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lunes, 4 de febrero de 2013

El Roblón de Estalaya. Cervera de Pisuerga, Palencia (Spain).


Casi 10 m de perímetro de tronco y ese imponente aspecto que sólo alcanzan los robles. Yo me quedo con esta imagen.


Si uno quiere conocer una buena clasificación aplicable a árboles monumentales hará bien en olvidarse de decretos y boletines oficiales, ya que la Administración nunca ha sabido entender lo que se traía entre manos con estos ejemplares. Yo recomiendo la consulta del libro “Árboles excepcionales del mundo” de Thomas Pakenham, sé que a algunos expertos en este tipo de árboles no les resulta un libro reseñable, ellos se lo pierden.

Pakenham, después de haber recorrido todo el mundo fotografiando árboles, los clasifica en:

·         Gigantes: dioses, diosas, osos.

·         Enanos: por miedo a los hombres pequeños, esclavizados.

·         Matusalenes: vivos y muertos, santuarios.

·         Sueños: prisioneros, exóticos, amantes y bailarinas, serpientes y trepadoras, espectros.

Siguiendo a Pakenham, un árbol oso sería un ejemplar de formas monstruosas y dimensiones espectaculares, algo así como uno de los Ents de Tolkien. Incluso podríamos llegar más lejos en casos especiales de árboles osos, tendríamos los trolls “tan feos como brutales”. Pues bien, me vais a perdonar, en especial aquellos que lo consideren ofensivo, pero precisamente en un oso virando alarmantemente a troll es en lo que pienso cuando veo una imagen del Roblón de Estalaya.

La base quemada, los complejos mínimos sobre los muñones, etc. Del dios al troll.


 Hay infinitas listas de árboles monumentales de España y casi tantos libros sobre ellos, unos ejemplares entran y otros salen según los autores, el Abuelo de Estalaya es uno de esos ejemplares que debe estar en cualquier recopilación seria. No en vano se trata del mayor ejemplar de Roble albar o Carballo fresnal (Quercus petraea) de nuestro país.

La edad de este ejemplar  supera los 500 años, pero no creo que llegue a los más de 900 que se le atribuyen en algunas fuentes. Debe haber tenido una vida gloriosa hasta hace unos 100 años. En un paraje idílico, viendo como hayas y robles se disputan el monte, seguro que más de un oso ha pasado bajo su copa. Pero todo lo bueno termina y el aspecto que muestra actualmente el árbol es el fruto de una sucesión de daños provocados por el hombre en forma de podas salvajes que convirtieron a este árbol, que debió ser majestuoso, en un gigantesco tocón en parte quemado por algún bárbaro. Se cuenta que hace 50 años se libró de una tala de más de 1.000 robles, pero parece ser que tan sólo fue respetado porque su apeo daba más trabajo que beneficio.

Ahora hay un camino magnífico que facilita su visita y una sencilla pasarela de madera alrededor del árbol, que evita daños al sistema radicular de este anciano por parte de sus numerosas visitas. Sólo faltaría que buena parte de los visitantes dejaran de saltar la pasarela para seguir subiéndose al tronco para llevarse una foto recuerdo, del tipo “cazador con su trofeo”.

martes, 29 de enero de 2013

El Piquituerto (Loxia curvirostra). Common Crosbill.

Macho de Piquituerto cantando. Sierra de Béjar, 1700 m.

Aunque no es un pájaro abundante en Extremadura tenemos la suerte de poder disfrutar de esta especie en algunos puntos contados de las sierras de Gredos y Béjar y de manera aún más puntual en las sierras de Gata-Hurdes, donde no parece probable que lleguen a reproducirse.

Desde pequeño he tenido a esta especie entre mis favoritas, entonces me la imaginaba como un habitante típico de los extensos bosques de coníferas de la remota Taiga, sin imaginar que a 40 km de mi casa criaban tan tranquilamente.


Hembra de Piquituerto. Sierra de Béjar, 1700 m.

Los piquituertos ibéricos parecen pertenecer a la subespecie nominal (Loxia curvirostra subsp. curvirostra), no así los de Baleares que pertenecen a una subespecie endémica de las islas (Loxia curvirostra subsp. balearica). No obstante, se pueden observar diferencias en la morfología del pico y longitud de las alas entre pájaros que viven en zonas de pinares de Pinus sylvestris y los que viven en pinares de Pinus halepensis, diferencias que parecen deberse a la mayor estabilidad de producción y mayor tamaño del fruto de la segunda especie. Curiosamente, las ardillas parecen producir conos más gordos en los pinos de los que se alimentan, que son más difíciles de abrir y afectan a los piquituertos que desarrollan picos más gruesos en esas zonas, que los llevan a parecerse a los piquituertos loritos escoceses (Loxia scotica).


Macho de Piquituerto. Sierra de Béjar, 1700 m.

El hecho de alimentarse de un recurso tan variable como son las semillas de coníferas han dado lugar a dos de los comportamientos más característicos de esta especie: las irrupciones y la capacidad de criar en cualquier mes del año. Unos investigadores franceses han llegado a la conclusión de que un Piquituerto necesita de 80 a 280 pinos silvestres para alimentarse durante un año, que ya son piñones. Más aún, un pájaro criando necesitará unos 4.000 piñones al día. Con estos números, es fácil imaginar que cuando la cosecha de piñones de las piceas baja en las regiones más norteñas los piquituertos de esas zonas se tengan que buscar la vida en otra parte. En los últimos 100 años se han producido al menos 40 irrupciones de este tipo en Europa occidental. Según parece las aves proceden de regiones siberianas más allá de los Urales que, después de meterse un viaje de 2.500-3.000 km, se plantan en los pinares europeos en verano e inmediatamente se disponen a criar, justo cuando sus parientes locales ya han terminado su ciclo reproductivo iniciado en invierno.

martes, 22 de enero de 2013

Eslizón ibérico, Bedriaga´s skink (Chalcides bedriagai).

Chalcides bedriagai. Sierra de Fuentes, Cáceres. 500 m. 2012.

 
No puedo evitarlo, pero cada vez que me topo con una de estas asombrosas criaturas tengo una sensación extraña, es como estar ante una obra inacabada, como un proyecto fallido. Esta sensación se acentúa al ver cómo prescinde de sus patitas al desplazarse con rápidas ondulaciones de su cuerpo. Se suele decir que es un caso de proceso evolutivo regresivo de lagarto a culebra, que soltado así parece algo incluso malo. Lógicamente, al  Eslizón todas estas cuestiones se la traen al fresco.

Pese a ser una especie relativamente común y  fundamentalmente diurna, no resulta nada fácil toparse con un Eslizón ibérico. Se trata de una especie tremendamente discreta que vive entre el pastizal y bajo piedras, troncos y hojarasca. Tampoco ayuda el hecho de que utilice la tigmotermia (calentarse por contacto con un objeto más caliente) para regular su temperatura, lo que le evita los riesgos de exponerse al sol como una lagartija, le basta con descansar bajo una roca soleada. La mayoría de las veces sabemos de su presencia por ser presa  de alcaudones, cernícalos y abubillas, aunque son las culebras sus mayores predadores.

El Eslizón ibérico es un endemismo de la Península Ibérica,  a donde llegó probablemente procedente del norte de África durante el Messiniense (5,3-5,9 m.a.). Ocupa casi exclusivamente la Región bioclimática Mediterránea, estando presente  en todo tipo de hábitats, desde el nivel del mar hasta cotas superiores a los 1500 m, si bien parece que mantiene una distribución fragmentada, lo que ha dado lugar a tres subespecies y diversos ecotipos.  Los ejemplares extremeños pertenecen a la subespecie C. b. pistaciae, de aspecto más lagartijil, más robusto y oscuro que los individuos costeros, pero eso dependerá del autor consultado. En portugués tiene el bonito nombre de Cobra-de-pernas-pentadáctila.

sábado, 12 de enero de 2013

EL ALCORNOQUE ABUELO. Alburquerque, Badajoz. Extremadura (Spain).


El joven fotógrafo y bloguero junto al viejo abuelo.


Mi primera visita al Abuelo de Alburquerque, o el Abuelo de Extremadura como algunos lo llaman, fue en 1997 y por aquella fecha el árbol aún se mostraba formidable, con su magnífica copa rectangular, sus grandes crecimientos y  sus hojas lustrosas y de un intenso color verde. Tenía ya algunos problemas estructurales serios debidos a una antigua poda bastante desafortunada, que originó grandes heridas sobre las que se anclaría posteriormente la nueva estructura del árbol, confiriendo así gran fragilidad al conjunto. Algunos desplomes ya se habían producido de hecho. Pero lo que menos me gustó en aquella visita fue contemplar su corteza completamente llena de inscripciones de nombres e iniciales, sólo habían pasado dos o tres años desde su último descorche y el árbol ya presentaba ese triste aspecto. Sin duda una grave falta de respeto hacia el venerable abuelo.

Después de aquello, en 1999, se produjo una nueva agresión brutal sobre este árbol. Otra poda salvaje añadía nuevas heridas de gran calibre y hacía desaparecer su bellísima copa. Seguramente para siempre. No volví a visitar el árbol hasta 2001 para comprobar la evolución de la poda, lo que vi me gustó tan poco que hasta diciembre de 2012 no he vuelto.


La base se desparrama sobre la roca casi como la lava de un volcán.


 Puede que ahora ya no sea la misma persona, más de una década es mucho tiempo, pero el caso es que he mirado al Abuelo con otros ojos. Cierto que la copa no se recuperará y los desplomes seguirán mermándola, pero me encontré el tronco limpio de marcas de desaprensivos, el árbol sigue con vigor y ver de nuevo ese bellísimo tronco de 6 metros de perímetro abriéndose paso entre la roca sigue siendo impresionante.

En mi mente estaba tratando de ver a este alcornoque, que no creo que alcance los 300 años, dentro de unos años. Quería imaginarlo como  uno de esos viejísimos castaños casi milenarios en los que ya apenas queda un tronco, ¡pero qué tronco! Difícilmente esto será posible ya que el alcornoque no tiene la fuerza estructural del castaño, o la encina, ni su capacidad de recogerse sobre su viejo tronco, repetidamente podado y descorchado.  Al Abuelo, por su edad y vigor, todavía le quedaban años de plenitud expansiva antes de iniciar sus fases regresivas, pero ahora deberá comportarse como un árbol anciano, eliminando su estructura periférica y reconstruyéndose desde el tronco. Y eso es ir contra la Naturaleza. Que tenga suerte.

lunes, 7 de enero de 2013

Día de Reyes: avutardas, gangas, buitres y Tyrannosaurus rex.


Tyrannosaurus rex hace justicia con Peppa Pig.


Un magnífico día de Reyes, soleado y en casa con la familia. Este año parece que si me apuntaré al reto del Big Year (tenéis un enlace en la columna derecha del blog) en las categorías B (zona habitual de campeo) y C (en y desde casa).

Nada más levantarme me asomé por la ventana a ver si había algún visitante en el patio y descubrí a uno de los miembros de la pareja de Curruca cabecinegra que últimamente frecuentan el jardín. Anoto la especie para el reto.

Curruca cabecinegra sobre el Ginkgo.


Era el momento de abrir los regalos con nuestra hija y de jugar con ella. Momento que aproveché para tomarme cumplida venganza de la repelente Peppa Pig. Con un día tan bueno decidimos salir al campo y dar un paseo por los Llanos, que en esta fecha están preciosos.

He elegido una parte de los Llanos de Cáceres que están cerca de la ciudad de Cáceres para incluirla en mi área de campeo habitual de cara al reto Big Year 2013. Antes de nada nos acercamos a ver Ganga ibérica, que no faltaron a la cita con una pareja muy cerca de nosotros que pudimos observar a placer con una luz perfecta. Algo más alejadas el resto del bando, para un total de 35 aves. No vimos los sisones que frecuentan la zona en esta época, pero sí un par de Ortegas en vuelo. También vimos un macho de Aguilucho pálido volando.
 
Probablemente una de las peores fotos de Ganga ibérca de la historia.


Dejamos el coche cuando vimos las primeras avutardas (+40 machos) y continuamos andando por el camino. Otro macho de Aguilucho pálido. Durante el paseo vimos un puñado de especies y escuchamos un Alcaraván que no conseguimos ver. Hicimos una parada para observar unos buitres negros y leonados en tierra. La mayoría eran unos jovenzuelos y no recelaban, por lo que pudimos acercarnos bastante. Tras unos escarceos con los charcos de barro (cortesía de Peppa Pig) y con las margaritas, paramos a observar un gran bando de chorlitos dorados y avefrías en un pastizal, en ese punto ya se oían los trompeteos de las grullas, que nos indicaban la cercanía de la dehesa y el final del paseo. En el coche, ya de vuelta a casa, vimos otras 12 avutardas macho.

Una de las pandillas de buitres.

De vuelta en casa, Peppa Pig había sellado una alianza con los dinosaurios y ahora sería yo el que tendría que sufrir el castigo…

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡A POR EL 2013!

Globularia repens. El Bujaruelo (Huesca).


No sé qué deparará el año 2013, pero con seguridad no voy a aprender alemán, ni me apuntaré a un gimnasio para esculpir, aún más, mi apolíneo cuerpazo, ni amenazaré con tocar el oboe, ni construiré esa maqueta del Titanic en madera de balsa a escala 1:1. Un año más no conseguiré terminar el Ulises de Joyce y, desgraciadamente, seguiré sin conocer a ese tío perdido que me invitará a viajar a Nueva Zelanda.

Para aquellos que como yo todavía busquen un reto que platearse de cara al nuevo año, me he permitido sacar un párrafo de Thoreau, el archiconocido autor de “Walden or life in the woods” (unos de los 10 libros que me llevaría a una isla desierta, junto con un teléfono satelital de cobertura global). Pertenece a su libro “Letters to a Spiritual Seeker” que me he leído este año:

Me digo a mi mismo: dedícate un poco más a la labor que dices dominar. Usted no está satisfecho o insatisfecho consigo mismo sin razón aparente. ¿No posee una cualidad del intelecto de inestimable valor? Si existe algún experimento que le gustaría llevar a cabo, adelante. No deje espacio para las dudas que no le sean satisfactorias. Recuerde que no tiene por qué comer si no está hambriento. No lea los periódicos. Aproveche cada oportunidad de estar melancólico. Y en cuanto a salud, considérese sano. No se empeñe en encontrar las cosas tal y como usted cree que son. Haga lo que nadie puede hacer por usted. No haga nada más”.
 

¡FELIZ AÑO 2013!

viernes, 21 de diciembre de 2012

Grullas en el Embalse de Gabriel y Galán (Cáceres, Extremadura).



Familia  alimentándose en una dehesa del Ambroz.


Si alguien me pregunta por un lugar para ver grullas en Extremadura tengo claro que le diré que la zona de Madrigalejo-Navalvillar de Pela. Pero si la pregunta es por mi lugar favorito para ver grullas en esta región tampoco dudaría con la zona, en este caso la del Ambroz y Embalse de Gabriel y Galán.


El Embalse de Gabriel y Galán visto desde la subida al Puerto de Honduras.


Que este núcleo de invernada “sólo” acoja a unas 800-1500 grullas (algo menos del 2 % de las que invernan en Extremadura) no representa ningún demérito para mí. Este es un núcleo tradicional de grullas de las de antes, que se desparraman en pequeños grupos familiares buscando alimento por dehesas con paredes de piedras donde pastan vacadas de moruchas, avileñas y ganado bravo. Cuando muchos de estos núcleos de dehesa van perdiendo efectivos invierno tras invierno, en favor de otras zonas con cultivos de regadío, este núcleo se mantiene estable y me gusta pensar que es por fidelidad.


Grupo de grullas con el Torreón y el Pinajarro de fondo.


Tras observar a las grullas en las dehesas, el mejor momento del día es la entrada al dormidero del embalse y en eso tiene mucho que ver la ubicación del mismo (no es mala opción, aunque habrá que contar con la suerte, la de esperar el paso de las grullas por el Valle de Jerte desde la zona de Cabezabellosa, por ejemplo). El Embalse de Gabriel y Galán se encuentra rodeado por las montañas del Sistema Central por el norte, este y oeste, mientras que al sur se extienden los extensos y densos encinares del Ambroz. El propio embalse, con su contorno irregular entre pequeños cerros poblados con encinares y pinares, presenta un aspecto muy poco artificial que no desmerece en absoluto. El fondo sobre el que discurrirán los vuelos de las grullas difícilmente puede ser más atractivo.
 

Algunas de las primeras en llegar cruzan el Valle del Jerte desde La Vera y el norte de Monfragüe.


Esta zona además es una amplia zona deshabitada, sin luces de pueblos y sin carreteras principales (yo suelo situarme en un lugar desde el que la presa no es visible), lo que la convierte en una zona de una increíble tranquilidad durante estos atardeceres de otoño e invierno. Lo apreciaremos por lo distante de los bocinazos de las grullas que podremos escuchar. Las oiremos cuando aún están en el suelo de las dehesas y en vuelo las oiremos bastante antes de que las podamos ver. Al estar tan dispersas y estar los comederos tan próximos al embalse, las grullas van entrando en numerosos grupos, la mayoría de ellos de menos de 100 aves. Tampoco se esmeran mucho en adquirir una formación en V muy marcada, ni en ganar altura, de modo que son comunes los largos cordones de aves cruzando las aguas del embalse a pocos metros sobre el agua. Sus trompeteos en esos momentos suenan de una manera impresionante, como si estuvieran en un auténtico auditorio.
 
A la puesta del sol la llegada de grupos se acelera.


Vista del embalse, con un nivel de agua bastante bajo para la época.


Ya de noche nos retiramos, pero antes debemos atravesar alguno de los parajes por donde se vieron linces hasta hace muy pocos años. Sé que es un imposible y, aún así, nunca puedo evitar cierta tensión infantil que no se pasa por muchas veces que haya recorrido estos caminos. Soñar es gratis…todavía.

¡FELIZ NAVIDAD!
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