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miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Castillo de Peñafiel. Parque Natural Tajo Internacional. Zarza la Mayor, Cáceres.

El Castillo de Peñafiel visto desde Salvaterra do Extremo (Portugal).


Aunque no es este el tema de este blog, la realidad nos muestra que el Parque Natural Tajo Internacional y su entorno inmediato reúnen, cuanto menos, tantos valores históricos como medioambientales: el mejor puente romano del mundo (¿el mejor puente a secas?), un magnífico conjunto megalítico con dólmenes y menhires, abrigos con pinturas rupestres, castros prerromanos, juderías, conventuales, castillos medievales, etc.

Dejando de lado el puente de Alcántara (no muchos límites de un espacio natural son tan impresionantes) yo me quedo con el Castillo de Peñafiel, pocas cosas hay tan atractivas como unas ruinas medievales perfectamente integradas en un entorno natural privilegiado y si además existe una leyenda asociada a esas ruinas pues mejor. En este caso tenemos la leyenda de Racha Rachel (la peña de Raquel), con una hechicera mala-Miriam la egipcia-, un apuesto caballero cristiano-Leafar- y una bella princesa mora de nombre Rachel. El resto seguro que os lo podéis imaginar.

Parece ser que en el siglo IX los bereberes, tras meter en cintura a los moros, instalaron una torre de vigilancia donde ahora está el castillo. Poca cosa, no fue hasta la conquista de estas tierras por Alfonso IX de León en 1212 cuando este enclave adquirió importancia. La razón es sencilla, al otro lado del río Eljas está Portugal y sus caballeros templarios (aquellos que juraban no derramar sangre cristiana) no hacían otra cosa que disputar las fronteras con el reino leonés. Así que esta frontera se fue llenando de fortalezas, no para defenderse de los moros, sino para defenderse de los otros cristianos (algo parecido ocurría en la otra frontera extremeña entre León y Castilla). La obra actual procede del siglo XIII y en el siglo XVI sufrió una nueva reforma. Tras la guerra de independencia de Portugal del siglo XVII este castillo fue abandonado, las modernas piezas de artillería del ejército portugués hicieron inútiles fortalezas de este tipo.

Hoy día, lo mejor es cruzar a Portugal para poder apreciar este monumento en toda su magnitud. Mientras observo los buitres y las águilas pienso en la estupidez de los moros, los bereberes, los templarios portugueses y los caballeros de Alcántara. Tanto pa´na.

domingo, 2 de diciembre de 2012

FESTIVAL DE LAS GRULLAS EN EXTREMADURA.



Imposible resistirse a la  supermoto de la grulla gigante.


¿Un festival de grullas a mi edad? Pero oye, que las grullas y yo, uña y carne. Horas y horas de observaciones durante muuuchos años. Eso es algo de suecos educados, alegres por recibir la primavera. Pero bueno, este año teníamos la oportunidad irrepetible de ir a un festival de grullas a hacer milmoching y no era cosa de perdérsela. Y me alegro un montón de haber tenido esta oportunidad de descubrir este festival con los ojos de un niño.

Perogrullo en acción.


Para empezar la zona donde se celebra el festival es el mejor lugar de Europa para ver grullas en invierno. El espectáculo natural de magnitudes africanas está garantizado. Además, la observación de grullas tiene la grandísima ventaja de poder realizarse a cualquier hora del día, lo que facilita mucho las labores de despliegue para aquellos que cuenten con pajareros infantiles entre sus filas.

 Toma pipi.


Toma pipi a comer.


Que te reciba el duende Perogrullo en la casa de las grullas y puedas subirte a la moto de una grulla gigante ayuda a que se despierte la curiosidad al pajarero novel más reticente. Aprovechando unas réplicas a tamaño natural de las grullas le contamos a Águeda cómo y qué comen estas aves y es evidente que lo entendió, porque poco más tarde, mientras observaba por el telescopio un grupo de grullas, se sacó una bellota del bolsillo y acercándola al ocular empezó a decir “toma pipi a comer”.





Y por supuesto, cuando el milmoching finaliza y la joven pajarera descansa, es el momento de disfrutar del impresionante espectáculo de estas concentraciones de miles de grullas.

lunes, 26 de noviembre de 2012

ORQUÍDEAS Y BOTELLÓN: Epipactis helleborine.

Epipactis helleborine. Subida al Puerto de Honduras, Gargantilla (Cáceres).


A fuerza de ver a los insectos como pequeñas maquinitas dirigidas férreamente por sus instintos, nos suele resultar difícil darles al menos un pequeño margen de independencia para poder elegir. Pero está claro que tienen sus propios gustos y harán bien en conocerlos todas aquellas especies interesadas en aprovecharse de ellos. Aunque las plantas hacen todo lo posible por engañar y utilizar a los insectos, estos son capaces de vengarse mediante robos que acarrean graves daños. Es una batalla que nunca acabará.

Las prestigiosas y reputadas orquídeas son, sin embargo, algunas de las plantas más tramposas y canallas de la Naturaleza. Ya hemos hablado aquí del Zapatito de dama, le toca el turno ahora a la Falsa verdegambre (Epipactis helleborine), una planta que representa muy bien las malas artes de parte de las especies de este grupo.

Se trata de una planta extendida por toda Europa y Asia, por donde llega hasta Japón. En Norteamérica fue introducida en 1891 y ahora ocupa buena parte de Canadá y Estados Unidos, siendo considerada como plaga en algunas zonas. No parecen unas buenas credenciales, pero estoy seguro que la maldad no anida en su corazón y que todo debe tener su explicación.

Las Epipactis son orquídeas de bosques templados y umbrosos, zonas en las que los potenciales insectos polinizadores son escasos. Además, presentan unas flores pequeñas y poco llamativas (aunque vistas de cerca tienen la inconfundible belleza de las orquídeas). Su modo de vida no es fácil y requieren establecer una buena relación con las micorrizas de los árboles grandes de su entorno próximo, algo que muchas no consiguen. Si consiguen establecerse se aferran al lugar y son difíciles de erradicar (como bien saben los jardineros estadounidenses), aguantarán bajo tierra cuando las condiciones ambientales no sean las adecuadas, para florecer cuando la cosa mejore, no importa que eso suceda una vez cada 20 años. Ante tanta dificultad muchas especies de Epipactis son capaces de autopolinizarse para no depender de unos insectos tan poco predecibles en estos medios. Epipactis helleborine está en el grupo de las que todavía necesitan la ayuda de los insectos para su fecundación. Y lo consigue sí o sí.

Los investigadores han analizado el néctar de esta especie y el resultado es sorprendente, llegando a describirlo como una “bomba narcótica”. Así, entre las múltiples sustancias identificadas se encuentran 4 atrayentes de insectos, 3 sustancias fuertemente narcóticas que producen sopor, sedación, narcosis e incluso alucinaciones, varias sustancias responsables del olor característico de la planta (lo que sería la única artimaña honesta de la planta) y vanillin un fuerte atrayente de animales (incluida nuestra especie), que fue aislada por primera vez en la orquídea Vainilla (Vanilla planifolia). Por si esto no fuera ya suficiente, el néctar tiene sustancias azucaradas que reaccionan con los hongos que siempre están presentes sobre la flor, creando una fermentación etílica que origina alcohol etílico en buenas dosis. El resultado de esto no es ninguna sorpresa y aparece citado en la literatura científica como la “abeja borracha”.


Las plantas de Epipactis helleborine son grandes y tienen muchas flores, semejante despliegue químico no pasa desapercibido y cualquiera que pase un rato sentado frente a una de estas plantas se dará cuenta de cómo las organizadas abejas, las precavidas moscas, las marciales hormigas y las inflexibles abejas sociales sacan su lado más oscuro. Es un espectáculo lamentable de hormigas incapaces de andar con sus patas hacia arriba, avispas incapaces de coordinar sus dos pares de alas, abejas durmiendo la mona y escarabajos ahogados en el alcohol. Como estamos en verano el número y diversidad de especies de bichos es asombroso, muchas de ellas por su tamaño ni siquiera son útiles como polinizadores. ¿Por qué esta orquídea organiza semejantes botellones dejando tantos insectos intoxicados? Parece que esta planta no sabe contar y desconoce el efecto de lo que se cocina en su negocio, para ellas será suficiente con que algunas abejas o moscas atontadas e incapaces de volar correctamente recorran toda la inflorescencia pasando de flor en flor o, como máximo, sean capaces de desplazarse entre las plantas próximas de la misma población, asegurando con ello su fecundación. Lo más curioso es que los insectos se comportan como auténticos toxicómanos que buscan repetir la experiencia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La Lagartija carpetana (Iberolacerta cyreni). Cuidado con las colas.

Iberolacerta cyreni. El Torreón, Tornavacas (Cáceres). 2400 m.


La Lagartija carpetana es un valioso endemismo que habita los duros canchales oromediterráneos y crioromediterráneos (1800-2500 m) de las sierras de Béjar, Las Parameras, Gredos y Guadarrama. Siendo este un hábitat muy querencioso también para mí no es raro que hayamos pasado buenos ratos juntos. Recuerdo a algunos machos trepando descaradamente por mis pantalones para intentar arrebatarme parte de mi comida (pobres ilusos), comportamiento muy distinto al de otros individuos que se mantenían prudentemente en la entrada de su refugio hasta que yo abandonaba el lugar. Cuestión de temperamento supongo.

Hace poco leí unos estudios realizado con esta especie (*) con individuos que pierden su cola para burlar a un depredador y parece que la “personalidad” influye un poco en los tiempos de recuperación de cada individuo. Pero sobretodo me llamó la atención el coste tan brutal que la pérdida de la cola tiene para estos animales, que va más allá de los recursos destinados a la regeneración de la misma (¡ay! si hubiera sabido esto de niño).

La pérdida de la cola genera problemas de locomoción, esto hace que las lagartijas que la pierden se sientan vulnerables y busquen los lugares más seguros (grandes rocas) donde, pese a ganar en seguridad, tendrán una dieta mucho más pobre y tendrán mayores problemas para mantener su temperatura corporal. Por el contrario, los individuos con cola frecuentan los pastizales y piornos próximos a las rocas, que ofrecen mayor número e idoneidad de presas y les permiten calentarse con mayor velocidad. Esta conducta, podemos llamarla atemorizada, de los individuos amputados al final redunda en una reducción de su actividad para compensar sus carencias. Además, sólo los individuos en buen estado pueden permitirse moverse dentro del refugio para salir por un lugar distinto al de entrada, engañando así al predador. Si vas justo sales por donde entraste, aún a riesgo de que te estén esperando. Así, de cómo sean capaces de optimizar el uso del refugio para minimizar la pérdida de condición física asociada al mismo dependerá su supervivencia.

Macho de Iberolacerta cyreni  regenerando la cola. El Calvitero, Béjar (Salamanca). 2300 m.


A fuerza de esconderse más y de ser menos activas en sociedad, estas lagartijas pierden su estatus. Los machos pasan a ser individuos con territorios más pequeños, donde habrá menos hembras, que además les encontrarán muy poco atractivos para aparearse con ello. Estos machos cada vez son más huraños e inactivos intentando con ello desviar el mayor número de recursos a la regeneración de su cola. Esta falta de vida social parece que además les hace crecer más que los machos dominantes, envueltos en mil cortejos y combates, algo que me recuerda a lo que ocurre con capones y bueyes. La vida de un macho sin cola puede llegar a ser un mar de tranquilidad casi eremítica, sin sexo y con una dieta frugal.

Las hembras lo tienen más difícil aún. Cualquier macho verá a una hembra sin cola (que es como decir sin su reserva de grasa) como a una futura mala madre y no perderá su tiempo con ella. A diferencia del macho, la hembra sin cola se vuelve más activa (su territorio no disminuye), buscando desesperadamente aparearse. Lo tendrá difícil porque muy pocos machos la cortejarán. Si la pérdida de la cola se produce cuando mantiene los huevos en su interior, la situación es aún peor. Los embriones necesitan una temperatura óptima constante para un buen desarrollo, lo que incluso puede acortar su periodo de desarrollo, que parece que aumenta sus posibilidades futuras de supervivencia. Si la hembra pasa mucho tiempo en un refugio perderá temperatura y eso afectará tanto al desarrollo embrionario como a su propia masa corporal. Así que estas hembras tienen que armarse de valor y jugar a una peligrosa lotería acortando periodos de permanencia en el refugio tras una amenaza. Estará contribuyendo a mejorar su estado físico y el desarrollo embrionario, pero a costa de dar más oportunidades a sus depredadores.

Ahora la verdad es que me pensaré muy mucho lo de esperar junto al refugio de una de estas lagartijas para que se deje hacer una foto, sabiendo que todo el tiempo que pasa de más dentro del refugio va en contra de ella y, sobre todo, cuidado con las que han perdido su cola.

  

(*) Martín,J., Salvador, A. (1992). Tail loss consequences on hábitat use by the Iberian rock lizard Lacerta monticola. Oikos 65: 328-333.
Martín,J., Salvador, A. (1993). Thermoregulatory behavior of rock-lizards in response to tail loss. Behaviour, 124: 123-136.

Martín, J., López, P. (1999). When to come out from a refuge:risk-sensitive and state-dependent decisions in an alpine lizard. Behavioral Ecology, 10:487-492.

Amo,L., López, P., Martín, J. (2007).Pregnant female lizards Iberolacerta cyreni adjust refuge use to decrease thermal cost for their body condition and cell-mediated immune response. Journal of Experimental Zoology 307A (2):106-112.

Amo,L., López, P., Martín, J. (2007). Refuge use: A conflict between avoiding predation and losing mass in lizards. Physiology &Behaviour, 90 (2-3):334-343.

domingo, 11 de noviembre de 2012

MILMOCHING




Es una nueva actividad a la que me he ido aficionando en los últimos meses. Siento el palabro pero no encuentro ningún sinónimo en español. Un día que salíamos al campo con nuestra pequeña Águeda se nos ocurrió bromear con la palabra birdwatching, sin caer en la cuenta que un niño de 2 años no tiene cerebro sino esponja. Esa tarde cada vez que salía un pájaro delante de nosotros era una algarabía y no dejaba de gritar “mira papá un milmoching”. Pese a su edad, ella ya es conocedora perfecta de nuestra fauna, así los pájaros son los pipis que vuelan, mientras que los pipis que nadan son los peces, el resto de vertebrados se divide en diversos caballos y guau-guaus. Por otro lado, todos los invertebrados son “otro”, estando en revisión el estatus de los lepidópteros. Realmente, no sé porqué Linneo quiso complicar tanto la cosa.

Pero un milmoching es algo más, es salir al campo con un extraño objeto colgado al cuello, que nos llevaremos a los ojos cada vez que nos crucemos con un pipi que vuela, y cuya función es ayudarnos a mantener los párpados perfectamente cerrados de forma que no seamos capaces de ver absolutamente nada. Gente rara estos adultos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

UN PASEO POR EL TEIDE.


La parte que emerge de las nubes era nuestro objetivo.
 
El Pico del Teide (Echeyde en guanche) es un cono volcánico de unos 1150 años que se alza unos 200 m sobre el propio Teide hasta alcanzar los 3718 m. Según he podido leer, El Teide en su conjunto ocupa la décima posición en altitud para una isla en todo el mundo y es el tercer volcán más alto del mundo, tras dos volcanes hawaianos, con 7500 m desde el lecho marino. Las condiciones ambientales en esta zona son bastante duras y exigen bastante mano izquierda a cualquier especie que se plantee instalarse por aquí. Hablamos no sólo de un substrato volcánico con pendientes del 70 % sino de una humedad relativa inferior al 50 % durante todo el año, con 6 meses de sequía (3 de ellos con precipitación 0 mm) y una precipitación anual de sólo 325 mm. Las temperaturas anuales oscilan entre los -15 °C y los 26 °C y recibe la increíble cantidad de 3000 horas de sol al año. Por todo ello no es de extrañar la presencia de más de 30 endemismos de flora exclusivos de Tenerife en las laderas del Teide.
 
Panorámica chapucera del cráter del Teide.


 Habíamos ido a pasar unos días de descanso a las Cañadas del Teide y, aunque se trataba del mes de octubre, tenía esperanzas de encontrar algunas plantas de montaña con flores, aunque no fuera una floración plena de temporada. Y la verdad es que buscando un poco pudimos dar con ejemplares floridos de varias de las especies emblemáticas de este increíble Parque Nacional: Silene nocteolens, Echium wildpretii, Erysimum scoparium, Adenocarpus viscosus, Spartocytisus supranubius, Echium virescens, Pterocephalus lasiospermus, Descurainia bourgaeana, etc. Un objetivo estaba claro, subir al cono del Teide en busca de plantas y tenía tres cosas en la cabeza.

Azufre y vapores de las fumarolas. Al fondo la isla de La Palma.

Gleras móviles, más abajo la Corona Forestal y el mar de nubes.


La primera era ver alguna Violeta del Teide (Viola cheiranthifolia) cerca de la cumbre, había visto ya algún ejemplar con flores pasadas en Montaña Blanca y no perdía la esperanza de conocer en primera persona a las que se suponen que son las plantas vasculares que crecen a mayor altitud en España, y es que había leído infinidad de veces sobre esas plantitas que suben casi hasta el cráter y me picaba la curiosidad. Antes de llegar a los 3500 m vimos una matita sin flores en una enorme glera de piedras. No buscamos más pues se trataba de una zona de acceso restringido.
 
Margarita del Teide (Argyranthemum teneriffae). 3600 m.


El segundo objetivo de la lista era más complicado y tan sólo nos fuimos fijando por si sonaba la flauta al recorrer la zona donde se suponía que era posible localizarlo un poco abrumados, eso sí, por la cantidad de turistas que merodeaban por la zona. Se trataba de la Borriza de cumbre (Ghapalium teydeum), que recibe también el comercial nombre de Edelweiss del Teide. Sólo existen unos 200 individuos en dos poblaciones que ocupan menos de 1000 m² asociadas a las microzonas húmedas generadas por las fumarolas. Lógicamente no hubo suerte.

Fisuras húmedas con musgos y hepáticas a 3700 m.

Pequeños céspedes de musgos a unos 3680 m.

Otra fisura con musgos a unos 3700 m.


 El tercer objetivo era la comunidad colonizadora de algas cianofíceas, musgos y hepáticas asociadas a las fumarolas. De estas sí que vimos una buena muestra, incluso en el propio cráter. Desconozco las especies de esta comunidad, aunque los céspedes verdes brillante de Campylopus pilifer y la diminuta hepática Cephaloziella divaricata son las especies más comunes, como así parecía. Viendo cómo son capaces de sobrevivir estas especies, rodeadas de azufre, con vapores a 85 °C y sobre rocas volcánicas porosas, realmente me olvidé de todo lo demás.
 
Esta Tolpis webbii fue la planta vascular que vimos a mayor altitud (3650 m).


Al final las plantas con flores que pudimos ver a mayor altitud fueron una Tolpis webbii (endemismo de Tenerife y La Gomera) que vimos sobre los 3650 m, junto al sendero Telesforo Bravo, y una Argyranthemum teneriffae (endemismo de Tenerife) a unos 3600 m sobre La Rambleta. Después vendría el descanso de los guerreros: conejo en salmorejo, papas arrugadas, tabla de quesos canarios y vino tinto de Tacoronte (Viña Norte) y ¡qué bien sienta el vino por encima de los 2000 m!

lunes, 8 de octubre de 2012

LA GRASILLA PÁLIDA (Pinguicula lusitanica).

Pinguicula lusitanica. Reserva Regional del Cíjara, Badajoz.


Pese a su nombre, esta especie ocupa toda la fachada atlántica europea, desde el norte de Escocia al norte de Marruecos. Se trata de la única especie del género dentro de Extremadura, aunque a este respecto aún recuerdo cómo hace años me dejé las suelas de unas botas buscando Pinguicula grandiflora en la Garganta de los Infiernos en la sierra de Gredos cacereña. Me habían enseñado una foto supuestamente tomada allí, que finalmente resultó ser una foto de Peñalara. Es el riesgo de no ser ordenado con las fotos.

En los últimos años las grasillas, entre otras especies de plantas carnívoras, se han hecho populares entre los aficionados a la jardinería, que disponen de una buena oferta en los centros de jardinería, generalmente vistosos híbridos de hermosas flores similares a las violetas. Quién tenga esa imagen en la cabeza se llevará una desilusión cuando se encuentre con Pinguicula lusitanica, la más esmirriada de las grasillas ibéricas. Yo reconozco que no soy objetivo porque me atraen casi todas las plantas, esta no es una excepción, pero debo reconocer que la primera impresión con esta especie suele dejar bastante frío. Es muy pequeñita (máximo 12-15 cm contando el tallo floral) y la roseta de hojas a veces es poco más grande que una moneda de 2 euros. Estas, además, están parcialmente enrolladas y tienen un intranquilizador aspecto viscoso verde-amarillento con venitas rojas. Un asquito vamos. La florecilla tampoco es un exceso de la Naturaleza y hay que ser generosos para ver alguna similitud con las violetas o incluso las prímulas, como en la mayoría de sus parientes. Su color como colofón es de un blanco azulado poco llamativo.



Sin embargo, estos “sin embargo” son siempre muy importantes para mí, estamos ante una grasilla peculiar y con su propia personalidad. Es una planta de vida corta, unos 2 o 3 años, a la que no le gusta la presencia de muchas plantas a su alrededor, algo difícil en las zonas turbosas donde vive. Por eso es frecuente verla en zonas muy próximas al agua, en los canales que drenan las turberas, canales que habitualmente pueden subir de nivel de agua durante varios días. Esto no es ninguna molestia para esta pequeña plantita que aguantará varios días bajo el agua, pero reduce mucho el número de especies vegetales que pueden colonizar estos medios anfibios. También se distingue de otras grasillas ibéricas en que mantiene sus hojas carnívoras durante todo el año, a diferencia del resto que tiene hojas de “entretiempo” y otras más desarrolladas de verano con capacidad carnívora. Esto puede ser una forma de ahorro de costes para una especie de vida corta, aunque tiene dos graves inconvenientes. El primero es que las hojas carnívoras dotadas de abundantes glándulas, que segregan mucílagos pegajosos unas y enzimas digestivas otras, producen un gran consumo de agua por parte de la planta, que se deshidrataría rápidamente si no tuviera a su disposición agua permanentemente. El segundo es que las elaboradas hojas carnívoras no resisten las heladas, por lo que estas plantas aparecen como quemadas en invierno y mueren en zonas muy frías, a diferencia de otras especies ibéricas, cuyas hojas no carnívoras forman unas yemas muy apretadas al final de la temporada que pueden resistir las heladas y que reciben el apropiado nombre de hibernaculum.

Con unos requerimientos tan marcados su presencia en Extremadura no debería ser abundante y así ocurre, ya que sólo está presente en los escasos enclaves turbosos de las Villuercas cacereñas y la comarca pacense de Los Montes. Nunca me he parado a contar cuantas plantitas de estas puede haber en una turbera, probablemente entre varios cientos y pocos miles, porque no es esa la pregunta que hay que hacerse sino ¿estos pocos metros cuadrados de turbera tienen garantizado su futuro?

Ya les digo que por muchos carteles y pasarelas de madera que les coloquen la respuesta es no.
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