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miércoles, 1 de junio de 2011

EL ABUELO DEL TORIL. El Toril, Cáceres (Spain).

La postura en alerta no es casual, se puede ver a la derecha al toro retirándose.


He estado muy cerca del alcornoque Abuelo de El Toril (Cáceres), pero hace tiempo que decidí no volver a visitarlo pues se me hace demasiado duro ver el final de este magnífico ejemplar. La pérdida de un árbol monumental me resulta siempre muy triste, son tantos años, tantas historias, que me parece que deberían vivir para siempre, sobre todo ahora que la cantera de nuevos árboles monumentales parece haberse agotado con nuestro frenesí en el uso insostenible del arbolado.

El aspecto en 2004 era así de malo. Hoy debe estar mucho peor.

Lo que sí recordé fue la última visita que le hice, acompañado de mi mujer y de un agente del Parque Nacional de Monfragüe. El terreno estaba muy húmedo y era imposible acercarse al árbol en coche, así que lo dejamos a unos 200 metros. Os preguntaréis porqué ese absurdo interés por llegar cerca del árbol en coche, la respuesta es sencilla, el árbol está situado en medio de un prado totalmente despejado en el que habitualmente pastan toros de lidia, como así ocurría aquel día. Dejamos con dudas el coche y empezamos a andar atravesando ese prado sin protección. Siempre te dicen que no pasa nada, que los toros en el campo no son peligrosos, pero uno que ya ha corrido sus particulares sanfermines más de una vez no se fía lo más mínimo. Esta vez todo parecía que saldría según la teoría, tan pronto como nos acercamos los toros discretamente se fueron alejando, sin dejar de pastar. Todos menos un magnífico ejemplar berrendo en negro que estaba justo a unos 4 metros del tronco del Abuelo. Como no se movía, el agente le lanzó una piedra, le pedí que no le molestara, que ya se marcharía, que no era buena idea provocar a un toro bravo en una zona tan despejada, pero él me respondió que no era un toro bravo sino un cabestro y le lanzó un palo mientras seguíamos avanzando hacia el toro. Le insistí, ya por favor, que lo dejara, que, a pesar de tener colores de cabestro, un toro pequeñito, cachas y con cara de mala leche, en una finca con ganadería brava, bien pudiera ser un toro bravo y que ya se nos había quedado mirando. Pero nada, otra rama lanzada y ahora el toro comienza a colocarse sin dejar de mirarnos con mosqueo. Mi mujer, que lo tenía claro desde el principio, andaba ya cerca del coche mientras yo calculaba el tiempo que tardaría en atravesar los veinticinco metros que me separaban del Abuelo y subirme a su tronco mientras el toro embestía al agente. Por suerte, éste, en vista de que el toro estaba a punto de despegar, soltó el palito que se disponía a lanzarle, se giró hacia mí y me dijo “pues vas a tener razón, vamos pa’l coche”.Una vez allí, recuperado el pulso, nos aproximamos con el coche desde otro punto y lo dejamos a unos 25 m del árbol, por si teníamos que subirnos a él.

El árbol en 1998. Aunque parezca increíble en 1999 se le podó para "rejuvenecerlo".


El Abuelo de El Toril siempre ha sido uno de mis favoritos, tiene ese porte tortuoso y retorcido tan atractivo de los árboles viejos y aunque su tronco tiene un perímetro de casi 8 metros no resulta descomunal, pues a poca altura se ramifica como un candelabro y su copa nunca ha alcanzado gran amplitud. Al contrario que la Terrona, este pobre ha tenido que vérselas con propietarios poco respetuosos que, no contentos con desollarlo cada 9 años, le han sometido a unas fortísimas podas desde su formación (ha sido decopado dos veces de manera brutal a lo largo de su vida). En este caso la historia no es bella, ni el final feliz, aquí un propietario, que pretende saber más que nadie, ha acelerado el final de este bello árbol a base de podas de “rejuvenecimiento”. Aunque el árbol está ya protegido el daño es irreparable. Hoy día se ha avanzado mucho en la solución de los problemas estáticos en los árboles. Sin embargo, poco se sabe todavía de cómo solucionar sus problemas fisiológicos, aunque sí sabemos lo que no hay que hacerle a un árbol. Eso, de momento, debería ser suficiente en la mayoría de los casos.

lunes, 23 de mayo de 2011

Centaurea tentudaica

Centaurea tentudaica. Calera de León (Badajoz).

En 1854 el infatigable Mariano de la Paz y Graells describe a Colymbada amblesis, una especie que posteriormente pasaría a ser conocida como Centaurea amblesis y que toma el nombre del abulense Valle del Amblés, donde la recolectó.

El 2 de junio de 1952 Salvador Rivas Goday y Salvador Rivas Martínez (lógicamente padre e hijo) herborizaban en el Cerro Tendudía, que con sus 1.104 m es la cota más alta de la provincia de Badajoz. Allí recogieron el material con el que en 1964 Rivas Goday describiría la nueva subespecie Centaurea toletana subsp. tentudaica en su obra clásica “Vegetación y Florura de la cuenca extremeña del Guadiana”.

Centaurea tentudaica. Ejemplar en una zona muy soleada.

En 1980 Rivas Martínez hace una revisión de esta planta y le da categoría de especie, pasándola a denominar Centaurea tentudaica. La historia debería haber acabado aquí, con el endemismo extremeño aupado a categoría específica. Sin embargo, en 1982 otros especialistas revisan el género y degradan a nuestra protagonista a la categoría de simple variedad, vinculándola a Centaurea amblesis.

Centaurea tentudaica

En honor a la verdad Centaurea tentudaica y Centaurea amblesis son idénticas. Sin embargo, me llama la atención que la segunda nunca se haya relacionado con Centaurea toletana, una especie que salvo por el color amarillo de sus flores es muy similar en todo lo demás. Una vez más nos movemos en los resbaladizos terrenos de la taxonomía, donde una especie, gracias al trabajo de unos especialistas, puede pasar a ser una variedad de otra especie, que a su vez, no es reconocida por otros especialistas. Para mí, esto viene a demostrar lo complicado que es ponerle etiquetas a la Naturaleza.
Centaurea toletana. Guadalupe (Cáceres).

El caso es que Centaurea tentudaica en los últimos años se ha hecho famosa en la comarca y su nombre es utilizado para infinidad de cosas, algo que me parece perfecto. Conocí a esta planta hace unos años gracias a Nicolás Durán http://vagabundosdeestrellas.blogspot.com/ , que la tenía perfectamente controlada, lo que me ahorró penosas horas de rebuscar entre pastizales secos con el calor de junio. La planta ocupa los claros y bordes de los restos del robledal que hay en las partes altas de esta sierra, donde sobrevivirán entre 500 y 1000 plantas y, como pudimos comprobar, es ajena totalmente a su categoría de endemismo exclusivo de Extremadura, ya que algunos ejemplares se han aventurado por la provincia de Huelva, a la que pertenece una pequeña porción de la sierra.

viernes, 20 de mayo de 2011

domingo, 15 de mayo de 2011

LA MADROÑA DE LOS BARRERONES. Castillo. Pinofranqueado, Cáceres (Spain).

Las permanentes malas condiciones de luz dificultan la fotografía.

La comarca de Las Hurdes guarda entre sus cerrados valles gran cantidad de pequeños tesoros que pasan fácilmente desapercibidos en la inmensidad de las repoblaciones de pinos que lo inundan todo. En el término de Pinofranqueado, junto a la alquería de El Castillo, el valle del arroyo de Guijarroblanco esconde uno de esos tesoros: La Madroña de los Barrerones (Arbutus unedo). Cuando a un madroño se le da género femenino hay que prepararse, por otro lado, el nombre del arroyo es un ejemplo más de ese característico toque de humor serrano, pues el susodicho guijarro es un tremendo bloque de cuarzo blanco que aflora en la cabecera del valle.

Encinar-madroñal que se observa desde la madroña. Las encinas con el color de los olivos.

No conozco otro lugar donde los madroños alcancen el desarrollo que podemos observar en esta comarca, donde son incontables los ejemplares arbóreos notables que superan los 10 m, así como las cepas gigantescas de varios pies. De hecho encina y madroño crean aquí unos espectaculares bosques en los barrancos más cerrados, allí donde el hombre penetra con dificultad. De todos ellos el más destacado es esta madroña, aunque no se puede descartar la existencia de otros ejemplares mayores (de hecho, hay datos de un ejemplar que debió superar a este y que es conocido en varias alquerías de la zona).

El pequeño regato de Los Barrerones.

Llegar hasta La Madroña es casi como un viaje en el tiempo, viaje que además se realiza salvando un considerable desnivel. Se inicia el camino al pie del río, donde aparecen huertos y edificaciones, para inmediatamente internarnos en un monótono pinar negral de repoblación que se salvó milagrosamente del terrible incendio de hace unos años y donde sólo unos pequeños enclavados con huertos de cerezos nos permiten distraer la mirada. El terreno se empina cada vez más hasta llegar a una zona pedregosa con pequeños bancales de piedras, donde se mantiene un tradicional castañar de frutos en unas condiciones muy difíciles, que nos hacen meditar sobre el tesón de estos agricultores jurdanos (¿merecerá la pena tanto esfuerzo para llevarse sólo las sobras de los jabalíes?). Pasado el castañar nos internamos, sin transición, en un oscuro bosque de encinas y madroños con algún enebro disperso, donde el ralo sotobosque está formado por musgos, helechos y algún brezo disperso y donde las pizarras afloran como cuchillas. Subiendo un poco, junto a un pequeño arroyo, se encuentra La Madroña, que pese a su avanzada edad y estado, sigue impresionándome en cada visita por su enorme y tortuoso tronco de 4,70 m de perímetro.



Un gran cimal se desplomó hace años dejando un gran hueco en el sector norte de su copa, que los vigorosos rebrotes basales van cerrando. Son precisamente estos rebrotes los que mantienen a este ejemplar, cuya copa se va reduciendo poco a poco como corresponde a un árbol anciano, su altura actual no supera los 8 m. Hace unos años una encina que crecía por encima en la empinada ladera cayó sobre ella y sus copas se trabaron, las raíces de la encina no pudieron aferrarla a la rocosa ladera, algo que nuestra madroña si ha conseguido gracias a unos potentes contrafuertes en la base del tronco y a unas grandes raíces.


lunes, 9 de mayo de 2011

EL LIRIO LUSITANO. Iris lusitanica.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

El río Tajo y sus afluentes no crean auténticos valles al atravesar la Penillanura Cacereña, sino que se encajan creando una extensa red de riberos. En la mayoría de los casos las fuertes pendientes de los riberos y sus suelos raquíticos, en gran parte sobre pizarras, no permiten que se mantengan formaciones vegetales muy complejas. Es tierra de acebuches y de encinas raquíticas acompañados de duros matorrales típicamente mediterráneos como las jaras o los espinos. La primavera aquí casi no existe, ya que las aguas son rápidamente evacuadas ladera abajo y el verano es terriblemente seco y cálido. No parece el mejor escenario para que una planta se luzca y, sin embargo, aquí es donde nos encontraremos a una de las joyas de la flora extremeña: el Lirio lusitano, un endemismo lusoextremadurense que alcanza sus mayores densidades en los riberos del Tajo, hasta tal punto, que es uno de los símbolos del Parque Natural Tajo Internacional.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

Ningún amarillo se aproxima al que presentan las grandes flores de este lirio, es un amarillo anaranjado, casi dorado, que le hace destacar en la distancia. En los buenos años, los grises riberos donde vive se ven salpicados por miles de puntos amarillos, convirtiéndose por unos días en auténticos jardines colgantes. Pero lo normal es que su presencia sea más discreta, llegando en ocasiones a escasear de tal manera que es casi imposible localizar algún ejemplar.

Iris lusitanica. Parque Natural Tajo Internacional.

Desde hace unos años Iris lusitanica ha sido elegido por varios grupos de investigadores con objeto de poder demostrar que esta especie no es más que una forma amarilla del Lirio de monte (Iris xiphium). Por lo que parece, hay tantas razones para mantenerlo como especie independiente como para vincularlo al Lirio de monte (algo que por otra parte se podría aplicar a infinidad de endemismos). Yo particularmente prefiero considerarlo una especie por razones tan poco científicas como que me gusta su nombre, que caracteriza muy bien a estos riberos y que lirios de monte hay por todas partes y, que yo sepa, nunca con este color.

viernes, 29 de abril de 2011

ALGUNAS PLANTAS RARAS CERCA DE CÁCERES.

Linaria aeruginea.

Linaria aeruginea con su garganta peluda.

Aprovechando que la primavera nos ha regalado unos días fantásticos con lluvias, tormentas y sol, como corresponde a un mes de abril. Me acerqué a visitar algunas de las plantas raras que tenemos cerca de la ciudad de Cáceres.
La zona del Calerizo acoge a unas interesantes comunidades de flora amante de suelos básicos, las más conocidas son las orquídeas, pero me parecen más interesantes las plantas que crecen en los afloramientos rocosos de estas zonas. En concreto hay dos plantas de una belleza increíble y que son extremadamente raras en Extremadura. La primera y más abundante es la Linaria aeruginea un endemismo ibérico que en Extremadura sólo cuenta con 3 ó 4 poblaciones, todas en la provincia de Cáceres. Esta de Cáceres es la más conocida y abundante con miles de ejemplares en los años buenos. El intenso color Burdeos de su flor, junto con el labelo aterciopelado, la convierten en una flor poco común. La segunda también es una planta que mantendría el tipo en el más exigente de los jardines, es tan llamativa que tiene varios nombres comunes: Escarapela, Palomera o Dientes de perro.  Cerinthe major mantiene aquí su única población conocida en la provincia. Su flor tricolor es algo que no se olvida.
Cerinthe major

Mucho más modesta es una orquídea exclusiva de Extremadura y zonas aledañas de Portugal y Toledo. Se trata de la conocida Serapias perez-chiscanoi. A diferencia de otras Serapias más abundantes su color es blanco verdoso, presentando bonitas líneas rojizas en muchos ejemplares, como los menos de 50 que hay cerca de Cáceres. Me resulta maravilloso que esta planta esté aquí. Rodeada de terrenos calizos y cuarcíticos, poco adecuados para ella, se las ha ingeniado para prosperar en una zona arenosa procedente de la erosión de un contacto ente calizas y cuarcitas. Sus parientes más cercanos se encuentran a decenas de kilómetros.


Serapias perez-chiscanoi


La última planta tampoco se puede decir que sea la alegría de la huerta, aunque vista de cerca tiene una indudable belleza. Se trata de la Marsilea batardae, un extraño helechito con forma de trébol de cuatro hojas que aparece en zonas de encharcamiento temporal. Este endemismo ibérico se encuentra recluido básicamente en Extremadura y zonas colindantes y pese a su discreción está presente en todos los catálogos de especies amenazadas o de interés, ya sean regionales, nacionales o europeos. Esta población cacereña nos da la engañosa imagen de una especie superabundante y poco exigente. Su ciclo vital está muy ligado a las lluvias invernales, pudiendo pasar de ser muy abundante un año a estar desaparecida durante años.

Marsilea batardae.

Marsilea batardae.

lunes, 18 de abril de 2011

EL NIDO CATEDRAL DEL ÁGUILA REAL.

Cautiva y mutilada este Águila real se sigue mostrando impresionante.

Me encantan los libros científicos cuando entre el investigador y la especie estudiada existe un vínculo emocional, de otra manera me resultan inhumanos y gélidos. Ahora estoy leyendo la magnífica monografía sobre el Águila real del malogrado Jeff Watson (Watson, J. 2010. The Golden Eagle. T & A.D Poyser. London). En él se menciona un nido de Águila real localizado por David Ellis en 1986 sobre unas columnas basálticas de Montana (EEUU). El nido en cuestión, el más grande conocido para un ave, presentaba unos 6 metros de altura (en otra publicación se habla de 7 m) y gracias a una prueba de datación realizada con una ramilla de la base del nido se pudo llegar a la conclusión de que fue recogida alrededor del año 1400. Desde entonces, hasta el año 2006, en que fue ocupado por última vez, el nido ha sido utilizado por generaciones de águilas reales durante más de 600 años. Además, el propio Watson menciona nidos de unos 5 m localizados en las Highland escocesas durante los años 50 del siglo XX. Nidos que a buen seguro tendrían cientos de años vistos los datos del nido americano.
Esta miniatura de David Ellis es la
única imagen del nido que he encontrado.

La idea de un nido ocupado ininterrumpidamente durante 600 años me dejó de piedra y me hizo meditar sobre lo superficial que son nuestras relaciones con las demás criaturas con las que compartimos este planeta. Cualquier construcción humana de 600 años es un monumento, pero… ¿qué otra cosa es un nido de Águila real de 600 años? Tal y como yo lo veo eso también es un monumento, ya que un lugar que, pese a los gustos individuales de cientos de águilas, ha sido capaz de mantenerse activo durante siglos tiene que tener un valor especial. Este hecho demuestra una fidelidad impresionante a un territorio y una dependencia de él también impresionante (un apego que como se ve no es exclusivo de nuestra especie).
He intentado recordar todos los nidos de Águila real que he visto a lo largo de mi vida y no consigo llegar más allá de los 70, la mayoría de ellos en Extremadura. Aunque es una cifra respetable, ninguno se aproxima, ni de lejos, a esas dimensiones, tan sólo conozco uno de unos 2 metros y el resto son en su mayoría de menos de 1 m. Parece que las águilas de nuestra tierra no han tenido la fortuna de poder vivir durante siglos en un mismo territorio. Imagino que durante muchos años la persecución directa les llevaría a cambios de nido frecuentes, abandonando sus hogares para salvar su vida, como en un destierro. En algunos lugares quizás pudieron existir nidos enormes (tal vez en esas zonas que conservan nombres como el Risco del águila, el Canchal del águila, la Sierra del águila, etc.). Ahora no las matamos, incluso las protegemos, pero nuestras reinas han tenido que abandonar sus palacios y vivir en autocaravanas para adaptarse a nuestra molesta presencia.
Creo que lo peor de esto es que hemos llegado a la conclusión de que cualquier especie que no esté al borde mismo de la extinción puede ser desplazada sin contemplaciones, ya que no corre peligro. Nosotros que somos millones en cualquier parte imponemos unas cifras de población ridículas al resto de las especies y menos de 1500 parejas de Águila real en toda España ya nos parecen suficientes (incluso demasiadas para algunos). Esta forma de pensar que nos afecta a todos, no sólo a las administraciones, nos permite ser generosos con nuestros proyectos aún a costa de desplazar a otras especies (guardando las lógicas apariencias). Al fin y al cabo, como me dijeron una vez ¿cuántas águilas vale un hombre?
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