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| Chalcides bedriagai. Sierra de Fuentes, Cáceres. 500 m. 2012. |
No puedo evitarlo, pero cada vez
que me topo con una de estas asombrosas criaturas tengo una sensación extraña,
es como estar ante una obra inacabada, como un proyecto fallido. Esta sensación
se acentúa al ver cómo prescinde de sus patitas al desplazarse con rápidas
ondulaciones de su cuerpo. Se suele decir que es un caso de proceso evolutivo
regresivo de lagarto a culebra, que soltado así parece algo incluso malo. Lógicamente,
al Eslizón todas estas cuestiones se la
traen al fresco.
Pese a ser una especie
relativamente común y fundamentalmente
diurna, no resulta nada fácil toparse con un Eslizón ibérico. Se trata de una
especie tremendamente discreta que vive entre el pastizal y bajo piedras,
troncos y hojarasca. Tampoco ayuda el hecho de que utilice la tigmotermia
(calentarse por contacto con un objeto más caliente) para regular su
temperatura, lo que le evita los riesgos de exponerse al sol como una lagartija, le basta con descansar bajo una roca soleada. La mayoría
de las veces sabemos de su presencia por ser presa de alcaudones, cernícalos y abubillas, aunque
son las culebras sus mayores predadores.
El Eslizón ibérico es un
endemismo de la Península Ibérica, a
donde llegó probablemente procedente del norte de África durante el Messiniense
(5,3-5,9 m.a.). Ocupa casi exclusivamente la Región bioclimática Mediterránea,
estando presente en todo tipo de hábitats,
desde el nivel del mar hasta cotas superiores a los 1500 m, si bien parece que
mantiene una distribución fragmentada, lo que ha dado lugar a tres subespecies
y diversos ecotipos. Los ejemplares
extremeños pertenecen a la subespecie C.
b. pistaciae, de aspecto más lagartijil, más robusto y oscuro que los
individuos costeros, pero eso dependerá del autor consultado. En portugués tiene
el bonito nombre de Cobra-de-pernas-pentadáctila.












