello de bigerrensis.

Más abajo, ya en el piso oromediterráneo dominado por piornales, encontramos Armeria arenaria con dos subespecies (segoviensis y vestita) y Armeria transmontana. La Armeria arenaria subsp. segoviensis parece aquí la dominante, pues la otra subespecie, mucho más rara ya, parece que está siendo absorbida por hibridación, mientras que Armeria transmontana presenta rasgos que indican influencia de segoviensis.

Armeria bigerrensis subsp bigerrensis. La Ceja, 2430 m.


Armeria bigerrensis no es una especie abundante en Extremadura, ocupa idealmente los prados psicroxerófilos de cumbres, considerándose, de hecho, una especie característica de los mismos. Los suelos crioturbados de esos medios tan extremos hacen imposible la presencia de otras armerias de su entorno. Su rareza, aparte de la escasez de zonas por encima de los 2.000 m y el cambio climático, posiblemente sea debida a una excesiva presión por parte de los herbívoros como la cabra montés y doméstica, la vaca o incluso el cada vez más abundante ciervo. La mejor población se encuentra en prados de cumbres del entorno del Torreón, donde además aparecen magníficos ejemplares y donde parece que está comenzando a absorber a A. rivasmartinezii. Al otro lado del Puerto de Tornavacas, ya en Gredos, la especie casi desaparece de los prados de cumbres (algunos individuos dispersos y ramoneados en la Portilla del Losar, las Azagallas o la Cuerda de la Covacha) y se muestra casi exclusivamente como una especie rupícola, lo que no le permite mantener poblaciones numerosas. Encontraremos ejemplares enriscados desde Tornavacas hasta Madrigal de la Vera. En el entorno de la Covacha y Riscos Morenos se han localizado ejemplares de aspecto intermedio con Armeria caespitosa (En la cercana Laguna de la Nava, ya en Ávila, hay plantas que parecen plenamente Armeria caespitosa).

lunes, 6 de mayo de 2013

TRUJILLO (CÁCERES, SPAIN): AVES Y QUESO.

Mientras nosotros nos dedicamos al queso esta colonia de primillas se dedica al Alacrán cebollero.

Que el hombre haya llegado a la Luna, no es más que una circunstancia sobrevenida del pique entre dos matones de barrio. El Quijote lo escribió el hombre que olvidó escribir su mejor obra: su autobiografía. Las fotos más impresionantes de la historia las hizo un grandísimo fotógrafo en la playa de Omaha en junio de 1944, todas estaban terriblemente desenfocadas por el miedo. Si Wallace no hubiera mandado una carta a Darwin, este posiblemente nunca hubiera terminado el Origen de la Especies. La Flauta Mágica la compuso un extraterrestre. La lista podría seguir y hacerse muy extensa, pero yo tengo muy claro que el mayor logro de la Humanidad es la de aquel tipo que hace unos miles de años se atrevió a comerse la leche que se le había estropeado, le gustó y desde entonces se dedicó a estropear leche. Hoy en Francia, España, Suiza e Italia los seguidores de aquel valiente siguen manteniendo y renovando diariamente la noble tradición de la elaboración del buen queso. Resulta increíble que con tan reducido número de ingredientes puedan existir miles de variedades tan diferentes.
 
 
Todas la cebas que he visto este año son de Alacrán cebollero.
 
Pajarear sin necesidad y comer queso sin parar son dos actividades que han caracterizado mi vida, por eso una Feria del Queso dentro de una ZEPA, al lado de mi casa y en mayo, es algo que para mí se acerca bastante a un regalo de los dioses.

Hembra reclamando al macho su Alacrán cebollero.

Imaginad una plaza del siglo XV rodeada por una ciudad de esa época, tan bien conservada que a veces parece un decorado y, sobre todo ello, una antigua fortaleza musulmana. Imaginad que cada torre tiene varios nidos de Cigüeña blanca, que cada mechinal se lo disputan cernícalos primillas, lechuzas, estorninos negros o grajillas, que podemos ver dos especies de vencejos, dos de aviones y dos de golondrinas. Imaginad que en invierno incluso podríamos ver Treparriscos. Ahora imaginad esa misma plaza llena de puestos con cientos de variedades de quesos de toda España y de otros países como Francia o Portugal. No puede haber nada que estimule más nuestro cerebro que degustar un Gamonedo mientras con el rabillo del ojo averiguamos si esos vencejos que acaban de pasar por encima de nuestra cabeza son pálidos o comunes.

Y si no te gusta el queso también puedes ir a Trujillo esos días, que ya bastante desgracia tienes. Lo mejor es que ni entres a la Plaza, dirígete directamente a la Plaza de Toros y disfruta de uno de los mejores espectáculos ornitológicos que podemos ver por estas fechas en Extremadura: una colonia de unas 50 parejas de Cernícalo primilla que podremos observar a placer. Se me ocurren pocos sitios mejores para disfrutar de esta preciosa rapaz.

lunes, 29 de abril de 2013

MÁS SOBRE Erodium mouretii CACEREÑOS.



Erodium mouretii y su visitante Eupeodes luniger (creo).
 
Que había Erodium mouretii en la Sierra de San Pedro es algo que tenía claro desde que un día, hace unos años ya, me enseñaron una población de esta planta en Alburquerque (Badajoz). Alejada como estaba de las sierras centrales de Badajoz, lo más próximo que tenía esa población eran las sierras fronterizas de Valencia de Alcántara y la sierra de San Pedro.

El año pasado por fin tuve la suerte de encontrarme con ella en unos cantiles de la parte cacereña de esta sierra, tras recorrer sin suerte las sierras de Valencia de Alcántara y de Santiago. Se trata de la única población conocida para esta provincia y aunque a simple vista parece que su regenerado es abundante, su número no debe ser muy superior a 100 ejemplares divididos en tres roquedos a lo largo de poco más de 1 kilómetro de sierra. El año pasado conté 12, 27 y +50 ejemplares reproductores, este año, como me he retrasado un poco, no he querido trastear mucho por la zona para no molestar a las aves.

Los cantiles son ocupados por Buitres leonados y los Erodium ocupan fisuras terrosas verticales y repisas donde son generosamente abonados por los buitres (yo mismo estuve a punto de ser abonado por un joven buitre que no se percató de que estaba debajo de él). Algunas plantas estaban literalmente entre los buitres y sus desechos, la peste era insoportable. La base de los cantiles están limpios como si los barrieran, ya que son muy frecuentados por ciervos y muflones. Como especies acompañantes en estos roquedos cuarcíticos encontré Adenocarpus complicatus, Cheilantes acrostica, Sedum hirsutum, Digitalus thapsi, Umbilicus rupestris, Rumex induratus y Dianthus lusitanus.

El año pasado con el invierno tan seco que tuvimos las plantas estaban esmirriadas y dieron pocas flores y sólo tenía una foto de estas plantas con flores ya pasadas. Este año he podido hacerles una foto para ver sus flores, aunque por su carácter rupícola no había ninguna planta a una altura adecuada para fotografiarla con comodidad. El tipo de flor me recuerda mucho a la de los ejemplares de Hornachos o Quintana de la Serena, con pétalos más redondeados y menos desiguales que los de las sierras de Arroyo, Alange o La Zarza.

Tuve la suerte de coincidir con la visita de un polinizador a unas flores de Erodium, una mosca de la familia Syrphidae (moscas cernidoras) que parece ser Eupeodes luniger. Esta planta parece que no tiene problemas con sus polinizadores ya que por lo que he podido ver son especies abundantes como las abejas Apis mellifera y Andrena sp.o el inevitable Macroglossum stellatarum, la Esfinge colibrí. El año pasado vi en esta población a la mariposa Lycaena phlaeas posada en sus flores, aunque esto no debe ser habitual en años normales con flores más accesibles.
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