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jueves, 9 de junio de 2011

BELLAS, PERO INVASORAS, EN UN PASEO POR EL AMBROZ.

Antes de nada me gustaría hacer un pequeño paréntesis:

Hace unos días Salomé Guadalupe Ingelmo desde su blog http://hervasencuatrosaltos.blogspot.com/ consideró este blog como uno de los 12 que merecían el premio Sunshine Awards. Mentiría si digo que no me hizo ilusión, y más viniendo de un blog que tengo entre mis preferidos, cuya autora, con sus solitarios comentarios, me animó muchos días a escribir algo aquí. Sin embargo, inmediatamente me entró una pequeña congoja al tener que elegir yo a otros 12 blogs para pasarles el premio. Considero los blogs que me gustan como algo tan personal de sus respectivos autores, que eso supondría para mí elegir 12 personas y no 12 blogs, algo que ni estoy capacitado para hacer, ni me apetece hacer. Sólo espero que Salomé no se tome esto como un desaire.

  Bellas, pero invasoras, en un paseo por el Ambroz.


Melitaea athalia se me mostró absolutamente ajena a mis ideas fitoxenófobas.

Pero hombre por qué te pones así, si son unas plantas muy bonitas y no le hacen daño a nadie. Debe ser que con la edad me estoy avinagrando, pero reconozco que cada vez que me cruzo con una de estas plantas se me arruga la nariz. Si estuviera en mi mano no durarían ni un segundo en nuestros campos, lo que probablemente me crearía una legión de enemigos entre los amantes de lo bello. Afortunadamente son pocas las especies que son capaces de escapar al cultivo, pero todas aquellas que lo hacen son portadoras potenciales de problemas para nuestro campo. Sólo un puñado son capaces de producir grandes daños en pocos años, como es el caso del Jacinto de agua (Eichhornia crassipes), que tanta guerra ha dado en Extremadura recientemente. Otras van más despacio, creando “jardines botánicos espontáneos” en hábitat degradados, donde las plantas autóctonas casi no existían previamente y donde ya no tendrán hueco, así ocurre en algunas zonas de las Vegas del Guadiana, como apuntaba ya hace años D. José Luis Pérez Chiscano. Otras encuentran un hueco en nuestros hábitats naturales y en ellos se instalan. En un principio son buenas vecinas y, por su bajo número, no crean problemas y son hasta pintorescas, pero cuando sus poblaciones se asientan empiezan a reclamar su espacio y este siempre se consigue a costa de una especie autóctona. Generalmente cuando descubrimos el problema ya es demasiado tarde para solucionarlo.

Fruto de Lunaria annua.


La Lunaria annua (Hierba de nácar, Hierba de plata o Moneda del Papa) procede de los Balcanes y suroeste de Asia. Ha sido muy cultivada por sus llamativos frutos, que una vez secos se utilizan para formar centros por su aspecto nacarado o plateado. Aunque es una planta cunetera y de baldíos, la puñetera también se deja caer por el sotobosque de algunos castañares y rebollares de La Vera, el Valle de Jerte o el Valle del Ambroz, donde existen plantas de gran valor con las que no conviene interferir, por muy bonita que seas. Además, a mí personalmente sólo me parece un yerbajo bastorro, como tantos otros de su familia que abundan por aquí, con un fruto curioso, eso sí.

Lychnis coronaria.

Más difícil lo tengo con Lychnis coronaria (Candelaria o Clavel lanudo), planta llamativa donde las haya, con unas flores grandes y de un color fucsia subido, encaramadas a un tallo plateado de más de 50 cm. Es tan bonita que aparece en folletos y otro material divulgativo sobre la Naturaleza del Valle de Jerte o La Vera, en fín... Como Lunaria, procede del este del Mediterráneo, lo que le garantiza una excelente aclimatación y cada vez me la encuentro en más sitios, casi siempre bien escogidos entre los bosques mejor conservados.  Al contrario de lo que le ocurre al resto de las personas, a mí su aspecto tan llamativo sólo contribuye a cabrearme más, al hacerla más fácilmente visible.


Mimulus moschatus.

La tercera es más rarita, de hecho procede de las Montañas Rocosas y, de momento, sólo la he encontrado en una turbera y unos prados de siega en La Garganta (Cáceres). La primera vez que la observé me dejó descolocado y no fui capaz de identificarla. Consulté con dos ilustres botánicos, buenos conocedores de Gredos y su entorno, pero tampoco me pudieron ayudar. Estaba en un lugar tan especial que nunca imaginé que fuera una planta introducida (¿quién la habría llevado hasta allí?). La duda duró lo que tardé en enseñarle una foto a mi antiguo profesor de ciencias naturales del instituto, que le puso nombre al instante: Mimulus moschatus (Flor de almizcle). Una planta con la que ya tuvo que lidiar hace años cuando recorría las sierras cacereñas buscando bichos raros (qué cerebro ha perdido la ciencia española con esta persona). Esta sí que no tiene perdón, ya que está colonizando todos los canales de una de nuestras turberas más valiosas, desplazando a plantas autóctonas muy escasas en Extremadura, donde no nos sobran precisamente las turberas.

miércoles, 1 de junio de 2011

EL ABUELO DEL TORIL. El Toril, Cáceres (Spain).

La postura en alerta no es casual, se puede ver a la derecha al toro retirándose.


He estado muy cerca del alcornoque Abuelo de El Toril (Cáceres), pero hace tiempo que decidí no volver a visitarlo pues se me hace demasiado duro ver el final de este magnífico ejemplar. La pérdida de un árbol monumental me resulta siempre muy triste, son tantos años, tantas historias, que me parece que deberían vivir para siempre, sobre todo ahora que la cantera de nuevos árboles monumentales parece haberse agotado con nuestro frenesí en el uso insostenible del arbolado.

El aspecto en 2004 era así de malo. Hoy debe estar mucho peor.

Lo que sí recordé fue la última visita que le hice, acompañado de mi mujer y de un agente del Parque Nacional de Monfragüe. El terreno estaba muy húmedo y era imposible acercarse al árbol en coche, así que lo dejamos a unos 200 metros. Os preguntaréis porqué ese absurdo interés por llegar cerca del árbol en coche, la respuesta es sencilla, el árbol está situado en medio de un prado totalmente despejado en el que habitualmente pastan toros de lidia, como así ocurría aquel día. Dejamos con dudas el coche y empezamos a andar atravesando ese prado sin protección. Siempre te dicen que no pasa nada, que los toros en el campo no son peligrosos, pero uno que ya ha corrido sus particulares sanfermines más de una vez no se fía lo más mínimo. Esta vez todo parecía que saldría según la teoría, tan pronto como nos acercamos los toros discretamente se fueron alejando, sin dejar de pastar. Todos menos un magnífico ejemplar berrendo en negro que estaba justo a unos 4 metros del tronco del Abuelo. Como no se movía, el agente le lanzó una piedra, le pedí que no le molestara, que ya se marcharía, que no era buena idea provocar a un toro bravo en una zona tan despejada, pero él me respondió que no era un toro bravo sino un cabestro y le lanzó un palo mientras seguíamos avanzando hacia el toro. Le insistí, ya por favor, que lo dejara, que, a pesar de tener colores de cabestro, un toro pequeñito, cachas y con cara de mala leche, en una finca con ganadería brava, bien pudiera ser un toro bravo y que ya se nos había quedado mirando. Pero nada, otra rama lanzada y ahora el toro comienza a colocarse sin dejar de mirarnos con mosqueo. Mi mujer, que lo tenía claro desde el principio, andaba ya cerca del coche mientras yo calculaba el tiempo que tardaría en atravesar los veinticinco metros que me separaban del Abuelo y subirme a su tronco mientras el toro embestía al agente. Por suerte, éste, en vista de que el toro estaba a punto de despegar, soltó el palito que se disponía a lanzarle, se giró hacia mí y me dijo “pues vas a tener razón, vamos pa’l coche”.Una vez allí, recuperado el pulso, nos aproximamos con el coche desde otro punto y lo dejamos a unos 25 m del árbol, por si teníamos que subirnos a él.

El árbol en 1998. Aunque parezca increíble en 1999 se le podó para "rejuvenecerlo".


El Abuelo de El Toril siempre ha sido uno de mis favoritos, tiene ese porte tortuoso y retorcido tan atractivo de los árboles viejos y aunque su tronco tiene un perímetro de casi 8 metros no resulta descomunal, pues a poca altura se ramifica como un candelabro y su copa nunca ha alcanzado gran amplitud. Al contrario que la Terrona, este pobre ha tenido que vérselas con propietarios poco respetuosos que, no contentos con desollarlo cada 9 años, le han sometido a unas fortísimas podas desde su formación (ha sido decopado dos veces de manera brutal a lo largo de su vida). En este caso la historia no es bella, ni el final feliz, aquí un propietario, que pretende saber más que nadie, ha acelerado el final de este bello árbol a base de podas de “rejuvenecimiento”. Aunque el árbol está ya protegido el daño es irreparable. Hoy día se ha avanzado mucho en la solución de los problemas estáticos en los árboles. Sin embargo, poco se sabe todavía de cómo solucionar sus problemas fisiológicos, aunque sí sabemos lo que no hay que hacerle a un árbol. Eso, de momento, debería ser suficiente en la mayoría de los casos.

lunes, 23 de mayo de 2011

Centaurea tentudaica

Centaurea tentudaica. Calera de León (Badajoz).

En 1854 el infatigable Mariano de la Paz y Graells describe a Colymbada amblesis, una especie que posteriormente pasaría a ser conocida como Centaurea amblesis y que toma el nombre del abulense Valle del Amblés, donde la recolectó.

El 2 de junio de 1952 Salvador Rivas Goday y Salvador Rivas Martínez (lógicamente padre e hijo) herborizaban en el Cerro Tendudía, que con sus 1.104 m es la cota más alta de la provincia de Badajoz. Allí recogieron el material con el que en 1964 Rivas Goday describiría la nueva subespecie Centaurea toletana subsp. tentudaica en su obra clásica “Vegetación y Florura de la cuenca extremeña del Guadiana”.

Centaurea tentudaica. Ejemplar en una zona muy soleada.

En 1980 Rivas Martínez hace una revisión de esta planta y le da categoría de especie, pasándola a denominar Centaurea tentudaica. La historia debería haber acabado aquí, con el endemismo extremeño aupado a categoría específica. Sin embargo, en 1982 otros especialistas revisan el género y degradan a nuestra protagonista a la categoría de simple variedad, vinculándola a Centaurea amblesis.

Centaurea tentudaica

En honor a la verdad Centaurea tentudaica y Centaurea amblesis son idénticas. Sin embargo, me llama la atención que la segunda nunca se haya relacionado con Centaurea toletana, una especie que salvo por el color amarillo de sus flores es muy similar en todo lo demás. Una vez más nos movemos en los resbaladizos terrenos de la taxonomía, donde una especie, gracias al trabajo de unos especialistas, puede pasar a ser una variedad de otra especie, que a su vez, no es reconocida por otros especialistas. Para mí, esto viene a demostrar lo complicado que es ponerle etiquetas a la Naturaleza.
Centaurea toletana. Guadalupe (Cáceres).

El caso es que Centaurea tentudaica en los últimos años se ha hecho famosa en la comarca y su nombre es utilizado para infinidad de cosas, algo que me parece perfecto. Conocí a esta planta hace unos años gracias a Nicolás Durán http://vagabundosdeestrellas.blogspot.com/ , que la tenía perfectamente controlada, lo que me ahorró penosas horas de rebuscar entre pastizales secos con el calor de junio. La planta ocupa los claros y bordes de los restos del robledal que hay en las partes altas de esta sierra, donde sobrevivirán entre 500 y 1000 plantas y, como pudimos comprobar, es ajena totalmente a su categoría de endemismo exclusivo de Extremadura, ya que algunos ejemplares se han aventurado por la provincia de Huelva, a la que pertenece una pequeña porción de la sierra.

viernes, 20 de mayo de 2011

domingo, 15 de mayo de 2011

LA MADROÑA DE LOS BARRERONES. Castillo. Pinofranqueado, Cáceres (Spain).

Las permanentes malas condiciones de luz dificultan la fotografía.

La comarca de Las Hurdes guarda entre sus cerrados valles gran cantidad de pequeños tesoros que pasan fácilmente desapercibidos en la inmensidad de las repoblaciones de pinos que lo inundan todo. En el término de Pinofranqueado, junto a la alquería de El Castillo, el valle del arroyo de Guijarroblanco esconde uno de esos tesoros: La Madroña de los Barrerones (Arbutus unedo). Cuando a un madroño se le da género femenino hay que prepararse, por otro lado, el nombre del arroyo es un ejemplo más de ese característico toque de humor serrano, pues el susodicho guijarro es un tremendo bloque de cuarzo blanco que aflora en la cabecera del valle.

Encinar-madroñal que se observa desde la madroña. Las encinas con el color de los olivos.

No conozco otro lugar donde los madroños alcancen el desarrollo que podemos observar en esta comarca, donde son incontables los ejemplares arbóreos notables que superan los 10 m, así como las cepas gigantescas de varios pies. De hecho encina y madroño crean aquí unos espectaculares bosques en los barrancos más cerrados, allí donde el hombre penetra con dificultad. De todos ellos el más destacado es esta madroña, aunque no se puede descartar la existencia de otros ejemplares mayores (de hecho, hay datos de un ejemplar que debió superar a este y que es conocido en varias alquerías de la zona).

El pequeño regato de Los Barrerones.

Llegar hasta La Madroña es casi como un viaje en el tiempo, viaje que además se realiza salvando un considerable desnivel. Se inicia el camino al pie del río, donde aparecen huertos y edificaciones, para inmediatamente internarnos en un monótono pinar negral de repoblación que se salvó milagrosamente del terrible incendio de hace unos años y donde sólo unos pequeños enclavados con huertos de cerezos nos permiten distraer la mirada. El terreno se empina cada vez más hasta llegar a una zona pedregosa con pequeños bancales de piedras, donde se mantiene un tradicional castañar de frutos en unas condiciones muy difíciles, que nos hacen meditar sobre el tesón de estos agricultores jurdanos (¿merecerá la pena tanto esfuerzo para llevarse sólo las sobras de los jabalíes?). Pasado el castañar nos internamos, sin transición, en un oscuro bosque de encinas y madroños con algún enebro disperso, donde el ralo sotobosque está formado por musgos, helechos y algún brezo disperso y donde las pizarras afloran como cuchillas. Subiendo un poco, junto a un pequeño arroyo, se encuentra La Madroña, que pese a su avanzada edad y estado, sigue impresionándome en cada visita por su enorme y tortuoso tronco de 4,70 m de perímetro.



Un gran cimal se desplomó hace años dejando un gran hueco en el sector norte de su copa, que los vigorosos rebrotes basales van cerrando. Son precisamente estos rebrotes los que mantienen a este ejemplar, cuya copa se va reduciendo poco a poco como corresponde a un árbol anciano, su altura actual no supera los 8 m. Hace unos años una encina que crecía por encima en la empinada ladera cayó sobre ella y sus copas se trabaron, las raíces de la encina no pudieron aferrarla a la rocosa ladera, algo que nuestra madroña si ha conseguido gracias a unos potentes contrafuertes en la base del tronco y a unas grandes raíces.


lunes, 9 de mayo de 2011

EL LIRIO LUSITANO. Iris lusitanica.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

El río Tajo y sus afluentes no crean auténticos valles al atravesar la Penillanura Cacereña, sino que se encajan creando una extensa red de riberos. En la mayoría de los casos las fuertes pendientes de los riberos y sus suelos raquíticos, en gran parte sobre pizarras, no permiten que se mantengan formaciones vegetales muy complejas. Es tierra de acebuches y de encinas raquíticas acompañados de duros matorrales típicamente mediterráneos como las jaras o los espinos. La primavera aquí casi no existe, ya que las aguas son rápidamente evacuadas ladera abajo y el verano es terriblemente seco y cálido. No parece el mejor escenario para que una planta se luzca y, sin embargo, aquí es donde nos encontraremos a una de las joyas de la flora extremeña: el Lirio lusitano, un endemismo lusoextremadurense que alcanza sus mayores densidades en los riberos del Tajo, hasta tal punto, que es uno de los símbolos del Parque Natural Tajo Internacional.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

Ningún amarillo se aproxima al que presentan las grandes flores de este lirio, es un amarillo anaranjado, casi dorado, que le hace destacar en la distancia. En los buenos años, los grises riberos donde vive se ven salpicados por miles de puntos amarillos, convirtiéndose por unos días en auténticos jardines colgantes. Pero lo normal es que su presencia sea más discreta, llegando en ocasiones a escasear de tal manera que es casi imposible localizar algún ejemplar.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

Desde hace unos años Iris lusitanica ha sido elegido por varios grupos de investigadores con objeto de poder demostrar que esta especie no es más que una forma amarilla del Lirio de monte (Iris xiphium). Por lo que parece, hay tantas razones para mantenerlo como especie independiente como para vincularlo al Lirio de monte (algo que por otra parte se podría aplicar a infinidad de endemismos). Yo particularmente prefiero considerarlo una especie por razones tan poco científicas como que me gusta su nombre, que caracteriza muy bien a estos riberos y que lirios de monte hay por todas partes y, que yo sepa, nunca con este color.

viernes, 29 de abril de 2011

ALGUNAS PLANTAS RARAS CERCA DE CÁCERES.

Linaria aeruginea.

Linaria aeruginea con su garganta peluda.

Aprovechando que la primavera nos ha regalado unos días fantásticos con lluvias, tormentas y sol, como corresponde a un mes de abril. Me acerqué a visitar algunas de las plantas raras que tenemos cerca de la ciudad de Cáceres.
La zona del Calerizo acoge a unas interesantes comunidades de flora amante de suelos básicos, las más conocidas son las orquídeas, pero me parecen más interesantes las plantas que crecen en los afloramientos rocosos de estas zonas. En concreto hay dos plantas de una belleza increíble y que son extremadamente raras en Extremadura. La primera y más abundante es la Linaria aeruginea un endemismo ibérico que en Extremadura sólo cuenta con 3 ó 4 poblaciones, todas en la provincia de Cáceres. Esta de Cáceres es la más conocida y abundante con miles de ejemplares en los años buenos. El intenso color Burdeos de su flor, junto con el labelo aterciopelado, la convierten en una flor poco común. La segunda también es una planta que mantendría el tipo en el más exigente de los jardines, es tan llamativa que tiene varios nombres comunes: Escarapela, Palomera o Dientes de perro.  Cerinthe major mantiene aquí su única población conocida en la provincia. Su flor tricolor es algo que no se olvida.
Cerinthe major

Mucho más modesta es una orquídea exclusiva de Extremadura y zonas aledañas de Portugal y Toledo. Se trata de la conocida Serapias perez-chiscanoi. A diferencia de otras Serapias más abundantes su color es blanco verdoso, presentando bonitas líneas rojizas en muchos ejemplares, como los menos de 50 que hay cerca de Cáceres. Me resulta maravilloso que esta planta esté aquí. Rodeada de terrenos calizos y cuarcíticos, poco adecuados para ella, se las ha ingeniado para prosperar en una zona arenosa procedente de la erosión de un contacto ente calizas y cuarcitas. Sus parientes más cercanos se encuentran a decenas de kilómetros.


Serapias perez-chiscanoi


La última planta tampoco se puede decir que sea la alegría de la huerta, aunque vista de cerca tiene una indudable belleza. Se trata de la Marsilea batardae, un extraño helechito con forma de trébol de cuatro hojas que aparece en zonas de encharcamiento temporal. Este endemismo ibérico se encuentra recluido básicamente en Extremadura y zonas colindantes y pese a su discreción está presente en todos los catálogos de especies amenazadas o de interés, ya sean regionales, nacionales o europeos. Esta población cacereña nos da la engañosa imagen de una especie superabundante y poco exigente. Su ciclo vital está muy ligado a las lluvias invernales, pudiendo pasar de ser muy abundante un año a estar desaparecida durante años.

Marsilea batardae.

Marsilea batardae.
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