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sábado, 1 de octubre de 2011

EL PINO MÁS GRANDE DE ESPAÑA.

El Pino Gordo


Ahora que existe un gran interés por encontrar “productos” de la Naturaleza que puedan ser “puestos en valor” para explotarlos turísticamente (no nos engañemos, para esto sirve el Medio Ambiente), no es de extrañar el éxito que tienen los árboles monumentales con sus récords. En Estados Unidos este tema se lo toman muy en serio con su afición a los top y existe una legión de cazadores de árboles con sus equipos de medición láser que se encargan de buscar continuamente el árbol más grande, solucionando conflictos entre condados por tan deseado honor. La American Forestry Association ha establecido un sistema de puntuación muy estricto para dar rigor a esta cuestión, sistema que ellos mismos “modificaron” en la disputa entre las secuoyas General Grant y General Sherman, o para ser más correcto, entre los dos condados californianos donde viven. En España no hemos alcanzado ese nivel de profesionalidad de los americanos, aquí es suficiente que alguien mida de manera más o menos precisa un árbol para que ese dato se tenga por bueno, parece que eso de tomar una medida más exacta en un ser en crecimiento nos parece un poco tonto.

El Pino de las dos Pernadas. Aunque casi no se aprecia hay una persona
junto al tronco.

La localidad de Vilaflor, en la isla canaria de Tenerife, parece que ha resuelto la cuestión de una manera magistral. Ellos que son uno de los pueblos a mayor altitud de España (ver comentario) saben hacer las cosas a lo grande. Si vamos a tener el Pino canario (Pinus canariensis) más grande del mundo vamos a tenerlo de todas, todas. Así que a poco de salir del pueblo en dirección al Teide nos encontramos con dos auténticos colosos uno frente al otro, para que no haya lugar a dudas. Para aquellos cazadores de árboles más propensos a valorar los metros de altura allí está el Pino de las dos Pernadas, que con más de 56 m es de largo el pino más alto de España. Los seguidores de la escuela cubicadora, más dada a valorar los metros cúbicos de madera de un árbol, encontrarán más interesante al Pino Gordo que, aunque “sólo” alcanza poco más de 45 m, tiene un tronco de casi 10 metros de perímetro. De esta manera es sencillo acertar.


Yo por mi parte sigo pensando que los árboles monumentales nos brindan una oportunidad de oro para conocer cómo funcionan esos increíbles seres que son los árboles. De momento no necesito más, pero si se me obligara a decantarme por uno de los dos me quedaría con el Pino Gordo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

COMO BURRO DE NORIA

Con menos de 5 mm esta diminuta y abundante Violeta kitaibeliana sólo
 está al alcance de los que miramos al suelo.

Estos últimos días del verano se me han hecho muy duros. De tanto mirar al suelo tengo quemaduras de tercer grado en la parte superior del pescuezo y nacimiento del morrillo. Anoche, mientras me aplicaba una generosa dosis de crema hidratante en las zonas achicharradas, me acordé de una anécdota que me ocurrió hace unos años como consecuencia de esta manía mía de ir buscando yerbajos cabizbajo, como burro de noria.

Por aquella época me encontraba buscando las poblaciones clásicas de la orquídea Serapias perez-chiscanoi, un endemismo lusoextremadurense con la mayor parte de su población en Extremadura. Un buen amigo me indicó una zona próxima a la frontera portuguesa al norte de Badajoz donde él había visto la especie y que coincidía con una de esas poblaciones clásicas. Se trataba de una zona adehesada sobre terrenos llanos con suaves vaguadas, donde se formaban extensos pastizales con gamones muy favorables para la especie.

Un ejemplar de buen tamaño de Serapias perez-chiscanoi en su ambiente.

En cuanto llegué a la zona dejé el coche aparcado al borde de un camino y tan pronto como bajé de él puse mis ojos en el suelo y comencé a andar con la barbilla casi en mi pecho buscando la orquídea. Buscar Serapia perez-chiscanoi no es sencillo y exige concentración y esfuerzo visual para descubrir a esta críptica especie entre el herbazal. Sobre todo es complicado encontrar el primer ejemplar, después parece que el ojo aprende y todo va más rápido.

Con todos mis sentidos volcados en las orquídeas estuve caminando cabizbajo, sin rumbo y sin tomar referencias, durante más de 2 horas. Como no encontraba nada decidí cambiar de zona, así que levanté la cabeza para ir al coche, pero… ¿dónde estaba el coche? Parecía increíble, me había perdido en una dehesa.

No sabía en qué dirección caminar por miedo a alejarme del coche, toda la zona era idéntica y yo, además de no tomar referencias, había estado realizando continuos giros y vueltas. Era como si me hubiera preparado para jugar a la piñata, había conseguido desorientarme a mí mismo. Afortunadamente estaba sólo.

Tardé algo más de una hora en llegar al coche, que al final estaba a menos de 1 km. Aún así tuve suerte, porque tal y como estaba podría haber llegado andando al Atlántico.

lunes, 12 de septiembre de 2011

LOS PRADOS DE CUMBRES DE GREDOS

Bellísimo prado psicroxerófilo en la Sierra de Béjar. Un verdadero jardín japonés en miniatura.

Las plantas en la montaña parece que lo tienen muy claro a la hora de hacer frente a las duras condiciones ambientales. Unas esconderán sus rizomas en las fisuras de las rocas, otras prácticamente se enterrarán vivas entre las piedras de las gleras y pedreras, las hay que sólo prosperan en las zonas que forman grandes mantos de nieve que las protejan del frío, mientras que otras, en fin, crecerán abrigadas por los bloques de piedra. Sin embargo, hay un grupo de plantas a las que todo esto se la trae al fresco (nunca mejor dicho).

El Botón azul (Jasione crispa subsp. centralis), una de las plantas características de los prados de cumbres gredenses.

Silene ciliata, otra de las plantas características de este hábitat.

Encontraremos a estas plantas en las peladas cuerdas cimeras, en los collados más venteados, en las hombreras de los circos glaciares, allí donde arrecian los vientos invernales que arrastran la nieve, dejando a las plantas expuestas a temperaturas inferiores a -30 º C, donde en verano el sol aprieta y donde el agua parece desaparecer casi por arte de magia. Con todo, lo peor es el suelo árido y mineral de estas zonas y la crioturbación, que lo contrae y dilata con cada helada, con lo que ello debe suponer para las raíces superficiales de estas plantas.

Minuartia recurva

La Oreja de monte (Sedum candolleanum). El representante de las plantas crasas.


Interesante, pero ¿dónde encontrar semejantes prados? El nombre no ayuda ya que quien tenga en mente la definición de la palabra prado nunca los encontrará. Más que un prado florido lo que hay que buscar es un desierto namibio con plantas enanas. La mayoría de la gente que visita las montañas pasará por ellos sin percatarse de su presencia, los pisoteará y te mirarán con sorpresa (¿busca lagartijas?, ¿una lipotimia?...). El nombre técnico de prados psicroxerófilos los define muy bien, prados de zonas frías y áridas, aun sosteniendo el equívoco de la palabra prado. El aspecto que presentan es el de una comunidad de unas pocas especies de plantas enanas y almohadilladas de muy baja cobertura entre piedras y gravas. Plantas que durante la floración se convierten en diminutas bolas de flores, en un despliegue pirotécnico sin parangón.

El endémico Tomillo ansero o Ajedrea (Thymus praecox subsp. penyalarensis), responsable del olor a tomillo de las botas al volver a casa.

Otro endemismo, el Clavel de Gredos (Dianthus gredensis), que no es exclusivo de estos medios, aunque aquí están los ejemplares más bonitos.

Jurinea humilis

Plantago alpina, de reproducción clonal es la "planta despensa" de estos medios debido a la gran cantidad de restos vegetales que aporta, como se ve en la foto.

En Cáceres podemos disfrutar magníficos prados de cumbres en la cuerda del Torreón, en la Portilla del Losar, en la Portilla de los Caballeros, en la Loma de las Batallas, en la cuerda de la Covacha o en la cima de Castifrío. Pero cuidado donde colocamos los pies…

miércoles, 31 de agosto de 2011

ATRAER PÁJAROS AL JARDÍN

Una pareja de Tarabilla común ha convertido el jardín en centro de su territorio.


Desde un principio tenía en la cabeza atraer pajarillos al jardín, a pesar de que por su escaso tamaño las aves y yo no podríamos permanecer al mismo tiempo en el jardín, pero me basta con oírlos y verlos por la ventana, además, siempre hay algún individuo confiado que te da una sorpresa.

Tarabilla común y Colirrojo tizón.


Partíamos de cero, la pequeña parcela destinada al jardín estaba completamente esterilizada tras dos años de obras. Lo que para un constructor es tierra vegetal para mí son escombros, lo que convertía el proyecto de jardín en un nuevo Krakatoa.

El Mirlo común, terror de la rocalla.

Observé las especies de avecillas que tenía por los alrededores y descubrí con alegría que había más especies de las esperadas: Gorrión común, Jilguero, Pardillo, Verderón, Mirlo, Tarabilla común, Estornino negro, Cogujada común, Roquero solitario, Colirrojo tizón, Mosquitero común y Curruca capirotada. Muy mal habría que hacerlo para que ninguna de ellas se pasara por el jardín.

Al realizar la fase de plantación tuve en mente a parte de la estética una funcionalidad de cara a las aves. Los árboles y arbustos deberían aportar refugio y comida. Opté por ejemplares ya crecidos de Majuelo (Crataegus monogyna), Madroño (Arbutus unedo), Tejo (Taxus baccata), Serbal (Sorbus domestica), Acebo (Ilex aquifolium) y Abedul (Betula pubescens). En otoño los frutos gordos por el riego de estas especies se convirtieron rápidamente en un reclamo para los Mosquiteros comunes en sus pasos migratorios. Durante unos días en el jardín siempre hay uno o dos de estos bonitos pájaros comiendo o durmiendo en la copa de los setos de tejo. Esta es la época de las currucas capirotadas, aunque son mucho menos asiduas que los mosquiteros. Este año además una pareja de jilgueros que lleva dos años criando en un árbol a la puerta de casa ha inspeccionado las copas de un abedul y del serbal al inicio de la temporada de cría, aunque finalmente volvieron a su árbol. Espero que en pocos años estos árbolillos del jardín sean suficientemente grandes para ellos.

Uno de los pollos de Jilguero sesteando en un Abedul.

Un punto permanente de agua limpia era otra de nuestras ofertas en el jardín y desde el principio fue bien acogido por los fringílidos, gorriones y tarabillas a partir de mayo y durante todo el mes de julio, coincidiendo con el final de la temporada de cría. En agosto es menos concurrido. Los jilgueros llevaban todos los días a sus pollos volanderos de la última puesta a beber en las horas de la siesta.

La fuente no puede faltar para atraer animales, al margen de los pájaros algún Sapo común y una Ranita meridional han pasado por allí.

El comedero es algo en lo que todo el mundo piensa y así instalé un modelo de comedero muy famoso y éxitoso…y al poco tiempo dejé de rellenarlo con comida. Era tal la cantidad de gorriones que acudían a él que lo vaciaban a diario, dejando tras de sí un rastro de excrementos difíciles de aguantar. Tan sólo una vez pude ver un jilguero en el comedero, el resto eran juveniles de gorrión con algunos adultos.

Actualmente el comedero está sin uso.

Aunque los excrementos eran un inconveniente obvio son fáciles de limpiar. Algo peor empezó a ocurrir en el jardín. Los mirlos se acostumbraron a comer las abundantes lombrices de la zona con plantas y en su frenesí gastronómico llegaron a la rocalla donde comenzaron a causar daños a las pequeñas plantas alpinas, conociendo así de primera mano la mala fama que esta especie tiene entre los jardineros británicos y centroeuropeos. Durante un periodo de tiempo intenté soportarlo pero cuando las bajas alcanzaron a dos de mis plantas favoritas (Saxifraga burseriana y Androsace muscoidea) empecé a colocar pequeños banderines junto a las plantas para disuadir a los asaltantes. Como los banderines afeaban tremendamente la rocalla los he estado poniendo y quitando durante meses, a cada nuevo ataque un periodo de banderines en los que cesaban las incursiones, para ser reanudadas tan pronto como los retiraba. Ahora estoy probando con pequeñas barreras alrededor de las plantas atacadas (curiosamente siempre Saxifraga burseriana y las Androsace de pequeñas rosetas). Por desgracia he descubierto que también las tarabillas escarban y desentierran las plantas y, lo más curioso, sus víctimas son siempre las mismas que las de los mirlos, pese a tener más de 50 especies distintas a su disposición.
La Saxifraga burseriana del fondo la encontrado tres veces este verano arrancada y con todas las raíces al sol. Al final, pese a la protección ha sido arrrancada de nuevo y esta vez ha muerto. A la Androsace cylindrica del centro le han arrancado tres rosetas. Esto es sin dudas lo peor de los pájaros en el jardín.



sábado, 20 de agosto de 2011

LA ENCINA DEL ROMO. Badajoz.

Año 2005. La encina y el cerdo. La imagen típica.

El cerdo ibérico ha ejercido de arquitecto y paisajista en el suroeste de Badajoz durante siglos. Un ser exigente al que le gustan los bosques aclarados para andar por ellos con comodidad, pero  repletos de encinas y, si no hay más remedio, de alcornoques. Árboles además abiertos, para que la luz entre bien en su copa y den bellotas gordas.

Año 2005. El arranque de los tres cimales. Puro músculo.

El hombre en esta tierra se aplicó y le dio al cerdo todo lo que pedía, aunque no precisamente gratis, como bien sabe todo aquel al que le guste el chorizo. Con tanta gente podando y tanta encina que podar era inevitable que coincidieran el podador artista y la encina bonita de gran crecimiento. Puedo imaginar la cantidad de grandes encinas que serían podadas con esmero como símbolos de una finca o incluso de un pueblo. La legendaria dureza estructural de la encina ayudó a los podadores artistas y les permitió llevar la poda de producción a extremos casi increíbles en los mejores árboles, pocos, pero mucho más abundantes que en la actualidad. Surgen así encinas con copas de más de 30 metros de diámetro con alturas que no sobrepasan los 10 m. Un portento que se logra a base de unos troncos cortos (de menos de 2 metros) y gruesos, proyectados en ángulos muy abiertos en tres grandes cimales estructurales con gran desarrollo horizontal, que generarán gruesos paquetes de madera de reacción que les da una apariencia musculosa. En los extremos de estos cimales se desarrollará una copa, idealmente en un único plano, que unido a la zona central desprovista de ramillería crea una apariencia muy artificiosa pero eficaz, con la copa dividida en tres sectores independientes, como si tres encinas se hubieran unido por el tronco. El ejemplo más extremo que conozco de este tipo de poda es el de la  Encina de la Gira Grande de Manchita (Badajoz), donde una copa de 25 m de diámetro se despliega a 6 metros del suelo en un único plano horizontal en un trabajo de poda más propio de la jardinería de alta escuela. La apariencia del árbol es la de un enorme emparrado sin soportes.

Año 2004. Otro ángulo e igualmente impresionante.

Este manejo tan artificial de la encina parecía olvidar que existe la Ley de la Gravedad y estas encinas gigantescas llevadas al límite de su resistencia son sus favoritas. Una estructura así debe ser permanentemente vigilada para que sus cargas no excedan el límite de resistencia de la madera, esto supone podas continuas y con ello heridas continuas. Tarde o temprano un mal podador pasará por la encina…y esa será su sentencia de muerte.

Año 2007. Vista aérea que permite apreciar la copa dividida en sectores. El tercero ya se ha desplomado.

Ya no queda ninguna encina gigante intacta, todas han perdido alguno de sus cimales o, cuanto menos, grandes ramas secundarias. De las tres más grandes la que peor está es la Madre Encina de Campillo, en total ruina. La portentosa Encina del Rañal (Fregenal de la Sierra) con sus 36 m de diámetro de copa sufrió importantes daños en el temporal de noviembre de 1997 y hace pocos años perdió uno de sus cimales. Algo similar le ocurrió a la bellísima Encina del Romo (Badajoz) de 32 m de diámetro de copa, primero perdió gruesas ramas secundarias y en 2007 sufrió la caída de un cimal, aunque no llegó a desgajarse del todo. Al ser un árbol protegido se ha intervenido para mantenerlo y consolidar el resto de la estructura, siendo así nuestra segunda encina abuela con muletas tras la Terrona.
Año 2007. El cimal desgajado consolidado, aún se aprecian los soportes provisionales junto a los definitivos.

martes, 9 de agosto de 2011

Linaria alpina

Linaria alpina subsp. filicaulis. Picos de Europa, 2.100 m. Cantabria.


A estas alturas determinar cuáles son mis preferencias en lo relativo a la flora de montaña me parece de poco interés, varían tanto que hace tiempo que no me lo planteo. Dependerá de la zona que visite, del tiempo que lleve buscando a una especie, de su rareza, de las veces que ya me la haya cruzado antes, y así un largo etcétera. Soy voluble en este sentido, a qué negarlo.

Sin embargo, hay una especie que siempre resistía tras cada cambio caprichoso de criterios. No se trata de un raro endemismo, ni de una especie emblemática, ni pertenece a una reputada familia, ni es rara (esto hablando de plantas de montaña siempre es relativo, como se puede suponer), ni siquiera es de las más espectaculares, incluso podría pasar por una plantita de cotas bajas.

Linaria alpina subsp. alpina. Pirineos, 2.000 m. Huesca.

Pensando cuál era el secreto de la Linaria alpina o Violeta de glera, que esta es la especie de la que hablo, rápidamente me di cuenta que se trata de esa especie que nos da la bienvenida a la zona de plantas alpinas en Gredos y otras montañas del norte peninsular. Mucho debe de pesar el hecho de que guardo una grato recuerdo del primer día que la vi en una sierra cacereña: “así que aquí tenemos a una auténtica planta de los Alpes”. Ahora cada vez que paseo por una sierra y me cruzo con esta llamativa planta sé que llega el momento de aguzar los sentidos porque, a partir de ese punto, cualquier joya botánica de las cumbres se nos puede aparecer.

Linaria alpina subsp. alpina. Sierra de Béjar, 2.400 m. Cáceres.

La Linaria alpina tiene ese porte rastrero que tan bien le viene a las plantas que viven en cascajales y gleras móviles, pero que le hace perder ese aspecto compacto y almohadillado tan típico de las plantas alpinas (que alguna vez consigue en zonas muy expuestas). Pese a ello, se la ha localizado a 4.200 m de altitud en los Alpes, una altura al alcance de poquísimas especies de la flora europea que, si no me equivoco, no llegan a 20. Sólo por esto ya merecería nuestra admiración.

martes, 26 de julio de 2011

LA NIÑA GRIS DE PICOS DE EUROPA: Agriades pyrenaicus subsp. asturiensis

 Macho de Agriades pyrenaicus subsp. asturiensis.

Las Agriades son unas pequeñas mariposas de la familia de los licénidos que se caracterizan por sus costumbres eminentemente montañeras y por la bella coloración gris plateada de los machos, cosas ambas que hacen que ocupen un lugar de honor entre mis favoritas. En España existen tres especies: Agriades zullichi, Agriades pyrenaicus y Agriades glandon. Las dos primeras las he podido ver en campo, a la primera la encontramos a casi 3000 m en Sierra Nevada, de donde es exclusiva, pero ese día buscábamos plantas y llevábamos ya unos cuantos kilómetros en las piernas, estaba cansado y aún nos quedaba un rato, por lo que ni siquiera intenté fotografiarla, algo de lo que me estoy arrepintiendo desde entonces. A la segunda la encontramos a 2300 m en Picos de Europa, por tanto, ejemplares pertenecientes a la subespecie asturiensis, más plateada que las que vuelan en los Pirineos centrales.



El bebedero se había formado por el corte de una estrecha vereda en una pedriza. Había tres machos que se mostraron en todo momento colaboradores, el problema es que la citada vereda forma parte de una de las rutas más transitadas de los Picos de Europa en su parte cántabra. No me lo pensé dos veces y me tiré al suelo colapsando el paso para disgusto de mi mujer, que ponía cada vez peor cara al ver como una familia de franceses tenía que esperar a que tomara las fotos. Por el otro lado descendía un grupo de excursionistas que también tuvieron que detenerse. Con tanto espectador obligado me sentía molesto y decidí levantarme para desbloquear el camino y continuar la marcha.

Detalle del hábitat de esta especie, en el centro con flores blancas su planta nutricia Androsace villosa.

La forma de vida de esta mariposilla por su dureza me recuerda a la de las plantas alpinas. Su planta nutricia es la Androsace villosa, que aparece de forma dispersa en las laderas rocosas de las zonas altas, muchas veces tan sólo uno o dos ejemplares en una pared rocosa, por lo que imagino que deben pasar la mitad de su vida buscándolas para poner sus huevos. Las larvas, pese a tener un aspecto totalmente desvalido, pasaran el invierno a temperaturas inferiores a las de un congelador doméstico.
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