| El haya de Herguijuela de la Sierra, Salamanca. 3,60 m de perímetro de tronco a 1,30 m |
Los hayedos son uno de los
bosques dominantes de la Europa templada, unos bosques monótonos dominados casi
exclusivamente por el Haya (Fagus
sylvatica), que allí donde la especie encuentra su óptimo no permite
prosperar más que a unas pocas hierbas y helechos. Pese a su actual importancia
no dejan de ser unos recién llegados, ya que sólo después de la recuperación
climática tras las últimas glaciaciones se produce su expansión.
En la Península Ibérica se ha
podido reconstruir bastante bien su expansión gracias al estudio de las
turberas, así hace unos 4500-4200 años los bosques de haya cruzaron los
Pirineos, hace unos 3800 años ya había hayedos en la Cordillera Cantábrica y
hace unos 3200 años ocuparon el Sistema Ibérico. Algo más complicado de cuadrar
resulta el hecho de que en el Sistema Central oriental los datos más antiguos
de haya sean de unos 3700 años (dado que esa edad es la del nivel más profundo
en la turbera estudiada se trataría por tanto de una edad mínima). Esto podría
dar la razón a los que opinan que las hayas ibéricas meridionales proceden de
antiguos refugios locales surgidos durante las glaciaciones y así los pequeños
bosquetes actuales de hayas del Sistema Central serían los restos de aquellas
pequeñas poblaciones relictas. Siguiendo esta teoría, la instalación de la
sequía estival con el cambio climático debió frenar el imparable avance de los
bosques de hayas centroeuropeas hacia el sur peninsular (hayas que a su vez
procederían de los bosques refugio que se mantuvieron en las penínsulas del sur
europeo durante las glaciaciones).
Está claro que las hayas forman
parte de la flora del Sistema Central oriental desde hace milenios, podría darse
el caso de ser incluso más antiguas que buena parte de los hayedos pirenaicos o
cantábricos.
Siendo un chaval me asombraban
los hayedos de Madrid y Segovia: Tejera Negra, La Quesera y Montejo de la
Sierra. Tan bonitos, tan distintos y tan famosos. Pasó poco tiempo para que
empezara a preguntarme porque no había hayedos en Gredos y así, cada vez que
veía un lugar en el Valle del Ambroz, el Valle del Jerte o la Sierra de Gata
con abedules, serbales, tejos y acebos, me imaginaba que las hayas podían haber
estado allí alguna vez.
Durante años mi única esperanza
fue la famosa haya solitaria de Herguijuela de la Sierra, que aunque se
encuentra en Salamanca está muy cerca de las Hurdes cacereñas. Se trata de un
buen árbol que tendrá sus doscientos años y está en una pequeña vaguada junto a
un arroyo con algún acebo. Era tan poca cosa que ya lo había dado por perdido.
Pero he aquí que el Grupo de
Investigación Forestal de la Universidad de Extremadura, dentro de un proyecto
con especies relictas amenazadas, se puso a estudiar turberas del Sistema
Central cacereño. Como en el mejor de los cuentos en una de las turberas mejor
conservadas de la sierra de Béjar cacereña aparecieron restos de polen de haya.
Parece ser que el haya es una especie que produce poco polen y tiene una baja
capacidad de dispersión, por lo que suele estar infrarrepresentada en los
estudios polínicos. Su aparición en la turbera se asocia a una fuerte etapa de
deforestación durante el período visigodo (estos bárbaros del norte fueron los
grandes especialistas de las quemas controladas), esto según los investigadores
podría indicar que en esa etapa resultó más fácil que el polen del haya llegara
a la turbera por falta de arbolado que lo frenara, pero no descarta su
presencia anterior en forma de pequeños bosquetes que no dejaron rastro en etapas
anteriores o posteriores.
Cuándo desaparecieron aquellas
hayas será difícil de determinar pero, como ya comenté hace tiempo, hasta la
Edad Media en esta zona los abedulares se conservaron en un estado bastante
bueno, después se inició una etapa de desforestación feroz en la zona y ese
momento pudo ser el último para las hayas extremeñas.

