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domingo, 25 de marzo de 2012

SAXÍFRAGAS DEL CÁUCASO.

Saxifraga dinnikii



Por desgracia no conozco las montañas del Cáucaso, que por lo que sé son un foco impresionante de creación de especies de flora de montaña. Nombres como Chechenia, Ingusetia, Ossetia o Abjasia, la verdad es que no animan mucho para plantearse un viaje. Es lo que tiene el ser el patio de atrás de grandes imperios expansionistas durante siglos.

Seguramente lo más cerca que estaré del Cáucaso en mi vida sea cada vez que me asomo a ver las saxífragas caucasianas en la rocalla. Mantengo tres especies en la rocalla Saxifraga caucasica, Saxifraga dinnikii y Saxifraga scleropoda. Las tres proceden de las montañas de Georgia, por encima de los 2000 m, aunque han sido cultivadas en un vivero especializado de Holanda. Tienen un aspecto imponente de plantas de alta montaña, con rosetas muy duras y compactas. Las especies de saxífragas del Cáucaso, pese a llevar poco tiempo en circulación, han sido muy utilizadas para obtener infinidad de cultivares muy valorados por los numerosos aficionados a estas especies. Un problema que generalmente presentan estas especies llamadas botánicas frente a sus cultivares es que son de floración más difícil. Las tengo ubicadas junto a una pequeña piedra que se inclina sobre ellas, lo que les ha permitido crecer inicialmente en este pequeño refugio. Reciben unas 4 horas de sol directo en verano y no las protejo contra la lluvia en invierno (algo que resultaría ridículo en un año como este, pero no así el pasado).

Saxifraga caucasica


En mi caso llevo ya tres años con estas plantas en casa y he tenido de todo. Hay en la rocalla dos ejemplares de Saxifraga caucasica con un gran crecimiento, aunque manteniendo una forma muy compacta. Una de ellas es la segunda vez que florece, aunque da pocas flores y la otra no ha florecido nunca. Saxifraga scleropoda tampoco ha florecido nunca, aunque ha cuadruplicado su tamaño en este tiempo. Por último, Saxifraga dinnikii, una auténtica maravilla. Cuando llegó a casa no era más grande que una lenteja y la verdad es que no daba un duro por ella. Con el tiempo ha adquirido el impresionante tamaño de un garbanzo gordo. Este año ha florecido por primera vez y estoy como un padre tonto con ella.

martes, 20 de marzo de 2012

ENCINA LA NIETA. Torre de Santa María, Cáceres.




La Nieta es como esos actores secundarios de las películas de John Ford, tipos capaces de robarles el plano a fuerzas de la naturaleza como John Wayne, James Stewart o Maureen O´Hara. Tipos como Barry Fitzgerald, Ward Bond o Victor McLaglin.

No conozco otra encina que estando, como está, a tiro de piedra de La Terrona sea capaz de salir airosa de la comparativa. No es fácil que después de visitar a la grande entre las grandes te quede capacidad de asombro. Esto me ha ocurrido incluso con enormes encinas monumentales a las que fui a ver días después de una visita al coloso de Zarza de Montánchez. Mientras dura el “efecto Terrona” todas las encinas parecen ridículamente pequeñas y artificiales. Bueno, todas menos La Nieta.

Si la Terrona tenía a La Gobernadora en sus inmediaciones, que según la tradición competía con ella en tamaño, La Nieta debió tener  su Abuela. No queda rastro de esos legendarios árboles y yo a veces me pregunto si no serán nada más que eso: leyendas. Me cuesta mucho imaginarme esas cuatro encinas tan próximas, sobre todo cuando La Terrona bien podría ser la abuela que dio nombre a La Nieta.



Visitar La Terrona y olvidarse de La Nieta, que veremos al pasar con el coche, no tiene perdón. Pocos árboles monumentales son tan accesibles. Imagino que el porte de esta encina, tan natural y alejado del habitual entre las encinas de la zona la hace pasar desapercibida, o la confunde con un alcornoque. Suele ocurrir en árboles armoniosos y equilibrados que no nos hacemos una idea de su tamaño hasta que estamos junto a ellos. Este es un buen ejemplo, porque biométricamente estamos hablando de una encina de la categoría de la ya desaparecida Marquesa o de las encinas del Romo y el Rañal. El vuelo de su copa no es tan amplio (20 m), pero esto lo compensa con una mayor altura (17m) y naturalidad. Su tronco supera los 5 m de perímetro a 1,30 m del suelo.

Por desgracia este árbol no ha sido tan respetado como su vecina y pese a ser más joven, su estado de conservación es peor. Muestra daños de aperos agrícolas en la base de su tronco y un horroroso cerramiento de alambre de espinos se clava en su corteza. Su copa cada vez está más clara y se aprecian varios puntos críticos que comprometen su estática.

domingo, 18 de marzo de 2012

LORERAS EN APUROS.

Un panorama insólito entre nuestros árboles mediterráneos, pero habitual en las loreras: loros (Prunus lusitanica) acodándose,
 en una imagen más propia de una selva tropical.


La Lorera de la Trucha es un regalo que la Naturaleza ha dado a Extremadura y no me importa resultar cursi al decirlo así.

Afortunadamente este regalo está, desde hace años, protegido bajo la figura de Árbol Singular. Sin embargo, ahora la propia Naturaleza (con la ayuda del hombre, claro está) se ha convertido en la mayor amenaza para esta reliquia de nuestro pasado subtropical.

El cambio climático va cada vez más rápido y eso supone más aridez, algo que no le gusta al Loro (Prunus lusitanica). La Lorera de la Trucha lo está notando, sus loros parece que se resienten y la fauna del entorno cada vez les presiona más.

Es típico de las loreras extremeñas que se asienten sobre suelos raquíticos junto a cauces de agua. Ello da lugar a unos sistemas radiculares poco potentes que tienen consecuencias fatales. Cuando los loros alcanzan gran porte (como también sucede con los alisos y fresnos que los acompañan) se desploman, al no poder contrarrestar sus sistemas radiculares las presiones ejercidas desde la copa por árboles tan grandes. Esto crea unos claros en las loreras que, como ocurre en la selva, permiten una explosión de las nuevas plántulas de loro que de manera natural cierran ese claro en pocos años. Hoy día esto no está sucediendo y los claros no se cierran, con lo que las loreras se están fragmentando, haciéndose cada vez más vulnerables. Es como una herida abierta por la que se están desangrando.
La lección del día por los expertos. Las hiedras tienden a desarrollar cortezas parecidas
a las del árbol sobre el que crecen, aquí un roble musgoso (afectado por la sequía).


Parece que la causa fundamental es la presión que ciervos, jabalíes y, sobre todo, corzos están ejerciendo sobre las jóvenes plántulas de loro, acabando año tras año con el 100 % de ellas y con ello anulando la capacidad de regeneración natural de la especie que, por otro lado, en años secos ya se ve bastante mermada.

domingo, 11 de marzo de 2012

OTRO ENIGMA DE LAS SIERRAS CUARCÍTICAS EXTREMEÑAS: Scrophularia arguta

Scrophularia arguta. Sierra de Santiago, Cáceres.


Uno que todavía no sale de su asombro cada vez que se cruza con un Erodium mouretii por las sierras del centro de Badajoz, o por la también cuarcítica sierra de San Pedro, ahora ve con verdadera congoja como el enigma, lejos de resolverse, se multiplica.

También en zonas de cantil y también asociado a la presencia de grandes nidos, un patrón que comparte con el Erodium, ahora se trata de la Scrophularia arguta, de la que desde hace pocos años se sabe que hay dos poblaciones en la Sierra de Santiago (Cáceres), a la que añadiría un ejemplar localizado en otro cantil, junto a un nido de Alimoche, en la parte cacereña de la Sierra de San Pedro. Los canarios la conocen como Ortiguilla mansa, que es un nombre más que apropiado. Recuerdo que la primera vez que me crucé con ella había comenzado a brotar y aún no había florecido, como no lo tenía muy claro toqué sus hojas para ver si realmente era una ortiga. Afortunadamente era la Scrophularia.

¿Qué es lo que hace tan singular esta presencia entre nosotros, si ya en 1851 Bourgeau la citó en la sierra de Gádor? Bastará decir que, además de estas poblaciones cacereñas, en Europa sólo se conocen otras 6 poblaciones en Murcia, Granada y Almería, todas a más de 500 km y, si no me equivoco, sobre terrenos calizos y más áridos. Además, ninguna de estas poblaciones supera los 1000 individuos. Su distribución en el resto del mundo abarca las islas Canarias, Cabo Verde, islas Salvajes, norte de África, algunas islas del Índico y Arabia.

Surgen rápidamente las tres hipótesis clásicas para estos casos: la primera la de la distribución relicta, la segunda la de la introducción humana y la tercera la de una dispersión fuera de lo común.

Aunque se la trata como anual en todas las referencias que he leído, yo la verdad es que no lo tengo muy claro. Emite brotes de raíz en otoño y se pueden apreciar plantas de distinto tamaño, con más o menos número de tallos en función de su edad, como en otras escrofularias perennes. También es una planta anficárpica que emite flores en la parte aérea que son polinizadas por insectos y otras en la parte subterránea que se polinizan sin abrirse y dan lugar a frutos subterráneos.

Dado lo precario de su situación, con una superficie total de ocupación de unas 5 hectáreas en toda la Península Ibérica, sería bueno dedicar algún esfuerzo a su conservación, no vaya a ser que nos encontremos ante otra reliquia desaparecida.

domingo, 4 de marzo de 2012

EL DIENTE DE PERRO. Erythronium dens-canis.


Erythronium dens-canis. Sierra de Gata, Cáceres.


Ya sé que soy un poco repetitivo, pero los taxónomos a veces, cuando dan un nombre a una especie, se pasan de prosaicos. Es cierto que el bulbo de esta liliácea se parece al colmillo de un perro (colmillo con sarro y caries, que eso no lo menciona el experto), pero dados los otros múltiples atributos de esta especie, bien podría haber hecho un gesto que le reconciliara con el resto de la humanidad.

Detalle de las hojas

Además de bonita, esta especie es de las que me gustan a mí, de esas que nos cuentan algo. Hay ejemplos de distribución casi de libro, que nos permiten reconstruir los orígenes de la flora de una región y este es uno de ellos. Se trata de una especie propia de hayedos y robledales templados de Europa y parte de Asia, que penetra en la Península Ibérica por los Pirineos y se distribuye ampliamente por la Cordillera Cantábrica, internándose en el Sistema Ibérico. Desde los montes gallegos desciende por los montes leoneses y reaparece en la parte portuguesa del Sistema Central. Siguiendo estas  montañas penetra hasta el centro peninsular por la Sierra de Gata, alcanzando su límite en la Sierra de Francia (Salamanca). Esta parece ser la ruta que siguieron buena parte de las especies de origen atlántico que tenemos hoy día en Extremadura como Erica tetralix, Carex binervis, Gentiana pneumonanthe y Genista anglica, entre otras.

En Extremadura es una planta muy rara, yo solo conozco una población en la parte cacereña de la Sierra de Gata con unos 2000 individuos, pero en la vertiente salmantina existen buenas poblaciones de la especie. Esto también es lo habitual, la orientación sur de buena parte del tramo extremeño del Sistema Central ofrece pocos lugares adecuados para estas especies tan exigentes.

Formica pratensis sobre su nido


Nido de Formica pratensis

El otro día pasé por la zona y me acerqué a echarle un vistazo, me encontré también el habitual hormiguero de Formica pratensis, una hormiga pariente de la famosa hormiga roja, que también hace nidos en forma de montículos de restos vegetales y que también está asociada a los bosques templados.

domingo, 19 de febrero de 2012

EL PICO VILLUERCAS: EL HEDIONDO, EL CENIZO Y EL CAMBRÓN…Y NO ES UNA DEL OESTE.

Subida al Pico Villuercas desde el Pozo de Nieve de Guadalupe (Cáceres).


Aprovechando estos escasos días de frío que nos ha regalado este extraño invierno me acerqué al Pico Villuercas, a ver si sonaba la flauta y me topaba con algún Treparriscos. Al final sólo estuvieron presentes los consabidos Acentores alpinos. No me importó mucho, ya que la cabra tira al monte y yo, entre acentor y acentor, andaba mirando ya con el rabillo del ojo a los yerbajos de la zona.

Una cumbre minimalista, tan de moda entre los malos jardineros. El vértice geodésico, la garita, un cenizo y hormigón.



El hecho de ser la cota más alta de los Montes de Toledo, con sus 1.601 m, no le ha evitado ser la montaña más machacada que conozco. Su cima, literalmente, ha sido borrada de la faz de la tierra y en su lugar, hoy día, sólo hay ruinas de una antigua base de radares militares, con su carretera, su helipuerto y sus absurdas garitas. Además, algunas antenas de telecomunicaciones han venido a sumarse recientemente al desastre. Tras el abandono por parte de los militares, las instalaciones fueron pasto del vandalismo más cerril, como si con ello se consiguiera algún tipo de venganza frente al antiguo ocupante.

                 Pajonales de montaña con Arrhenatherum elatius y Festuca paniculata.

Hubo un tiempo en que los botánicos se acercaban a esta cumbre en busca de plantas raras de montaña, siendo como era una auténtica isla de altura, e incluso existe alguna cita de plantas gredenses en la zona de principios del siglo XX. Ahora ya resulta imposible saber si aquellas especies realmente estuvieron allí alguna vez o si se trata de algún error con las etiquetas de los pliegos (algo, por otra parte, relativamente frecuente). Nunca sabremos si su desaparición se debió a las obras, al cambio climático o a un correcto etiquetado.



Estas citas, siendo como soy un enamorado de la flora de montaña, siempre atrajeron mi atención y he estado por la zona varias veces. Cierto es que no he encontrado lo que buscaba pero, también es cierto, que uno siempre termina encontrando algo. En este caso se trata del famoso Hediondo, que es una forma rupícola de altura del Arraclán (Frangula alnus), que forma junto con el Cenizo (Adenocarpus argyrophyllus) una comunidad muy característica de los cantiles cuarcíticos de cumbre de Las Villuercas (junto a Jasione crispa subsp.mariana, Dianthus lusitanus, Genista cinerea y Sedum brevifolium, entre otras), enriquecida aquí, gracias a su altitud, con escasos ejemplares de Cambrón (Echinospartum ibericum). Resulta curiosa la observación de estos pequeños hediondos en un ambiente tan poco propicio para esta especie, que encuentra su óptimo en la placidez de las alisedas más húmedas.

Robles rebollos por encima de 1500 m.

Rebollos casi en la cima

Tampoco desmerece la magnífica representación del límite forestal que encontramos conforme vamos subiendo hacia la cumbre. Los rebollos (Quercus pyrenaica) casi alcanzan la cima, o lo que queda de ella, pero lo hacen en forma de matas de no más de 50 cm. Algunas decenas de metros más abajo, por encima de los 1.500 m, encontramos a estos robles convertidos en arbolillos de menos de 2 m con troncos y ramas tortuosos, como auténticos bonsáis. Por debajo de ellos aparece ya un bosque de rebollos de porte casi normal.

Bosquete de encinas en un resalte rocoso sobre el robledal. Al fondo Navezuelas y sus castañares.

 En algunos puntos, como los resaltes rocosos de la vertiente de Navezuelas, la escasez de suelo hace imposible el asentamiento de los robles, apareciendo unos bosques de Encina (Quercus ilex subsp. ballota) a una altitud inusual y por encima del robledal, que recuerdan a los bosquetes invertidos que se forman en similares circunstancias en Gredos, aunque estos villuerquinos son más húmedos y diversos.

Los cenizos no se rinden fácilmente, ni ante el ejército.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Primula hirsuta

Primula hirsuta. Vertiente francesa del Portalet. 2000 m.

Estas formas achaparradas de zonas expuestas son sin duda una de mis plantas favoritas. Se la puede encontrar en los Alpes y en los Pirineos centrales sobre rocas silíceas rezumantes entre 1000 y 3600 m. El que la llamó Prímula viscosa no tenía corazón.
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