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jueves, 20 de enero de 2011

LOS CASTAÑOS DEL TEMBLAR. Segura de Toro, Cáceres (Spain).

El Castaño Menuero.

Aunque la mejor época para visitar estos castaños es al final de la primavera, cuando las hojas nuevas de los castaños ya han brotado pero se conservan aún tiernas y permiten que se filtre una agradable luz verdosa, a mí me gusta visitar este lugar en pleno invierno, cuando en la hondonada que forma el Arroyo del Temblar no entra ni un solo rayo de sol en todo el día, a ser posible por la mañana, cuando el suelo cruje con nuestros pasos y el frío hace que nos piquen las mejillas. Es en ese momento cuando para mi gusto se saborea plenamente este lugar y desde luego que descubriremos el porqué del nombre del arroyo.


El Castaño Hondonero.

Mi primer encuentro con estos castaños reconozco que fue, sino decepcionante, si un poco frío. Fue hace más de 15 años y llegué a ellos pocos días después de haber visitado el cercano Castaño de La Escarpia (del que ya hablé en otra entrada). Un viejo pastor que me vio junto al árbol me comentó que si no conocía unos castaños retorcidos que había en Segura de Toro. Me dijo que tenía que visitarlos porque eran cosa digna de verse, al marcharse recuerdo que dijo, en una versión más sonora que no voy a transcribir, algo así como “quien les daría las castañas para que salieran así los castaños”. Con la intriga del pastor, con el coloso de Casas del Monte en la cabeza y conociendo ya el Abuelo de Guadalupe, esta primera visita no me impresionó mucho. Pero algo debió quedarse inconscientemente en mi cabeza porque volví al lugar al poco tiempo y desde entonces los he visitado decenas de veces y ahora sí que me parece que he captado la esencia del lugar. Este huerto es un todo y como tal hay que valorarlo. Los 5 castaños forman un conjunto magnífico y se encuentran en un tradicional huerto serrano muy bien conservado, todo dentro de un paraje serrano bellísimo. Si se hubiera pretendido crear un parque temático no lo habrían hecho mejor.

El Castaño del Arroyo y al fondo el Castaño Retorcío.


El Castaño Bronco.

Un lugar en el cada árbol lleva su nombre ya merece la pena conocerse. Dice mucho de sus propietarios y nos ayudará a valorarlo mejor, hay cosas que no se pueden medir con una cinta métrica. En el hondón del huerto tenemos al bellísimo Hondonero o Jondonero, que si bien no es tan grueso como otros famosos castaños si está mucho mejor conservado y presenta una formidable copa en la que se aprecia perfectamente la estructura en cruz forzada por una poda tradicional maravillosamente equilibrada, que por un lado buscaba altura para producir vigas para las casas y por otro no olvidaba dar luz a la copa para favorecer la producción de castañas. El Abuelo y La Escarpia fueron como Hondonero, pero gran parte de su estructura se ha desmoronado y hoy ya no podemos entender su forma. Casi en el talud del Temblar vegeta el Castaño del Arroyo, el más viejo y el más deteriorado del grupo, que nos muestra como se enfrenta un viejo árbol a la muerte, con grandes rebrotes basales junto a un tronco dividido y seco en su mitad, es casi una escultura. Por encima de él está el Retorcío, un grueso paquete de fibras creciendo en forma de hélice como si de una toalla retorcida gigante se tratara. Más arriba, donde el suelo y la humedad son más escasos, El Menuero, llamado así por dar castañas muy menudas pero muy sabrosas, también con su tronco retorcido. Y por último, mi favorito, el Castaño Bronco. Este Bronco es uno de los árboles con más personalidad que yo haya conocido. Su nombre lo dice todo, y habla muy bien de generaciones de propietarios que decidieron mantenerlo pese a su rebeldía. Yo creo que su éxito se debe a que es un árbol que cae bien de puro desastre. Su estructura es todo anarquía, al margen de cualquier principio de la arquitectura arbórea, y no ha habido hacha capaz de doblegarle, por si esto fuera poco sus frutos son escasos y amargos. Cuando te paras a mirarlo no resulta un árbol hermoso, más bien al contrario, y sin embargo allí sigue con sus más de 700 años.


Detalle de la corteza del Castaño Bronco.


martes, 18 de enero de 2011

UN ASTURIANO EN CÁCERES: Narcissus asturiensis


La distribución de las plantas me apasiona. No me puedo resistir a especies con distribuciones raras o a los endemismos. No es una cuestión de gusto por las rarezas o la exclusividad lo que me atrae de ellas, sino la historia natural que hay detrás de esa distribución. Las plantas también se mueven y realizan migraciones, no como individuos lógicamente, ni a una escala temporal fácilmente observable por las personas, aquí son los propágulos los que permiten ese movimiento y su interpretación resulta apasionante.


Narcissus asturiensis, como su nombre indica, es una planta de amplia distribución por la franja cantábrica peninsular, pero presenta unas pocas poblaciones aisladas en el oeste del Sistema Central, que yo conozca, apenas unas localidades en la Serra da Estrela portuguesa, en la sierra de Gata (Cáceres y Salamanca), Peña de Francia y Peña Caballera (Salamanca), llegando hasta el oeste de la sierra de Gredos cacereña. Este patrón de distribución, unido a las poblaciones intermedias dispersas por los montes leoneses, gallegos y del norte de Portugal, representa un ejemplo ideal que permite reconstruir a la perfección la ruta migratoria de esas plantas de óptimo atlántico que llegaron a Extremadura desde el norte peninsular antes del establecimiento definitivo del actual clima mediterráneo, encontrando en las montañas del Sistema Central unas condiciones favorables para su desarrollo, pero que no pudieron avanzar más allá de la sierra de Gredos por la excesiva continentalidad que adquiere este sistema al internarse en la Meseta. La foto está tomada en un pequeño refugio de flora relicta del Valle del Ambroz (Cáceres), donde a unos 1400 m, con orientación norte, aparece un pequeño bosquete de abedules y serbales de cazador, bajo cuyas copas se encuentra esta especie.

sábado, 15 de enero de 2011

Macromia splendens (Splendid cruiser).


Macho adulto descansando en Las Hurdes, Cáceres (España).

Cuando una especie está tan amenazada que se encuentra al borde de su extinción no suele ser apropiado sacar conclusiones sobre sus requerimientos vitales. A no ser que los conociéramos de otras épocas en las que la especie no estaba tan amenazada, algo que se me antoja difícil en la inmensa mayoría de los casos.

Digo esto porque muchas veces convertimos a estas especies amenazadas en auténtica porcelana fina, muy delicada y exclusiva, de modo que parece que no queda más alternativa para ellas que la extinción, ya que son especies para las que ya no hay hueco en este Planeta. Cometemos con ello una gran injusticia.

Un buen ejemplo de esto es Macromia splendens, una de las libélulas más amenazadas de Europa, también una de las más bellas. Se trata del único representante europeo de un género tropical extendido por África y América. Con las glaciaciones cuaternarias las Macromia norteamericanas se replegaron a Centroamérica, las europeas simplemente desaparecieron. Bueno, no del todo, en realidad unas pocas quedaron en zonas muy reducidas del sur de Francia y la Península Ibérica.

Cópula natural de Macromia splendens, un momento casi irrepetible. Sierra de Gata, Cáceres (España).

Del estudio, relativamente reciente, en Francia de esas escasas poblaciones se extrajo un retrato de la especie muy atractivo y casi romántico, una joya del Terciario con unos requerimientos de hábitats muy concretos, tanto era así que en Francia no existían otros ríos iguales donde pudieran vivir las Macromia. Parecía como si las glaciaciones del Cuaternario hubieran acabado la semana pasada, miles de años de actividad humana no habían ejercido influencia sobre la actual distribución de la especie.

Pero claro, de tanto estudiar una cosa terminas por aprender algo. Aparecieron nuevas poblaciones que a duras penas sostenían el retrato previo. La especie también se comenzó a estudiar en España y aparecieron nuevas localidades, muchas de las cuales tampoco se correspondían con el modelo de refugio durante las glaciaciones. En Galicia, la zona más densamente poblada, sus inicialmente escasas poblaciones en tramos de río magníficamente conservados con grandes bosques de ribera dieron paso a poblaciones mucho más numerosas en pequeños embalses de cabecera sin rastro de vegetación ribereña. En Extremadura ocurría lo mismo, las citas históricas se correspondían con el modelo de la reliquia, pero las citas recientes mostraban poblaciones numerosas en embalses de cabecera rodeados de pinares de repoblación y dentro de los tramos de río sentían una inoportuna predilección por los represamientos de las piscinas naturales menos concurridas y azudes.

Zona de caza y apareamiento de Macromia splendens.

La cosa estaba clara, durante años se buscó a la Macromia en hábitats muy amenazados y escasos y no se consideró la influencia humana en su distribución actual. Mientras esto ocurría, Macromia splendens se había buscado la vida y encontró que determinados embalses pequeños con aguas templadas y poco contaminadas le venían bastante bien para sacar adelante a sus larvas, aunque tuviesen que renunciar a sus posaderos en árbol. A la hora de cazar tampoco encontraron mayores inconvenientes al cambiar los robledares por brezales y plantaciones de pinos.

Algo tenía que tener esta pequeña criatura de origen tropical para haber sobrevivido durante milenios a un gélido clima glaciar y haber hecho lo mismo durante otros largos milenios en una de las zonas más intensamente pobladas por los humanos. Corren el riesgo ahora los ríos con Macromia splendens de que se considere que los embalses de cabecera son esenciales para la supervivencia de la especie o que se plantee la restauración de las barreras que retienen el agua. Que viendo cómo funciona nuestro cerebro bien pudiera ser.

miércoles, 12 de enero de 2011

SIEMPRE VIVA: Sempervivum minutum


Sempervivum minutum. El Mulhacén, Sierra Nevada. Granada (España). 3000 m.

Realmente las siemprevivas hacen honor a su nombre, ya que a lo largo de su historia evolutiva han sido capaces de mantenerse firmes frente a los grandes cambios climáticos. El género Sempervivum cuenta con unas 40 especies distribuidas por las montañas que rodean al Mediterráneo y al mar Negro. Son plantas de origen subtropical que en su día adoptaron un tipo de metabolismo propio de las Crasuláceas que les permitió sobrevivir en zonas secas y cálidas. Se trata del Metabolismo Ácido de las Crasuláceas (CAM en inglés), que también presentan otras plantas crasas como los cactus. El metabolismo CAM es en realidad una fotosíntesis en dos tiempos. Así por la noche, al contrario que en la mayoría de las plantas, las Crasuláceas abren los estomas de sus hojas para absorber CO2 y liberar oxígeno. Sin luz, el CO2 se transforma en ácido málico y se almacena hasta la mañana, cuando con luz la función clorofílica se encarga de transformarlos en azúcar que es el combustible de las plantas. Al abrir sus estomas de noche, huyendo de las horas más cálidas y secas del día, estas plantas consiguen ahorrar hasta 5 veces más en el agua que se pierde por transpiración. Por contra, este metabolismo es menos eficaz que la fotosíntesis y eso hace que las Crasuláceas no sean competitivas salvo en hábitats marginales donde el resto de las plantas es excluida por sequedad y calor (repisas rocosas básicamente).


A las siemprevivas, como a otras muchas plantas crasas, no les asusta el frío, por eso cuando el clima cambió y desapareció la flora tropical de nuestras latitudes ellas pudieron permanecer en zonas rocosas de montaña donde todavía podían competir con la nueva flora. Sin embargo, en estas nuevas condiciones más frescas y húmedas, su metabolismo CAM las dejaba en muy mal lugar a la hora de enfrentarse con otras plantas. La opción que tomaron las siemprevivas fue desandar lo andado y comenzaron a funcionar con una fotosíntesis convencional como sus rivales, aunque se reservaban la posibilidad de activar su metabolismo CAM en períodos de calor y sequedad estivales por lo que en las zonas rocosas seguían siendo muy competitivas. Ahora que parece que el clima tiende a hacer más cálidas y secas nuestras montañas ya tenemos a nuestras siemprevivas en la “pole position” de la nueva carrera por la supervivencia que se avecina.

martes, 11 de enero de 2011

MORMENTERAS O MONUMENTERAS



Como no todo va a ser bichos y flores y aprovechando que después de las comilonas navideñas tenemos el cuerpo entrenado os propongo hoy uno de los dulces más típicos de la provincia de Cáceres, se trata de las Mormenteras o Monumenteras de Alcántara.


Se trata de una receta perteneciente al recetario del Convento de Alcántara, una de las cumbres de la gastronomía extremeña y española. Por la pinta deben tener un origen judío o musulmán, que cualquiera de las dos cosas es posible en esta zona donde las tres religiones se soportaron durante largos años.

Antes de enfrentarse a una de ellas conviene despacharse una o dos maratones, pero hay que probarlas porque lo auténtico es incomparable. Hoy día parece que se intenta industrializar su producción pero me parece un producto difícil para ello.

Por si os interesa os dejo la receta más conocida de este dulce:

Para la masa.

5 kg. de harina.

2 l. de aceite de oliva.

1,5 l. de agua.

1 cucharadita de sal.


Para el relleno o arajú.

2 kg. de miel.

600 kg de almendras.

600 gr. de pan rallado.

200 gr. de anís en grano.

600 ml. de agua.

Importante que la masa que envuelve al relleno como una empanadilla quede fina y ligera y que el relleno presente una textura caramelizada. Parece fácil, pero si os atrevéis con ellas ya veréis como no lo es en absoluto.

lunes, 10 de enero de 2011

LA PRIMERA FLOR DEL AÑO: Saxifraga caucasica

La floración  normal es una inflorescencia con 5-10 flores- 

Esta es la primera flor del año que se ve por la rocalla. Se trata de una de sus más viejas inquilinas que parece algo desconcertada por este invierno “tan tonto”. Esta es una de las tres Saxifraga caucasica adquiridas a un vivero holandés en abril de 2009. En la rocalla permanecen dos y la tercera se encuentra en una pequeña delegación que hemos abierto en la terraza de mi hermano.


No es una típica caucasica, según indica el vivero procede del cultivo de ejemplares del Monte Osten y parece ser una forma de altura con un porte más compacto y enano que la tipo. He intentado localizar el citado monte pero me ha resultado imposible, estoy casi convencido que el nombre se lo puso en su día una persona ajena al país que recorrió la zona y puso nombres a las zonas que visitó para aclararse luego (los botánicos alemanes han recorrido estas montañas desde antiguo y en alemán podría ser el “monte del este”). Agradeceré cualquier aclaración a esta cuestión.

Saxifraga caucasica vive en el Cáucaso central por encima de los 3000 m y está demostrando ser una especie bastante dura. Antes de la actual remodelación de la rocalla coloqué a una de estas plantas en una pequeña oquedad de una roca de granito a pleno sol y aguantó con un buen crecimiento un año, hasta que la reubiqué junto a su compañera (que es la de la foto).

jueves, 6 de enero de 2011

LOS TEJOS DE ESCOBAREJO (Losar de la Vera, Cáceres. España).


Imagen de los tejos del tercer regajo.

Tengo la fortuna de ser una de esas personas afectadas por el "Síndrome del Tejo Salvaje". Pocas cosas me afectan más que un viejo tejo en su medio natural (un tejo monumental de ermita me produce síntomas algo similares). Por lo que me cuentan los doctores esto no tiene cura, así que pasaré el resto de mi vida buscándolos y deleitándome con ellos. El problema es que hay una parte de la humanidad empeñada en curarme, a mí y a todos los que padecemos este síndrome. Hacen esfuerzos sobrehumanos para privarme de la contemplación de los, cada día más escasos, tejos centenarios de nuestros montes. Los quemarán aún con riesgo de su propia vida, harán grandes esfuerzos para dañar sus raíces hasta matarlos al restaurar un monumento e incluso eliminarán concienzudamente, año tras año, todos los pequeños tejos que con el tiempo podrían comenzar a provocarme síntomas. La bondad en nuestra especie no tiene límites.


Un tejo sobreviviente entre dos tejos quemados.


Los restos blanqueados crean una imagen siniestra.

Las montañas del norte de Cáceres acogen a una pequeña población de esta especie que, salvo en el caso de los Tejos del Cerezal, aparece en pequeños grupitos o aislados. La situación en esta región, como en casi toda su área de distribución, es preocupante, pero agravada aquí por su bajo número de individuos (menos de 300). Con ellos he ido perfeccionando mi enfermedad y, si la genética no falla, espero que con ellos la sobrelleve mi hija.


Viejo tejo con la mayor parte de su tronco quemado.

Uno de los espectáculos más sobrecogedores que podemos observar hoy en el Gredos cacereño es el de los pobres Tejos de Escobarejo. Hasta los años ochenta del pasado siglo se mantenía en tres pequeños regajos paralelos de esta sierra, separados tan sólo por decenas de metros, una pequeña población de más de 30 ejemplares adultos de esta especie acompañados de serbales de cazador y algunos acebos. Algunos ejemplares con troncos de más de 4 metros de perímetros eran varias veces centenarios.

Viejísimo tejo de más de 4 metros de perímetro de tronco muy afectado por el fuego.


El mismo Tejo cuatro años antes.

A mediados de los ochenta se comenzaron a repetir quemas de matorral en el entorno de los tejos. Quemas claramente dirigidas a acabar con ellos y que de hecho consiguieron llevarse por delante a más de 11 ejemplares adultos, cuyos restos blanqueados por el sol aún son visibles, casi como si de unos espectros se tratase. Los tejos que aún viven muestran graves daños por fuego, con partes del tronco secas y copas muy reducidas. A finales de los noventa se produjeron algunos fuegos intencionados de menor intensidad cuyos daños fueron más limitados. La situación llevó en el año 2001 a realizar por parte de la Administración un pequeño trabajo de desbroce manual de brezos y escobas próximos a los tejos para evitar que nuevas quemas de matorral pudieran llegar a ellos. Junto a este desbroce se procedió a proteger frente al ganado a los jóvenes tejos que aparecieron al eliminar un matorral, que por un lado les daba protección pero por otro era una seria amenaza para la continuidad de todos los tejos.


Otro tejo quemado, al fondo La Covacha y Riscos Morenos.

Que me conste no han vuelto a repetirse las quemas en la zona de los tejos. La vigilancia en la zona aumentó con la creación de la Reserva Regional de Caza, pero también es cierto que de la sierra ya prácticamente han desaparecido todos los sospechosos, esos que también quemaron La Covacha de cabo a rabo. Les pedí a los Reyes Magos que nos permitieran poder seguir disfrutando de estos tejos a mí, a mi hija, a los hijos de mi hija… pero me han traído carbón.
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