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miércoles, 16 de febrero de 2011

EL ZAPATITO DE DAMA: Cypripedium calceolus


Cypripedium calceolus. Pirineos, 1500 m. Huesca (Spain).

Todo lo que el Zapatito de dama tiene de bonito lo tiene de canalla. Vamos, que si fuera una persona sería presidente de alguna corporación o incluso político. Todos sabemos que las orquídeas son así, pero son tan bonitas que se lo perdonamos todo. Pero una cosa es emborrachar a las abejas para que con la cogorza no se vayan y polinicen todas tus flores o hacerles creer que copulan con una superhembra, y otra muy distinta es lo que les hace Cypripedium a las pobres Andrena, que son utilizadas sin ninguna contraprestación placentera y despedidas poco menos que con una patada en el culo.

Una de las salidas con la antera bien visible y una barrera de cerdas disuasoria.

Imaginemos que una laboriosa Andrena, que son unas simpáticas abejitas, se posa sobre el zapatito. A poco que se mueva sobre él resbalará al interior del zapato. Una vez dentro como los bordes de la flor están doblados hacia dentro no puede salir andando y tampoco hay espacio para escapar volando ya que no domina el vuelo estacionario, tras tanta belleza no hay más que una vil trampa. Tras dar muchas vueltas descubrirá dos pequeñas salidas en la parte trasera del zapato, pero para llegar a la salida primero tendrá que frotarse con el enorme estigma que lo ocupa todo, mientras unos enormes cepillos de cerdas violarán su intimidad y le quitaran hasta el último grano de polen del cuerpo y tras una experiencia tan poco agradable quedará embadurnada con una sustancia viscosa formada por granos de polen, ya que al atravesar el estrecho conducto de salida se verá obligada a restregarse de nuevo, ahora con las anteras de la flor. Ahora ya puede recuperar su libertad para ir a caer a otro zapatito. Las pobres Andrena con su corta lengua siempre juegan limpio con las flores y no intentar robarles néctar, así que imagino que se sentirán humilladas ante semejante trato, pero como se ve andan cortas de memoria.

domingo, 13 de febrero de 2011

LAS EUFORBIAS... ESAS GRANDES DESCONOCIDAS.

Euphorbia pyrenaica. Picos de Europa, 2400 m. Cantabria (Spain).

El género Euphorbia es uno de esos que deja bien claro las limitaciones de los seres humanos a la hora de poder abarcar la grandeza de la vida. Con entre 2000 y 2200 especies las euforbias se distribuyen por todo el Planeta, estando ausente sólo en las zonas polares y boreales. Estos dos hechos, amplia distribución y preferencia por los climas cálidos, nos permiten deducir que se trata de un género antiguo, reliquia de otras épocas primigenias, pero que ha sabido adaptarse a los tiempos. Lo que más me sorprende de este género es su abrumadora variedad y es que uno no sale de su asombro ya que para unos géneros la diferente forma de los pelos de una hoja son suficientes para separar especies y en el caso que nos ocupa,  plantas de 15 m de porte leñoso conviven sin problemas con plantas suculentas similares a cactus o con hierbecillas (la flor de Pascua y el Cardón Canario, aunque parezca mentira, son Euphorbia como las humildes lechetreznas).

Tabaibal-cardonal en Tenerife. Un paraíso botánico de no ser por las chumberas.

Esta variedad de formas ha permitido curiosos casos de convergencia evolutiva en los que diversas especies de Euphorbia africanas han llegado a resultar casi idénticas a cactus americanos al haberse adaptado a unos medios similares donde aquellos estaban ausentes. Esto que es muy frecuente en el sur y el este de África y Madagascar, lo podemos encontrar también en las islas Canarias, donde se mantiene una formación relicta de altísimo valor como son los Tabaibales-Cardonales, donde las especies dominantes son las euforbias de gran porte arbustivas (tabaibas) y las euforbias de gran porte similares a cactus (cardones). Parece ser que estas formaciones, junto a otras como los dragos, son las supervivientes de una flora hoy desaparecida propia de los últimos periodos no desérticos de lo que hoy es el Sáhara. Por eso me disgusta tanto el poco respeto que se tiene por ellas.

Hay, sin embargo, en honor a los taxónomos, dos rasgos que parecen compartir todas la Euphorbia, por un lado la complejidad de sus flores, que en realidad es una reunión de flores unisexuales masculinas que rodean a una flor femenina formando un pseudoanto en forma casi de copa, con estructuras destinadas a la producción de néctar a su alrededor. Esta complejidad parece explicarse como una evolución que ha llevado a flores unisexuales solitarias polinizadas por el viento a agruparse como si formaran inflorescencias para buscar la polinización por insectos, ofreciendo para ello una buena dosis de néctar. El segundo rasgo es la presencia de un látex blanco con propiedades cáusticas muy utilizado en la medicina antigua (el género está dedicado a un médico griego del siglo I).

miércoles, 9 de febrero de 2011

LA NAVAJA EXTREMEÑA...DE EXTREMADURA, POR FAVOR.


Navajas rectas, las más típicas. De arriba a abajo: acero inox y olivo de Teodomiro, acero al carbón y encina de Teodomiro de Zalamea. Acero inox y corazón de encina con doble virola de Vicente Sánchez de Don Benito y acero inox y bubinga de Flores Cortés de Don Benito.


Pertenezco a un tipo de persona que cuando sale al campo primero se palpa los bolsillos para ver si lleva la navaja y luego comprueba que lleva el teléfono móvil y las llaves. Y lo cierto es que cada vez hay menos cosas que cortar.

Sin ser un coleccionista compulsivo, con los años he acumulado algunas navajas artesanas de diversos puntos de España, alguna de Francia y las típicas multiusos suizas. Ninguna joya y nada que no pueda llevarme al campo. Siempre que paso por una ferretería me paro a mirar las navajas, que casi siempre está colocadas junto a enormes cuchillos y katanas, lo que hace que me sienta un tipo rarito y mire de reojo para comprobar que la gente no me mira.


Navajas barrigudas o de lengua de vaca. De arriba a abajo: Vicente Sánchez, El Zorro y Flores Cortés. Las tres de Don Benito con acero al carbón las dos primera e inox la tercera y bubinga.


El caso es que últimamente me encuentro numerosas navajas de imitación fabricadas en China que copian los modelos tradicionales españoles. Las hay de Albacete, de Taramundi y extremeñas. Lo peor no es que imiten nuestras navajas tradicionales, lo peor es que lo hacen engañando sobre su procedencia. Nos encontramos así con navajas marcadas como extremeñas en la hoja, dentro de una caja con la bandera de Extremadura y hasta con una bellotita en su logotipo, pero fabricadas en China. Aunque ocurre lo mismo con las navajas francesas, allí la verdadera navaja artesanal goza de buena salud, es un producto de alta gama, casi de coleccionista, y eso, de momento, es suficiente para delatar al estafador. Pero en Extremadura la inmensa mayoría de las navajas son consideradas herramientas y como tal son muy rústicas y baratas, aunque su apariencia no debe engañarnos pues son auténticas herramientas de precisión, con un filo legendario que las hace ser muy valoradas. Esto no lo consiguen sus imitadoras. Por eso cada navaja china comprada como extremeña supone no solamente un daño económico para los pocos artesanos extremeños que aún mantienen el negocio, sino que contribuye a desprestigiar la marca. Porque el imitador cada vez es más osado y su producto es cada vez de peor calidad, permitiéndose además transgredir los modelos autóctonos, como esa navaja supuestamente extremeña con el tenedorcito típico de las Palaçoulo portuguesas o aquella con un bloqueo virobloc típico de la popular Opinel francesa. Lo más triste es que al igual que con la navaja de Albacete, donde es una empresa de Albacete quien distribuye las imitaciones, en Extremadura las navajas chinas las traen extremeños.



Navajas cabriteras de Vicente Sánchez de Don Benito. Ambas de acero al carbón, con encina y alpaca arriba y con bubinga y latón abajo.


Os muestro unas imágenes de los modelos tradicionales de navajas extremeñas. Estas marcas actualmente fabrican otros modelos como las serpetas o las fileteadoras e incluso alguna fabrica otros tipos de navaja tradicional española, cosa que, para que engañarnos, tampoco veo muy bien, aunque en este caso nunca engañan sobre su procedencia (navaja tipo cordobesa de Don Benito, por poner un ejemplo). Las marcas que aparecen son: Vicente Sánchez de Don Benito (http://www.cuchilleriasanchez.com/), Flores Cortés de Don Benito (http://www.florescortes.es/), Teodomiro de Zalamea de la Serena (http://www.cuchilleriateodomiro.com/) y El Zorro de Don Benito (http://www.imexelzorro.com/). Esta última tiene modelos nuevos con un tufillo oriental preocupante. De otras marcas como José García Banda de Don Benito nunca he conseguido ver ninguna navaja.


Arriba dos navajas de injertar de Vicente Sánchez de Don Benito, con acero al carbón y bubinga arriba y acero inox y encina abajo. Debajo de ellas navaja taponera o mocha de Flores Cortés de Don Benito con acero inox y bubinga.


Los mangos hoy día suelen ser de madera de Bubinga centroafricana (Guibourtia demeusei), aunque empieza a aparecer el PVC. La madera de encina se utiliza hoy día muy poco. El acero al carbono tradicional (marca bellota del País Vasco) va perdiendo terreno frente al acero inoxidable. Las virolas o casquillos son de latón.

EDITADO (Junio 2017):

Nueva incorporación de Raúl Casado Sauceda de Yelbes, Badajoz (RAULCQ9@GMAIL.COM).

Navaja recta de Raúl Casado Sauceda (punzón C.Q. DON BENITO). Acero al carbón, corazón de encina y alpaca.


lunes, 7 de febrero de 2011

NOMEOLVIDES (FORGET ME NOT): Myosotis stolonifera

Myosotis stolonifera. La Garganta, Cáceres (Spain). 1400 m.

Paseaba un caballero medieval alemán con su dama por la orilla de un río cuando descubrió un grupito de diminutas florecillas muy hermosas que crecían junto al agua, al ir a recogerlas para regalárselas a su amada resbaló y cayó al agua. Con el peso de la armadura el pobre sólo tuvo tiempo de lanzarle las florecillas a la dama y gritarle “No me olvides” antes de irse al fondo. Esta es la leyenda más popular sobre el origen del nombre de esta especie (en realidad el nombre se aplica a las 50 especies del género). Otra leyenda también medieval y menos almibarada nos muestra a un Dios sorprendentemente humano y con retranca. Entre todas sus criaturas había unas diminutas florecillas a las que todavía no había dado nombre. Estas florecillas acongojadas por ser las únicas criaturas sin nombre de la creación le pedían todos los días a Dios en sus oraciones que les diera nombre “Señor, no me olvides, dame un nombre” y así hasta el infinito. Tan pesadas llegaron a ponerse que Dios les contestó: “Vale, Nomeolvides, ese será tu nombre”.


Pero ¿Por qué extraña crueldad ante semejantes leyendas el taxónomo que describió el género le colocó el nombre científico de Oreja de ratón (discretamente camuflado en griego, eso sí)? ¿Era porque los Myosotis pertenecen a la familia de las Boragináceas famosa por sus plantas bastas y ruderales poco dadas a exquisiteces y refinamientos? ¿Acaso alguien alguna vez le olvidó? O, simplemente, nos encontramos ante otro taxónomo sin corazón.

Nada de esto. Ni más ni menos que Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) se encuentra detrás del nombre. Se trata de uno de los botánicos con mayor afición de la historia y también el primero que estableció un sistema polinominal para clasificar a las plantas en el que el género y la especie quedaban claramente diferenciados. En este sistema Linneo encontraría la base para su sistema de clasificación que ha llegado hasta nuestros días y como recompensa le dedicó a Tournefort un género de Boragináceas (hecho que en parte vengó a los Myosotis). Ni la teología ni la medicina le hicieron dejar de lado su verdadera vocación. Vocación que le costó la vida, ya que murió a consecuencia de una herida producida en uno de sus viajes de exploración.

Sea como fuese, la verdad es que una vez que te las echas a la cara son de una belleza difícil de olvidar. Eso sí son tan pequeñinas que hay que estar atentos para no dejarlas atrás. Estas en concreto crecen en los bordes de los arroyos nacientes y las turberas de nuestras montañas.

domingo, 6 de febrero de 2011

¿A QUÉ VIENE ESTO?


Sachsening Trabant P 601 "Honecker motorsport".
 
Pues viene a que revisando archivos fotográficos me tropecé con esta foto y no he podido resistirme a mostrárosla. Me parece un ejemplo perfecto de la falta de objetividad que siempre puede haber detrás de cada foto.

¿Era esto lo que yo quería?

Se trata de una foto de hace algunos años, tomada durante un viaje a Hungría. Aunque por aquella época Hungría todavía no estaba dentro de la Unión Europea y seguíamos viéndola como un país de la llamada Europa del Este, ya resultaba mucho más fácil ver por sus carreteras y calles modelos de última generación de Mercedes, BMW o Audi que a los viejos Trabbi de la foto. Que dos de estos coches se cruzaran en una carretera era muy complicado, incluso en una zona alejada de la capital como era esta. Y sin embargo, esta es una de las pocas fotos que guardo de aquel viaje. Una imagen que para nada se correspondía con la realidad del país, pero que para mí curiosamente era importante ya que la asociaba a otra imagen más famosa que había visto cientos de veces. Era como si yo mismo me quisiera engañar reviviendo esa imagen.

El Trabant sin dudas se ha convertido en un icono después de la caída del Muro de Berlín. No importa que la revista TIME lo haya considerado entre los 50 peores coches de la historia, no importa que sea considerado como el epítome del producto comunista: malo, incapaz de hacer muchas cosas, poco eficiente, aunque duradero. La nostalgia es poderosa.

Nacido en la fábrica de Sachsening en Zwickau (República Democrática Alemana) en 1957, su fabricación se mantuvo hasta 1991. En la época de su lanzamiento tampoco hubiera sido tan mal coche, era la época del minicoche (500, 600, Mini, Iseta, etc.), de no ser porque sus prestaciones eran asombrosamente pobres. El modelo P601 de los años 60 mantenía una carrocería de resina fenólica (Duraplast), un motor de dos cilindros y 594 cc que rendían unos magros 26 CV, que proporcionaban al Trabbi la capacidad de aceleración de 0 a 100 en 21 segundos y una velocidad punta de 112 km/h, un auténtico torpedo. Sus brillantes prestaciones venían acompañadas de un generoso consumo de 7 l a los 100 km y con unas emisiones brutales que no le permitirían pasar ni la hace tiempo obsoleta  norma Euro 1. Eso sí, como no había nada que pudiera romperse no era raro que alcanzaran vidas útiles de 30 años. Con todo, aquí estamos hablando del Trabant y es que la imagen de aquellos cochecillos con su pegatina de la DDR cruzando el recién caído Muro de Berlín es una de las imágenes del siglo XX.

lunes, 31 de enero de 2011

SU MAJESTAD EL ROBLE DE ROMANEJO. Cabezabellosa, Cáceres (Spain).


Extremadura conserva todavía 5 o 6 árboles imprescindibles para todos aquellos que sientan pasión por los árboles: La Terrona, El Romanejo, El Roble de Prado Sancho, El Enebro de Las Mestas, La Madroña de Los Barrerones y la Encina del Romo. Hemos perdido recientemente joyas como La Marquesa y otros como El Abuelo del Toril se recogen en sus últimas etapas de vida y es mejor dejarles tranquilos para no acelerar su fin. Ya conocemos al Roble de Prado Sancho, un segundón de auténtico lujo, corresponde ahora conocer al ejemplar capaz de superar a este hermosísimo árbol tanto en biometría como en prestancia. Aunque la foto no refleja su auténtica realidad, como ocurría con su oponente, basta para descubrir que estamos ante el símbolo vivo del paisaje serrano (como La Terrona lo es de la dehesa), el tótem, el orgullo de un pueblo. Retratar a estos robles donde la copa tiene más importancia que su tronco no resulta fácil y su resultado casi nunca nos da la medida de su aspecto imponente, a diferencia de esos robles carballos y albares venerables cuyos inmensos troncos no guardan relación con unas copas muy disminuidas. Son ejemplares que sólo pueden disfrutarse en el cara a cara.



Este ejemplar de Rebollo (Quercus pyrenaica) de no menos de 500 años posiblemente sea el más impresionante de su especie en toda la Península Ibérica, sus dimensiones hablan por si solas, con una copa que supera los 32 metros de diámetro mayor, una altura de 20 metros y un perímetro a la altura del pecho de unos 6 metros. Pero su verdadero valor está en la prodigiosa arquitectura de su copa presidida por cuatro colosales cimales que suben en un ángulo muy cerrado, originando una copa globosa y densa con ramas que casi llegan a apoyarse en el suelo (también aquí el ganado lo impide). Sin embargo, el coloso tiene los pies de barro y el estupido corte de una gran rama en 1940, para permitir el paso de vehículos por un camino que discurría bajo su copa, ha originado unas pudriciones que han fragilizado su tronco, que a duras penas soporta la inmensa carga que le transmiten esos cimales (el autor del crimen, aunque parezca mentira, fue el guarda del entonces llamado Distrito forestal). Su copa ha sido reducida como se aprecia en la foto y se ha instalado un vallado perimetral para evitar que las numerosas vistas sigan dañando el cuello del árbol, comprometiendo la circulación de la savia. Lamento decirlo, pero ante un árbol viejo es mejor no acercarse a su tronco, sobre todo si está en un lugar accesible, nuestro pisoteo en torno al tronco acaba por dañar los superficiales tejidos conductivos del cuello y debilita gravemente al árbol (Las fotos se tomaron antes de la instalación del vallado).

Este ejemplar tiene dos nombres, el más tradicional de Roble del Acarradero, ya que bajo su copa se agrupaba el ganado de la finca (entonces más de 1000 ovejas) y el más popular y curioso de Romanejo, debido a unos restos de enterramientos antropomorfos tallados en las rocas de las proximidades y que la tradición local atribuye a una cultura anterior a la Romana y menos desarrollada: la Romaneja, que da nombre al paraje.

Situado geográficamente en el Valle del Jerte, administrativamente pertenece a Cabezabellosa (Cáceres) pueblo del Valle del Ambroz. Yo particularmente prefiero decir que se localiza en la Tras la Sierra, la sierra que da continuidad a la sierra de Gredos.

La rama a la que se refiere Javier Prieta en su comentario.

El aspecto final una vez eliminada la rama desgajada.

sábado, 29 de enero de 2011

CAMPANILLA DE LAS NIEVES. Galanthus nivalis



La Campanilla de las nieves o Galanto (Galanthus nivalis) ha abierto sus flores en el jardín, es la primera señal de que el invierno está llegando a su fin. Sus parientes los narcisos también están empezando a asomar sus cabezas (algún bulbocodium ya ha abierto sus flores). Pocas flores tan exquisitas y delicadas como las de este habitante de los bosques templados de Eurasia.


Hace un par de años sembré unos bulbos de Galantos junto a unos de Leucojum vernum, pero sólo florecieron los Galantos (la calidad de los bulbos de nuestros centros de jardinería es penosa). Crearon una buena mata y florecieron todos los bulbos, por lo que pensé que el jardín les ofrecía condiciones adecuadas. Este año, sin embargo, la floración ha sido más raquítica y de menos ejemplares. Dado que es una especie que permite el trasplante en verde cuando acabe la floración veré el estado de los bulbos.
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