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viernes, 11 de marzo de 2011

LA BASURA A CASA: LA ZAMÁRRAGA. Erigeron frigidus

Erigeron frigidus. El Veleta, 3.300 m. Granada (Spain).

Esta es probablemente mi margarita favorita, crece exclusivamente en la zona más alta de Sierra Nevada, por encima de los 3000 m, en zonas rocosas umbrosas u orientadas al norte (aunque le sirve también la pared de un refugio de montaña), territorios estos dominados por esos magníficos esquistos oxidados que aparecen en la foto. Su pequeño tamaño, con capítulos florales apenas mayores que una moneda de 1 euro, es compensado por el bello color lila o rosado, más o menos intenso, de sus flores externas, que hace que no nos pase desapercibida a poco que nos fijemos. Las zonas donde vive son frecuentadas por las cabras montesas, que ramonean sus capítulos florales sin compasión, aunque sus hojas peludas no parecen ser de su agrado.
La imagen está tomada en la población más amenazada de esta especie, la proximidad a un camino frecuentado por personas ha favorecido la aparición de plantas nitrófilas beneficiadas por la basura. Precisamente este, en apariencia inofensivo, descuido es algo más que una falta de educación que afea el entorno, ya que parece ser el responsable de la mayor amenaza que pende sobre esta especie. La razón es sencilla, Erigeron frigidus es una planta adaptada a medios duros con una estrategia vital basada más en la resistencia que en el crecimiento, al aumentar la materia orgánica en su entorno éste se hace "más acogedor" y otras especies menos rústicas aparecen en escena y terminan por desplazar a nuestra Zamárraga (en la foto ya aparece un cardo junto a ella). Lo peor de todo es que entre esos advenedizos aparece Erigeron major, mucho más abundante y con mayores crecimientos que desplaza al endemismo y lo que es peor, se hibrida con él poniendo en serio riesgo la salud genética de sus poblaciones, en la sierra de Gredos está ocurriendo algo similar entre la endémica Centaurea avilae y la extendida Centaurea alba.

Que las mondas de la naranja sean biodegradables no es razón suficiente como para tirarlas detrás de una piedra, esas plantitas que hay detrás de esa piedra lo último que necesitan es que alguien abone su parcela.

domingo, 6 de marzo de 2011

DE PASEO POR LA SIERRA DE VILLANUEVA. Villanueva de la Vera, Cáceres (Spain).


Garganta de La Hoz

Una buena porción de la sierra de Gredos cacereña está dentro del término municipal de Villanueva de la Vera, no es la de mayor altitud pero tiene algunos enclaves de gran valor como la zona de Casquero de Peones, donde la orientación es norte (algo único en la sierra verata), la siempre venteada Loma de la Batalla o la Garganta de Mal Entradero, pero resulta llamativo que la mayor parte de su sierra esté dentro de grandes fincas privadas. La conocida como “desamortización civil” de Madoz, que pese a su mayor importancia es mucho menos famosa que la de Mendizábal , afectó en buena parte a los terrenos comunes de los pueblos. El gobierno necesitaba dinero y lo sacó de debajo de las piedras. En Extremadura esta desamortización trajo consigo un aumento de los latifundios y un aumento de la emigración, al verse privada la gente de los pueblos de recursos básicos como los pastos y la leña. En el caso de Villanueva la cosa pudo llegar a ser incluso peor de no ser por mi paisano D. José García Mora, el Cura Mora (Plasencia, 1829-1910), quien pudo pararle los pies al señor Godínez de Paz, diputado al que se le había adjudicado la parte de la sierra propiedad del municipio. Este buen hombre, no contento con las miles de hectáreas conseguidas a buen precio, intentó durante el amojonamiento en 1870 regalarse unos centenares de hectáreas más. El Cura Mora, un auténtico personaje de armas tomar, al que no le temblaba el pulso ni al criticar ferozmente a la jerarquía de la Iglesia, empezando por su propio obispo, no tuvo rival. Cuantos diputados más no verían a un cura mora frenar sus rapiñas.
Hoy visto en perspectiva, parece claro que esta dramática medida favoreció en muchos casos la conservación de los terrenos afectados, si el fin de esta desamortización era acabar con las llamadas “tierras muertas” lo que consiguió fue justamente lo contrario. Pero por otro lado, también tendremos que reconocer que hemos perdido la capacidad de disfrute de enormes extensiones de terrenos públicos, que hoy podrían ser espacios protegidos. En la comarca de La Vera tenemos ejemplos de terrenos comunes y terrenos privados en la sierra, que cada uno saque sus conclusiones. Yo reconozco que no lo tengo claro.

Aprisco para cabras

Y en esto pensaba al contemplar el maravilloso encinar de tipo carpetano que arranca a partir de los 1000 m cerca de la cabecera de la Garganta de La Hoz (no confundir con su homónima del Losar). En Extremadura no hay nada parecido, sólo en Las Hurdes quedan encinares tan bien conservados, pero allí se trata de otro tipo de bosque, más húmedo y de menor altitud. Este encinar serrano es un ejemplo de libro de una inversión de vegetación motivada por un sustrato raquítico. Los rebollos deberían ocupar esa ladera y las encinas deberían estar en las llanuras, pero con tan poco suelo el roble es menos competitivo que la encina. Los enebros, que en otras zonas más bajas de La Vera son los dominadores, aquí son sólo meros acompañantes. Estando en manos privadas este encinar ha sufrido algún zarpazo buscando leña, qué no habría sucedido siendo comunal y me atengo al dicho que he escuchado varias veces de la gente mayor del campo: “lo que es del común es del ningún”.

El Chorro de la Ventera. Arriba a la derecha la chaparrilla del susto.

Tras este manjar, mi guía decidió darme una sorpresa y me condujo hasta otro pequeño encinar, por el que descendimos. De pronto, se detuvo junto a una pequeña encina achaparrada y me preguntó si conocía el Chorro de La Ventera, al contestarle que sí me dijo un poco picado que seguro que nunca lo había visto así y me invitó a traspasar la chaparrilla. Le hice caso y por poco se me sale el corazón por la boca. Tengo miedo a las alturas cuando estas suponen un riesgo evidente de muerte (no lo llamaría vértigo), fruto probablemente de malas experiencias en mi infancia, así que os podéis imaginar lo que sentí al verme de golpe al borde de un cortado de 84 metros, tan liso y vertical que no parecía natural. Salté a la chaparra y me agarré todo lo fuerte que pude. Aunque las rodillas me temblaban, Intenté mantener la compostura cuando me agarré al bastón de mi amable acompañante para alejarme del borde y le dije que me sacara de allí inmediatamente. Un poco sorprendido retrocedió a regañadientes y, una vez alejados del borde del cortado, me dijo que lo que no íbamos a hacer es desandar el camino, ya que estábamos allí bajaríamos por una de las laderas del Chorro. Le dije seriamente que como volviera a darme un susto igual le atizaba un bastonazo. Al final la bajada fue bastante sencilla y nos colocamos cerca de la caída del chorro de agua, donde ya a salvo firmamos la paz. Lo de chorro en lugar de cascada, algo muy común en Extremadura, imagino que será porque el agua resbala por la pared y no se precipita en un salto más que en época de deshielo. En cualquier caso, con más de 80 metros bien podría llamarse Chorrazo de la Ventera, si no fuera nombre tan claramente inapropiado.

jueves, 3 de marzo de 2011

ORCAS EN EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.

Grupo familiar de orcas frente a las costas de Tánger (Morocco).

Como unos turistas más cada verano un grupo de orcas noruegas se deja ver por las aguas del Estrecho de Gibraltar, para alegría de todos los que nos impresionamos con este bicho.
Las orcas noruegas se han hecho tristemente famosas por ser los animales más contaminados por productos químicos del Ártico. Dado que estas orcas noruegas se alimentan exclusivamente de pescado, del mismo que nos alimentamos nosotros, este dato es para no dormir tranquilo. Pero entre estas orcas también hay unas cuantas que son unas extraordinarias sibaritas, capaces de hacerse miles de kilómetros todos los años para cambiar por unos días los arenques por Atún rojo, lo que sin dudas, dado el sabor de ambos, es una prueba más de la inteligencia de esta especie.
Macho adulto de orca.

Las orcas además tienen muy controlada la cuestión. A finales de primavera o principio de verano los atunes rojos entran en el Mediterráneo a desovar y aprovechan las corrientes de aguas atlánticas poco salinas y superficiales. Estas corrientes discurren próximas a la costa de Cádiz y en la zona conocida como Monte Tartessos o Baja de Pescadores esta alcanza su menor profundidad. Allí los atunes tienen menos defensas y allí llevan miles de años atrapándolos las almadrabas. Por eso durante esta época las orcas se dejan ver cerca de la costa española. Terminado el desove, avanzado ya el verano, los atunes volverán al Atlántico siguiendo esta vez corrientes más próximas a la costa marroquí y allí se van las orcas a esperarlos.

Patera con pescadores marroquíes.

La convivencia con los pescadores parece haber agudizado el ingenio de las orcas, ya que hoy día prefieren arrebatarles los atunes a pescarlos. La captura del Atún exige persecuciones de hasta 30 minutos que dejan agotados al pez y a la Orca. Es mucho más fácil seguir a los pescadores y dejarles atrapar los atunes, para dar un gran mordisco en la ventresca del agotado pez al ser izado. Cuando el Atún no era tan escaso esto apenas importaba, pero hoy día el porcentaje de atunes comidos por las orcas preocupa a los pescadores. Con todo, no conviene olvidar que el problema es la falta de atunes y no las orcas.

Hembras junto al juvenil del año.
Los investigadores han identificado hasta 32 orcas en 5 grupos en el área del Estrecho. Cuando fuimos a observarlas sólo había dos grupos en la zona: uno con querencias muy marcadas de 9 individuos, incluida una cría del año, que interactuaban con los pescadores marroquíes y otro de 5 individuos que se movían por toda la zona. Conforme nos acercábamos a la zona frecuentada por el mayor grupo, nos topamos con un gran grupo de calderones comunes que nadaban en esa misma dirección. Según nos comentó el guía, la población residente de calderones es de unos 300 individuos y no le hace ninguna gracia tener a las orcas cerca, por lo que no resulta raro que, pese a su menor tamaño, las acosen hasta expulsarlas. Las orcas, que sólo habían venido al catering, son educadas y se marchan.
Hay constancia documental de la presencia en estas aguas de orcas, o Espartales como las conocen en Cádiz, desde hace al menos 500 años y seguramente sean muchos más. Si finalmente dejan de venir por la escasez de Atún las vamos a echar de menos, incluso en Cáceres.

martes, 1 de marzo de 2011

LA AMAPOLA DEL MULHACÉN. Papaver lapeyrousianum.

Papaver lapeyrousianum. Subida al Mulhacén, 3.400 m. Granada (Spain).

No creo exagerar si digo que, fotográficamente hablando, mi peor pesadilla se hizo realidad coincidiendo con una visita a la Sierra Nevada granadina. Tras varias jornadas disfrutando de sus joyas botánicas ese día tocaba el entorno del Mulhacén, con sus cerca de 3.500 m. Cuando quedaban pocos metros para la cumbre decidí comenzar a tomar fotos de la delicada Amapola del Mulhacén (Papaver lapeyrousianum), así que como hacía bastante viento busqué una planta resguardada bajo una piedra. Pero en ese momento ocurrió lo peor, la cámara no funcionaba o, para ser más exactos, había cobrado vida propia en una extraña forma de modo superautomático, en el que ella, con independencia de lo que a mí me pareciese, seleccionaba aleatoriamente velocidad, iso, calidad, balance de blancos…y hasta el momento del disparo. Teniendo en cuenta que me encontraba rodeado de plantas endémicas raras y hermosas y que esta rebelión de la cámara suponía que no podría tirar ni una sola foto, se puede entender el estado de shock en el que caí. Hicieron falta muchas respiraciones profundas para que el corazón me volviera a latir por debajo de las mil pulsaciones por minuto. Otra vez humano, volví a encender la cámara y, tras decenas de intentos, conseguí tomar esta foto. No es la foto que yo esperaba traerme a casa de esta especie, pero la cámara no dio otra opción, de hecho esta fue la última foto de mi querida compacta y en rigor la autoría le correspondería a ella.
Papaver lapeyrousianum es exclusiva de las cumbres más altas de Sierra Nevada y de los Pirineos y sirve para mostrarnos las relaciones que en otros tiempos existieron entre las floras de ambos sistemas montañosos. Ocupa zonas de gleras siendo su situación en Sierra Nevada poco halagüeña, ya que sólo se conoce una población de menos de 3.000 ejemplares en su zona más alta, existiendo constancia de su desaparición en El Veleta a comienzos del siglo XX. Para algunos especialistas estas plantas de Sierra Nevada deberían ser consideradas una especie distinta a la pirenaica o, cuanto menos, una subespecie independiente. Sea como sea, son una auténtica belleza por su porte enano y su precioso color naranja, tan raro entre nuestras flores silvestres.

domingo, 27 de febrero de 2011

EL ROURE GROS. Ares del Maestrat, Castellón (Spain).

Situado a unos 900 m de altitud, el Roure Gros domina el Barranc dels Horts.

Durante años unos amigos valencianos me insistieron que tenía que conocer un bosque que había en Castellón, un bosque con cientos de quejigos centenarios y con un quejigo monumental, el más grande de la Península Ibérica, árbol que me iba a dejar helado. Tenía claro que siendo ellos grandes expertos en los árboles monumentales algo tendría el lugar que tanto les entusiasmaba. Así que cuando surgió la oportunidad allá nos fuimos a conocer el sitio.
El inicio de la visita reconozco que no me impresionó mucho, comenzamos a ascender suavemente por una pista de tierra entre terrazas de almendros y repoblaciones situadas junto al arroyo que da nombre a la zona: El Barranc dels Horts. Ni siquiera la existencia de una microrreserva de flora entre aquellos almendros me animaba. Eran tantas las expectativas creadas que no iba a ser fácil contentarme. Cuando el camino llegó a la zona de bosque me animé con la aparición de los primeros ejemplares centenarios de Quejigo acompañados por encinas. En esos momentos el paisaje me recordaba a las Villuercas cacereñas, con sus árboles centenarios y sus pedrizas. Así llegamos a un paraje con una fuente conocida como Font dels Horts, situada a los pies de unos impresionantes paredones calizos blanquecinos bajo los que se extendía el bosque mixto de encinas y quejigos, una representación magnífica de los quejigares levantinos. En esas pareces habitaba una rica flora rupícola con abundantes endemismos, al punto que había dos microrreservas de flora en ellas. Pero lo mejor estaba por llegar y no tardamos en descubrirlo.
Las plataformas le evitan daños en las raíces.

Una pequeña veredita nos acercó al Roure Gros, posiblemente el mayor ejemplar de Quejigo (Quercus faginea) ibérico. El árbol, bellísimo por sus enormes dimensiones y por lo equilibrado de su estructura, me recordó inmediatamente al Roble de Romanejo (en una entrada anterior se habla de este árbol), con el que compartía una biometría sorprendentemente similar: 20 m de altura, 6 metros de perímetro de tronco a 1,30 m de altura y casi 30 m de diámetro de copa. Ambos compartían además una edad muy parecida, entre 550 y 600 años y una estructura de copa amplia, globosa, completa y de gran naturalidad.
Siempre había tenido la idea del Quejigo como un arbolillo más frágil que sus parientes los robles y las encinas y no esperaba encontrarme con semejante ejemplar. Ciertamente, los años no pasan en vano, como se apreciaba en las grandes ramas desgajadas de lo alto de su copa, pero aún así el árbol se mostraba magnífico. Poco después supe que un fuerte ataque de oídio casi acaba con él y que requirió un tratamiento de urgencia para salvarlo. No hace falta decir que el viaje mereció la pena.

jueves, 24 de febrero de 2011

LOS DOCUMENTALES DE LA 2: RED IN TOOTH AND CLAW.

Mi pequeña contribución a la carnicería: hembra de Ischnura graellsii
 de la forma naranja dando cuenta de  un mosquito en Los Llanos de Cáceres.

He sido un devoto aficionado a los documentales de La 2 desde que tuve la suficiencia de hacerme con el mando de la televisión después de comer. Por cuestiones laborales me he saltado esta costumbre unos años, pero ahora que me disponía a recuperar el tiempo perdido descubro horrorizado que son un tostón. Ahora comprendo aquella broma de que en España todo el mundo veía los documentales de La 2 para no tener que reconocer que seguía un culebrón o roncaba como un angelito.
¿Pero alguien puede soportarlos? Definitivamente, roncamos o vemos culebrones. Hoy día parece que las productoras de documentales lo tienen claro: hay que dar acción, hay que competir con los videojuegos y hay que ganarles, ofreciendo para ello más sangre que el más sanguinolento de los videojuegos. Afortunadamente a nadie le escandaliza ver morir a un ñu de 300 formas distintas sin ahorrar el más mínimo sufrimiento y tan tonta parece la pobre bestia, a la que su nombre no le ayuda, que casi deseamos que un león lo atrape y le ahorre sus días vacios. La vida del ñu es sencilla, nada más nacer se lo come una hiena. Si la hiena ya no puede digerir más carne de ñu, algunos de ellos sobrevivirán para ser despachados por los leones, por el día y por la noche, permanentemente. Lógicamente los cocodrilos no pueden comer ñu en medio de la sabana, pero esto lo arregla esta noble bestia montando unas migraciones del copón con el único fin de cruzar el único río de la sabana, para así permitir que los cocodrilos puedan comérselos.


Los míticos efectos especiales de David Bellamy

El productor es un ser inteligente y sabe que el ñu es cansino, por lo que periódicamente recurre a los fondos oceánicos y a nuestro miedo más cerval: que nos coma un tiburón. Con el tiempo los reality show se realizarán en aguas sudafricanas y la gracia estará en ver a los concursantes desaparecer uno tras otro en las bocas del Gran Blanco. De momento tenemos que esperar, pero los ñus del mar, los leones marinos, nos van dando un aperitivo bien sea de la mano de la primitiva pero perfecta máquina de matar que es El Gran Blanco o de esa inteligencia al servicio del mal que es la Ballena Asesina.

Las no menos míticas introducciones de David Attenborough

Mis favoritos son tres ecopijos que llevan 14 años dando el coñazo a los grandes felinos del Parque Nacional de Masai Mara. Cada uno en su todoterreno, pasan todo el día quemando combustible y haciendo un arte de las rodadas. Unos tíos y tía que no se bajan del coche, literalmente ni para hacer sus necesidades, lógicamente poco iban a poder ver (¡A qué le temen!, si están siempre rodeados de ñus), pero eso lo solucionan llenando el parque de batidores nativos cada uno con su propio todoterreno, en un despliegue más propio del Paris-Dakar. El contenido es lo de menos, sólo se les ve a ellos conduciendo y de vez en cuando a algún ñu efectuando su papel. Además como todos los capítulos son iguales e intercambiables puedes estar emitiéndolos indefinidamente. Hasta tienen capítulos especiales tan de moda como los "cómo se hizo" o con análisis a cámara superlenta de los mejores ataques.
Y lo más triste es que a los grandes maestros de esto, aquellos que de pequeño me engancharon, se les trata con una hipocresía impresionante. Sí, es cierto que a Attenborough, Bellamy, Cousteau y Rodríguez de La Fuente todo el mundo les reconoce sus méritos, como a la Unidad de Historia Natural de la BBC o a la Oxford Scientific Film, pero también se les ha considerado manipuladores y falsificadores, por decirlo suavemente. Algo ya anacrónico y de unos tiempos mucho menos avanzados y profesionales. Como los documentales hoy día ya no tienen nada que contar, pueden prescindir de un comunicador carismático y buscan el espectáculo y lo más fácil es la sangre, las 3D, HD, Satélites, ultra alta velocidad, etc. Nunca más cerca el famosísimo verso de Tennyson “Tho´Nature, red in tooth and claw”.
Yo he descubierto una alternativa, los telefilmes que emite a esa hora otra cadena. Son como culebrones made in USA concentrados en un capítulo, aunque los alemanes son muy valorados en casa. Es oír la música de la cabecera y la voz en off de la traducción del título (siempre más truculento que el original) y ponerme a roncar.
Os recomiendo esta magnífica web: http://www.wildfilmhistory.org/

martes, 22 de febrero de 2011

EL TEIXADAL DE CASAIO. Casaio, Ourense (Spain).


Diapositiva escaneada del corazón de la tejeda.

Tengo un recuerdo bastante agridulce de mi visita al Teixadal de Casaio, una de las tejedas más famosas y mejor conservadas de Europa (ya hablamos en su día de las Biescas del Sueve). Tratándose de un lugar tan especial uno siempre se imagina un entorno en consonancia, pero este es un buen ejemplo de que esto es cada día más raro.
Hace años de esta visita y no he vuelto, por lo que no sé cómo andarán las cosas por allí, pero tal y como estaban es difícil que hayan mejorado. Fue un viaje un poco a la aventura y no habíamos cerrado alojamiento en ningún lado. Llegamos tarde a la pequeña localidad de Casaio, habíamos conducido muchos kilómetros y teníamos una buena paliza del día anterior (Pinar de Lillo). Según la información que recopilé en la misma localidad había un Hotel Rural, llamado lógicamente El Teixadal, y para allá nos encaminamos, como era casi invierno pero aún no había nieve supuse que no habría problemas y no hicimos reserva. Esa noche dormimos en la localidad de O Barco de Valdeorras.
El dueño del establecimiento de Casaio al menos nos dio algunas indicaciones para llegar al teixadal. Madrugamos porque no teníamos muy claro cuánto tiempo tardaríamos en llegar a los tejos. En principio parecía fácil, hay que seguir hasta la altura de una ermita por la carretera que une O Barco con la estación de esquí de Peña Trevinca en el puerto de Fonte da Cova (1.800 m) y luego una pista asfaltada que lleva a una cantera de pizarras en la que tomaríamos una antigua pista que nos acercaría a los tejos.
Por desgracia, la cantera era una explotación monstruosa con cortes de decenas de metros y resultaba imposible orientarse entre la multitud de pistas de servicio y escombreras. No me parecía muy prudente entrar con el coche a la cantera por la que circulaban gigantescos dumper con ruedas de 3 metros, así que buscamos la primera caseta y preguntamos a unos operarios. Fueron muy amables y nos indicaron perfectamente la pista que teníamos que tomar para alejarnos lo más posible de la Tejeda. Algo que comprendimos cuando ya habíamos recorrido varios kilómetros. Visto lo visto, intentamos hablar con algún ingeniero de la explotación para pedirle permiso para cruzarla, más que nada para que alguien supiera que íbamos a morirpasar por allí. Reconozco que estaba bastante asustado con los dumpers que circulaban como locos. Un hombre con un gran todo terreno de la empresa nos dijo que podíamos pasar y no lo pensamos dos veces. A los dos segundos los dumpers cubrieron completamente el coche de un barrillo gris como cemento procedente del polvo de las pizarras, por lo que apenas veíamos nada. Seguimos avanzando por el barrizal en que se había convertido la pista, que parecía ser la principal, y a la salida de una escombrera un dumper que apareció de repente casi nos pasa por encima. Fue nuestro último susto, porque pudimos salir de la cantera y además lo hicimos por la pista correcta. Al poco llegamos a las ruinas de una mina abandonada, estábamos en buen camino. Cruzamos un arroyo y ascendimos por una pista en bastante mal estado que subía hasta la cuerda de la sierra. Al llegar a la cuchilla nos encontramos un mirador. Parecía increíble que alguien hubiera construido un mirador en semejante lugar. Desde el destartalado mirador la pista comenzaba un descenso al fondo del valle. La pista ahora era realmente mala y estrecha, pero al menos ya habíamos localizado Peña Trevinca (2.124 m) y Peña Negra (2.119 m) en cuyas faldas nace el Arroyo Penedo, nuestro objetivo. En la desviación hacia otra mina abandonada decidimos dejar el coche ya que el camino estaba cerrado por brezos y supusimos que no molestaría. Pasamos por la boca de la mina abandonada y sólo miré la entrada, que tenía un aspecto muy prometedor para murciélagos. Desde la mina una vereda nos condujo faldeando hasta el Teixadal.


La entrada en el Teixadal se hace sin anestesia, pasamos de un monótono brezal, fruto de continuos incendios, a un bosquete de cuento de hadas con tan sólo cruzar un pequeño arroyo. Calculo que esta joya tendrá unas 4-5 hectáreas y en ella sobreviven unos pocos cientos de tejos maduros, algunos con alturas de más de 15 metros y perímetros de tronco superiores a los 3 metros. La falta de regeneración llama la atención inmediatamente. Sólo en algunas zonas centrales el bosque es puro de tejos, adquiriendo un aspecto lóbrego característico. Lo más común es que aparezca acompañado por Abedul y con menor abundancia por ejemplares arbóreos de Acebo y Serbal de Cazadores. Más escasos aún aparecen el Fresno de hoja ancha, el Avellano y el Roble albar, que presenta un aspecto híbrido. El sotobosque es inexistente, apareciendo el suelo desnudo recubierto por hojas de tejo. Tan sólo la Hiedra, el Helecho macho y el Arándano aparecen puntualmente. Los musgos lo recubren todo, acentuando la magia del lugar.
La salida la hicimos cuando la cantera cesó su actividad , tenía pensado haber preguntado a los operarios por los impresionantes fósiles que de allí salen, pero nos asustaron tanto por la mañana que preferimos seguir vivos y en ese momento decidimos irnos a la zona de Sanabria a buscar un sitio para dormir. Pero antes cruzamos la sierra de la Cabrera Baja de norte a sur por una pista. La zona alta a casi 2.000 m, zona lobera por excelencia, presentaba un aspecto imponente y sólo pensar que tendríamos lobos por las inmediaciones la hacía todavía más atractiva.
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