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miércoles, 17 de abril de 2013

PROPONGO AL TRIGUERO (Miliaria calandra) AVE DEL AÑO.



Mucho se está hablando de la excepcional primavera estos días, una temporada magnífica para las plantas. Había salido a ver qué tal les iba a unas Marsilea batardae (un raro helecho con forma de trébol de cuatro hojas) que hay cerca de Cáceres. En años lluviosos esta planta tiene auténticas explosiones.
Llevaba ya un par de horas por el campo y me paré a pensar ¿por qué me zumban tanto los oídos? No tardé en percatarme que, desde que salí del coche, había estado expuesto de manera ininterrumpida al canto del Triguero. Un canto que podríamos definir como una cristalería asaltada por elefantes. Es evidente que Rachel Carson jamás podría haber sido extremeña.

Cuando uno se para a observar a un Triguero -generalmente ellos hacen lo mismo con nosotros- siempre me viene a la cabeza la definición de una famosa guía de pájaros: “sin rasgos característicos” o algo similar. Más bien parece un cruce en el que un gorrión y una alondra aportaron, respectivamente, lo menos delicado de su anatomía. Los pájaros como el Triguero se suelen esconder y nos sorprenden con unos cantos maravillosos. Sin embargo, el Triguero intenta hacerse visible al máximo y nos deleitará con un despliegue efectista de vuelo de gallina combinado con el canto de una motosierra. Las trigueras deben alucinar… o no. Resulta que encima al Triguero todo esto le funciona y no son raros los casos de poligamia. Para un Pavo real o un Ave del Paraíso esto debe ser terrible y les comprendo.
En Extremadura hay exactamente un Triguero por metro cuadrado y están todos contentos por esta primavera. Ya estáis  avisados.

sábado, 13 de abril de 2013

Otra nueva generación de Blanca Cacereña.




He tenido la suerte de acompañar a técnicos responsables de la conservación de esta raza en peligro durante una vacunación en Navalmoral de la Mata (Cáceres) y he podido disfrutar con los nuevos miembros de esta vacada, auténtico reservorio de la raza. La Blanca cacereña, dado su carácter, se somete a las menores manipulaciones posibles, pues le generan mucho estrés. Las vacas conforme eran liberadas de la manga salían como alma que lleva el diablo y se alejaban todo lo que podían, momento en el que reclamaban a sus terneros. Me cuentan que esta raza es tan huraña que incluso cuando comparte parcela con la vaca Retinta las blancas siempre se mantienen agrupadas y alejadas de las otras vacas.
 







El día estaba nublado por lo que las fotos no son muy buenas, pero es que además es bastante complicado fotografiar a esta raza. A pesar de que encerraron a las vacas en una pequeña parcela donde las alimentaron era imposible acercarse a ellas, que se movían de un lado a otro de la parcela, dejándome siempre lo más alejado posible. Gracias a que me montaron en la caja de la pick up que las alimentaba pude acercarme finalmente a ellas. Tampoco ayuda mucho que la vacada se mantenga siempre tan apretada, resultando muy complicado tomar fotos de individuos aislados. Van a tener que montar un hide para poder fotografiar a esta vaca.





Según los responsables del Libro Genealógico de la raza, que se mantiene en el CENSYRA de Badajoz, actualmente hay 680 vacas y 35 toros repartidos en 24 rebaños. Con tan bajo número se mantiene el riesgo crítico de desaparición. En el banco de germoplasma se conservan 64 embriones y 58.169 dosis seminales.

miércoles, 10 de abril de 2013

EL ESCRIBANO MONTESINO (Emberiza cia) DE MONFRAGÜE.


 
 
Hace unos días, aprovechando un hueco entre las lluvias, me acerqué a Monfragüe. Hacía un montón de años que no subía al castillo ni me asomaba a Peña Falcón. Los cambios son más que notorios, aunque uno no tiene claro que todo esto sea para mejor. Sé que es una batalla que tengo perdida, fruto seguramente de la crisis de los 40, pero pienso que menos paisajismo, menos señalítica (o cómo demonios se diga), menos asfalto, menos pasarelas de madera, menos barandillas, etc., no es sinónimo de peor parque. Entiendo que hoy día las cuestiones de seguridad son de obligado cumplimiento, sobre todo si esa obligación conlleva una obra, pero cuando voy al campo me gusta ir al campo y no al Parque de los patos (por poner un ejemplo). Creo que el problema que tiene este Parque Nacional es que se fue muy rácano con sus límites y los terrenos de propiedad pública son los menos interesantes y ahora absorber tantos visitantes y las infraestructuras que se supone que necesitan se hace complicado, más aún cuando el este del parque parece que no existe.

Ante tanto glamour estaba un poco acongojado y dudaba si iría correctamente vestido. El abrigo de las pinturas rupestres da pena con tanto hierro. Tampoco recordaba los escalones de subida al castillo y dado que comencé como un macarrilla, adelantando a un grupito que resoplaba delante de mí, al llegar al último tercio tuve que sacar todo lo mejor de mí para conseguir superar las escaleras sin aflojar el ritmo. Ya arriba me vinieron muy bien una florecillas para disimular mientras recuperaba el resuello (viejo truco del fotógrafo de flores de montaña). Hacía un viento frío bastante molesto arriba y los buitres volaban bajo sin asomarse a la cuerda, así que tras ver todo el amplio catálogo de reformas volví a bajar.

Ya en el área observacional del Salto del Gitano pasé un rato buscando los viejos nidos que recordaba, la verdad es que ha habido cambios y los buitres leonados siguen haciendo de las suyas. Precisamente antes de subir al castillo había estado viendo un par de nidos de Buitre negro y otro par de Cigüeña negra, todos ocupados por leonados. Pese a todo, Monfragüe es mucho Monfragüe y al rato ya le iba cogiendo el aire, de hecho tengo pensado volver otro día esta primavera. Creo que me convenció un Escribano montesino que pululaba a mi alrededor, algo que me recordó aquellos tiempos en los que uno se paraba en la cuneta y se sentaba en los quitamiedos a mirar pájaros. ¡Qué burros éramos!

miércoles, 3 de abril de 2013

LAS LAGUNAS DE GREDOS Y SUS SECRETOS.


Laguna del Trampal 2. Sierra de Béjar, 2.115 m.
Buscando una información he estado revisando unos artículos que tenía guardados desde hace unos años con los resultados de los proyectos ALPE2 (1995) y MOLAR (2000), unos proyectos de la Unión Europea para el seguimiento de los efectos de la contaminación y los cambios atribuibles al cambio climático y a la disminución de ozono atmosférico en las lagunas alpinas. Sus resultados son aterradores, o al menos a mí me lo parecen.

Cualquiera, tras 5 horas de caminar, puede subir a los 2.140 m de altitud para encontrarse en uno de los lugares más impresionantes de Gredos con la Laguna Cimera, la mayor y mejor conservada de las famosas Cinco Lagunas y, como su nombre indica, también la situada a mayor altitud. Aquí no hay refugio que contamine con sus aguas fecales la laguna (como ya ocurrió en la Laguna Grande), tampoco hay mucho ganado y los visitantes son mucho menos numerosos que en otras zonas y lo tienen complicado para acampar en sus escarpadas orillas. Al contemplar sus aguas cristalinas, oscuras por sus más de 9 m de profundidad, uno corre el riesgo de pensar que aquello es un gran tanque de agua pura que se podría embotellar.
Laguna de Los Caballeros. Sierra del Barco, 2.025 m


Algún desalmado ignorante repobló estas aguas con Trucha de Fuente o Salvelino (Salvelinus fontinalis) que, como ha ocurrido en todas las lagunas alpinas donde esta especie ha sido liberada, ha dañado las poblaciones de invertebrados acuáticos y de anfibios de la laguna, entre los que se encuentran la Salamandra de Gredos, el Sapo de Gredos y la Rana patilarga. La Naturaleza a veces guarda extrañas sorpresas y, por eso, conviene advertir a los osados pescadores de salvelinos de estas aguas que sus trofeos no son aptos para el consumo, ya que sus tejidos contienen tantos metales pesados, especialmente Cadmio, que superan los límites considerados seguros para consumo humano.

La presencia de bajos niveles de Cadmio y otros metales pesados asociados a la actividad industrial en estas aguas se explica por la conocida contaminación difusa vía atmosférica. Posiblemente estos metales pesados procedan de Centroeuropa (la laguna estudiada en los Pirineos era la más contaminada), al igual que la deposición ácida, que incluye a la tristemente famosa lluvia ácida, que también se puede apreciar en estas lagunas pese a que desde los años 80 se están reduciendo las emisiones de óxidos de azufre y nitrógeno procedentes de la combustión de combustibles fósiles. En el caso de la deposición ácida, que en lagunas poco mineralizadas como las de Gredos  supondría bajadas de pH nocivas para su vida acuática, la propia Naturaleza se las ha ingeniado para contrarrestar sus efectos, al menos en las zonas del sur de Europa. Si del norte de Europa llegan vientos que envenenan nuestras lagunas, del sur vienen vientos cargados de polvo sahariano que neutraliza la acidez (bonita paradoja). Los metales pesados, sin embargo, seguirán enriqueciendo el hígado y la grasa de los salvelinos.

martes, 26 de marzo de 2013

CARLOS PAU Y LA CENTAUREA DE GREDOS.


Centaurea avilae. Sierra del Barco, 2100 m.
  

Carlos Pau Español (Segorbe, Castellón. 1857-1937) es un tipo que me cae bien. Cierto que tenía su carácter, pero también supo hacer de una injusticia el motor que le convirtió en uno de los mejores botánicos españoles. Cuando en 1891 se convoca la Cátedra de Farmacia de la Universidad Central, Pau era con diferencia el mejor candidato y era una persona que ya mantenía buenas relaciones con la flor y nata de la botánica europea (se conocen más de 200 cartas de Willkomm remitidas a Pau, por citar a uno de los grandes). En su contra tenía sus pésimas relaciones con el gran jefe de la botánica española de ese tiempo, Colmeiro, un hombre que entre 1868 y 1901 fue director del Museo de Ciencias Naturales y del Jardín Botánico (puesto que consiguió tras usar sus influencias contra Graells, que fue cesado). Colmeiro es descrito como un hombre culto que jamás pisó el campo, al que gustaban más los legajos que las plantas. Un recopilador, que adulaba a cualquier botánico extranjero, bueno o malo, que pasaba por España, mientras que nunca apoyó a ningún colega español, algo que Pau no podía soportar como se aprecia en su conocida cita: “Pasaron algunos botánicos a Madrid como el gorrión por las eras: llegan, pican y huyen. El favorecido por la suerte lleva al buche el grano tomado con precipitación; algunos no sacaran en el pico más que chinas”. Tampoco ayudó mucho que Pau autopublicara ese mismo año un texto titulado “Gazapos botánicos cogidos en las obras del Sr. Colmeiro, que es director del Jardín Botánico de Madrid”. Como era de esperar, la oposición la ganó el candidato de Colmeiro, Blas Lázaro, que se convertiría con el tiempo en un gran botánico, pero que carecía de curriculum en aquellos momentos. Todos los miembros del tribunal votaron a Lázaro, salvo los dos botánicos que, ante el compromiso, dieron su voto a un tercer candidato sin méritos. Aquello fue una humillación para Pau, que lo encajó mal, agrió su carácter y a punto estuvo de perderse en una vida de juergas nocturnas (Algún amigo suyo llegó a reclamarle su revólver).


Carlos Pau


Por fortuna, consiguió volver a su trabajo de farmacéutico de pueblo y comenzó a trabajar con más ahínco que nunca, como si quisiera demostrar a todo el mundo la gran injusticia que habían cometido con él. Desde ese momento, totalmente al margen del mundo académico, él mismo se financió sus investigaciones y viajes, que darían lugar a más de 250 publicaciones. Pero nunca olvidó y aprovechó la más mínima oportunidad para atacar a Colmeiro y sus seguidores, así una de las primeras plantas que describió recibió el elocuente nombre de Centaurea latronis. Con los años en torno a Pau, demostrando el buen catedrático que perdió la universidad española, se agruparon un buen número de jóvenes y brillantes botánicos: Caballero, Font Quer (que sufriría años más tarde en Barcelona un atropello similar al de su maestro), Fragoso, Cuatrecasas, etc. De Pau se ha dicho que fue el gran referente de la Flora Mediterránea, la persona de consulta obligada en esta materia, cuya única laguna fue la dispersión de sus publicaciones, que no dieron lugar a una gran obra, la cual sin duda hubiera sido una de las cimas de la botánica de su tiempo.
 
Se pueden apreciar la hojas blanquecinas y las brácteas del involucro oscuras.
 
El 25 julio de 1907, tras dormir en un chozo de pastores del Prado de las Pozas, Pau junto al botánico checo Kheil llegan a la Laguna Grande de Gredos (Ávila) y allí recoge entre unas piedras próximas a su orilla norte una Centaurea, que le recordó mucho a su Centaurea paui. En 1909 apareció publicada en la Revista Montes la descripción de la nueva Centaurea avilae, que dedicó a D. Pedro de Ávila, un botánico que la había recogido en el mismo lugar 2 o 3 años antes.

A Pau no parece que le gustó mucho Gredos por sus abundantes picos y elevadas pendientes, sin llanuras. Para él lo mejor de la sierra estaba en el piso montano y la temporada estaba ya muy avanzada para poder herborizar en esa zona, así que rápidamente dejaron estas cumbres para ir al cercano Pinar de Hoyocasero, que describió como uno de los lugares más ricos que conocía de España.

Excrementos de Cabra montés entre tres centaureas de Gredos. ¡Qué peligro!


Durante años he buscado a la Centaurea avilae en Extremadura, sin conseguir resultados. Algunas personas me hablaron de ella, pero cuando había que determinar su localización exacta siempre se difuminaba. Podéis acusarme de catetismo coriológico y algo de razón tendréis, pero más bien ocurre que me quedo más tranquilo cuando una especie endémica de esta sierra crece también en su vertiente sur (más cálida y seca), para mí es como si tuvieran un seguro de vida frente a lo que se nos viene encima. Hasta la fecha lo más cerca que he estado es con una población de la sierra del Barco que está a poco más de 100 m del límite. Una distancia tan corta como engañosa, pues la ladera extremeña que hay más allá de ese límite también está orientada al norte y hasta mi catetismo coriológico tiene sus límites.

La Centaurea de Gredos ocupa zonas rocosas soleadas entre los 1800 y los 2200 m, casi siempre en fisuras que le proporcionen un mayor aporte de agua. Básicamente se extiende desde el Puerto de Tornavacas al Puerto del Pico, más al este de ese puerto, según Modesto Luceño, parece que sólo se encuentran ejemplares hibridados con Centaurea alba. Precisamente la hibridación con esta última especie, que habita en los piornales, se considera una de las mayores amenazas para la especie.

miércoles, 13 de marzo de 2013

LA OTRA FAUNA DE LA DEHESA II. LA MORUCHA.



Hace años, mientras atravesaba con un amigo una zona de retamas densas muy altas escuchamos el bocinazo de una vaca y el sonido de un cencerro en movimiento muy cerca. Sólo podíamos ver unos cuernos que corrían a nuestro alrededor, por encima de las retamas que nos rodeaban, sin dejar de llamar al resto de la manada. Conseguimos salir a una pista que atravesaba el retamar y justo detrás de nosotros a pocos metros apareció una bellísima vaca morucha cárdena, que nos miró, se colocó y se arrancó hacia nosotros. Jamás he corrido tanto, no creo que fueran más de 30-40 metros, lo justo para llegar a unos grandes bloques de granito. Fruto del terror yo iba delante, algo incomprensible pues mi acompañante era un auténtico atleta. Al llegar a la base de los bloques me paré en seco ante un denso zarzal, mi amigo que no lo vio me saltó limpiamente por encima de los hombros y cayó dentro de él. Tuvo suerte y pudo salir casi entero. La vaca nunca tuvo la intención de cogernos, creo que con lo cerca que estaba no le hubiera costado mucho, y al vernos huir se reunió con el resto de las vacas, que ya estaban por todas partes armando un escándalo tremendo, y se fue con su pequeño ternero que estaba escondido entre aquellas retamas. Para nuestra desgracia habíamos asistido en primera persona a uno de los rasgos de comportamiento que caracterizan a esta antigua raza, el acarbado o ennidado de sus terneros durante los primeros días de vida y su gran instinto maternal.



Esta es para mí es la raza bovina autóctona más bella. De tamaño mediano, esqueleto fino y dorso horizontal que le dan una armonía casi natural, gran movilidad, carácter recio y unos ojazos negros enormes. Puede tener dos capas, la cárdena en distintos grados y la negra. Aunque hoy la negra está casi en peligro, en su momento fue el color más abundante y de hecho parece que el término morucho le viene de ese negro mal teñido.

Se trata de la raza propia de la llamada dehesa fría de la meseta, una zona de encinares, robledales y quejigares con unas temperaturas que oscilan entre los -10 y 40° C. Su lugar de origen es el campo charro salmantino y allí permanece el grueso de la raza, que también ocupa Cáceres y Zamora y en menor medida Valladolid, Ávila y Toledo.

Vieja foto de los 80 del toro morucho más bonito que he visto.

A pesar de su carácter la raza era un excelente animal de trabajo, lo que una vez más demuestra que los mejores bueyes no eran los de las razas más grandes como podría pensarse. Todavía en 1950 la raza fue capaz de ganar el concurso de arrastre en una feria internacional. Aunque hoy día su vocación es la de producir carne, donde impone su fertilidad, facilidad de parto, instinto maternal y peso proporcional del ternero al nacer. Sin olvidar la extrema calidad de su carne.



Pero seguro que lo que más famosa ha hecho a esta raza ha sido su pasado como animal de lidia, aunque de esto hace ya tiempo, el conocido encaste morucho aportaba animales grandes y agresivos, aunque según los taurinos no bravura. Desconozco estas sutilezas, aunque siempre he pensado que las razas de pelea, los toros de lidia son una de ellas, son psicópatas, seleccionados precisamente por serlo generación tras generación. Al toro de lidia se le exige embestida constante, que no se achique en el sufrimiento y que sea previsible noble en sus acciones. Según parece, los toros amoruchados además de grandes y fuertes no se andaban con tonterías e intentaban matar al torero a los primeros pases, para después rehuir la lucha, imagino que más preocupados por la huida y salvar el pellejo, una reacción completamente natural alejada de la actitud kamikaze de un toro de lidia.



Sus ganaderos, por su parte, adoran ese carácter hosco y la raza hoy cuenta con más de 200.000 cabezas. Recuerdo que una vez un ganadero salmantino que traía sus vacas en invierno al norte de Cáceres me las describió con orgullo: “Son como las avispas”.

martes, 26 de febrero de 2013

Un invierno de pájaros.

 A falta de teleobjetivo os dejo un dibujo a acuarela basado en una foto sacada de la web,
creo que de Samuel Langlois. Mi primer dibujo en dos años, así estaba de emocionado.


Por mucho que tengamos temporales el invierno se acaba, los gansos y las grullas ya nos abandonan y, un año más, se acerca la FIO. Hay que reconocer que ha sido un buen invierno para pájaros, de hecho hacía mucho tiempo que no me divertía tanto. El pajareo era una actividad que había ido dejando arrinconada por árboles, yerbajos, bichos, murciélagos y  afines. Pero este invierno se me ha reactivado otra vez el  gusanillo,  no sé si tendrá algo que ver la película “El gran año” (vale, no es la trilogía de Apu, pero pasé un buen rato con ella) o tal vez la cantidad de especies raras que han visitado Extremadura. Tres eran las especies que me había apuntado como objetivo: Aguilucho papialbo, Ánsar piquicorto y Ampelis europeo, aunque esta última estaba en Béjar (Salamanca), que no deja de estar a tiro de piedra de Extremadura.


El Aguilucho papialbo se consiguió al segundo intento, gracias a la ayuda de un experto que corrigió mi incorrecta ubicación inicial. El Ánsar piquicorto me supuso un día de viento terrible en Valdecañas, revisando uno por uno todos y cada uno de los centenares de ánsares comunes del embalse. Aunque había un par de ánsares caretos entre ellos no  tuve suerte con el piquicorto. Pero sin dudas el gran día fue el de Béjar con los ampelis, seguro que uno de los pájaros favoritos de cualquier pajarero. Al principio era bastante reacio al asunto, localizar en solitario dos pájaros no más grandes que un tordo, que sabe dios que gustos tendrán, me parecía algo arriesgado, pero eran unos ampelis. Las constantes referencias a los mismos conforme pasaban los días me animaron, parecía que los pájaros se habían establecido en la zona a pasar el invierno. Lo planteé como una visita relámpago del tipo “death or glory”: prismáticos, telescopio y dos manzanas. Llegué al lugar en cuestión y me sorprendió tanto el sitio y la ausencia de otros pajareros que me mosqueé y tras dar una vuelta por la zona volví a Béjar y estuve buscando por otros lugares. Iba despacio en el coche, mirando a todo el mundo para intentar descubrir al pajarero en su labor, pero no hubo suerte. Un poco desanimado decidí volver al punto de inicio, ahora había un coche mal aparcado en la entrada de una finca cercana y otro coche cruzado en la puerta del chalet. Mientras daba la vuelta a mi coche para aparcar observé la pegatina de la SEO en el segundo vehículo, ahora seguro que estaba en el sitio. En la entrada de la finca había dos personas con telescopios. Pregunté si había suerte y me contestaron que mirara por el telescopio, que los tenían enfocados. Fue una visión espectacular, la luz de la mañana hacía resaltar todos y cada uno de los matices del color de esta belleza boreal. Resultó además que una de las dos personas era Antonio Díaz, el descubridor de los ampelis, que nos contó con pelos y señales las costumbres de aquella pareja. Tras un rato de observación a placer los pájaros volaron y como era probable que tardaran en volver yo decidí marcharme para Cáceres tras despedirme del gran Antonio.

 Cuando estaba llegando a Plasencia recordé que había unas citas de Porrón bastardo en el Charco Salado y como iba bien de tiempo decidí darme el homenaje. Llegué a la charca  y fue montar el telescopio y encontrarme la cabeza de la hembra de Porrón bastardo. De regreso, ya más calmado me detuve a ver un Elanio azul posado en un poste. El jodío estaba sobre una colonia de Topillo de Cabrera, que debe recibir frecuentemente las atenciones de esta rapaz, pues no es la primera vez que lo veo allí. Definitivamente el día estaba echado, así que decidí regresar a Cáceres cruzando Monfragüe.


Me paré en la Portilla del Tiétar, hacía frío pero no había nadie, no pasaban coches, me recordó mis tiempos mozos, cuando fuera de Villarreal, podías pasar un día en Monfragüe en plena primavera sin encontrarte más que a cuatro o cinco pajareros, casi siempre extranjeros. En lo alto de la Portilla estaba la Imperial posada que, muy profesionalmente, se echó a volar, dio dos pasadas por delante del mirador y se colocó de nuevo en su posadero. Al rato despegó de nuevo y desapareció “guarreando” en la umbría donde tiene su nido. Tras echar un vistazo a los leonados decidí esperar un poco para ver a los  búhos reales, o al menos oírlos. Una vez que los buitres dejaron de revolotear sobre la Portilla se empezaron a escuchar las voces de los búhos, primero el macho, que estaba en la ladera que hay tras el mirador y después la hembra desde el roquedo. Esta vez no hubo suerte y no se dejaron ver.

De vuelta a casa me puse a pensar en lo que ha cambiado esto del pajareo en unos años (tampoco soy tan viejo, coño). Ahora hay muchas más personas aficionadas, mejor formadas e infinitamente mejor equipadas, la información aportada por los aficionados inunda las redes sociales y realmente existe un turismo cultural ornitológico. Sólo espero que sean prudentes quienes intentan aprovechar este recurso, que la calidad del servicio y el respeto por las aves sean siempre la premisa y que se tenga presente que más no es siempre mejor.
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