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lunes, 1 de noviembre de 2010

VIOLETAS DE MONTAÑA


Viola crassiuscula, endemismo de Sierra Nevada. Subida al Mulhacén, 3400 m

Siempre me ha parecido un misterio la capacidad que tienen las pequeñas violetas para prosperar en nuestras más altas cimas El género parece que se originó en los Andes desde donde se extendieron por las montañas de las zonas tropicales y zonas templadas del hemisferio norte, contando en la actualidad con unas 600 especies. Dentro del género encontramos especies que viven a más de 4600 m en los Andes peruanos o capaces de soportar durante el crecimiento temperaturas de -20 ºC en sus hojas (Viola chrysantha), marcas que superan a las que presentan algunas plantas ártico-alpinas que resistieron a las glaciaciones en los famosos nunatak (refugios rocosos sin hielo) y que me llevan a imaginarme un avance de estas especies durante los períodos fríos, refugiándose más tarde en las montañas con la mejoría del clima. En Europa el récord lo ostenta Viola calcarata que sube a más de 3000 m en los Alpes (equivalente a más de 4000 m en los Andes tropicales).

Viola cazorlensis. Guadalhornillo, 1500 m

Quizás el secreto de las violetas sea su sistema reproductivo, donde no queda margen para la especulación (algo que debería aprender una especie como la nuestra). Las violetas, como otras plantas, tienen flores hermafroditas a principio de la temporada, sus flores deben ser polinizadas por insectos como abejas y lepidópteros, esto es bueno al facilitar el intercambio genético entre poblaciones, pero es malo porque en la montaña muchos días no hay condiciones óptimas para el vuelo de insectos. Esto no asusta a las violetas ya que al final de la temporada producen flores capaces de autofecundarse, lo que les permite una reproducción clonal. Si el año ha sido bueno climatológicamente habrá una buena cantidad de semillas, muchas de las cuales contendrán genes de individuos de otras colonias. Si el año ha sido malo habrá semillas, aunque sean de casa, lo que garantizará el futuro de esa colonia. El talón de Aquiles de este sistema puede estar en la dispersión de esas semillas, aquí las violetas dejan la mayor parte del trabajo a los subcontratistas (insectos) para lo que recurre al viejo truco de la recompensa. Las semillas llevan una pequeña reserva de aceites en el exterior (eleosoma) que son muy apreciadas por los insectos, hormigas sobre todo, que las arrastran hasta sus refugios donde buena parte de ellas germinarán. Este sistema garantiza que las semillas se alejen de la planta madre en unos medios como gleras rocosas o fisuras donde esto es complicado, pero sólo recorrerán distancias muy cortas lo que dificulta su dispersión y explica en parte la gran cantidad de especies endémicas con áreas de distribución muy escasa dentro del género.

sábado, 30 de octubre de 2010

LA TEJEDA DEL SUEVE


Biesca de Ordiales

Durante muchos años se consideró que los mejores bosques de Tejo de Europa se conservaban en las Islas Británicas. El bosque irlandés de Muckross Wood en el Parque Nacional de Killarney era considerado el mayor bosque de tejos con entre 30 y 40 ha, seguido por el bosque inglés de la Reserva Natural de Kingley Vale, que mantenía además los tejos más antiguos.


Parte del bosque en la Sierra de Guadalampa

Hoy sabemos que eso no es del todo cierto. En las faldas del Pico Corcovo, en la asturiana sierra del Sueve, a tan sólo 5 kilómetros del mar cantábrico y a unos 1000 m de altitud se conserva el mayor bosque de tejos de Europa con una superficie que oscilará entre las 80 y las 150 ha según se incluyan bosque mixtos con tejos o sólo bosque con el tejo como especie dominante o casi única. El número de tejos centenarios ronda los 8000 ejemplares, entre los que se pueden contemplar viejos árboles de más de 20 m de altura y perímetros de tronco superiores a 4 metros.


Orla espinosa de la biesca de Ordiales


Emilio Blanco hace de referencia en este monumental tejo de Guadalampa

Durante muchos años este bosque permaneció casi desconocido y no ha sido hasta hace unos pocos años cuando su popularidad se ha hecho grande, en gran parte debido a la campaña emprendida para su salvación. Resulta curioso que una de las mayores joyas de la naturaleza española/europea se encuentre sin protección y que la única gestión que se realice en estos montes sea la cinegética y la de las quemas de matorral para controlar la cotoya (Ulex cantabricus). Lógicamente los mayores problemas de este bosque le vienen precisamente de esta “gestión”. Los gamos, introducidos en 1960, mantienen una gran población que ha eliminado todo rastro de regeneración en este bosque, bien ayudados por jabalíes, cabras domésticas e incluso asturcones. El fuego también ha llegado a afectar a parte de este bosque, al no poder controlarse las “quemas controladas” de matorral.

El acceso a estos bosques no es complicado, aunque exige un poco de esfuerzo. Sin embargo, una niebla densa y persistente (la borrina) que se mantiene en estas sierras casi todo el año hace que subir a la Tejeda requiera de la suerte, ya que con niebla en estos parajes es muy sencillo perderse. Lo que convertiría una agradable jornada de paseo en una infernal caminata en busca de una salida de la sierra.


Impresionante Tejo edrau en Ordiales

Probablemente las zonas mejor conservadas de este bosque sean las biescas de Ordiales y de la sierra de Guadalampa, que ocupan la gran cubeta kárstica que se ubica bajo el Corcovo. En estas zonas el bosque es dominado por el tejo, más por el gran tamaño de sus ejemplares que por su número, y las hayas, abedules, fresnos, serbales, acebos y avellanos prosperan a la sombra de estos. Existen además pequeños rodales en los que el tejo es la especie única, creando un bosque sombrío donde abundan helechos, hepáticas, mercuriales y heléboros. La blanca caliza y la oscura copa de los tejos forma un contraste espectacular y allí donde se abre un claro se forma una orla de espinos con majuelos, saucos, endrinos, boneteros y cornejos. Son numerosos los ejemplares de tejos que sostienen impresionantes hiedras (edrau los llaman en la zona) con las que conviven en perfecta armonía.

domingo, 24 de octubre de 2010

SAN JUAN DE LA PEÑA


Claustro del monasterio viejo

Cuando un lugar lo tiene todo es una tontería no ir a conocerlo. Uno de esos lugares, sin dudas, es el Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca.

El impresionante espectáculo geológico de la gran pared roja en la que se inserta (literalmente) el monasterio viejo merece ya la visita por sí mismo. Precisamente en este monasterio se guarda una de las joyas del arte románico español, que no es otra que su claustro del siglo XI, que atesora una veintena de magistrales capiteles del famoso Maestro de San Juan de la Peña, uno de los grandes escultores de su época (la época cumbre de la escultura románica). La escultura románica sólo es tosca y poco elaborada en apariencia y encierra un complejo simbolismo y unos cánones muy definidos, que es lo que buscaba el artista ante todo. Os recomiendo un par de libros al respecto, el clásico libro “La Escultura Románica. Investigaciones sobre la historia de las formas” de Henri Focillon (AKAL, 2005) y “El lenguaje de las imágenes románicas” de María Angeles Curros (Encuentro Ediciones, 1991).

Capitel en piedra roja del Maestro de San Juan de la Peña con sus característicos ojos


Pero las piedras del monasterio y su entorno guardan otras tres joyas, en este caso tres reliquias de nuestra flora que podremos observar a placer. La primera de ellas crece en las mismas paredes del monasterio viejo, se trata de Petrocoptis hispanica, endemismo del prepirineo occidental descrito para la ciencia con ejemplares recolectados precisamente aquí en 1850 por el ilustre Willkomm. La segunda especie, la más llamativa y abundante, es la bellísima Corona de rey (Saxifraga longifolia), especie relicta del Terciario que ha sobrevivido en los Pirineos (y puntualmente otras montañas adyacentes) y en el Atlas marroquí. La tercera especie es la Oreja de oso (Ramonda myconi), miembro de una familia tropical casi desaparecida de Europa con las últimas glaciaciones y de la que sólo nos restan esta especie exclusiva del Pirineo y entorno y otras 5 ó 6 parientes en las montañas balcánicas. Su parecido con las famosas violetas de Kenya no es casual.


Petrocoptis hispanica

Saxifraga longifolia

Ramonda myconi

Si este extenso menú no es suficiente para alguien, bastará que observe un rato al cielo para descubrir al Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que escudriñe los cortados rocosos en invierno, donde encontrará al buscadísimo Treparriscos (Tichodroma muraria) o que se de un paseo por el pinar situado junto al aparcamiento, donde con suerte se encontrará con el impresionante Pito negro (Dryocopus martius). Si ni con esto reacciona, lo más conveniente será pasar a la autopsia.

jueves, 21 de octubre de 2010

LA VIDA EN LAS GLERAS: Crepis pygmaea



Gleras finas bajo los Horcados Rojos (Picos de Europa, 2200 m)

Las gleras, esas laderas de piedra suelta tan típicas de las zonas montañosas, son uno de los medios más inhóspitos para la vida vegetal. Cuando el tamaño de la piedra es mediano o grande atrapan partículas más finas y terminan estabilizándose permitiendo que aparezcan algunas especies pioneras que podríamos llamar “convencionales” como senecios, doronicos, cardos, etc. Pero cuando las piedras son de pequeño tamaño las gleras son tremendamente móviles y en ellas falta de todo: alimento, agua, posibilidad de anclaje, etc. Aquí no valen plantas convencionales, frente a estas auténticas olas de piedra hacen falta plantas “surferas”, capaces de mantenerse siempre en la cresta de esa ola. Estas especies lo tienen claro, no se puede luchar contra la gravedad, así que hay que saber aprovecharse de ella. En un medio tan cambiante donde en unos segundos (basta la pisada de un montañero o una cabra montés) se produce un deslizamiento que entierra o arranca toda la parte aérea de la planta lo mejor es no construirse un palacio (del tipo plantas frondosas y exhuberantes de otros medios) sino vivir de alquiler y con las maletas preparadas.


Crepis pygmaea La Vueltona, Picos de Europa 2100 m

Crepis pygmaea lo sabe bien y lo hace a la perfección. Habita casi toda la alta montaña caliza peninsular y siempre en gleras móviles, únicamente sus flores amarillas, que parecen nacer de la roca, llamarán nuestra atención (sus bellas hojas casi siempre cubiertas de polvo son muy miméticas). Para ella la cosa es sencilla: desarrolla una extensa red subterránea y profunda de raíces y tejidos de crecimiento (asentada donde el terreno ya es estable) y desde allí emite muchos tallos largos y finos que se van colando entre la roca suelta hasta encontrar un hueco por el que salir al exterior. Una vez allí saca por esa ventana todas las hojas y flores que quepan por el hueco, esto repetido muchas veces crea una agrupación dispersa de “balcones floridos” muy característicos de este tipo de plantas de gleras. Si hay un deslizamiento alguna de esas ventanas se tapará, aunque siempre quedará alguna intacta, en otros casos los tallos serán cortados y arrastrados ladera abajo, algo que lejos de preocupar beneficia a Crepis, de este modo le es posible dispersarse, ya que ese tallo cortado, en definitiva un esqueje, conseguirá con suerte desarrollar una nueva planta que comenzará a tejer su propia red subterránea.

martes, 19 de octubre de 2010

LA CUEVA DEL CASTAÑAR


Declarada Monumento Natural en 1997, esta pequeña cueva situada en Castañar de Ibor (Cáceres) presenta un conjunto de espeleotemas de aragonito y calcita único en España. La imagen muestra la famosa sala de El Jardín con sus coladas, banderas, columnas, excéntricas, macarrones, estalactitas y estalagmitas.


Los blancos y marfiles de las formaciones de aragonito y calcita contrastan poderosamente con los grises oscuros de las pizarras y las arcillas rojizas del substrato en el que se encuentra la cavidad (materiales Precámbricos según leo).

domingo, 17 de octubre de 2010

EL ROBLE DE PRADO SANCHO. Cabezuela del Valle, Cáceres (Spain).


El tamaño de la persona que hay bajo su copa nos da una idea del tamaño de este roble

La Tras la Sierra es una de las dos sierras que se desgajan de Gredos para formar el Valle del Jerte (la otra es Tormantos). El puerto de Honduras permite cruzar por ella del Valle de Jerte al Valle del Ambroz y aunque el recorrido sigue siendo de gran belleza, lo que hoy vemos no es ni un pálido reflejo de lo que allí debió haber hace 100 ó 200 años. El Rebollo (Quercus pyrenaica) debió formar aquí uno de los bosques de roble más impresionantes de España, los vestigios que aún nos quedan ponen los pelos de punta con sólo imaginar los miles de robles centenarios que se han perdido (por no hablar de otras especies relictas). La sobrexplotación ganadera, que no respeta los periodos de reposo de la ganadería tradicional, los cambios de cultivo, los incendios y las talas abusivas ha conducido a esto. Posiblemente, las grandes talas de finales del siglo XIX y mediados del XX, dirigidas por la administración ante la necesidad de madera para la cercana línea de ferrocarril que unía Extremadura con Asturias (hoy abandonada), desencadenó este proceso. Si la responsable de mantener estos montes era capaz de una tala indiscriminada de miles de robles centenarios, algunos con portes colosales capaces de dar hasta 22 traviesas de ferrocarril, que no harían los ganaderos que arrendaban los pastos. De aquel bosque, allí donde ahora no hay cerezos, sólo quedan miles de tocones aún sin pudrir y robles centenarios maltratados por el hacha desperdigados por aquí y por allá a lo largo de varios términos municipales. Un bosque fantasma sin regeneración, que ve como con cada nueva tormenta se van cayendo uno tras otro los pocos robles viejos que aún quedan. Es cierto que en los últimos años se han realizado reforestaciones en la zona, pero el poco/nulo respeto con el que se han efectuado no induce al optimismo.
 
La perfección de la tracería de la copa es patente en la imagen

Uno de esos supervivientes es el Roble de Prado Sancho, situado en un pequeño enclavado particular de difícil acceso junto al Arroyo de La Lobera (Cabezuela del Valle, Cáceres), eso le salvó. Pocos árboles tan bellos como este magnífico ejemplar de Roble rebollo, que de no ser por el Roble del Romanejo sería indiscutiblemente el más destacado ejemplar de Extremadura para su especie. Como el Romanejo también fue podado en su juventud y el hacha no volvió a tocarle durante siglos, permitiendo que se creara una copa globosa natural y armoniosa. El tronco tiene un perímetro de casi 5 metros a la altura del pecho y se eleva hasta los 4,5 metros donde arrancan dos gruesos cimales horizontales y dos verticales que se ramifican de manera muy intrincada cerrando todos los huecos y alcanza más de 30 metros de diámetro, culminando con ramas que se aproximan al suelo.


Vista general del roble y el prado

Su situación en una hondonada le ha protegido de los vientos y los rayos, y las regaderas del prado le han aportado un suministro abundante y permanente de agua. Sin embargo, su biomecánica preocupa. Su trono está hueco, algo normal en un árbol varias veces centenario, y presenta una alarmante grieta que nos indica que el árbol está sufriendo esfuerzos que no es capaz de transmitir correctamente al suelo (la inclinación con la que crece el tronco es sospechosa en este sentido), lo que puede dar lugar a un desgaje muy severo. Sería una pena en el próximo temporal hubiese que incluir a este ejemplar en el parte de bajas.

jueves, 14 de octubre de 2010

EL ALHELÍ DEL TEIDE: Erysimum scoparium


Alhelí del Teide. Cañadas del Teide, 2500 m

El Alhelí del Teide (Erysimum scoparium) es una planta que me cautivó desde el primer momento. La extravagancia de presentar las flores con tres colores debía tener alguna razón. Mi curiosidad fue en aumento cuando conocí que era polinizada casi exclusivamente por una abeja endémica de Canarias, una de las abejas más hermosas que conozco (Anthophora alluadii).

Afortunadamente alguien ya se había preocupado de estudiar el caso, la conclusión de este estudio nos muestra otro típico caso de planta que manipula a su polinizador. El alhelí mantiene las flores púrpuras en las inflorescencias por la sencilla razón de que son mucho más atractivas visualmente para las abejas, que así pueden reconocerlas en la distancia. Las flores púrpuras ya son maduras y han sido visitadas por alguna abeja, por lo que su recompensa de néctar es nula o casi nula. Esto lo aprenden las abejas con rapidez y cuando llegan a una inflorescencia buscan rápidamente las flores blancas que están repletas de néctar. Si el alhelí sólo tuviera flores blancas la abeja polinizaría todas las flores de la inflorescencia y no se movería a otra planta. Esto favorecería la autopolinización, que es algo que no le interesa al alhelí, por eso la abeja se ve obligada a ir de inflorescencia en inflorescencia buscando flores blancas, permitiendo que se produzca así una polinización cruzada entre distintas plantas. Lo que el estudio no determina es que le parece esto a la abeja.
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