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lunes, 29 de abril de 2013

MÁS SOBRE Erodium mouretii CACEREÑOS.



Erodium mouretii y su visitante Eupeodes luniger (creo).
 
Que había Erodium mouretii en la Sierra de San Pedro es algo que tenía claro desde que un día, hace unos años ya, me enseñaron una población de esta planta en Alburquerque (Badajoz). Alejada como estaba de las sierras centrales de Badajoz, lo más próximo que tenía esa población eran las sierras fronterizas de Valencia de Alcántara y la sierra de San Pedro.

El año pasado por fin tuve la suerte de encontrarme con ella en unos cantiles de la parte cacereña de esta sierra, tras recorrer sin suerte las sierras de Valencia de Alcántara y de Santiago. Se trata de la única población conocida para esta provincia y aunque a simple vista parece que su regenerado es abundante, su número no debe ser muy superior a 100 ejemplares divididos en tres roquedos a lo largo de poco más de 1 kilómetro de sierra. El año pasado conté 12, 27 y +50 ejemplares reproductores, este año, como me he retrasado un poco, no he querido trastear mucho por la zona para no molestar a las aves.

Los cantiles son ocupados por Buitres leonados y los Erodium ocupan fisuras terrosas verticales y repisas donde son generosamente abonados por los buitres (yo mismo estuve a punto de ser abonado por un joven buitre que no se percató de que estaba debajo de él). Algunas plantas estaban literalmente entre los buitres y sus desechos, la peste era insoportable. La base de los cantiles están limpios como si los barrieran, ya que son muy frecuentados por ciervos y muflones. Como especies acompañantes en estos roquedos cuarcíticos encontré Adenocarpus complicatus, Cheilantes acrostica, Sedum hirsutum, Digitalus thapsi, Umbilicus rupestris, Rumex induratus y Dianthus lusitanus.

El año pasado con el invierno tan seco que tuvimos las plantas estaban esmirriadas y dieron pocas flores y sólo tenía una foto de estas plantas con flores ya pasadas. Este año he podido hacerles una foto para ver sus flores, aunque por su carácter rupícola no había ninguna planta a una altura adecuada para fotografiarla con comodidad. El tipo de flor me recuerda mucho a la de los ejemplares de Hornachos o Quintana de la Serena, con pétalos más redondeados y menos desiguales que los de las sierras de Arroyo, Alange o La Zarza.

Tuve la suerte de coincidir con la visita de un polinizador a unas flores de Erodium, una mosca de la familia Syrphidae (moscas cernidoras) que parece ser Eupeodes luniger. Esta planta parece que no tiene problemas con sus polinizadores ya que por lo que he podido ver son especies abundantes como las abejas Apis mellifera y Andrena sp.o el inevitable Macroglossum stellatarum, la Esfinge colibrí. El año pasado vi en esta población a la mariposa Lycaena phlaeas posada en sus flores, aunque esto no debe ser habitual en años normales con flores más accesibles.

miércoles, 24 de abril de 2013

JORNADA DE PAJAREO POR LA SIERRA DE BÉJAR.


Estos pechiazules no lo pusieron fácil para retratarlos y cuando no estaban entre el matorral estaban en contraluz.
 
Durante los últimos años sólo subía a la sierra en busca de plantas y, desde que nació la niña he estado dos años sin subir, así que ya tenía ganas de dedicar una jornada al Pechiazul, uno de mis pájaros favoritos. Para ello me he acercado a la Sierra de Béjar que, aunque tiene poblaciones de Pechiazul más pequeñas que las de Gredos, me pilla más cerca de casa.
 
Este apareció corriendo junto a mis pies, puso a prueba mis reflejos y perdí.
 
¿Banderas de plegarias tibetanas? Estos roqueros rojos pensaron que este era un buen límite para su territorio.
 
El día estaba engañosamente frío, con sol brillante en un cielo azul y un vientecillo que si bien al principio no desagradaba al rato te helaba. La primera parada fue para buscar Bisbita alpino y Alondra. Sólo pude ver un macho de la primera, aunque muy cerquita, y la segunda se encontraba en pleno celo con todos los machos cantando como locos en el cielo. También estaban muy activos con sus impresionantes vuelos de celo los escasos escribanos montesinos que hay a esta altitud (1800-2000 m), las currucas zarceras, los acentores comunes e incluso las tarabillas comunes. En esta primera zona no encontré pechiazules y no intenté buscar acentores alpinos, que en esta sierra son muy escasos y sólo se encuentran en las zonas más altas, donde los neveros que utilizan para alimentarse resisten hasta el mes de agosto. También escuché el canto de un solitario Escribano hortelano (seguro que en unos días habrá muchos más cantantes en el coro).

Acostumbrado al paso de collalbas grises norteñas, más grandotas y rojizas, esta Collalba gris ibérica me parece bellísima.


La segunda parada era para dos de las joyas de la avifauna europea: el Pechiazul y el Roquero rojo. El primero aún parece escaso y sólo vi tres individuos en dos zonas distintas, que apenas se asomaban a lo alto de los piornos, permaneciendo todo el rato ratoneando en la base de los matorrales (uno me salió casi de los pies). Sin cantar y en tan bajo número debe ser que este año vienen algo retrasados. Los que estaban en su salsa eran los roqueros rojos, de los que pude ver hasta tres parejas e incluso disfruté de las escaramuzas de dos machos en sus límites territoriales. En esta zona también había Bisbita campestre, Alondra, Collalba gris y el omnipresente Acentor común. También oí un cuco por la zona, que andará tras los nidos de Acentor común.

Roquero rojo, una extraña combinación de timidez y curiosidad.

Si bien el número de especies observadas es muy bajo, su interés compensa con creces la excursión. En un momento, además, en que la sierra está bellísima y se puede pasear entre neveros y por cervunales repletos con tres especies de narcisos (N. bulbocodium, N. rupicola y N.pseudonarcissus) y Crocus carpetanus.

miércoles, 17 de abril de 2013

PROPONGO AL TRIGUERO (Miliaria calandra) AVE DEL AÑO.



Mucho se está hablando de la excepcional primavera estos días, una temporada magnífica para las plantas. Había salido a ver qué tal les iba a unas Marsilea batardae (un raro helecho con forma de trébol de cuatro hojas) que hay cerca de Cáceres. En años lluviosos esta planta tiene auténticas explosiones.
Llevaba ya un par de horas por el campo y me paré a pensar ¿por qué me zumban tanto los oídos? No tardé en percatarme que, desde que salí del coche, había estado expuesto de manera ininterrumpida al canto del Triguero. Un canto que podríamos definir como una cristalería asaltada por elefantes. Es evidente que Rachel Carson jamás podría haber sido extremeña.

Cuando uno se para a observar a un Triguero -generalmente ellos hacen lo mismo con nosotros- siempre me viene a la cabeza la definición de una famosa guía de pájaros: “sin rasgos característicos” o algo similar. Más bien parece un cruce en el que un gorrión y una alondra aportaron, respectivamente, lo menos delicado de su anatomía. Los pájaros como el Triguero se suelen esconder y nos sorprenden con unos cantos maravillosos. Sin embargo, el Triguero intenta hacerse visible al máximo y nos deleitará con un despliegue efectista de vuelo de gallina combinado con el canto de una motosierra. Las trigueras deben alucinar… o no. Resulta que encima al Triguero todo esto le funciona y no son raros los casos de poligamia. Para un Pavo real o un Ave del Paraíso esto debe ser terrible y les comprendo.
En Extremadura hay exactamente un Triguero por metro cuadrado y están todos contentos por esta primavera. Ya estáis  avisados.

sábado, 13 de abril de 2013

Otra nueva generación de Blanca Cacereña.




He tenido la suerte de acompañar a técnicos responsables de la conservación de esta raza en peligro durante una vacunación en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y he podido disfrutar con los nuevos miembros de esta vacada, auténtico reservorio de la raza. La Blanca cacereña, dado su carácter, se somete a las menores manipulaciones posibles, pues le generan mucho estrés. Las vacas conforme eran liberadas de la manga salían como alma que lleva el diablo y se alejaban todo lo que podían, momento en el que reclamaban a sus terneros. Me cuentan que esta raza es tan huraña que incluso cuando comparte parcela con la vaca Retinta las blancas siempre se mantienen agrupadas y alejadas de las otras vacas.
 







El día estaba nublado por lo que las fotos no son muy buenas, pero es que además es bastante complicado fotografiar a esta raza. A pesar de que encerraron a las vacas en una pequeña parcela donde las alimentaron era imposible acercarse a ellas, que se movían de un lado a otro de la parcela, dejándome siempre lo más alejado posible. Gracias a que me montaron en la caja de la pick up que las alimentaba pude acercarme finalmente a ellas. Tampoco ayuda mucho que la vacada se mantenga siempre tan apretada, resultando muy complicado tomar fotos de individuos aislados. Van a tener que montar un hide para poder fotografiar a esta vaca.





Según los responsables del Libro Genealógico de la raza, que se mantiene en el CENSYRA de Badajoz, actualmente hay 680 vacas y 35 toros repartidos en 24 rebaños. Con tan bajo número se mantiene el riesgo crítico de desaparición. En el banco de germoplasma se conservan 64 embriones y 58.169 dosis seminales.

miércoles, 10 de abril de 2013

EL ESCRIBANO MONTESINO (Emberiza cia) DE MONFRAGÜE.


 
 
Hace unos días, aprovechando un hueco entre las lluvias, me acerqué a Monfragüe. Hacía un montón de años que no subía al castillo ni me asomaba a Peña Falcón. Los cambios son más que notorios, aunque uno no tiene claro que todo esto sea para mejor. Sé que es una batalla que tengo perdida, fruto seguramente de la crisis de los 40, pero pienso que menos paisajismo, menos señalítica (o cómo demonios se diga), menos asfalto, menos pasarelas de madera, menos barandillas, etc., no es sinónimo de peor parque. Entiendo que hoy día las cuestiones de seguridad son de obligado cumplimiento, sobre todo si esa obligación conlleva una obra, pero cuando voy al campo me gusta ir al campo y no al Parque de los patos (por poner un ejemplo). Creo que el problema que tiene este Parque Nacional es que se fue muy rácano con sus límites y los terrenos de propiedad pública son los menos interesantes y ahora absorber tantos visitantes y las infraestructuras que se supone que necesitan se hace complicado, más aún cuando el este del parque parece que no existe.

Ante tanto glamour estaba un poco acongojado y dudaba si iría correctamente vestido. El abrigo de las pinturas rupestres da pena con tanto hierro. Tampoco recordaba los escalones de subida al castillo y dado que comencé como un macarrilla, adelantando a un grupito que resoplaba delante de mí, al llegar al último tercio tuve que sacar todo lo mejor de mí para conseguir superar las escaleras sin aflojar el ritmo. Ya arriba me vinieron muy bien una florecillas para disimular mientras recuperaba el resuello (viejo truco del fotógrafo de flores de montaña). Hacía un viento frío bastante molesto arriba y los buitres volaban bajo sin asomarse a la cuerda, así que tras ver todo el amplio catálogo de reformas volví a bajar.

Ya en el área observacional del Salto del Gitano pasé un rato buscando los viejos nidos que recordaba, la verdad es que ha habido cambios y los buitres leonados siguen haciendo de las suyas. Precisamente antes de subir al castillo había estado viendo un par de nidos de Buitre negro y otro par de Cigüeña negra, todos ocupados por leonados. Pese a todo, Monfragüe es mucho Monfragüe y al rato ya le iba cogiendo el aire, de hecho tengo pensado volver otro día esta primavera. Creo que me convenció un Escribano montesino que pululaba a mi alrededor, algo que me recordó aquellos tiempos en los que uno se paraba en la cuneta y se sentaba en los quitamiedos a mirar pájaros. ¡Qué burros éramos!

miércoles, 3 de abril de 2013

LAS LAGUNAS DE GREDOS Y SUS SECRETOS.


Laguna del Trampal 2. Sierra de Béjar, 2.115 m.
Buscando una información he estado revisando unos artículos que tenía guardados desde hace unos años con los resultados de los proyectos ALPE2 (1995) y MOLAR (2000), unos proyectos de la Unión Europea para el seguimiento de los efectos de la contaminación y los cambios atribuibles al cambio climático y a la disminución de ozono atmosférico en las lagunas alpinas. Sus resultados son aterradores, o al menos a mí me lo parecen.

Cualquiera, tras 5 horas de caminar, puede subir a los 2.140 m de altitud para encontrarse en uno de los lugares más impresionantes de Gredos con la Laguna Cimera, la mayor y mejor conservada de las famosas Cinco Lagunas y, como su nombre indica, también la situada a mayor altitud. Aquí no hay refugio que contamine con sus aguas fecales la laguna (como ya ocurrió en la Laguna Grande), tampoco hay mucho ganado y los visitantes son mucho menos numerosos que en otras zonas y lo tienen complicado para acampar en sus escarpadas orillas. Al contemplar sus aguas cristalinas, oscuras por sus más de 9 m de profundidad, uno corre el riesgo de pensar que aquello es un gran tanque de agua pura que se podría embotellar.
Laguna de Los Caballeros. Sierra del Barco, 2.025 m


Algún desalmado ignorante repobló estas aguas con Trucha de Fuente o Salvelino (Salvelinus fontinalis) que, como ha ocurrido en todas las lagunas alpinas donde esta especie ha sido liberada, ha dañado las poblaciones de invertebrados acuáticos y de anfibios de la laguna, entre los que se encuentran la Salamandra de Gredos, el Sapo de Gredos y la Rana patilarga. La Naturaleza a veces guarda extrañas sorpresas y, por eso, conviene advertir a los osados pescadores de salvelinos de estas aguas que sus trofeos no son aptos para el consumo, ya que sus tejidos contienen tantos metales pesados, especialmente Cadmio, que superan los límites considerados seguros para consumo humano.

La presencia de bajos niveles de Cadmio y otros metales pesados asociados a la actividad industrial en estas aguas se explica por la conocida contaminación difusa vía atmosférica. Posiblemente estos metales pesados procedan de Centroeuropa (la laguna estudiada en los Pirineos era la más contaminada), al igual que la deposición ácida, que incluye a la tristemente famosa lluvia ácida, que también se puede apreciar en estas lagunas pese a que desde los años 80 se están reduciendo las emisiones de óxidos de azufre y nitrógeno procedentes de la combustión de combustibles fósiles. En el caso de la deposición ácida, que en lagunas poco mineralizadas como las de Gredos  supondría bajadas de pH nocivas para su vida acuática, la propia Naturaleza se las ha ingeniado para contrarrestar sus efectos, al menos en las zonas del sur de Europa. Si del norte de Europa llegan vientos que envenenan nuestras lagunas, del sur vienen vientos cargados de polvo sahariano que neutraliza la acidez (bonita paradoja). Los metales pesados, sin embargo, seguirán enriqueciendo el hígado y la grasa de los salvelinos.

martes, 26 de marzo de 2013

CARLOS PAU Y LA CENTAUREA DE GREDOS.


Centaurea avilae. Sierra del Barco, 2100 m.
  

Carlos Pau Español (Segorbe, Castellón. 1857-1937) es un tipo que me cae bien. Cierto que tenía su carácter, pero también supo hacer de una injusticia el motor que le convirtió en uno de los mejores botánicos españoles. Cuando en 1891 se convoca la Cátedra de Farmacia de la Universidad Central, Pau era con diferencia el mejor candidato y era una persona que ya mantenía buenas relaciones con la flor y nata de la botánica europea (se conocen más de 200 cartas de Willkomm remitidas a Pau, por citar a uno de los grandes). En su contra tenía sus pésimas relaciones con el gran jefe de la botánica española de ese tiempo, Colmeiro, un hombre que entre 1868 y 1901 fue director del Museo de Ciencias Naturales y del Jardín Botánico (puesto que consiguió tras usar sus influencias contra Graells, que fue cesado). Colmeiro es descrito como un hombre culto que jamás pisó el campo, al que gustaban más los legajos que las plantas. Un recopilador, que adulaba a cualquier botánico extranjero, bueno o malo, que pasaba por España, mientras que nunca apoyó a ningún colega español, algo que Pau no podía soportar como se aprecia en su conocida cita: “Pasaron algunos botánicos a Madrid como el gorrión por las eras: llegan, pican y huyen. El favorecido por la suerte lleva al buche el grano tomado con precipitación; algunos no sacaran en el pico más que chinas”. Tampoco ayudó mucho que Pau autopublicara ese mismo año un texto titulado “Gazapos botánicos cogidos en las obras del Sr. Colmeiro, que es director del Jardín Botánico de Madrid”. Como era de esperar, la oposición la ganó el candidato de Colmeiro, Blas Lázaro, que se convertiría con el tiempo en un gran botánico, pero que carecía de curriculum en aquellos momentos. Todos los miembros del tribunal votaron a Lázaro, salvo los dos botánicos que, ante el compromiso, dieron su voto a un tercer candidato sin méritos. Aquello fue una humillación para Pau, que lo encajó mal, agrió su carácter y a punto estuvo de perderse en una vida de juergas nocturnas (Algún amigo suyo llegó a reclamarle su revólver).


Carlos Pau


Por fortuna, consiguió volver a su trabajo de farmacéutico de pueblo y comenzó a trabajar con más ahínco que nunca, como si quisiera demostrar a todo el mundo la gran injusticia que habían cometido con él. Desde ese momento, totalmente al margen del mundo académico, él mismo se financió sus investigaciones y viajes, que darían lugar a más de 250 publicaciones. Pero nunca olvidó y aprovechó la más mínima oportunidad para atacar a Colmeiro y sus seguidores, así una de las primeras plantas que describió recibió el elocuente nombre de Centaurea latronis. Con los años en torno a Pau, demostrando el buen catedrático que perdió la universidad española, se agruparon un buen número de jóvenes y brillantes botánicos: Caballero, Font Quer (que sufriría años más tarde en Barcelona un atropello similar al de su maestro), Fragoso, Cuatrecasas, etc. De Pau se ha dicho que fue el gran referente de la Flora Mediterránea, la persona de consulta obligada en esta materia, cuya única laguna fue la dispersión de sus publicaciones, que no dieron lugar a una gran obra, la cual sin duda hubiera sido una de las cimas de la botánica de su tiempo.
 
Se pueden apreciar la hojas blanquecinas y las brácteas del involucro oscuras.
 
El 25 julio de 1907, tras dormir en un chozo de pastores del Prado de las Pozas, Pau junto al botánico checo Kheil llegan a la Laguna Grande de Gredos (Ávila) y allí recoge entre unas piedras próximas a su orilla norte una Centaurea, que le recordó mucho a su Centaurea paui. En 1909 apareció publicada en la Revista Montes la descripción de la nueva Centaurea avilae, que dedicó a D. Pedro de Ávila, un botánico que la había recogido en el mismo lugar 2 o 3 años antes.

A Pau no parece que le gustó mucho Gredos por sus abundantes picos y elevadas pendientes, sin llanuras. Para él lo mejor de la sierra estaba en el piso montano y la temporada estaba ya muy avanzada para poder herborizar en esa zona, así que rápidamente dejaron estas cumbres para ir al cercano Pinar de Hoyocasero, que describió como uno de los lugares más ricos que conocía de España.

Excrementos de Cabra montés entre tres centaureas de Gredos. ¡Qué peligro!


Durante años he buscado a la Centaurea avilae en Extremadura, sin conseguir resultados. Algunas personas me hablaron de ella, pero cuando había que determinar su localización exacta siempre se difuminaba. Podéis acusarme de catetismo coriológico y algo de razón tendréis, pero más bien ocurre que me quedo más tranquilo cuando una especie endémica de esta sierra crece también en su vertiente sur (más cálida y seca), para mí es como si tuvieran un seguro de vida frente a lo que se nos viene encima. Hasta la fecha lo más cerca que he estado es con una población de la sierra del Barco que está a poco más de 100 m del límite. Una distancia tan corta como engañosa, pues la ladera extremeña que hay más allá de ese límite también está orientada al norte y hasta mi catetismo coriológico tiene sus límites.

La Centaurea de Gredos ocupa zonas rocosas soleadas entre los 1800 y los 2200 m, casi siempre en fisuras que le proporcionen un mayor aporte de agua. Básicamente se extiende desde el Puerto de Tornavacas al Puerto del Pico, más al este de ese puerto, según Modesto Luceño, parece que sólo se encuentran ejemplares hibridados con Centaurea alba. Precisamente la hibridación con esta última especie, que habita en los piornales, se considera una de las mayores amenazas para la especie.
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