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martes, 1 de marzo de 2011

LA AMAPOLA DEL MULHACÉN. Papaver lapeyrousianum.

Papaver lapeyrousianum. Subida al Mulhacén, 3.400 m. Granada (Spain).

No creo exagerar si digo que, fotográficamente hablando, mi peor pesadilla se hizo realidad coincidiendo con una visita a la Sierra Nevada granadina. Tras varias jornadas disfrutando de sus joyas botánicas ese día tocaba el entorno del Mulhacén, con sus cerca de 3.500 m. Cuando quedaban pocos metros para la cumbre decidí comenzar a tomar fotos de la delicada Amapola del Mulhacén (Papaver lapeyrousianum), así que como hacía bastante viento busqué una planta resguardada bajo una piedra. Pero en ese momento ocurrió lo peor, la cámara no funcionaba o, para ser más exactos, había cobrado vida propia en una extraña forma de modo superautomático, en el que ella, con independencia de lo que a mí me pareciese, seleccionaba aleatoriamente velocidad, iso, calidad, balance de blancos…y hasta el momento del disparo. Teniendo en cuenta que me encontraba rodeado de plantas endémicas raras y hermosas y que esta rebelión de la cámara suponía que no podría tirar ni una sola foto, se puede entender el estado de shock en el que caí. Hicieron falta muchas respiraciones profundas para que el corazón me volviera a latir por debajo de las mil pulsaciones por minuto. Otra vez humano, volví a encender la cámara y, tras decenas de intentos, conseguí tomar esta foto. No es la foto que yo esperaba traerme a casa de esta especie, pero la cámara no dio otra opción, de hecho esta fue la última foto de mi querida compacta y en rigor la autoría le correspondería a ella.
Papaver lapeyrousianum es exclusiva de las cumbres más altas de Sierra Nevada y de los Pirineos y sirve para mostrarnos las relaciones que en otros tiempos existieron entre las floras de ambos sistemas montañosos. Ocupa zonas de gleras siendo su situación en Sierra Nevada poco halagüeña, ya que sólo se conoce una población de menos de 3.000 ejemplares en su zona más alta, existiendo constancia de su desaparición en El Veleta a comienzos del siglo XX. Para algunos especialistas estas plantas de Sierra Nevada deberían ser consideradas una especie distinta a la pirenaica o, cuanto menos, una subespecie independiente. Sea como sea, son una auténtica belleza por su porte enano y su precioso color naranja, tan raro entre nuestras flores silvestres.

domingo, 27 de febrero de 2011

EL ROURE GROS. Ares del Maestrat, Castellón (Spain).

Situado a unos 900 m de altitud, el Roure Gros domina el Barranc dels Horts.

Durante años unos amigos valencianos me insistieron que tenía que conocer un bosque que había en Castellón, un bosque con cientos de quejigos centenarios y con un quejigo monumental, el más grande de la Península Ibérica, árbol que me iba a dejar helado. Tenía claro que siendo ellos grandes expertos en los árboles monumentales algo tendría el lugar que tanto les entusiasmaba. Así que cuando surgió la oportunidad allá nos fuimos a conocer el sitio.
El inicio de la visita reconozco que no me impresionó mucho, comenzamos a ascender suavemente por una pista de tierra entre terrazas de almendros y repoblaciones situadas junto al arroyo que da nombre a la zona: El Barranc dels Horts. Ni siquiera la existencia de una microrreserva de flora entre aquellos almendros me animaba. Eran tantas las expectativas creadas que no iba a ser fácil contentarme. Cuando el camino llegó a la zona de bosque me animé con la aparición de los primeros ejemplares centenarios de Quejigo acompañados por encinas. En esos momentos el paisaje me recordaba a las Villuercas cacereñas, con sus árboles centenarios y sus pedrizas. Así llegamos a un paraje con una fuente conocida como Font dels Horts, situada a los pies de unos impresionantes paredones calizos blanquecinos bajo los que se extendía el bosque mixto de encinas y quejigos, una representación magnífica de los quejigares levantinos. En esas pareces habitaba una rica flora rupícola con abundantes endemismos, al punto que había dos microrreservas de flora en ellas. Pero lo mejor estaba por llegar y no tardamos en descubrirlo.
Las plataformas le evitan daños en las raíces.

Una pequeña veredita nos acercó al Roure Gros, posiblemente el mayor ejemplar de Quejigo (Quercus faginea) ibérico. El árbol, bellísimo por sus enormes dimensiones y por lo equilibrado de su estructura, me recordó inmediatamente al Roble de Romanejo (en una entrada anterior se habla de este árbol), con el que compartía una biometría sorprendentemente similar: 20 m de altura, 6 metros de perímetro de tronco a 1,30 m de altura y casi 30 m de diámetro de copa. Ambos compartían además una edad muy parecida, entre 550 y 600 años y una estructura de copa amplia, globosa, completa y de gran naturalidad.
Siempre había tenido la idea del Quejigo como un arbolillo más frágil que sus parientes los robles y las encinas y no esperaba encontrarme con semejante ejemplar. Ciertamente, los años no pasan en vano, como se apreciaba en las grandes ramas desgajadas de lo alto de su copa, pero aún así el árbol se mostraba magnífico. Poco después supe que un fuerte ataque de oídio casi acaba con él y que requirió un tratamiento de urgencia para salvarlo. No hace falta decir que el viaje mereció la pena.

jueves, 24 de febrero de 2011

LOS DOCUMENTALES DE LA 2: RED IN TOOTH AND CLAW.

Mi pequeña contribución a la carnicería: hembra de Ischnura graellsii
 de la forma naranja dando cuenta de  un mosquito en Los Llanos de Cáceres.

He sido un devoto aficionado a los documentales de La 2 desde que tuve la suficiencia de hacerme con el mando de la televisión después de comer. Por cuestiones laborales me he saltado esta costumbre unos años, pero ahora que me disponía a recuperar el tiempo perdido descubro horrorizado que son un tostón. Ahora comprendo aquella broma de que en España todo el mundo veía los documentales de La 2 para no tener que reconocer que seguía un culebrón o roncaba como un angelito.
¿Pero alguien puede soportarlos? Definitivamente, roncamos o vemos culebrones. Hoy día parece que las productoras de documentales lo tienen claro: hay que dar acción, hay que competir con los videojuegos y hay que ganarles, ofreciendo para ello más sangre que el más sanguinolento de los videojuegos. Afortunadamente a nadie le escandaliza ver morir a un ñu de 300 formas distintas sin ahorrar el más mínimo sufrimiento y tan tonta parece la pobre bestia, a la que su nombre no le ayuda, que casi deseamos que un león lo atrape y le ahorre sus días vacios. La vida del ñu es sencilla, nada más nacer se lo come una hiena. Si la hiena ya no puede digerir más carne de ñu, algunos de ellos sobrevivirán para ser despachados por los leones, por el día y por la noche, permanentemente. Lógicamente los cocodrilos no pueden comer ñu en medio de la sabana, pero esto lo arregla esta noble bestia montando unas migraciones del copón con el único fin de cruzar el único río de la sabana, para así permitir que los cocodrilos puedan comérselos.


Los míticos efectos especiales de David Bellamy

El productor es un ser inteligente y sabe que el ñu es cansino, por lo que periódicamente recurre a los fondos oceánicos y a nuestro miedo más cerval: que nos coma un tiburón. Con el tiempo los reality show se realizarán en aguas sudafricanas y la gracia estará en ver a los concursantes desaparecer uno tras otro en las bocas del Gran Blanco. De momento tenemos que esperar, pero los ñus del mar, los leones marinos, nos van dando un aperitivo bien sea de la mano de la primitiva pero perfecta máquina de matar que es El Gran Blanco o de esa inteligencia al servicio del mal que es la Ballena Asesina.

Las no menos míticas introducciones de David Attenborough

Mis favoritos son tres ecopijos que llevan 14 años dando el coñazo a los grandes felinos del Parque Nacional de Masai Mara. Cada uno en su todoterreno, pasan todo el día quemando combustible y haciendo un arte de las rodadas. Unos tíos y tía que no se bajan del coche, literalmente ni para hacer sus necesidades, lógicamente poco iban a poder ver (¡A qué le temen!, si están siempre rodeados de ñus), pero eso lo solucionan llenando el parque de batidores nativos cada uno con su propio todoterreno, en un despliegue más propio del Paris-Dakar. El contenido es lo de menos, sólo se les ve a ellos conduciendo y de vez en cuando a algún ñu efectuando su papel. Además como todos los capítulos son iguales e intercambiables puedes estar emitiéndolos indefinidamente. Hasta tienen capítulos especiales tan de moda como los "cómo se hizo" o con análisis a cámara superlenta de los mejores ataques.
Y lo más triste es que a los grandes maestros de esto, aquellos que de pequeño me engancharon, se les trata con una hipocresía impresionante. Sí, es cierto que a Attenborough, Bellamy, Cousteau y Rodríguez de La Fuente todo el mundo les reconoce sus méritos, como a la Unidad de Historia Natural de la BBC o a la Oxford Scientific Film, pero también se les ha considerado manipuladores y falsificadores, por decirlo suavemente. Algo ya anacrónico y de unos tiempos mucho menos avanzados y profesionales. Como los documentales hoy día ya no tienen nada que contar, pueden prescindir de un comunicador carismático y buscan el espectáculo y lo más fácil es la sangre, las 3D, HD, Satélites, ultra alta velocidad, etc. Nunca más cerca el famosísimo verso de Tennyson “Tho´Nature, red in tooth and claw”.
Yo he descubierto una alternativa, los telefilmes que emite a esa hora otra cadena. Son como culebrones made in USA concentrados en un capítulo, aunque los alemanes son muy valorados en casa. Es oír la música de la cabecera y la voz en off de la traducción del título (siempre más truculento que el original) y ponerme a roncar.
Os recomiendo esta magnífica web: http://www.wildfilmhistory.org/

martes, 22 de febrero de 2011

EL TEIXADAL DE CASAIO. Casaio, Ourense (Spain).


Diapositiva escaneada del corazón de la tejeda.

Tengo un recuerdo bastante agridulce de mi visita al Teixadal de Casaio, una de las tejedas más famosas y mejor conservadas de Europa (ya hablamos en su día de las Biescas del Sueve). Tratándose de un lugar tan especial uno siempre se imagina un entorno en consonancia, pero este es un buen ejemplo de que esto es cada día más raro.
Hace años de esta visita y no he vuelto, por lo que no sé cómo andarán las cosas por allí, pero tal y como estaban es difícil que hayan mejorado. Fue un viaje un poco a la aventura y no habíamos cerrado alojamiento en ningún lado. Llegamos tarde a la pequeña localidad de Casaio, habíamos conducido muchos kilómetros y teníamos una buena paliza del día anterior (Pinar de Lillo). Según la información que recopilé en la misma localidad había un Hotel Rural, llamado lógicamente El Teixadal, y para allá nos encaminamos, como era casi invierno pero aún no había nieve supuse que no habría problemas y no hicimos reserva. Esa noche dormimos en la localidad de O Barco de Valdeorras.
El dueño del establecimiento de Casaio al menos nos dio algunas indicaciones para llegar al teixadal. Madrugamos porque no teníamos muy claro cuánto tiempo tardaríamos en llegar a los tejos. En principio parecía fácil, hay que seguir hasta la altura de una ermita por la carretera que une O Barco con la estación de esquí de Peña Trevinca en el puerto de Fonte da Cova (1.800 m) y luego una pista asfaltada que lleva a una cantera de pizarras en la que tomaríamos una antigua pista que nos acercaría a los tejos.
Por desgracia, la cantera era una explotación monstruosa con cortes de decenas de metros y resultaba imposible orientarse entre la multitud de pistas de servicio y escombreras. No me parecía muy prudente entrar con el coche a la cantera por la que circulaban gigantescos dumper con ruedas de 3 metros, así que buscamos la primera caseta y preguntamos a unos operarios. Fueron muy amables y nos indicaron perfectamente la pista que teníamos que tomar para alejarnos lo más posible de la Tejeda. Algo que comprendimos cuando ya habíamos recorrido varios kilómetros. Visto lo visto, intentamos hablar con algún ingeniero de la explotación para pedirle permiso para cruzarla, más que nada para que alguien supiera que íbamos a morirpasar por allí. Reconozco que estaba bastante asustado con los dumpers que circulaban como locos. Un hombre con un gran todo terreno de la empresa nos dijo que podíamos pasar y no lo pensamos dos veces. A los dos segundos los dumpers cubrieron completamente el coche de un barrillo gris como cemento procedente del polvo de las pizarras, por lo que apenas veíamos nada. Seguimos avanzando por el barrizal en que se había convertido la pista, que parecía ser la principal, y a la salida de una escombrera un dumper que apareció de repente casi nos pasa por encima. Fue nuestro último susto, porque pudimos salir de la cantera y además lo hicimos por la pista correcta. Al poco llegamos a las ruinas de una mina abandonada, estábamos en buen camino. Cruzamos un arroyo y ascendimos por una pista en bastante mal estado que subía hasta la cuerda de la sierra. Al llegar a la cuchilla nos encontramos un mirador. Parecía increíble que alguien hubiera construido un mirador en semejante lugar. Desde el destartalado mirador la pista comenzaba un descenso al fondo del valle. La pista ahora era realmente mala y estrecha, pero al menos ya habíamos localizado Peña Trevinca (2.124 m) y Peña Negra (2.119 m) en cuyas faldas nace el Arroyo Penedo, nuestro objetivo. En la desviación hacia otra mina abandonada decidimos dejar el coche ya que el camino estaba cerrado por brezos y supusimos que no molestaría. Pasamos por la boca de la mina abandonada y sólo miré la entrada, que tenía un aspecto muy prometedor para murciélagos. Desde la mina una vereda nos condujo faldeando hasta el Teixadal.


La entrada en el Teixadal se hace sin anestesia, pasamos de un monótono brezal, fruto de continuos incendios, a un bosquete de cuento de hadas con tan sólo cruzar un pequeño arroyo. Calculo que esta joya tendrá unas 4-5 hectáreas y en ella sobreviven unos pocos cientos de tejos maduros, algunos con alturas de más de 15 metros y perímetros de tronco superiores a los 3 metros. La falta de regeneración llama la atención inmediatamente. Sólo en algunas zonas centrales el bosque es puro de tejos, adquiriendo un aspecto lóbrego característico. Lo más común es que aparezca acompañado por Abedul y con menor abundancia por ejemplares arbóreos de Acebo y Serbal de Cazadores. Más escasos aún aparecen el Fresno de hoja ancha, el Avellano y el Roble albar, que presenta un aspecto híbrido. El sotobosque es inexistente, apareciendo el suelo desnudo recubierto por hojas de tejo. Tan sólo la Hiedra, el Helecho macho y el Arándano aparecen puntualmente. Los musgos lo recubren todo, acentuando la magia del lugar.
La salida la hicimos cuando la cantera cesó su actividad , tenía pensado haber preguntado a los operarios por los impresionantes fósiles que de allí salen, pero nos asustaron tanto por la mañana que preferimos seguir vivos y en ese momento decidimos irnos a la zona de Sanabria a buscar un sitio para dormir. Pero antes cruzamos la sierra de la Cabrera Baja de norte a sur por una pista. La zona alta a casi 2.000 m, zona lobera por excelencia, presentaba un aspecto imponente y sólo pensar que tendríamos lobos por las inmediaciones la hacía todavía más atractiva.

sábado, 19 de febrero de 2011

MATANDO EL GUSANILLO.

Prueba de enfoque sobre Narcissus bulbocodium.

Ayer aproveché un ratito por la tarde en el que no llovía para salir con la cámara al jardín. Dado que, tanto la cámara como servidor, estamos un poco oxidados pasamos el rato enredando más que nada. Me gustaron las fotos de los frutos del madroño en crecimiento, nunca me lo hubiera imaginado así, es casi como una reacción alérgica.
También tomé algunas fotos de unos Narcissus bulbocodium cuyos bulbos obtuve en una gravera cercana a Cáceres hace un par de años. Estos narcisos casi no se parecen a los que llegaron a casa, son más grandes, más amarillos al perder todo rastro de verde en las flores y hasta la forma de la campana se ha abierto más. Todo esto me hace sospechar de las continuas variedades y subespecies que se describen con esta especie.

Fruto de Arbutus unedo en crecimiento.


jueves, 17 de febrero de 2011

AJEDREZADA YUNQUE (OBERTHÜR´S GRIZZLED SKIPPER): Pyrgus armoricanus.

Pygus armoricanus. Fuensanta, 1400 m. La Garganta, Cáceres (Spain).

Dicen los entomólogos que su aspecto polilluno denota el primitivismo de esta familia. Posiblemente son mis mariposas favoritas, lo que denotará también mi primitivismo. Lo que nadie se atreve a desvelar es quien le  pone estos nombres comunes a nuestras mariposas. Con seguridad es alguien que odia profundamente a las mariposas y pretende que ningún niño sea capaz de ponerles nombre.
Pyrgus armoricanus, con yunque o sin yunque, vuela por los prados de siega de la sierra de Gredos entre junio y agosto. Comparte sus dominios con otras cuantas Pyrgus muy similares por lo que su determinación en campo se complica. Tan primitivas son las pobres que todas vuelan en la misma época y se alimentan de las mismas potentillas. Reconozco que no soy de los que madrugan para conseguir pillar a las mariposas frías y poder fotografiarlas con mayores garantías. Esto hace que fotografiar a las Pyrgus sea para mí la prueba sublime del autocontrol. Pese a todo, cuando llevo varias horas intentando conseguir una foto decente llego a preguntarme si realmente era necesario que existieran tantas Pyrgus distintas, sin con una sola ya nos bastaba.

miércoles, 16 de febrero de 2011

EL ZAPATITO DE DAMA: Cypripedium calceolus


Cypripedium calceolus. Pirineos, 1500 m. Huesca (Spain).

Todo lo que el Zapatito de dama tiene de bonito lo tiene de canalla. Vamos, que si fuera una persona sería presidente de alguna corporación o incluso político. Todos sabemos que las orquídeas son así, pero son tan bonitas que se lo perdonamos todo. Pero una cosa es emborrachar a las abejas para que con la cogorza no se vayan y polinicen todas tus flores o hacerles creer que copulan con una superhembra, y otra muy distinta es lo que les hace Cypripedium a las pobres Andrena, que son utilizadas sin ninguna contraprestación placentera y despedidas poco menos que con una patada en el culo.

Una de las salidas con la antera bien visible y una barrera de cerdas disuasoria.

Imaginemos que una laboriosa Andrena, que son unas simpáticas abejitas, se posa sobre el zapatito. A poco que se mueva sobre él resbalará al interior del zapato. Una vez dentro como los bordes de la flor están doblados hacia dentro no puede salir andando y tampoco hay espacio para escapar volando ya que no domina el vuelo estacionario, tras tanta belleza no hay más que una vil trampa. Tras dar muchas vueltas descubrirá dos pequeñas salidas en la parte trasera del zapato, pero para llegar a la salida primero tendrá que frotarse con el enorme estigma que lo ocupa todo, mientras unos enormes cepillos de cerdas violarán su intimidad y le quitaran hasta el último grano de polen del cuerpo y tras una experiencia tan poco agradable quedará embadurnada con una sustancia viscosa formada por granos de polen, ya que al atravesar el estrecho conducto de salida se verá obligada a restregarse de nuevo, ahora con las anteras de la flor. Ahora ya puede recuperar su libertad para ir a caer a otro zapatito. Las pobres Andrena con su corta lengua siempre juegan limpio con las flores y no intentar robarles néctar, así que imagino que se sentirán humilladas ante semejante trato, pero como se ve andan cortas de memoria.
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