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lunes, 28 de mayo de 2012

AVES REPRODUCTORAS EN LA ALTA MONTAÑA EXTREMEÑA.

Cuerda que une la Covacha del Losar (2399m) con las Azagayas (2342 m). Detrás el Cerro Estecillo (2290 m) y la cuerda
de Los Infiernillos.

Como estamos ya metidos en la época de cría en la montaña he rebuscado entre mis libretas los datos que tengo de reproducción de aves en la alta montaña extremeña. Lo más sencillo para definir la alta montaña es utilizar factores climáticos, así que aquí sólo voy a considerar especies observadas como posibles reproductores en los pisos bioclimáticos oromediterráneo y crioromediterráneos, que en Extremadura tan sólo los encontramos en la vertiente cacereña de la Sierra de Gredos por encima de los 1900 m. No es una recopilación muy exhaustiva porque las aves son un objetivo secundario de mis andanzas, pero con la asiduidad creo que se compensa en parte esto. Agradecería cualquier corrección y/o ampliación a esta lista, ya que es una zona de gran interés para mí. No he incluido especies como Buitre negro (Aegypius monachus) o Ratonero (Buteo buteo), que aunque pueden verse en la zona es seguro que no son reproductores.

Lo que más llama la atención es que hay tres especies especialistas de la alta montaña (Acentor alpino, Pechiazul y Bisbita alpino), que durante la época de reproducción sólo pueden encontrarse en esta zona dentro de Extremadura y que cada año parece que van a menos. Os paso la lista:

Buitre leonado (Gyps fulvus). Habitual en paso y con algunos pequeños dormideros a estas alturas, aunque no parece que aniden allí.

Águila real (Aquila chrysaetos). Ninguna de las parejas extremeñas anida a tanta altitud, aunque al menos una tiene una plataforma cerca de los 1900 m. Las 5/6 parejas tienen parte de sus cazaderos dentro de la zona y se ven con relativa facilidad. Son impresionantes sus picados sobre los grupos de cabras montesas con chivos.

Cernícalo común (Falco tinnunculus). Nidificante seguro dentro de la zona. Al menos dos parejas anidan entre 1900 y 2000 m.

Halcón peregrino (Falco peregrinus). Una pareja probable como reproductora en la zona.

Mochuelo (Athene noctua). No se ha observado dentro de la zona, pero tengo un par de citas en torno a 1800 m.

Codorniz (Coturnix coturnix). Durante el verano es posible ver y escuchar machos cantando en pastizales altos asociados a turberas, aunque es más frecuente en cotas inferiores.

Perdiz común (Alectoris rufa). Nidificante seguro en la zona de piornal.

Avión roquero (Ptyonoprogne rupestris). Reproductor seguro dentro de la zona, con algún nido por encima de 2000 m.

Golondrina común (Hirundo rustica). Se la observa alimentándose en la zona, seguramente no se reproduce.

Vencejo común (Apus apus). Como la Golondrina.

Alondra común (Alauda arvensis).Cantos nupciales en vuelo por encima de 2200 m en la zona del Torreón.

Bisbita campestre (Anthus campestris). Reproductor probable en piornales. He visto pollos volanderos por encima de 2000 m.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta). Reproductor seguro escaso asociado a pocetas y lagunillas colmatadas. Sólo conozco una pequeña población de 2-3 parejas.

Collalba gris (Oenanthe oenanthe).Reproductor seguro.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). Reproductor seguro.

Pechiazul (Luscinia svecica). Reproductor seguro, aunque los incendios han acabado con algunas zonas clásicas para la especie. Aunque cría en los piornales parece que está distribuido en parches.

Roquero rojo (Monticola saxatilis). Reproductor seguro, aunque no he llegado a ver más de 6 parejas en la zona en un mismo año.

Mirlo (Turdus merula). Reproductor seguro.

Chochín (Troglodytes troglodytes). Reproductor seguro. Una pareja en brezal junto a una fuente a unos 2000 m.

Mirlo acuático (Cinclus cinclus). Reproductor probable.

Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax). Reproductor probable. El mayor bando observado en la zona era de 16 individuos.

Cuervo (Corvus corax).Reproductor probable.

Pardillo (Carduelis cannabina). Reproductor probable. Llega a ser el ave más frecuente en determinados momentos.

Acentor común (Prunella modularis). Reproductor seguro común en piornales.

Acentor alpino (Prunella collaris). En años con neveros es fácil de localizar a esta especie alimentándose en ellos, aunque no creo que llegue a anidar en Extremadura, sólo una vez observé una pareja probable dentro de la zona.

Escribano montesino (Emberiza cia). Reproductor probable.

Escribano hortelano (Emberiza hortulana). Reproductor probable.

sábado, 19 de mayo de 2012

CLAUS MATTHECK: GENIO Y FIGURA.

Claus Mattheck en una imagen tomada de saveourwoods.co.uk.

Estamos ante uno de los personajes más sorprendentes que conozco (sólo por su obra, lamentablemente). Como sorprendente es que este físico teórico (Dresden, 1947), jefe del departamento de biomecánica del instituto de investigación de materiales de Karlsruhe, sea uno de los personajes más influyentes de la moderna arboricultura a nivel mundial.
Está claro que un científico que es capaz de convertir sus 60 conferencias anuales por todo el mundo en acontecimientos que terminan con gritos y ovaciones, como si de un concierto de rock se tratara, no es un científico usual. Como tampoco lo es que sea capaz de dibujar comics en los que Stupsi el erizo y Pauli el oso explican sus teorías. Sus excentricidades ayudan a crear esa imagen atípica, comenzando por su estética de roquero de los 70, permanentemente vestido de negro, con una chaqueta de piel de cabrilla y unas botas de cuero crudo hasta la rodilla, siempre por encima del pantalón, acompañado de ese peinado, que suele calificarse como “extraño”, junto a unas inseparables gafas de sol redondas. Su afición a las armas de gran calibre y al arco y las flechas, o a los perros de lucha de la raza Staffordshire-Bullterrier, no hace más que añadir leña al fuego, llegando a surgir leyendas urbanas en torno a su figura que recuerdan a las de los artistas de música heavy más estrafalarios de los 70.
No es de extrañar que durante dos años estuviera detenido en una prisión de la temible Stasi de la antigua República Democrática Alemana. Tras un intento fallido de fuga por el Báltico y tras escribir un trabajo conjunto con un ginecólogo compañero de celda, increíblemente sobre problemas de asfixia en bebés recién nacidos, las autoridades deciden deportarlo al oeste en 1978.
Pero afortunadamente Mattheck no es una estrella del rock. Es un científico muy competente y aplicado (“un motor detrás de esclavos” en palabras de un trabajador de su departamento), con más de 200 publicaciones científicas, 13 libros y 12 premios, entre los que se encuentra uno de los más prestigiosos de Europa: el Premio Alemán de Ecología (2003). Tiene, además, 13 patentes en aplicaciones tan distintas como los implantes de cadera y dentales, las lavadoras o la industria del automóvil.
Es una suerte que ese motor pudiera combinar la biónica con la arboricultura. Para él era algo elemental, ya que como dice “los árboles no son sólo entidades biológicas vivas, sino que son también estructuras mecánicas que soportan cargas”. Además le atraen dos hechos que enlazan con sus trabajos biomecánicos: los árboles hacen un uso económico de sus recursos y sólo son fuertes cuando es necesario. Esto le lleva a enunciar su famoso axioma de la carga uniforme, basado en el principio de que los árboles consumen energía para alcanzar una distribución homogénea de las cargas mecánicas. Por ello, no hay ningún punto débil, ni lugares de fallo predeterminados, así como tampoco hay lugares donde se gasten materiales superficialmente. Cuando este estado óptimo de distribución homogénea se rompe debido a un defecto interno (grietas, podredumbres, etc.), el árbol creará anillos de crecimiento más gruesos en esos puntos para restablecer la distribución homogénea. Este crecimiento es un síntoma de un defecto.
Esta es la base sobre la que se crea el Método VTA (Visual Tree Assessment), propuesto por Mattheck y Breloer y publicado en el libro “The body languages of trees” de 1994. Desde entonces este método, con algunos retoques, se ha convertido en uno de los instrumentos más utilizados por los técnicos arbóreos de todo el mundo. En palabras de Mattheck “permite distinguir árboles peligrosos de los aparentemente peligrosos”. Lógicamente su uso fundamental es la arboricultura urbana, de ahí el término árbol peligroso. Nuevamente las investigaciones de Mattheck conducen a una aplicación inmediata, algo que siempre le preocupa, ya que para él, tanto un ama de casa como un empresario contribuyen a pagar su sueldo y sus investigaciones, por lo que estas deben devolver algo que les pueda servir.
El VTA se basa en identificar los síntomas externos debidos a anomalías internas de la madera, algo que sólo es posible con experiencia y conocimiento de los procesos de crecimiento de cada especie, ya que son más de 100 los tipos de defectos que nos podemos encontrar en una valoración visual. En una primera fase se realiza una inspección visual de defectos y vitalidad, tras la que se realiza una confirmación de los defectos sospechosos, en la que se pueden emplear aparatos de fácil manejo para verificar resistencia a la penetración de la madera o la velocidad de impulsos sonoros, entre otros. El estudio finaliza con la evaluación de la resistencia (criterios de rotura), en la que juega un importante papel el flujo de fuerzas de la copa a las raíces.
El mayor fallo de este método, como es reconocido por el propio Mattheck, es que no es capaz de garantizar al 100 % la seguridad de un árbol. Ya que una rama sana, sin defectos y con poca carga puede desgajarse por causas naturales, como pueda ser una tormenta. Pero hay tan pocas cosas con una fiabilidad del 100 %...



miércoles, 9 de mayo de 2012

ALGUNAS PLANTAS DE LAS SIERRAS CENTRALES DE BADAJOZ

Los Narcissus cantabricus llegan a crear aquí extensos prados de flores blancas sobre la piedra.


Durante unos años viví en Mérida (Badajoz) y desde mi casa veía cada día esas pequeñas sierritas cuarcíticas situadas al otro lado del Guadiana. Parecían poca cosa, tan escasas de altura, tan rodeadas de cultivos y pueblos. Con el tiempo no me quedó más remedio que asomarme a ellas si quería salir al campo sin tener que pasar mucho tiempo en el coche. El flechazo fue inmediato.

Parecía como si la gente hubiera olvidado estas sierras pedregosas e incultivables. Aunque esto no fue así siempre, ya que están llenas de abrigos con pinturas rupestres que nos hablan de una presencia antigua de las personas en estos territorios. Las cabras también tuvieron su protagonismo hasta no hace mucho y allí donde la sierra alcanza mayor entidad, como sucede en Hornachos, aún quedan restos de majadas de cabreros.

En inviernos extremadamente secos como el pasado, bastante tienen con sobrevivir
Erodium mouretii y Jasione crispa subsp. mariana.


La elevada pendiente, el denso matorral y la presencia casi permanente de las rocas, ya sean pedrizas o canchales, no las hace muy apetecibles para el caminante. Su poca extensión, en la mayoría de los casos, impide que se mantengan allí poblaciones numerosas de reses cinegéticas y sus laderas tampoco acogen extensos alcornocales. Si unimos esto a la riqueza de los terrenos agrícolas que las rodean, las Vegas del Guadiana y la Tierra de Barros, podemos entender que hayan sido terrenos marginales durante largos años. Qué sentido tiene penar en la sierra si el llano es tan fértil.

Nos encontramos así con algunas de las laderas de monte mediterráneo mejor conservadas de Extremadura. Zonas donde es posible disfrutar de ejemplares de Coscoja de porte arbóreo, o donde no es difícil contabilizar más de 20 especies leñosas distintas por hectárea, por poner un par de ejemplos. Todo esto está muy bien, aunque para un sibarita de los yerbajos como soy yo esto no era suficiente.

Pero bastó con subir a algunos de esos paredones cuarcíticos que coronan estas sierras para que mi opinión cambiara radicalmente y lo hizo de tal modo, que hoy creo que después del Sistema Central y las loreras de Villuercas, esto es lo mejor que tenemos en Extremadura en cuanto a flora y que me perdonen los calerizos.

Vista de cerca esta flor de Scrophularia oxyrrhyncha tiene un aspecto casi animal.


Allí me encontré con una comunidad aparentemente discreta y nitrófila de plantas rupícolas y de pie de cantil de no más de 20 especies, entre las que se encuentran algunos endemismos de gran belleza, que sólo se pueden ver juntos en estas sierras. El primero de ellos es el Erodium mouretii, descrito con ejemplares de unas pocas localidades de Marruecos, fuera de allí sólo está presente en estas sierras, con otras tres pequeñas poblaciones en la Sierra de San Pedro (dos de ellas en Cáceres) y una aislada en Huelva. El segundo es Scrophularia oxyrrhyncha, endémica de estas sierras cuarcíticas, incluyendo las sierras periféricas de la Serena (por el sur y el noreste) y su prolongación por tierras de Córdoba y Ciudad Real (creo que hay incluso una localidad en Jaén). El tercero es el más extendido y abundante, se trata de la Jasione crispa subsp. mariana, un endemismo de Sierra Morena y las sierras cuarcíticas extremeñas.

Aspecto de uno de estos jardines colgantes , durante un invierno normal, justo
 al inicio de la floración.


Esto puede parecer poca cosa, una nueva exageración mía, ¡yerbajos nitrófilos!, justo lo menos glamuroso de la flora. Pero cuando a finales del invierno se combinan sus floraciones, el resultado es impresionante, con las paredes llenas de flores: azules de la Jasione y el Jacinto (Hyacinthoides hispanica), rojas de la Scrophularia, rosas de la Dedalera (Digitalis thapsi), blancas de Narcissus cantabricus y de Sedum hirsutum y amarillas de Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis (el antes llamado Narcissus perez-chiscanoi) y Narcissus triandrus subsp. pallidulus. La base de los cantiles y las fisuras terrosas se tapiza de un exuberante verde de Candilillo (Arisarum simorrhinum), Mercurial (Mercurialis annua) y Acedera (Rumex induratus). Son muy abundantes también los helechos, entre los que destaca Polypodium cambricum, que forma grandes cascadas por las zonas rezumantes. Incluso las gramíneas se suman a la fiesta con los llamativos penachos pajizos de la Lamarckia aurea. Sin olvidar, por supuesto, al Erodium mouretii con sus flores blancas de nervios violeta.

En años buenos de agua parece increíble que un medio tan inhóspito como una pared de cuarcita pueda acoger semejante volumen vegetal, que inevitablemente me hace recordar a los megaforbios de montaña. El secreto está en una combinación de orientación, precipitación, niebla y aportes de materia orgánica que se da sólo en determinados lugares, aquellos donde se forman estos pequeños oasis en la roca o, más bien, jardines colgantes. Pero en años malos, como el actual, sus plantas se mueren de sed.

lunes, 30 de abril de 2012

PÁJAROS EN EL JARDÍN II

Este era el mal aspecto de la Curruca carrasqueña (eso creo) de esta mañana.


Ya he comentado más de una vez que me hace mucha ilusión que mi pequeño jardín se esté convirtiendo en un lugar de moda entre los pajarillos. Es cierto que me producen esporádicos dolores de cabeza por la afición de algunos de ellos de arrancar las plantas alpinas de la rocalla. Pero es el precio que hay que pagar por no vivir en Marte.

Mis favoritas son las especies migratorias, que solo paran un poco a descansar antes de reemprender su largo viaje. Desde el principio los mosquiteros (creo que todos son Phylloscopus collybita) se han hecho asiduos y durante el paso otoñal siempre hay alguno entre los arbolillos, generalmente uno o dos. Parece mentira que todos hagan lo mismo y que elijan para dormir el madroño. Este año uno de ellos no pudo continuar su viaje, encontré sus restos durante una limpieza de hojarasca bajo el madroño. Este año también ha permanecido un par de semanas en casa un Petirrojo (Erithacus rubecula). Por el día se alimentaba entre los setos y el césped que hay frente a mi casa y por la tarde pasaba a mi hostal (el madroño, por supuesto).

Sin embargo, el paso primaveral no parece elegir esta área de descanso, o tal vez sea más discreto, como ocurre en general con esta migración. El caso es que esta mañana estaba en el jardín cuando oí un pequeño golpe contra el cristal de una ventana. Tardé poco en localizar sobre el alféizar de una ventana a un pequeño pajarillo que parecía ser el responsable. Estaba embolado y con los ojos entreabiertos…mala cosa. Entré en casa a coger la cámara de fotos y le tiré una foto sin que apenas reaccionara. Creo que se trata de una hembrita de Curruca carrasqueña (Sylvia cantillans), una nueva especie para el jardín. La verdad es que viendo su aspecto, además del golpe, pensé que sus días de gloria habían llegado a su fin. Pero me equivocaba. Tras una cabezadita de unos 20 minutos (que yo asocié con la mismísima agonía) pareció encender otra vez el botón de “máxima actividad”, comenzó a moverse eléctricamente y se lanzó al aire en un vuelo directo y rápido, dejándome su tarjeta de visita en el alféizar. Un cabezazo con un vidrio no debe ser gran cosa para una criaturita de 10 gramos capaz de sobrevolar dos veces el desierto del Sáhara y el Estrecho de Gibraltar.

Estos días también hemos tenido novedades entre la población sedentaria. Los mirlos (Turdus merula) definitivamente parece que van a criar en el jardín y han montado un nido en lo más denso del tejo. Sólo espero que no hereden la afición a la botánica de su padre.

La hembra de Mirlo aportando material al nido.


El Mirlo macho parece responsable de los recubrimientos de barro del nido.

Por último, os dejo una lista actualizada de las especies que he podido observar en el jardín (posadas dentro de sus límites) desde marzo de 2009: Hirundo rustica, Delichon urbica, Erithacus rubecula, Saxicola torquatus, Phoenicurus ochruros, Monticola solitarius, Turdus merula, Cisticola juncidis, Sylvia cantillans, Sylvia melanocephala, Sylvia atricapilla, Phylloscopus collybita, Parus caeruleus, Sturnus unicolor, Passer domesticus, Carduelis chloris, Carduelis carduelis, Carduelis cannabina y Athene noctua.

miércoles, 25 de abril de 2012

OTRO ENDEMISMO EXTREMEÑO: EL CODESO DE MONTÁNCHEZ

Adenocarpus desertorum. Sierra de Montánchez, Cáceres.

¿Ahora resulta que a un endemismo de flora exclusivo de Extremadura también le voy a poner pegas?
Me temo que no lo puedo evitar.

Cuando en el año 2004 se estaban seleccionando las especies de flora leñosas amenazadas de Extremadura, para realizar un estudio sobre su estado de conservación, defendí la inclusión de este taxón frente a los investigadores que veían serias dudas al respecto de su validez como especie. Mi argumento era sencillo, pero demoledor: se trataba de una especie descrita por el coordinador general de la principal obra de referencia (Flora Ibérica) y era la única endémica de Extremadura. Y concluí: “para una vez que tenemos un endemismo no vamos a ser más papistas que el Papa”. Puro razonamiento científico, ya lo sé.

En 1998 Santiago Castroviejo describió esta especie con ejemplares de la sierra de Montánchez y la denominó Adenocarpus desertorum como homenaje a unos amigos fallecidos (los desertores). Siempre había visto la palabra desertorum asociada a especies africanas (del desierto), por lo que no entendía su significado en el Codeso de Montánchez.
El mismo autor que la describió ya ponía algunas dudas sobre la validez de los rasgos distintivos, al ser estos muy variables, e incidía en rasgos ambientales y de ecología. Previamente una revisión sobre este grupo de especies en Extremadura había colocado al Codeso de Montánchez dentro del Adenocarpus complicatus subsp. complicatus (López Martínez, 1995), algo con lo que coincidían otros autores (López, 2001). En 2003 dentro del proyecto Atlas de Flora Amenazada se realizó un estudio con esta especie para determinar su distribución y grado de amenaza (Blanco & Ruiz, 2003) volviendo a suscitar la duda sobre la validez de esta especie, que para los autores podría ser una subespecie de Adenocarpus complicatus. Aunque finalmente, ese mismo año, aparece recogida en la publicación del Atlas como Adenocarpus desertorum (algo que por supuesto también ocurre en Flora Ibérica).

El género Adenocarpus tiene menos de 30 especies repartidas por la región Mediterránea, Norte de África y Macaronesia, gran parte de ellas con distribuciones endémicas muy restringidas. Se trata seguramente de unas reliquias de la antigua flora preglacial. Adenocarpus complicatus es el más extendido de estas especies, el más variable y el que tiene más hibridación con otras especies con las que contacta. Pocas veces un nombre estuvo tan bien puesto, pues junto a las hojas enrolladas (complicatus) presenta un embrollo (complicatus) de formas intermedias que vuelve locas a generaciones de osados taxónomos.

Así pues, la duda era: ¿se trata de una especie endémica o de una forma rara de la subespecie más complicada del Adenocarpus más complicado? Un reto que no amilanó a los investigadores de la Universidad de Extremadura, que como sus anteriores colegas quedaron atrapados por la variabilidad de este grupo. Sólo algo menos del 40 % de los individuos estudiados presentaron los rasgos característicos descritos por el autor. Algo que plantea una duda razonable sobre el status de la especie. Para poner todavía más turbia la cosa otro autor da por buena la especie y cita una nueva población en Malpartida de Cáceres (Vázquez, 2004).

Sea lo que sea, estamos hablando de una planta con buena capacidad colonizadora que habita zonas de berrocal granítico casi desarboladas entre los 500 y 850 m, con suelos poco desarrollados y en fuerte competencia con Cytisus multiflorus y Cytisus scoparius. Planta con ciertos requerimientos térmicos que prefiere laderas de solana. Se estima una población de unos 30.000 individuos en la sierra de Montánchez en la provincia de Cáceres y su entorno (Plasenzuela y Zarza de Montánchez), sin incluir la población de Malpartida de Cáceres. En los extensos codesares de las laderas orientadas al sur es donde aparecen un mayor número de ejemplares de lo que se considera Adenocarpus desertorum, junto con ejemplares dudosos. En las otras partes de la sierra el número de ejemplares dudosos es muy superior.
Aquí lo dejo.

miércoles, 11 de abril de 2012

LA ORQUÍDEA ABEJERA DE ALMARAZ: Ophrys apifera var almaracensis

Ophrys apifera var almaracensis. Almaraz, Cáceres


En 1990 se describió esta bellísima orquídea como variedad de la Ophrys apifera y se le dio el nombre de la localidad donde crecía: Ophrys apifera var almaracensis. Todo impecable. La variedad es una categoría taxonómica muy abstracta y variable situada entre la subespecie y la forma, que ya es el summum de la abstracción. A veces pienso que es una categoría para no pillarse los dedos, hay algo raro, pero no sé, quizás… Se basa en caracteres secundarios y en el hecho de que la variedad suele convivir con el tipo. No sé cuantas personas han podido ver a la Ophrys apifera var. almaracensis y a la Ophrys apifera var. fulvofusca, descrita en 1987 con plantas de Cerdeña, para poder hacer una comparativa seria, pero se tiende a considerar que la variedad almaracensis es lo mismo que la fulvofusca y que por tanto, siguiendo las reglas de nomenclatura, el nombre correcto es el de esta segunda. Más recientemente, en 2007, aprovechando una revisión del género, se zanja la cuestión considerando a estas orquídeas como una simple forma hiperpigmentada, denominándola Ophrys apifera forma fulvofusca (algunos llegan a más y las consideran simples anomalías morfológicas).

Abejera de Almaraz y Abejera


La verdad es que nunca he entendido este afán de los especialistas por minimizar cualquier tipo de diferenciación dentro de la Ophrys apifera, que por otro lado es la especie más extendida del grupo. Uno está habituado a la descripción de nuevas especies dentro de otros grupos, con la Ophrys fusca como paradigma. Especies que son muy difícilmente sostenibles, desde luego menos que en el caso de la almaracensis, pero siempre se termina zanjando la discusión aludiendo a la autofecundación de la Ophrys apifera, que permite que esas aberraciones cromáticas se perpetúen.

Pero resulta que esto no es del todo cierto. Aunque se ha demostrado que cualquier Ophrys es capaz de autofecundarse, parece que la mayor facilidad de Ophrys apifera para hacerlo es un mecanismo de seguridad surgido en una especie que puede habitar zonas muy norteñas con pocos bichos. La planta espera la visita del insecto con sus polinios preparados, como cualquier Ophrys, e incluso emite olores que simulan las feromonas femeninas de un tipo concreto de abeja, también algo habitual en el género. Pero a diferencia de sus parientes, la apifera no es muy paciente y si pasado un breve plazo su flores no son visitadas por insectos, ella misma se autofecunda. Hoy se sabe que algunas abejas Eucera son polinizadores especializados en Ophrys apifera y que incluso un escarabajo de las flores (Exosoma lusitanicum) es capaz de polinizarla. De hecho, como prueba de esa polinización cruzada se han descrito 8 híbridos de apifera con otras tantas especies del género Ophrys, 7 de las cuales se describieron en países Mediterráneos, donde es más abundante el número de insectos. Sin ir muy lejos, los híbridos de apifera y scolopax son relativamente comunes en la Comunidad Valenciana y algunos muestran rasgos que me recuerdan a los de la almaracensis.

Las arañas cangrejo son especialistas en cazar abejas en las flores ¿Qué hace aquí?

Y si la polinización cruzada sigue siendo utilizada por la apifera, aunque de manera secundaria, entonces cualquier diferencia en la morfología floral debería ser mirada con mayor interés. Si las flores de Ophrys son verdaderas obras maestras del engaño para atraer machos de abejas, en las que hasta el más mínimo detalle parece importante, entonces habrá que ver la trascendencia que unas diferencias en su aspecto pueden tener en la polinización. Un día decidí comparar 10 flores de apifera con otras 10 de almaracensis, nada serio lógicamente, pero picado por la curiosidad quería ver si las diferencias eran sólo de color como generalmente se afirma. No soy un especialista, pero pude establecer más de diez diferencias, algunas de ellas que podrían afectar a la capacidad de atracción de los insectos (forma del labelo, diseño cromático), a la facilidad de polinización (anchura de cavidad estigmática, curvatura de ginostemo, tamaño del retináculo de la bursícula) y a la capacidad de autopolinización (longitud de la caudícula). Siempre se ha sostenido que las Ophrys se han diferenciado entre ellas por su especialización en un determinado polinizador. No sé si esto será así de simple, pero en cualquier caso esto también debería valer para apifera y almaracensis.


Polinios descendiendo


¿Y si un híbrido de Ophrys apifera y Ophrys scolopax hubiera dado lugar a la almaracensis? Que luego ha emprendido su camino separada por la autofecundación y los distintos polinizadores. Esto puede parecer una chorrada, una paletada fitonacionalista o una reacción alérgica, pero no conozco ningún estudio en profundidad sobre esta cuestión. El caso es que con las cosas como están la Orquídea Abejera de Almaraz, de la que sólo se conoce una localidad con menos de 500 ejemplares y que probablemente sea la orquídea más bonita de Extremadura, no está protegida legalmente. Los catálogos de especies amenazadas son eso, catálogos de especies, que tan sólo descienden a las subespecies en casos puntuales de endemismos. Sería triste olvidarse de estas plantas tan sólo porque su nombre no se adapta al guión, sobre todo cuando haría falta un pequeño esfuerzo para que algún especialista le dedicara su tiempo. Al fin y al cabo esto también es biodiversidad. Si no es así, yo casi prefiero creer la conocida leyenda urbana de que las radiaciones de la cercana central nuclear han creado a este mutante.

martes, 3 de abril de 2012

LA DUALIDAD DE LOS ERODIUM

Una especie perenne. Erodium cheilanthifolium. Sierra Nevada, Granada. 3100 m.


Es posible que para la gran mayoría de las personas los alfilerillos o Erodium no sean más que unos yerbajos vulgares, tal vez un agradable recuerdo de la infancia jugando con sus frutos, pero nada más.

Reconozco que a mí nunca me hicieron gracia aquellos juegos, tener que ver enrollarse uno de aquellos diminutos frutos cada vez que te cruzabas con un Erodium era un aburrimiento (incluso para un cerebro cuasi-psicópata de 4 años). Ahora, conocida la afición de estas plantas para valerse de los animales en su dispersión, me pregunto si no serían aquellos yerbajos los que jugaban con nosotros.

Sin embargo, los vulgares alfilerillos tienen una historia interesante que contar. La evolución pocas veces es un túnel sin salida con una única puerta de emergencia. El género Erodium es un buen ejemplo, un ejemplo cristalino.

Los Erodium son parientes de los Geranium y de los Pelargonium (a los que solemos llamar geranios). Actualmente este género cuenta con algo más de 100 especies, la mayoría de ellas concentradas en la Cuenca Mediterránea, aunque están presentes en lugares tan alejados como Australia, Mongolia, China o Estados Unidos.

Lo realmente interesante de este género es la radical diferencia que existe entre sus miembros, en función del sistema de vida que desarrollen. Básicamente se puede hacer una división entre Erodium anuales y Erodium perennes, algo que como veremos tiene su aquel.

Una especie anual. Erodium primulaceum. Sierra de Gredos, Cáceres. 1200 m.


Si eres un Erodium anual, debes saber que perteneces a una minoría, ya que más de 85 % de las especies son perennes. Pero poco importa esto si las especies anuales son las más abundantes, las únicas cosmopolitas y las que utilizan el viento como medio de dispersión. Aunque tus flores serán muy variables según donde vivas, todas serán poco visitadas por los insectos, lo que te importara bien poco pues serás capaz de autopolinizarte. Tu vida será como uno de esos anuncios de BMW.

Visto esto, los parientes perennes podrían parecer unos paletos incestuosos si no fuera porque constituyen uno de los grupos de plantas más atractivas del Mediterráneo. Su diferenciación en las distintas especies se ha producido por una disminución del flujo genético, dando lugar a numerosos endemismos aislados en pequeñas poblaciones que conservan una gran homogeneidad morfológica dentro de ellas. Aunque sus flores también son hermafroditas, son dicógamas, lo que más o menos significa que los sexos maduran por separado, por lo que nunca se podrán autofecundar. Esto les obliga a contar con los insectos para la polinización y lo logran con gran éxito, gracias a los atractivos diseños de sus flores. Por último, su sistema de dispersión está basado en el transporte a bordo de animales, lo que explicaría las extrañas distribuciones de algunas de estas especies.
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